Amor Low-Cost, el inframundo de las apps y el Carpe Diem del momento

“Tú me dejaste de querer cuando menos lo esperaba, cuando más te quería, se te fueron las ganas” y así escuchando yo a C.Tangana, me dio un click en la cabeza y me dio por reflexionar una vez más. Lo primero, ¿qué coño hago yo escuchando esto? segundo, ¿ y por qué me ha gustado? tercero ¿por qué no se pueden publicar las debilidades en este mundo superficial de redes sociales con vidas perfectas?

Si rascas en la foto recién publicada con miles de filtros embelleciendo al que la publica y el entorno, un momento que puede que sea feliz y al 80% me arriesgo a decir, que es falso. Feliz Falsedad, eso era en diciembre y ahora es todo el año y a todas horas, con filtro Valencia, con cualquier filtro de Tik Tok, con filtro de todo, porque yo me perdí, con esta vida me perdí. Todo es rápido, inmediato, todo es un like, todo es darle al corazoncito del insta, ¿y si me ves sin maquillar, saldrás corriendo? ¿ y si mi ves llorar pensarás que soy anormal?

Llegó el low-cost a las compañías aéreas, llegó el low-cost con la comida basura y ahora me doy cuenta, que llegó también el low-cost con las relaciones. Las famosas apps para conocer gente, un puro mercadillo de gente, con la mejor foto posible de perfil, todos hacen fitness, a todos les gusta viajar, con la mejor foto en Machu Pichu, solteros y solteras exigentes. ¡Y una mierda! lo que es, es un precipitado caos de gente que pululan por ahí, gente que está sola, gente que solo quiere hablar, otros y otras solamente echar un polvo, otros anhelan el amor de su vida, otros para que les regalen el oído, otros que solamente serán amigos virtuales y nunca quedarán. Y al final, el desgaste, la sustitución, el si no me gusta este o esta, tengo otro u otra, un repuesto, la hamburguesa a 1 euro con postre y si no hay postre ¿qué más da? La inmediatez y la amplia oferta, se está cargando las relaciones, el todo es rápido, el todo vale o el todo no vale. A mí que me expliquen si solo te conviertes en el pasatiempo de alguien y luego te tratan mal emocionalmente, te bloquean, te hacen “ghosting”, ¿qué fácil, no? y no quiero decir con esto que yo sea una santa y no lo haya hecho, lo que sí puedo decir, es que paso. Paso del inframundo, de ese submundo, unos eligen ir a un restaurante en vez de al sitio de comida rápida, no puedo decir que no vuelva a pedir un McMenú al igual que no puedo decir que nunca más vaya a volver a camuflarme detrás de un avatar en una de esas apps, pero lo único que sé es que no me aportan nada. Dentro de todas esas personas que en algún momento he podido “conocer”, no sé si si eran construidas a base de mentiras, si el confinamiento había hecho mucho daño, solo sé que dos me dejan buen recuerdo y a una de esas personas la mantendré de por vida, pero que ocurra eso en esos submundos es como ver pasar el cometa Halley. Y esa es la única esperanza que el cometa Halley existe. Pero para encontrarlo o verlo pasar, debes haber estado en horas intempestivas y sin esperarlo, porque no lo esperaba, al igual que uno no espera cuando llega el desamor, la ruptura, el crash que lo manda todo a la mierda, cuando pensabas que te habías casado para siempre. Para siempre… y entonces, después de todo esto, te das cuenta que la vida no es el pasado, ni el presente, ni el futuro, la vida son momentos. Y que como siempre, una de mis filosofías en la vida era no tener expectativas, pero ¿cómo se puede vivir así? ¿bloqueándote sentimientos? No quiero perder la fe en la gente, no quiero perder la esperanza de que las apps han corrompido a la gente y por sacarle el punto de humor. Ayer veía “Los Simpsons” estaban haciendo un “Speed Dating” y:

-¿Usted conoció aquí a su marido?

