The beginning of the End-Seriéfilamente hablando

Después de varios posts sobre viajes, he decidido volver a mi naturaleza reflexiva y aunque las fotos y los datos no sean tan interesantes como una buena ruta por cualquier lugar del mundo, quiero vagar por las rutas de esta absurda mente mía…

Ayer hubo algo que me hizo reflexionar mucho, algo que me ha hecho ver que el tiempo sigue transcurriendo sin ningún tipo de control alguno, como una ola salvaje y descontrolada, totalmente indomable. Ayer hubo algo que me hizo pararme en seco y pensar “Madre mía, que velocidad lleva esto”. El final de “Dexter” y el inminente final de “Breaking Bad”. Puede sonar cómico, pero estas series me han acompañado desde 2006 y 2008, años cruciales de mi vida. Tanto Michael C.Hall con su Dexter Morgan como Bryan Cranston  y su complejo Mr. White, se han convertido en parte de mi vida seriéfila y es un poco difícil deshacerme ahora de ellos.

 

Mientras que ayer contemplaba el desenlace del forense de Miami, mi cerebro iba asimilando las imágenes que llegaban desde la retina y un sentimiento de “The end” me estaba consumiendo junto con la impotencia de “no, ¿Por qué?, no quiero que se acabe” y por ese sentimiento, creo que el final me ha parecido realmente decepcionante, nada épico. Un final demasiado simple, demasiado fácil o quizás los guionistas se sentían un poco como yo.

Dexter<

¿Cómo se puede terminar bien?, ¿estamos contentos con los finales normalmente de las novelas que leemos?, ¿los finales de las grandes o pequeñas películas?, será quizás que los protagonistas han compartido tantas emociones y situaciones con el espectador y los capítulos te acompañan durante tanto tiempo que uno ya no separa la realidad de la ficción. Y el momento de por la noche de tirarse en el sofá y poner un capítulo de “Dexter”, “Breaking Bad”, “True Blood”, “Game of Thrones”, etc, se ha convertido ya casi en un ritual. Un ritual en perfecta armonía con el cansancio acumulado del día, la sensación de relax en el sofá enfrente del televisor desconectando de las diez horas de trabajo y las horas de transporte público, con las historias y entresijos de estos grandes personajes y sus historias. Mi momento favorito del día sin lugar a dudas. Para que luego digan que no se puede ser feliz, para mí es muy fácil encontrarle el aliciente simplemente a eso, dejarme llevar a unas realidades que nunca viviré y que quizás nunca quisiera vivir, si pudiera elegir, pero simplemente dejarme llevar por la creatividad de un equipo que hace posible toda la serie en conjunto.

Quizás suene estúpido, pero es mi hobby. Es mi momento. Y tener un momento diario para evadirte de las prisas, de este estrés que consume sin darse cuenta, que se ha arraigado a la forma de vida contemporánea de esta época, evasión de las noticias que repiten sin cesar las cagadas de los gobiernos y de que el apocalipsis está cerca. Para eso, prefiero seguir viendo como Walter White y Jesse Pinkman cocinan en el desierto o como Debra Morgan repite mil veces “fucking asshole” o por mucho que me líe y no sea santo de mi devoción, hacerme la cabeza un lío con la cantidad de familias en Juego de Tronos.

El cine es una de mis pasiones, pero creo que las series, las buenas series, las que tienen un buen guion, unos personajes carismáticos, un reparto que se deja la piel en conseguir que sus personajes transciendan la historia de la TV, las bandas sonoras y la ya muy reconocible estética propia de éstas, las convierten en auténticas joyas. No sé si envejecerán bien o no, lo único que sé es que el temible final, llega. Llega incluso para una serie televisiva y nos deja un poco huérfanos, por muchos “spin-off” que inventen.

 

Ahora solo espero ver como finaliza mi serie favorita, este próximo 29 de Septiembre.

