Run the world

Toda mi vida he intentado practicar deporte. Lo típico, alguna vez me he apuntado al gimnasio, he ido a varias clases de aerobic y como no me gusta, me terminaba quitando. Que si “spinning” que sí me gusta pero era demasiado impacto. Caminar y senderismo que me encanta, pero no tengo tiempo. Y este año decidí retomar el salir a correr, lo que ahora todo el mundo llama “running”.

El primer día que decidí probar mi condición física y ver cuánto aguantaba, vi que no estaba tan mal, 20 minutos seguidos. El segundo día ya fue otra cosa, me ahogaba, empezaba a sudar a los dos minutos, no quería ver una cuesta ni en pintura y aunque no llegaba especialmente cansada, me cansaba si me comparo a como voy ahora.

Apenas llevo dos meses corriendo, pero me siento fenomenal y de maravilla. No me aburro, es más, siento que se me descongestiona la mente y cuando llego a casa y me doy una ducha, es una sensación muy satisfactoria. Después de todo el día en el trabajo, el estrés del día a día, etc. Cuando me pongo las zapatillas y salgo a correr, todo parece que no tiene tanta importancia y veo más esperanza que otra cosa en el horizonte. Ahora que los días son más largos y pillo como va atardeciendo, dejar las farolas atrás es como dejar las preocupaciones con cada zancada, ahí se van quedando, atrás, porque voy avanzando. A veces, me concentro en las pisadas y parece que me impulso más, otras me concentro en respirar, otras en contar el tiempo que llevo o el que me marco que debo aguantar. El “running” es agradecido, en apenas dos meses, ya aguanto 5 km. Soy principiante, sé que para los que son “runners” de verdad, esto les queda ya muy lejano y no tiene mérito. Corro a un ritmo lento, pero creo que lo que debo valorarme positivamente es la constancia, he salido todas las semanas desde que me lo propuse.

¿Cuándo me podría considerar “runner”? ¿si hago 10 km? ¿el día que me compré unas buenas zapatillas? ¿el día que tuve el reloj para registrar entrenamientos? ¿o el día que no puedo salir y tengo mono de ello? No tengo ni idea, solo sé que cada día me gusta más, lo disfruto más, me siento mejor y que tengo una meta fijada que alcanzar y ¡lo conseguiré!

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Hay esperanza en la deriva

Hace dos días fue mi cumpleaños. Solía escribir cada año una especie de resumen del “año vital”. No sé si el año pasado lo hice, porque estaba embarazada de 9 meses, a punto de parir a mi hijo precioso. Este año extraño, he estado un poco retirada del mundo bloguero, del escribir, aunque sí que he escrito mucho, mucho, mucho, en los momentos más oscuros de este 2019 que ya termina.

Creo que lo que he aprendido en mis 32 que ya he dejado, es que nada es para siempre, que la decepción es brutal, que la confianza se rompe en un pestañeo, que la vida no es un plan, que tu vida puede cambiar en cuestión de milésimas de segundos como si un huracán se lo llevara todo, que las palabras hacen daño y mucho, que el posparto es doloroso, solitario y triste. Pero las lecciones que más me han marcado son:

que la amistad es el amor más sincero y ese poder es magnífico y sensacional.

que la familia está siempre por y para ti, siempre, con un siempre de los de verdad, incondicional y altruistamente.

que el amor romántico no es el de las películas, ni el de las novelas, pero sí el de las canciones.

que las cicatrices se arreglan con besos y abrazos.

que la esencia se golpea, pero no desaparece.

que la maternidad embellece y fortalece.

que mi galaxia es poderosa, extensa e infinita, tiene una sonrisa que me cura cualquier cosa y sus ojos color indefinible me hacen olvidar todo lo malo que haya podido pasar.

Los 33 los he empezado a ritmo de pandereta, rodeada de increíbles personas, con regalos sorpresas y los he empezado bien, tal y como van a ser. ¡Insuperables! y nada ni nadie va a dejar que deje de pensarlo así y sentirlos así. Así que, siempre hay esperanza en la deriva. SIEMPRE.

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Y todas las canciones hablan de mí

¿Cómo era nuestro olor?

¿Era ácido y metal?

No consigo recordarlo, aún no

Soy todo lo que prometí
No llegar a convertirme
Tú eres lo que nunca dijiste ser

¿Qué voy a hacer con todos los abrazos que hice a medida para ti?
¿Cuándo volverás a ser quién conocí?