-No, lo conocí a través de amigos como la gente normal.

Pasar página y el Mundo raro

No estaban siendo los meses más felices de mi vida. Pandemia, soledad, aislamiento, pocas sonrisas, miradas cansadas por encima de una mascarilla. Inevitable que este virus insólito no nos provocara otros malestares que no fueran los propios de la enfermedad en sí. El CoVid19 irrumpía en nuestra vida diaria como un elefante en una cacharrería para ponernos a todos en alerta y la vida al revés, para enseñarnos que todo lo que una vez creímos dar por sentado, no era así. La vida en 2019 me sacó de la famosa zona de confort que hablaban los blogs, los psicólogos y en 2020 nos exiliaron a todos juntos.

Este 2021 que comenzó extraño, me regaló un fin de semana precioso nevado. Y este año en sí, me ha ido regalando pequeños momentos que no he querido ver o mejor dicho, no he sabido ver.

Abandonar mi proyecto de vida, mi antigua casa, mi todo…cambios. Y a mí me criaron para ser libre y nómada, aventurera y leal a mí misma. Mis padres…esos intensos valientes, bravos y arriesgados, que son el mejor regalo. Dicen que se aprende de los hijos, ahora que soy madre, puedo verlo, pero también de tus progenitores y a mí, mis padres no dejan de sorprenderme nunca. Nunca.

El otro día volví a mi antigua casa, de vuelta, por la carretera que tantas veces paseé y una sensación de pereza absoluta me invadió. Recuerdos angustiosos y arcadas en la boca del estómago, dónde el dolor suele posarse. Y como un fogonazo, una luz tan brillante, tan incandescente, que me quemó por dentro, me quemó la cara y estalló en mis gafas de sol, me hizo ser consciente de este preciso momento, del ahora. Y el ahora es libre, divertido, raro, extraño y pasan cosas, cosas que creí no volver a vivir, cosas que crees que nunca más volverán. Cosas que nunca ocurrieron, pero la vida, una vez más, una vez más te dice cuando sabes que has pasado página. Y aunque el mundo sea y esté raro, tú estás aquí. Y como siempre solía decir, brindemos : ” Por qué estamos vivos” y hoy, mucho más que nunca cobra un sentido fuerte y poderoso.

Tu nombre me sabe a Norte

Querido Norte,

Esto no es más que una carta de amor. Una carta de amor eterna. Es un recuerdo constante de este idilio que comenzó allá cuando ni si quiera mi memoria recuerda y en mi cabeza solamente estaban tus nubes grises, tu lluvia y ese manto gris, el sonido del mar y tus costumbres para mí siempre tan exóticas. Y tu marcado acento. Ese acento del que no me logro deshacer, como un embrujo, un hechizo o un conjuro lanzado en alto sobre mí, sobre el “Eguzkilore” que llevo como amuleto al cuello.

Y no puedo ser fiel a una sola parte de tu terreno, aunque tenga un sitio predilecto. Porque siempre fue así, siempre lo pensé, ¿no sé si me enamoré de ti o de la ciudad? Y es algo que jamás descifraré. Porque la atracción sigue, el enamoramiento no se disipa. La llamada parece no interrumpirse nunca…

Yo llevaba unas botas azules y tú apareciste bajo un paraguas y paseamos de la mano, mientras el mar era cómplice de algo que empezó absurdo, tan absurdo como su final. Nos bebimos el mar, nos bebimos los recuerdos a golpe de sidra y a veces, me los vuelvo a beber en la soledad de ese campo de recuerdos. Y un “Gabon” en mi oído que aún escucho, ecos de otra vida, de otra dimensión.

