Rutina

¡Pipipí, pipipí!, quizás sea el sonido que más odio del día. El del despertador. Me recuerda que tengo que levantarme, asearme, despegar el vuelo de un día nuevo y confieso que me levanto de golpe cada mañana, para que mi cama no vuelva a atraparme. Siempre me acuesto mañana, nunca me acuesto siendo el mismo día, por lo que, mis horas de sueño son realmente pocas. No padezco insomnio. El hecho de que no duerma mucho, tiene un nombre, pero no lo desvelaré.

Todas las mañanas, compro el billete para ir al trabajo, una hora y pico de autobús, de desesperante viaje eterno, siempre el mismo paisaje. Y llego a la oficina, las mismas caras de siempre. El mismo entorno, las mismas preguntas, el mismo sonido del teléfono con dudas contestables, con titubeos que no saben que es lo que iban a preguntar…

Y de nuevo, otra hora y media de autobús, el mismo paisaje, el mismo medio de transporte, los mismos viajeros diarios. Y regreso a mi rincón virtual, donde intento evadirme de la rutina que me acompaña desde hace ya largos meses, de la cual no puedo deshacerme. Esa que se ha convertido en fiel compañera, y de la cual, me advierten los mayores, que se instaurará de nuevo, en otro lugar, allá donde vaya, siempre aparecerá, con otra cara, otro olor, otro paisaje.

Y sin embargo, creo que no echaré de menos esta, que se aferra a mí cual sanguijuela, taladra mis sueños y atrapa mi energía, porque vivo el mismo día a día, quemando horas de tiempo sin saber si deparará algo sano. Cultivo mis pensamientos y dibujo mis metas, no la dejo que las ensucie. No, a ella, no.

Amigos, hay días genosos, hoy es uno de ellos. No sé que significa genoso, pero desde que lo oí, he intentado expandir el término. Lo que decía, hoy es un día genoso, me he dado cuenta de que lo que ansío, parece que no llega. Hoy mi reflejo tenía amargura en los ojos y tenía un aspecto como el día, genoso.

Genoso, todo me parece genoso…

El sol saldrá mañana sumido en su rutina, y espero que la sensación que me tiene hoy desconsolada, se vaya por donde vino. Y si la rutina quiere acabar conmigo, que sepa que solo hoy, porque mañana será otro día…

Chronos me persigue

¿Qué es el tiempo?, ¿es cierto eso de que transcurre en forma de días?, ¿estaciones?, ¿años?, años que completan siglos, siglos que ven pasar milenios que nunca alcanzaré. Y sin embargo, aquí sigo, sin saber a que velocidad maldita se deslizan los segundos entre mis divagaciones. Sin conocer, quién es el que activa la aguja y hace que vuelen las horas, tampoco conozco al que a veces, detiene la hora marcada. Ni al insolente que hace que una hora se convierta en diez insignificantes minutos. Y más que la muerte, la divinidad, el más allá. Mi mayor anhelo es saber quién es el que me roba el tiempo, el que juega con mi vida y mi destino.

Y me encuentro las mismas miradas de la misma gente en el mismo sitio, como si el tiempo nunca hubiera pasado, como si el espacio fuera una mera ilusión. Un sitio ajeno que resulta familiar, o peor aún, como si fuera una auténtica trampa. ¿Cómo puede ser que ya no esté ahí?, ¿o que vuelva de nuevo a ese lugar?

¿Por qué eternas son las esperas y efímeras las despedidas?, la incertidumbre a veces, eterna. Tan eterno como aquel dios llamado Chronos, que parece escupirme a la cara un Carpe Diem con chantaje.