 

Guerra y Paz (Zahara)

 

No me importa que leas mi dolor, esta soy yo, siempre fui así. Escribir como vía de escape hacía ninguna parte.

Sufro de pesadillas y todos los monstruos a los que temía, no están. Me he dado cuenta de que no soy tan miedosa como creía, ahora siempre hay luz en la habitación y esa luz, llora. Apenas hay pesadillas, porque no hay sueño. Y apenas hay miedo, porque la estrella que llora junto a mi cama, me ha hecho fuerte y valiente, sin darme cuenta.

Parece que todas las canciones hablan de mí, parece que todos los versos de estribillos y finales, ya estaban escritos, aunque siempre haya un latido que se resista a apagarlo. Sé que el tiempo me dará todo lo que ahora necesito. Y aunque leas esto, no va para ti. Es para mí. Ya no eres nada importante, ni prioritario. Existes como un número binario, más cero que uno. Eclipsado. Brilla lejos, si es que tienes suficiente energía vital. Esta nave estará muy lejos para poder sentirse cegada, porque ya no hay vendas. Y la nave va cogiendo ritmo, va cogiendo la velocidad propia de la luz, la luz que resurge de donde tú la habías retirado con tonterías absurdas y sentimientos prefabricados.

Veo un diente asomar, es todo lo que importa ahora mismo, ese dolor y no el que poco a poco, va cicatrizando, pues no quiero comer más veneno…al final, tú fuiste demasiado esfuerzo, a rebufo, a remolque…nada a lo que hay que darle cuerda, merece la pena.

Y ahora, todo es mejor, más brillante, más emocionante. Ahora, descubro cuántas cosas me estaba perdiendo, ahora descubro que me descubran y brillo fuerte. Muy fuerte, como esa estrella que creyó verse apagada, pero no, porque había llama y energía suficiente para activarla de nuevo y encenderla, y alumbrar el alrededor de quién quisiera volver a mirarla y así es. Ahora hay versos y posibles versos, ahora hay magia, ahora hay todo cuando creí la nada. La vida es un huracán que entra por la ventana, pone todo patas arriba pero es mágica, eléctrica y galáctica y yo estoy en ella. Ahora sí, y para exprimirla al máximo como siempre hice y he sabido hacer.

Futuro espérame, presente fluye. Simplemente ser.

El universo vacío, astronauta perdido

Frío inalcanzable, calor absoluto. Lágrimas desde las entrañas, gotas que derriten el iceberg de tu alma. El viento golpea una vez más en mis pestañas. Amanece en mi estómago un dolor incipiente que recorre a latigazos la cabeza hasta los pies. Y no hay electricidad posible, no eclosionan las estrellas, no hay nada. Nihilismo avanzando, el crack de algo que se ha roto, no hay pegamento que pueda repararlo todo de nuevo y si acaso, la última esperanza a modo de último cartucho podría avivar las llamas, pero sola no puedo. Yo no puedo. Se me nublan las emociones, se me nubla la razón y los recuerdos son taladros incesantes, ruidosos de un futuro que quiere ser y no sabe que será. Me moriré de ganas de decirte que no me acuerdo de olvidarte, que pesará siempre aquello que no nos dijimos, aquello que fue siempre expectativa y nunca real. Fragilidad emocional, vaya pesadilla absurda, vorágine y huracán. Tristeza, rabia, dolor, no quieras ocultar que no existe la elección del momento. Siempre hay elección y fue fuego. El hielo eligió fuego, pero no mi llama. Te perdiste y yo te llamaba a gritos, soltaste la cuerda de la nave y el espacio te ha engullido. Astronauta perdido. Yo capitán de la nave, hago caso omiso a quiénes me ordenan dar la vuelta y dejar de buscarte, porque ya no estás. Cuelgo la llamada, Houston tenemos un problema. El capitán ha perdido el rumbo y la cabeza, va en busca de la nada. Astronauta perdido. ¿Acaso hay algo más? Creo en fantasmas, en el espacio sideral, creo que aún puedo virar hacia donde tú estás, lo llaman fe y siempre pensé que no creía en nada. Pum, pum inconsciencia solamente eso, aún me queda un poco de esa que me hizo conducir un Ferrari a 200 km por la vía de la vida. El maletero abierto y sin miedo. Quiero el castillo que construimos, quiero el reino donde vivíamos, pero no estás. Tú no estás. Y no sé si aún hay esperanza, miro a las estrellas y al universo clamo que vuelvas. Solamente tienes que ahondar en la escarcha, romperla, ahí me encontrarás. Vuelve. Trata de volver y si no vuelves, por favor déjame marchar. Libre, sin lastres, aunque tenga heridas en mi espíritu, mi esencia golpeada y el corazón inerte, de este tsunami he sido superviviente. Pero déjame que vuelva a mi nave, que programe otro nuevo destino y cambie el rumbo, aún hay tiempo.