Yo llevaba un abrigo y tú apareciste con una nevada a tus pies, ahí, en un rincón de una estación. Tú eras alto y tus rizos… rebeldes, como tú. Me fascinó. Tanto como tu habla, como tu voz, como tu acento. Jugamos a ser amigos sin conocernos de nada. Jugamos a ser lo que quisiera esta vida extraña que fuéramos. Y dudo que lo olvide, es más, no quiero hacerlo nunca. Tú también eres norte. Siempre nos quedarán esas cañinas, y la luna alta en Ponferrada, allá donde se pose, porque no sé si algún día atisbaré a saberlo.

Y escucho los acordes de una canción que me hace llorar, que también sabe a rincones de una bella Galicia, a la que añoro visitar. Volver a sentir el viento en la Torre de Hércules y admirar esa Rosa de los Vientos y dejarme llevar de nuevo y siempre por el sonido del aire, o son do ar. O son do ar desde que era niña…

Y no sé por qué, ni nunca lo entenderé. Dicen que los polos opuestos se atraen, debe ser mi caso, yo del Sur, de la tierra del calor, del cielo eterno azul. Confieso, confieso que siempre fuiste tú. Confieso que no puedo con tus voces, con tus expresiones, con tus montañas y tus bosques frondosos, con tu mar salvaje, con tu frialdad que me arropa y me acoge como si yo fuera una más, como si tal vez, yo fuera algo especial. Y todas tus palabras resuenan en mi cabeza y yo me enamoro más de ti. De todo en tu conjunto, de toda tu extensión sin excepción. De todo lo que baña el Cantábrico, con todos tus rincones y todos tus sabores, con toda esa magia especial, que te hace estar siempre en mi cabeza. Solo quiero volver, volver a tenerte en frente, volver a perderme. Volver a caer en tus redes y que nunca me sueltes.

Me despido con un hasta luego que parece eterno, pero que pronto verá su final. Y sostendré tu mirada una vez más, sé que el viento y la lluvia volverán a aquellas botas que ya no son azules. Y miraré, como la romántica que soy, todo aquello de lo que una vez me enamoré.

Hasta pronto.

Vivir en tiempos de Coronavirus

Texto escrito 19 de Marzo 2020

Es curioso que escriba esto en apenas 4 días de aislamiento oficiales. Pero soy española, andaluza, para más inri. Y como a todos mis compatriotas, ya echo de menos salir, dar dos besos, abrazos, reír en alto, la cervecita en la terraza, el aire, el sol.

En este blog en 2008, reflejé muy indignada la crisis económica que asoló España e hizo que muchos de mis conocidos emigraran sin retorno en muchos casos a otros países, porque aquí no había un puesto de trabajo digno. Pero jamás de los jamases, pensé que iba sufrir un pandemia mundial.

Me encanta el cine, y esto ya lo había vivido visualmente, y ahora he de decir que sí, que la realidad siempre supera a la ficción. Siempre. Y joder, una de las películas que he visto recientemente era “La Trinchera Infinita”… bromas a parte, porque el humor me niego a perderlo…

Tenemos que ser responsables y llamar a la calma, acordarnos del cine de nuevo como modelo y pensar en un Tom Hanks en “Naufrago”, porque para los que estamos solos, se va a hacer especialmente más duro. Yo siempre me he considerado una persona casera, siempre he disfrutado mucho de estar en mi casa, viendo la tele, leyendo un libro, escuchando música, pero en estos poquísimos días, se me saltan las lágrimas si pienso en darle un abrazo a mis seres queridos. Se me saltan las lágrimas nada más pensar las ganas que tengo de ir a la cafetería de mi trabajo y hablar con mis compañeros, de salir a pasear con mi bebé. De volver a ver una sonrisa que me calma, cuando veo esos hoyuelos y sentir ese abrazo que me envuelve grande y fuerte y me levanta de todos mis males. Pero debemos ser conscientes y agradecidos, que tenemos que protegernos entre todos y que cuando esta pesadilla acabe, volveremos a vernos, a disfrutarnos, a abrazarnos, a besarnos. Así confío, así lo espero, así lo deseo, así lo lucho.