Veo al sol cada mañana y sé que irá escapando a lo largo de eso que llamamos día, volverá la noche, y 24 horas irán quemando una línea que yo no puedo ver, una línea alterable y manejable, que como humanos no podemos cruzar. Siempre fui una rebelde, por eso no llevo reloj. Porque a cada paso que doy, me obsesiona el ruido de arena que cae a la esfera inferior invisible de mi vida. Poquito a poco, quisiera detener los instantes, pero no puedo. Y cuanto más crezco, más me doy cuenta, que solo la infancia era el tiempo eterno. Supongo que sería la inconsciencia y que fuimos habitantes en otra dimensión, ajena a las prisas, a los plazos de entrega, a fechas señaladas como amenazas en un calendario. Vivíamos libres e ilusos.

No llevo reloj en mi muñeca, pero todo me recuerda que está guiado por esa magnitud sobrenatural, que jamás me parecerá lógica…Tiempo.

Motor de 300 coches y 3000 estrellas

Había sido un camino largo, lleno de baches y obstáculos. La carretera le daba tregua para no aferrarse tanto al volante y podía contemplar por unos segundos efímeros el paisaje que parecía eterno. Sonreía, mientras ese pequeño momento surgía. Pero de nuevo, un frenazo, y otro, y otro. Una curva a la derecha y otra torpe a la izquierda, sin poder alcanzar los pedales, ni manejar con habilidad el coche.

Podía observar a través del cristal, un destino incierto, se había chocado contra un muro. Sin poder corregir la dirección y ahora, con el viento soplándole en la nuca y el sudor en la frente, veía como iba directa a un precipicio. Podía mover el volante, podía pisar el freno. Podía elegir, tenía alternativas para salir de aquel sitio. Sin embargo, allí estaba el vacío: su destino baldío. Un precipicio a ninguna parte, después de haber recorrido un largo y dificultoso camino, donde la esperanza siempre fue el motor y la perseverancia, su copiloto.

En un momento todo se hizo trizas. Fin de trayecto. Las maletas disparadas, escupiendo sueños. El volante rozando el cielo. El capó abollado y las ruedas pinchadas. Y todo reventó, todo saltó por los aires. Y solo había fuego y cenizas, y un intenso olor a decepción…

Y su recuerdo sobrevivió, y todos los amaneceres, recobraba su forma humana, cuando tenía un cuerpo con el que poder construir unas metas. Cuando soñaba con un viaje largo e intenso y ningún destino. Cuando la juventud colmaba sus mejillas de pasiones indomables e inconsciencia desbocada. Cuando la cabeza aún no era guiada por la razón y el corazón era su mejor guía de viaje. Cuando todo parecía alcanzable y lo inalcanzable podía rozarse con la ilusión. Porque toda imprudencia al volante, en aquel coche inexistente podía hacerse realidad, porque la gasolina salía barata, porque los viajes no se medían en kilómetros, se contabilizaba en recuerdos y experiencias. Aumentando el espíritu aventurero, aquel que la hacía obstinada y cabezota, aquel espíritu que siempre la había impulsado a seguir luchando, hacia rutas desconocidas y poco certeras. Donde podía perderse y volver a encontrarse. Donde siempre, el trayecto, había sido todo un regalo y todo porque parecía rozarlo, con manos infantiles. Y ojos almendrados y soñadores, que la hacían parecer ingenua. Y si embargo, nunca decidió aparcar su lucha, ni siquiera frenar cuando sabía que era todo un acto kamikaze. Porque el riesgo era alentador, y entonces, sin darse cuenta, aceleraba. Y la velocidad, la traicionaba hábilmente, alejándola de la meta.

Y al saltar por aquel precipicio, se dio cuenta, que jamás posaría sus manos de la misma forma en el volante…y supo que toda esa energía agotada, si hubiera sido recogida, habría sido motor de trescientos coches y tres mil estrellas.

Fotografía de tiempo

Si hay algo que me sorprende más que cualquier supuesta teoría divina del origen de nuestra existencia o si hay algo más allá de la muerte, es el tiempo.