Aviso al astronauta perdido. Vuelva a la nave. Ubicación y localización, la de siempre, latitud y longitud, amor y bendita rutina. Último aviso al astronauta perdido, la nave empieza a alejarse…

 

 

Lo que nadie te cuenta de la maternidad

Hace mucho que no publico aquí…la falta de inspiración, las tareas del día a día, pero ahora que he sido madre recientemente, me han vuelto las musas, musas hormonadas, musas postparto. Me decido a escribir mi experiencia como madre novata, sin querer dar consejos ni traumatizar a nadie, simplemente mi realidad.

Mi parto : cada una tiene una experiencia, a mí me fue mal, después de dilatar 9 cm, una epidural mal puesta, sufrir todos los dolores horribles, terminó en cesárea, mi pequeño nació el 28 de diciembre y no, aquello tuvo poco de inocentada.

Los días en el hospital no puedo ni describirlos. Mi cuerpo dolorido, roto, vacío, me sentía como un trapo envuelto en un camisón horrible. Mis piernas elefantiasicas, mis tetas enormes, la barriga colgando y un dolor que no podía ni ponerme derecha. Vamos, para que esos días me hubieran presentado a alguien…menuda imagen.

Mientras, todo el mundo preguntando por la subida de la leche y allí ni subida ni bajada, na de na. Pero el bebé con hambre y por más que le arrimaba la teta, se escapaba de ella como si fuera todo lo contrario a su sustento.

Solo quería irme a casa.

En casa, pensé que todo sería mejor. Pero me sentía extraña hasta en mi propio hogar, era extraña en mi cuerpo, y aún más extraño, tener al bebé al lado, tan pequeño, tan indefenso, tan dependiente de mí. Y él decidió no engancharse a comer y ahí aparecieron palabras antes desconocidas para mí : lactancia, sacaleches, pezoneras…

Y todo el mundo opinaba, y mientras más consejos, más lloraba yo. Cuestionándome qué había hecho, cómo iba a salir adelante y cómo lo habían hecho las demás madres del mundo, de la historia y cómo habían podido repetir. En aquellos días, si la humanidad hubiera dependido de mí, se habría extinguido.

Y empezaron a pasar los días y el tema lactancia no mejoraba. Las pezoneras ya eran mis mejores amigas. El bebé, un santo, pero yo seguía sintiéndome culpable por no darle teta en condiciones, por no haber parido. Las hormonas en mi cabeza burlándose de mí.

Menos mal que todos esos días han ido pasando, pero las preocupaciones han ido en aumento. Aunque empiezas a sacar fuerzas sobrehumanas para que a tu bebé no le falte nada. Pero tienes la sensación de que algo has dejado en el camino, de que estás haciendo todo mal o casi todo, que los consejos y opiniones te sobran, salvo aquellas que te dicen «haz lo que tú creas, tú eres la que mejor sabes lo que hay que hacer para tu hijo», aunque te critiquen por dar un biberón, aunque te quejes y puedan pensar que eres una floja. Los sentimientos que una nueva madre que nace también junto a ese bebé, son emociones que nadie cuenta. Solo se ve la foto y la sonrisa, que también, tu bebé se convierte en lo mejor de tu existencia. Pero también piensas si volverás a leer un libro, ver un capítulo de una serie o ducharte tranquilamente. Porque lo de dormir a pata suelta es algo de lo que ya me despedí y lo de no tener preocupaciones también. Ahora es una preocupación constante.

La maternidad no es fácil, todas esas madres que no contaron esto, que lo vivieron en silencio, que lloraron de madrugada abrazando a sus pequeños, las que miraban a sus maridos como si no los conocieran de nada, las que estaban de mala leche con toda la casa llena de familia y las que contestaban mal a los que más querían, todas saben de lo que hablo, porque todas han pasado por esto, pero no se dice, no se cuenta.