Aunque sé que esto va a cambiar a la sociedad, al mundo. Esto es algo sin precedentes, es algo que desde tiempos de La Peste, no ocurría a esta escala. Recuerdo el VIH, recuerdo el ébola, pero no esto. Esto ha paralizado al mundo, ha cambiado todas nuestras vidas. Teletrabajo quién tiene suerte, confinamiento, relacionarnos más aún a través de pantallas, autogestionar nuestras mentes y recursos, poner a prueba nuestra paciencia, desarrollar nuestros ingenios, pero es hora de demostrar que el ser humano también es capaz de hacer lo mejor. Tenemos que ser fuertes ante la adversidad. Os animo a todos a que cuando salgamos de ésta, valoremos muchísimo más todo lo que hemos tenido siempre y hemos dado por hecho. Dar por hecho, es un error. Muchas veces me dicen, “joer no me des las gracias por tan poco” y yo siempre contesto que valoro y agradezco cada gesto, porque un día lo tienes y al día siguiente no. Y yo prefiero ser agradecida, a no serlo.

Si estás leyendo mi blog y me conoces, decirte que te saludaré más efusivamente aún si cabe cuando te vea. Si estás leyendo esto desde el otro lado del mundo, desde otro rincón de España, “no estás solo/a, estamos juntos en esto y saldremos”.

QUÉDATE EN CASA.

Lo que pienso a 6 de Abril de 2021

De toda la información insólita, sorprendente, confusa e idiota que hemos estado escuchando durante este eterno año ya pandémico, el resumen lo podría hacer en dos palabras que están de moda: “Fatiga Pandémica”.

Gestiones políticas de lo más incongruentes e incoherentes, restricciones de movilidad que nos dan una pseudolibertad absurda que todos parecen saltarse a la torera, menos los que somos unos cobardes y sabemos que es como cuando todos copiaban en el examen, que si la chuleta la sacas tú, fijo que te pillan. Y aquí sigo, teletrabajando que por supuesto, a valorarlo, porque si encima pierdes el trabajo, ya la desgracia es aún mayor. Pero cansa, cansa el estar diciendo gracias por tener dos manos, gracias por tener trabajo, gracias por haber pasado el virus y seguir vivos. Es lo mínimo ¿no?, ¿soy una niñata? probablemente, ¿soy egoísta? quizás, probablemente. Me contagié sin salir de casa, a una revisión al centro de salud, de estas cosas increíbles. Y el/ la covid fue un faringitis muy fuerte, pero la mayor secuela es la mental. Esta soledad, estos miedos de las miradas que están encima de esas mascarillas de colores. Yo me negué a convertir mi mascarilla en un complemento estético, siempre pensé “esto debe ser temporal” y hace nada ya me decidí a contribuir al medio ambiente y coger unas que se puedan reutilizar y lavables. Sigo sintiéndome absurda cuando camino sola al aire libre y respiro mis restos, cuando me estornudo dentro, cuando se crea esa incómoda humedad propia dentro de ese ecosistema mascarillero. Estoy cansada. Muy cansada de qué me digan por dónde puedo entrar, por dónde puedo salir de una tienda, del gel, de las distancias, del no poder abrazar, de sentirme una delincuente, de tocar una superficie y pensar “Oh, oh”. A nuestros abuelos les tocó una guerra, una guerra que obviamente dejó secuelas de odios y rencores y de no tirar ni una miga de pan. ¿Cuáles serán las nuestras? ¿los miedos a los abrazos? ¿al contacto humano? Qué virus tan cruel y deshumanizado, que es precisamente eso lo que nos está provocando, vivir en las redes, vivir en pantallas, vivir en un interminable Fortnite, ser un Joaquin Phoenix en “Her” y no distinguir ya las emociones. ¿Cuánto falta, mamá? ¿hemos llegado ya a la 4ª ola? ¿a la 5ª? ¿nos vencerá este tsunami llamado Covid19?