Creo que podría afirmar que es la fuerza más sobrenatural que dirige sin querer nuestras vidas, el martilleo incesante de cómo pasan los segundos, formando minutos, esos minutos que colapsan horas, a veces, desperdiciadas.

El tiempo, ese poder a veces maligno, que nos hace que soportemos de vez en cuando el aburrimiento y el tedio. Y con una fuerza más maligna aún, cuando nos arrebata casi sin darnos cuenta, algo que nos hace sentir la felicidad, esa que aparece de vez en cuando. No puedo dejar de plantearme, que siento miedo, cuando se acaba un día y otro, y otro…pero la vida es así. Por eso el dicho del Carpe Diem, lo aplico al máximo. Pero sí que es verdad que una persona importante para mí, solía darme las buenas noches de una forma peculiar: “Un día más y un día menos”. Y sí, se me ha quedado grabado.

Si el ser humano pudiera controlar el tiempo, ¿qué haría con él? Muchas veces imagino que existiera una máquina del tiempo, yo viajaría a puntos concretos de la historia de la humanidad, aquellos momentos que siempre me han llamado la atención, como por ejemplo: la civilización egipcia, el imperio romano, la batalla de Stirling, la edad media, etc. También, si existiera esa remota posibilidad, elegiría viajar al momento en el que se conocieron mis padres, o conocerme a mí de pequeña, no sé si me advertiría de ciertas cosas, porque aquí entraría la siempre encrucijada de los viajes en el tiempo y en el espacio. Si cambiara algo de mi pasado, ¿alteraría irremediablemente siempre algo de mi futuro? En las películas siempre es que sí, y siempre se desata un caos. Supongo que entonces aquí aplicaría aquello de: para enfrentarse al futuro, primero hay que conocer tu pasado. Y con esto, aprender de los errores, de las decisiones que no fueron fructíferas y de las circunstancias, que por más que viajáramos en el tiempo y en el espacio clave, no podríamos alterar, porque están predestinadas.

Obviamente, me encantaría viajar al futuro, pero lo confieso, ese paso me sería mucho más complicado de tomar. Temor, temor a ver cosas que no quiero ver. Un futuro catastrófico, personas queridas que se van, o verme a mí misma en una situación que nunca imaginé.

Es tan sumamente curioso y no sé si será solamente percepción mía, pero el tiempo en la infancia, parece que transcurre mucho más lento, más despacio. Parece que no llegan las cosas que hacer. Y sin embargo, al pasar de los diecinueve, el marcador ha empezado una carrera a toda pastilla. Y no sé si es a consecuencia de la inevitable rutina.

A lo mejor mi mensaje parece desalentador o un poco pesimista, pero es todo lo contrario. Carpe Diem. Y como no tenemos máquinas para viajar en el tiempo y en el espacio y tampoco nadie ha desarrollado un poder así, ( o no lo sabemos), más vale que todas las fotos que hagamos sean de momentos claves de nuestra existencia, que cubran nuestras experiencias vitales de esos grandes y pequeños momentos que son parte de nuestro ser.

Pero si por un momento, solo un momento pudieras..,¿A dónde viajarías?

Azul intenso, tormenta abatida…

Sujeta su pelo, mientras frunce el ceño. Puede notar como resbala el sudor frío por su nuca despejada. Y todos sus pensamientos parecen soplar en una misma dirección, erizando el vello de su piel. Su piel brillante, blanca, tersa, joven e inconsciente.
Acerca el espejo de mano, que tiene cerca de sí, y puede ver reflejada la mirada de alguien que le resulta extraño. Mientras, se pregunta ¿quién es esa de ojos castaños que parece desorientada? Reflexiona y divaga sobre algo que no alcanza a ver a través del espejo. Y solo le asaltan dudas de un pasado que parece que jamás existió y de un futuro, donde la poderosa e inestable incertidumbre parece que se ha instalado. Viene fuerte, con la mirada desafiante, alzando un cetro de oportunidades y entresijos, de historias y encrucijadas, de frases dichas en alto, de pensamientos bizarros. La incertidumbre lleva un manto de preguntas sin respuestas, de decisiones poco pensadas. Y la joven desorientada sigue mirando esos ojos que no logran darle una respuesta a nada.
Piensa, piensa y piensa, sintiendo como el dolor de cada pensamiento es como una contracción que no da a luz ningún tipo de solución correcta y oportuna. Solo escucha como las opiniones ajenas la advierten de futuros peligros, de futuros sufrimientos necesarios, que la joven no podrá lograr evadir, porque es inconsciente  e imprudente. Las advertencias, le agujerean el cerebro, le agujerean la razón. Como pequeños golpes en la boca del estomago, la arcada está a punto de llegar, dando paso a un vómito de fracasos, que no tiene olor, pero el sabor, es amargo.