Solo sé que ahora, tengo las tetas de una vaca lechera, la tripa llena de estrías, ojeras y solo me apetece volver a salir a la calle y verme guapa. ¿Superficial? Pues sí. Ahora solo sé que todas las que son madres tienen mi respeto. Ahora sé lo que se siente al mirar la cara de tu bebé, todo lo que te remueve por dentro, todo eso que nadie te cuenta, nadie te explica, creo que por que ninguna podría poder explicarlo, yo no puedo tampoco, es demasiado.

Puerperio, bendito infierno.

Las ventajas de ser millonario

¿Os acordáis cuándo el verano era eterno y teníais ganas hasta de que empezara el colegio?  yo tampoco…

Últimamente juego a la lotería con unas compañeras del trabajo, nunca he jugado mucho y siempre me quejaba de que no me tocaba nada, pero si es que si no empiezo por jugar, no va a venir a mí una suma suculenta de dinero, eso es así y no es probabilidad, es de cajón.

Resulta que empezamos con las corazonadas de que iba a tocar el décimo de la lotería en un pueblo de Soria, luego dijimos de León, Salamanca, Cáceres, al final reunimos 4 décimos y los compartimos entre risas, con eso del ¿te imaginas? nos tocaron finalmente 20 euros. Esos 20 euros, seguimos soñando y miramos las diferentes opciones: que si el euromillones, que si el cuponazo del día del padre, etc…y así.

Me he dado cuenta que soy pobre hasta para soñar despierta con el famoso ¿te imaginas? que creo que usan como eslogan algunas loterías para su campaña de publicidad. Primero empiezo a pensar, “Buah, me haría la vuelta al mundo por supuesto, y nada de hostales, un buen hotel, de estos que tienes todo incluido” y luego pienso: ” A mí no me va a tocar, si no estoy tan mal, no me puedo quejar, si realmente soy una afortunada de la vida…”. Y digo yo luego ¿quién te está coartando para que sueñes a lo grande?, ¿quién?, si desear no es malo, si divagar de que te tocaran un montón de millones de las antiguas pesetas, no es malo, ¡es humano! (como Chenoa). Entonces, esta mañana que me ha costado salir de la cama más de lo normal y ya es decir, en esta primavera disfrazada de invierno de Enero, he pensado, si fuera rica, aprovecharía más la vida y no se me pasarían los años tan fugazmente, porque la vida de los trabajadores normales de a pie, pasa muy rápido, porque el trabajo tatúa fieramente los hábitos cotidianos.

-Alarma a las 6,30, saca al perro, desayuna corriendo, atasco, trabajo, trabajo, trabajo (así x9), come, vuelve a casa, limpia, la compra, saca al perro, Netflix y así.

Y demos gracias a que esta Netflix para despejarnos la cabeza.

Si fuera rica, lo primero que haría sería destruir esa rutina, me levantaría siempre con la certeza de que haría algo nuevo, algo diferente, que los madrugones merecerían la pena, porque quizás me despertaría contemplando las pirámides de Egipto, en una playa de Bali, visitando el Machu Pichu, volviendo a Nueva Zelanda. Iría muchas más veces al teatro, conciertos, iría de compras sin tener que estar pendiente de la tarjeta y tu propio límite de: “bueno, ala, ya te has dado el caprichito”. Iría al gimnasio conscientemente porque tendría un entrenador personal, estaría como Paula Echevarría, porque serían 24 horas para mí y solo para mí y para hacer lo que me diera la gana. Creedme que escribo esto y pienso : “materialismo”, “superficialidad”, “hedonismo”, pero porque no soy rica, claro…

Bali
Yo admirando la playa de Bali, a la que voy habitualmente, y tengo tipazo

Mi sueño sería montar una librería-cafetería supercuqui, que incluso yo misma llevaría, sin la preocupación de va bien o no, porque sería mi hobby y yo estaría forrada, y me daría igual. Lo disfrutaría, entre viaje y viaje, evento cultural y masajes, tendría mi librería. La, La, La, La.

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Feliz entre libros

Otro sueño sería montar una casa Rural, supermona, en cualquier sitio del País Vasco o Navarra y luego tendría una casa en Zarautz de cara al mar. También tendría un chalet supergrande con una gran piscina en mi tierra, al lado de Úbeda, y montaría varios negocios allí. Pero como sería tan sumamente rica, no estaría con la presión de sacarlos adelante, pero estaría pendiente, porque aunque fuera rica, no me gustaría dejar de trabajar. Trabajaría “relajá”.