Mi primera queimada

2021 que empezaba absurdo, me regaló mi primera queimada. Un sabor tan diferente, tan único, tan mágico. Un conjuro, un hechizo de aguardiente. Y allí estaba Madrid, entre restos de nieve postapocalíptica, el mundo pandémico, las miradas enmascarilladas, pero tú estabas tan cerca. Al final, la vida son momentos fugaces, esos que caen como una estrella cada cierto tiempo, pero lo más importante, es saber saborearlos en el momento, como los granos de café, el conxuro y las frutas en la bebida. Porque vivir consiste en eso, en ver la magia, en sentirla, en dejarse llevar. Y que te embruje el fuego, siempre el fuego.

El mundo a.C

Echo de menos abrazarme a mis amigos y seres queridos.

Echo de menos la libertad del tacto.

Echo de menos las sonrisas que ahora se ocultan. Echo de menos dar dos besos, echo de menos dar la mano.

Echo de menos no temer del contagio, echo de menos no saber que son los virus. Echo de menos el ocio, la juerga y las risas. Echo de menos las terrazas y el bullicio.

Echo de menos la normalidad y odio la nueva normalidad. Echo de menos el 2019 y todo lo anterior conocido, porque cualquier tiempo pasado fue mejor y se cumple.

Echo de menos vivir. Echo de menos los informativos con sus políticos peleándose y no sobre el /la covid.

Echo de menos hacer planes y cumplirlos, fijar metas y esperarlas. Echo de menos el aislamiento elegido y no el impuesto.

Echo de menos las colas, los cines llenos, los conciertos.

Y echo de menos mirarte a ti.

De la NFL, cine y USA

En este duro confinamiento, he consumido como todo el mundo, imagino, mucho contenido audiovisual. Lo que pasa que me he pegado un buen ciclo de cine sobre fútbol americano.

Tuve la suerte (y sí digo la suerte, porque ahora vete tú a saber) de haber visitado Estados Unidos en dos ocasiones. Es un país que me encanta y sus gentes también. Me encantaron sus ciudades, me encantaron sus zonas rurales, sus exageraciones, su puesta en escena, su ombliguismo, de USA me gusta casi todo. Pude comer hamburguesas gigantes en Nueva York, pasear por Chicago, perderme por Kansas, visitar Oklahoma, Los Ángeles, ver Monument Valley, el Gran Cañón. El 4 de Julio siempre felicito a mis amigos americanos y a diario, ansío el momento de volver a visitar este país. Pude asistir a un partido de baseball, y me quedó pendiente uno de basket de la NBA y miles de cosas más. Hace relativamente poco, he empezado a aprender sobre una de las religiones americanas y sí, hablo sobre : la NFL, la liga de Fútbol Americano. No hay que olvidarse que para ellos “Football” es su fútbol y que lo que se juega en Europa es “Soccer”.

Desde los años 90, la popularidad del fútbol americano sobrepasó a la que había por el baseball. Este deporte tiene más de 100 años y actualmente, tiene en su liga a 32 equipos. Os sonarán términos como “quarterback”, “scrimmage” o “touchdown” por el cine.  Y por supuesto, aquí en Europa, desde hace unos años y gracias a “Youtube” se hacen cada vez un hueco más grande los espectáculos de las celebrities de la “Superbowl”.

Bien, yo no tenía ni idea sobre Fútbol Americano, ni idea. Salvo los términos que acabo de nombrar, pero empezó a picarme la curiosidad y un día vi un partido. No me enteré de nada. Solamente veía a unos tipos gigantes corriendo y tirándose unos encima de otros y solo podía pensar que estaba viendo un partido de Rugby, y que no entendía nada. ¡Qué dolor que se te caigan esas moles encima!