Y llora desconsolada, mirándose en el espejito de las dudas y la desesperación. Ese, que no le da apoyo, ni ánimo, ese que solamente le devuelve el reflejo de una cruda realidad. La de su rostro inexperto y sus ojos castaños llenos de sueños e ilusiones.

Seca su nuca imprudente con una toalla. Retira el espejo al que promete no volver a mirarse en dichas condiciones. Lo guarda en el cajón de las cosas innecesarias, como el sufrimiento de un desamor, que al abrir esa parte del mueble, la saludó con ráfagas de melancolía. Y entonces, atisbó al mirar por la ventana, en el reflejo del cristal, que su mirada había cambiado y su cara inocente, le devolvía una dulce sonrisa.
Pues tras la tormenta, aparecía la calma. Y la tormenta, le había agujereado la razón con miles de rayos de luces en falso, y el sonido, la había trasladado a una galaxia lejana, donde los agujeros negros, no eran espacios para viajar, si no pozos sin fondo, de desolación y tristeza.
La chica descubrió al mirar el cielo despejado, que el azul intenso que éste poseía, tenía un motivo. Y logró entender, que por muy dolorida que estuvieran sus ideas y sus rodillas. Todo tenía una razón transcendental, extraña a la pasión humana. Pero la pasión por la vida, era mucho más poderosa que las frustraciones cangrenadas por la decepción. Y entonces, sonrió.

Y se obtendrá la justicia

“Una injusticia hecha en perjuicio de uno solo es una advertida amenaza contra todos.” Ralph Waldo Emerson.

“Todo hombre tiene derecho a que se lo combata lealmente.” Chou en Lai

 

Las lágrimas salían en forma de un torrente salvaje que lo empañaba todo. La joven ahogaba los gritos de rabia en un desconsuelo que le hacía agitar su corazón desbocado por la impotencia, ante la injusticia sufrida. Todo parecía verse nublado por una llovizna negra. No solo había una tormenta fuera de su casa, la tempestad se estaba forjando dentro del espíritu de la chica. Y la rabia se condensaba en su cuerpo para formar un traje de hierro. Pues, si los opresores querían verla retorcerse de dolor, la joven sacaría fuerzas para combatirlos. Para iniciar una cruzada para luchar por la justicia que debía haberse cumplido con creces mucho tiempo antes.

Lo que no sabían los malvados inhumanos, era que la chica de aspecto vulnerable, tenía un corazón bravo, y tampoco conocían de su capacidad de lucha y su tenacidad. No sabían que al intentar asfixiarla por el cuello, lo que estaban consiguiendo era potenciar su espíritu guerrero y tampoco conocían, que la joven ante la injusticia, reaccionaría con ambición y coraje por llegar a un destino justo.

El ayer fueron lágrimas, rabia e impotencia. El hoy es sosiego, preparación y consciencia. El mañana será la palabra, la lucha y el contraataque.