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Las vistas desde mi casa de Zarautz

 

Y eso haría, y ahora, corto esto, apago la imaginación y voy a abrir el correo del trabajo a ver que tengo…

 

 

Pero que nadie coarte tus sueños, soñar es de las pocas cosas gratis.

8 de Marzo, Día Internacional de la Mujer

Hoy 8 de Marzo, es el día Internacional de la Mujer y siempre he pensado que el día que no celebremos este día, será cuando hayamos conseguido todas nuestras metas en igualdad.

Este año, con el reciente movimiento americano del “Me too”, “Time’s up” y tantas famosas denunciando acoso sexual está siendo más visible que nunca. La dolorosa cifra de mujeres asesinadas en nuestro país,  la brecha salarial por hacer el mismo trabajo, los micromachismos diarios, incluso de nosotras mismas, por haber asumido ciertas cosas que nos ha inculcado la sociedad, la pésima conciliación laboral y escasa baja de maternidad y paternidad, por estas y tantas cosas, este día tiene vital importancia.

Hoy hay que dar voz a aquellas que no pueden gritar porque desgraciadamente sus países viven anclados en el patriarcado rancio y violento. Hay que alzar la voz por todos esos hijos huérfanos de madre y por las que murieron golpeadas, acuchilladas, violadas. Hay que alzar la voz para que llegue el día que no nos de miedo salir de noche e ir por una calle más oscura. Alzar la voz para que nos devuelvan el sitio que nos corresponde en respeto, como creadoras de vida y respeto para las que elijan no hacerlo. Hay tantas cosas que hay que romper y luchar para que podamos mirar frente a frente a nuestros compañeros de vida y convivencia social. Educación y más educación. No más críos de quince diciendo que nuestro lugar está en la cocina o que sus novias tienen que enseñarle el móvil. No somos de nadie. No somos propiedad. Somos libres, fuertes e independientes.

Este 8 de Marzo, lo estoy viviendo de manera especial, de hace un tiempo a ahora, yo que soy mujer, estoy aprendiendo a admirar aún todavía más a todas las mujeres, todas libran una pequeña o gran batalla. Y ahí están, madrugando, trabajando, yendo a por sus hijos, dando lo mejor de ellas mismas, sobreponiéndose al llanto tantas veces, poniéndose a prueba una y otra vez.

Admiro a todas por cualidades pequeñas o muy grandes. Admiro a mi abuela Dolores cuando en tiempos muy lejanos ya, dónde la mujer necesitaba viajar con un varón y permisos de su padre para poder trabajar, mi abuela ni corta ni perezosa, desafío aquella realidad social y se plantó en Madrid, quizás solo estaba siendo rebelde, pero aquello también era ser valiente, rompió reglas, estaba siendo feminista, aunque luego ella sea muy machista para otras cosas, incongruencias de la vida. Admiro a mi hermana pequeña, que ha elegido una profesión que sigue siendo de hombres a día de hoy, donde tiene que luchar por hacerse un hueco, porque tendrá que soportar muchos comentarios insolentes que la pongan en duda, y sin embargo, ahí está y dando lo mejor de ella misma, llegarán los reconocimientos, porque llegarán. Admiro a mi madre todos los días, porque es muchas profesiones en sí misma, enfermera, cuidadora, maestra, limpiadora, cocinera, psicóloga, cómica, costurera, decoradora, mi madre es todo en uno, es una mujer fuerte, valiente, luchadora, alegre y sobre todo, una muy buena persona y una madre con mayúsculas. Una mujer versátil que se ha adaptado a todo tipo de situaciones, entornos y lugares. Admiro a mis compañeras que vienen con ojeras, se toman su café y hacen su trabajo maravillosamente. Admiro a mis jefas, mujeres con carácter, tachadas de prepotentes por hacer bien su trabajo.

Admiro a todas y cada una de las mujeres, que tienen una enfermedad o un hijo con enfermedad y que no se quejan, que levantan la persiana cada día y dicen “para adelante”.

Os admiro y seguiremos luchando, hoy 8 de Marzo y todos los días, superando cada pequeña o gran batalla. Seguiremos al pie del cañón, por la igualdad real en derechos.

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