Gracias una vez más al cine que todo lo refleja y por supuesto ( y al catálogo de Disney +), el gran exportador de cine en el mundo es el americano y no podía ser de otra manera, por supuesto que había películas sobre este deporte. Os voy a recomendar para aquellos que sois “fans” o los que simplemente os gusten películas basadas en hechos reales con historias curiosas y que a menudo, tiran de épica.

-“Invencible (Invincible) 2006“, película protagonizada por Mark Whalberg, que en mi opinión, aunque tiene roles protagonistas, siempre le veo cara de eterno secundario. En esta película da vida a Vincent Papale, un chico de 30 años que se presenta a las pruebas de Jornadas abiertas para entrar en el equipo de su ciudad, los Philadelphia Eagles, sin muchas esperanzas, por su edad, por el momento tan malo que atravesaba. Película que emociona, que reconforta, porque muchas veces aunque estemos casi al borde de no levantar cabeza, de repente, si persistes, los sueños se cumplen. ¡Y de qué manera! Es muy interesante la fotografía de la película que simula los colores del equipo. Las actuaciones principales Mark Whalberg y Greg Kinnear están bastante bien y las escenas deportivas, son de lo más entretenidas.

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-“Titanes, hicieron historia (Remember the Titans) 2000 “. Esta película cumple este año extraño, 20 añitos. Tiene los ingredientes para la mezcla perfecta: historia real, deporte, adolescencia, tiempos de lucha por los derechos afroamericanos y a un Denzel Washington que se gusta en el papel. ¿Qué tenemos? una buena película que tira de la épica, de amistad y de que el deporte como siempre, es una de las mejores medicinas para curar tanta tontería que a veces, los seres humanos hemos demostrado tener a lo largo de la historia.

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-“Decisión Final (Draft Day) 2014“. Probablemente si no te explican antes de ver esta película que es el “Draft Day”, te parecería una película aburrida y de sobremesa, pero si antes te dicen que el “Draft Day” es el día en el que cualquier cosa puede pasar para fichar a los jóvenes universitarios y que cumplan el sueño de sus vidas para ingresar en un equipo de la NFL, la vives con un poco más de tensión e intriga. Aquí tenemos a un más que creíble Kevin Costner, director de los Browns de Cleveland, que se debate entre lo que la presión pública quiere y su instinto. Atender a las corazonadas y las impresiones o investigar un poco en el por qué de las personas por mucho que parezcan la opción más correcta. Por supuesto, es muy interesante, el baile de intereses, las formas de negociar y las pequeñas triquiñuelas en el mercado de fichajes. La verdad, es que no veo a un director español haciendo una peli sobre como ficha Florentino Pérez, pero bueno. Aún así, me pareció bastante interesante. Me sobra el personaje pluscuamperfecto de Jennifer Garner.

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-“La verdad duele (Concussion) 2015“. Will Smith interpreta al Doctor Bennet Omalu que descubre el síndrome postconmoción cerebral. No me digáis que no habéis pensado la de golpes bestias que se dan tanto en el rugby como en el fútbol americano, pues esos golpes, amigos, tienen consecuencias. Si queréis saber cuáles y lo que supuso para la NFL y para algunos de sus jugadores, os recomiendo ver esta película. A tener en cuenta en versión original, ya que Will Smith hace un gran trabajo y en v.o siempre se aprecian mucho más los matices y el trabajo actoral.

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-“El expreso de Elmira ( The Express) 2008“. Basada en la vida del jugador de origen humilde que se convierte en el primer jugador afroamericano en ganar el famoso trofeo Heisman. Quizás la más manida de todas y la que menos me emocionó, pues a diferencia de otras películas que comparten la misma temática, no me tocó tanto la fibra sensible. Si tuviera que recomendar una del estilo, elegiría “42 (2013)” protagonizada por Harrison Ford y un joven Chadwick Boseman antes de ser Black Panther, trata la historia del legendario jugador de baseball Jackie Robinson, si no conocéis su historia, merece mucho la pena saber todo lo que aguantó y que supuso posteriormente para la cultura afroamericana.