La joven tiene preparada la armadura, ya tiene el arco y la flecha, la espada a la espalda y la energía suficiente para pelear por la justicia. Si la vida ponía obstáculos, los obstáculos serían saltados, los obstáculos serían esquivados. Había que dejarse la piel en ello, ya no había nada que perder. Ahora solo quedaba emprender la batalla y la joven, sabía que vendrían días malos, pero también confiaba en que llegaría un rayo de luz para abrirse paso en la tormenta. Y que como en todas las batallas épicas, el mal puede ser poderoso, pero el noble guerrero, siempre es apoyado y al final de los grandes finales, la justicia hará acto de presencia.

 

porque ante la adversidad, yo me crezco…”

La curiosidad no mató al gato

En primer lugar, no quiero generalizar, aunque a veces sea imposible no hacerlo, pero…quiero hablar sobre el problema que creo que existe con la cultura. Sí, eso de coger y abrir un libro y leer, eso de investigar por uno mismo, por curiosidad e interés sobre un tema.

Estudiar no nos gusta a nadie, ¿pero aprender? Adquirir conocimientos y saber de lo que se habla. Ser experto en algo, o por lo menos entendido. No perderte en una conversación o seguir el paso cuando escuchas a alguien hablar o debatir sobre algo.


Muchas veces me han llamado este término que ahora está tan de moda y que se usa para todo, a veces, de forma despectiva. “Frikiiii”, ya ves tú, friki porque me gusta hablar de cine, de actores, de directores, de estilos, de ciencia-ficción, de vampiros, de libros que he leído. Me gusta tener una conversación sobre estos temas y sobre lo que encarte, pero de estos temas, como he tenido interés, pues me he molestado en leer, investigar por mi cuenta y seguir indagando. Y creedme, que disfruto con una buena conversación de cine, música, deportes o literatura. No me canso. Y no me importa que me llamen “friki” si eso quiere decir que sé sobre algo. Es más, cuanto más aprendo, me da la sensación que más cosas me quedan por aprender. El conocimiento nunca es suficiente, siempre hay algo para conocer, y eso me parece fascinante, aunque me conlleve darle tres vueltas a las cosas y sentirme de vez en cuando, algo paranoica, pero lo importante es que “Pienso, luego existo”. Aunque a veces, tenga que recurrir a un ibuprofeno.

Lo que no puedo entender es como hay gente que no tiene ningún tipo de interés por nada. Cuando la indiferencia se instaura en nuestras mentes, es el peor de los estados, porque te lleva al vacío. No tienes necesidad de nada y la vida, no tiene ese sentido que puede tener, si conoces lo que ocurrió en el mundo, en la historia de la humanidad. Si indagas sobre tu cantante favorito, sobre el país que más te llama la atención, sobre los libros que te gustan, el manga, yo que sé. ¡Cualquier cosa!

Sé que todo esto puede sonar pedante o un rollazo. Pero a día de hoy, gracias a internet, fuente inacabable de datos a un solo click, de opiniones varias, de foros donde poder informarte y debatir. Donde todo lo que se te ocurra por la mente, puede ser consultado, leído…para mí es difícil comprender, que haya gente que no tenga esa curiosidad.

Y solo aprovecho esto que escribo, independientemente de cómo se pueda interpretar, quiero dar las gracias a todas esas personas que me enseñan cada día, con su experiencia, con su cultura vital, con sus opiniones y consejos. Con su ánimo, con lo que expresan y dicen, su coraje y sus acciones.

En especial a mi padre, (que sé que no lo va a leer), pero como un pequeño homenaje. Gracias por leerme todas las noches cuando  era niña “La historia interminable”, por llevarme al cine y engañarme con que :-Ya no hay entradas para ver “El Rey León” y terminar viendo “Braveheart”. Por seguir  motivándome cada día para alcanzarte en tus conocimientos, aunque siempre me lleves ventaja. Por los libros de Asimov, por los cassettes de Queen, por tu pasión por los deportes, por tu espíritu aventurero y explorador,  por tu curiosidad por el espacio y el mundo.


La curiosidad no tiene porque matar al gato…