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-“El Clan de los Rompehuesos (The Longest Yard) 2005” Uy sí, película de Adam Sandler y amiguetes, cómicos conocidos como Chris Rock o Bill Goldberg. Con colaboración estrella del difunto Burt Reynolds. Esta es una comedia y no está basada en hechos reales, es un remake, aunque quizás formar un equipo de fútbol americano de presos contra guardias de una cárcel, puede que haya podido ocurrir. ¿Lo interesante de esta película? pues el humor a veces zafio, a veces simpático que suele tener el campechano de Adam Sandler en casi todas sus películas. Entretenida y con algunas pinceladas dramáticas.

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Y hasta aquí, este resumen de películas deportivas sobre Fútbol Americano que me ha dejado este confinamiento. Muchas de ellas, las podéis encontrar en Disney plus y en Netflix. Y si os gusta hacer ciclos de cine sobre temáticas diversas, “Películas de deportes” siempre son un acierto.

Run the world

Toda mi vida he intentado practicar deporte. Lo típico, alguna vez me he apuntado al gimnasio, he ido a varias clases de aerobic y como no me gusta, me terminaba quitando. Que si “spinning” que sí me gusta pero era demasiado impacto. Caminar y senderismo que me encanta, pero no tengo tiempo. Y este año decidí retomar el salir a correr, lo que ahora todo el mundo llama “running”.

El primer día que decidí probar mi condición física y ver cuánto aguantaba, vi que no estaba tan mal, 20 minutos seguidos. El segundo día ya fue otra cosa, me ahogaba, empezaba a sudar a los dos minutos, no quería ver una cuesta ni en pintura y aunque no llegaba especialmente cansada, me cansaba si me comparo a como voy ahora.

Apenas llevo dos meses corriendo, pero me siento fenomenal y de maravilla. No me aburro, es más, siento que se me descongestiona la mente y cuando llego a casa y me doy una ducha, es una sensación muy satisfactoria. Después de todo el día en el trabajo, el estrés del día a día, etc. Cuando me pongo las zapatillas y salgo a correr, todo parece que no tiene tanta importancia y veo más esperanza que otra cosa en el horizonte. Ahora que los días son más largos y pillo como va atardeciendo, dejar las farolas atrás es como dejar las preocupaciones con cada zancada, ahí se van quedando, atrás, porque voy avanzando. A veces, me concentro en las pisadas y parece que me impulso más, otras me concentro en respirar, otras en contar el tiempo que llevo o el que me marco que debo aguantar. El “running” es agradecido, en apenas dos meses, ya aguanto 5 km. Soy principiante, sé que para los que son “runners” de verdad, esto les queda ya muy lejano y no tiene mérito. Corro a un ritmo lento, pero creo que lo que debo valorarme positivamente es la constancia, he salido todas las semanas desde que me lo propuse.

¿Cuándo me podría considerar “runner”? ¿si hago 10 km? ¿el día que me compré unas buenas zapatillas? ¿el día que tuve el reloj para registrar entrenamientos? ¿o el día que no puedo salir y tengo mono de ello? No tengo ni idea, solo sé que cada día me gusta más, lo disfruto más, me siento mejor y que tengo una meta fijada que alcanzar y ¡lo conseguiré!

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Hay esperanza en la deriva

Hace dos días fue mi cumpleaños. Solía escribir cada año una especie de resumen del “año vital”. No sé si el año pasado lo hice, porque estaba embarazada de 9 meses, a punto de parir a mi hijo precioso. Este año extraño, he estado un poco retirada del mundo bloguero, del escribir, aunque sí que he escrito mucho, mucho, mucho, en los momentos más oscuros de este 2019 que ya termina.

Creo que lo que he aprendido en mis 32 que ya he dejado, es que nada es para siempre, que la decepción es brutal, que la confianza se rompe en un pestañeo, que la vida no es un plan, que tu vida puede cambiar en cuestión de milésimas de segundos como si un huracán se lo llevara todo, que las palabras hacen daño y mucho, que el posparto es doloroso, solitario y triste. Pero las lecciones que más me han marcado son:

que la amistad es el amor más sincero y ese poder es magnífico y sensacional.

que la familia está siempre por y para ti, siempre, con un siempre de los de verdad, incondicional y altruistamente.

que el amor romántico no es el de las películas, ni el de las novelas, pero sí el de las canciones.

que las cicatrices se arreglan con besos y abrazos.

que la esencia se golpea, pero no desaparece.

que la maternidad embellece y fortalece.

que mi galaxia es poderosa, extensa e infinita, tiene una sonrisa que me cura cualquier cosa y sus ojos color indefinible me hacen olvidar todo lo malo que haya podido pasar.

Los 33 los he empezado a ritmo de pandereta, rodeada de increíbles personas, con regalos sorpresas y los he empezado bien, tal y como van a ser. ¡Insuperables! y nada ni nadie va a dejar que deje de pensarlo así y sentirlos así. Así que, siempre hay esperanza en la deriva. SIEMPRE.

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Y todas las canciones hablan de mí

¿Cómo era nuestro olor?

¿Era ácido y metal?

No consigo recordarlo, aún no

Soy todo lo que prometí
No llegar a convertirme
Tú eres lo que nunca dijiste ser

¿Qué voy a hacer con todos los abrazos que hice a medida para ti?
¿Cuándo volverás a ser quién conocí?

 

Guerra y Paz (Zahara)

 

No me importa que leas mi dolor, esta soy yo, siempre fui así. Escribir como vía de escape hacía ninguna parte.

Sufro de pesadillas y todos los monstruos a los que temía, no están. Me he dado cuenta de que no soy tan miedosa como creía, ahora siempre hay luz en la habitación y esa luz, llora. Apenas hay pesadillas, porque no hay sueño. Y apenas hay miedo, porque la estrella que llora junto a mi cama, me ha hecho fuerte y valiente, sin darme cuenta.

Parece que todas las canciones hablan de mí, parece que todos los versos de estribillos y finales, ya estaban escritos, aunque siempre haya un latido que se resista a apagarlo. Sé que el tiempo me dará todo lo que ahora necesito. Y aunque leas esto, no va para ti. Es para mí. Ya no eres nada importante, ni prioritario. Existes como un número binario, más cero que uno. Eclipsado. Brilla lejos, si es que tienes suficiente energía vital. Esta nave estará muy lejos para poder sentirse cegada, porque ya no hay vendas. Y la nave va cogiendo ritmo, va cogiendo la velocidad propia de la luz, la luz que resurge de donde tú la habías retirado con tonterías absurdas y sentimientos prefabricados.

Veo un diente asomar, es todo lo que importa ahora mismo, ese dolor y no el que poco a poco, va cicatrizando, pues no quiero comer más veneno…al final, tú fuiste demasiado esfuerzo, a rebufo, a remolque…nada a lo que hay que darle cuerda, merece la pena.

Y ahora, todo es mejor, más brillante, más emocionante. Ahora, descubro cuántas cosas me estaba perdiendo, ahora descubro que me descubran y brillo fuerte. Muy fuerte, como esa estrella que creyó verse apagada, pero no, porque había llama y energía suficiente para activarla de nuevo y encenderla, y alumbrar el alrededor de quién quisiera volver a mirarla y así es. Ahora hay versos y posibles versos, ahora hay magia, ahora hay todo cuando creí la nada. La vida es un huracán que entra por la ventana, pone todo patas arriba pero es mágica, eléctrica y galáctica y yo estoy en ella. Ahora sí, y para exprimirla al máximo como siempre hice y he sabido hacer.

Futuro espérame, presente fluye. Simplemente ser.