Breaking Bad

Inteligencia Emocional vs Descontrol Emocional

¿Qué es inteligencia?, ¿existe solamente un tipo de inteligencia?, ¿es más listo quién expone de forma ágil y hábil una función exponencial de física quántica o aquella persona capaz de gestionar una obra de arte o incluso manejar y alcanzar una felicidad con amigos y familia?

Hoy he tenido la suerte de asistir a un curso de “Inteligencia Emocional” en el trabajo, con un experto en el tema, Rafael Bisquerra, su ponencia y las preguntas que se han planteado me han parecido de lo más interesante.

Para una profesión como la docencia, poseer una empatía de cara a la relación con los alumnos, es algo primordial y pudiera decirse vital, no solamente porque las emociones en relación a un grupo diverso de estudiantes están a flor de piel casi todo lo que dura una clase, si no porque también, el profesor siente la responsabilidad de alentar a los alumnos a desarrollar sus competencias emocionales. Ya sea, por medio de actividades grupales o individuales, demostrando habilidades sociales interaccionando entre ellos o exponiendo un trabajo. Aprender un idioma es algo complicado y en nuestra cultura española, tenemos un lastre que se llama “vergüenza ajena” o demasiado sentido del ridículo. Y puesto que el alumno, se siente avergonzado de sonidos distintos y el tono que se utiliza para imitar la articulación de otro idioma, el tema del “inglés” en nuestro país, es una asignatura totalmente pendiente. Hablo de esta materia, porque es la que me concierne, pero también, puestos a divagar, reflexiono acerca de la falta de motivación y la falta de comprensión lectora.

 

Hemos tenido la oportunidad de hacerle preguntas a este experto que nos ha dejado grandes reflexiones y frases, pero me he quedado con una en el tintero:

Vivimos en una época donde acceder a cualquier tipo de información es sobradamente fácil. Pero se me viene a la cabeza la idea que leí en el libro “El mundo de Sofía” –Estás tan habituada al mundo, que te ha dejado de asombrar.

Y creo que este tema de cara a los estudiantes, se puede reflejar totalmente. Es muy difícil innovar y motivar a los alumnos, porque tienen acceso a todo. Internet es una herramienta útil pero a veces, mal gestionada. Hay mucho que leer y mucho que aprender, pero el punto dónde encontrar el interés es lo más complicado. Trasmitir entusiasmo por tu asignatura es algo que el público percibe, pero hay distintas audiencias y aquí es donde están las emociones, la empatía de cada uno y del docente. Y mi pregunta en el tintero era: “¿Vivimos en una época de descontrol emocional?”

¿Por qué?, tenemos blogs, tenemos “twiters”, tenemos “facebooks” donde todo el mundo sube y comparte que le ha pasado, pensamientos públicos en alto, fotografías de gente que aún no ha nacido. Ironías, mensajes indirectos, sentimientos, rupturas. Es como un “Gran Hermano” gigante y real, y en mi opinión, a veces, desmesurado. ¿Dónde nos lleva esto?, ¿convertir al tímido en un Don Juan virtual?, ¿compartir tu privacidad, sentimientos e intimidad y llevarlo a la máxima potencia?

Interminables dudas y reflexiones se me han venido a la cabeza sobre este tema, que a día de hoy, no puede estar más de moda. Conocemos el concepto de “Inteligencia Emocional” desde hace relativamente poco y se empieza a valorar lo que uno gestiona y siente, ahora empieza a valorarse y sin embargo, estamos desbordados de emociones online y aparece cierto temor el pensar, cuáles son reales y donde está límite de la veracidad y aunque siendo ciertas, nos puede llevar a un abismo de acostumbrarnos a cualquier cosa y perder competencias como la empatía, compasión o aversión.

Somos carne llena de emociones, contagiamos emociones a los demás y nos dejamos embriagar de otras emociones que nos llegan a través de otras personas, ambientes, palabras y sentimientos estéticos. Hasta tal forma, que la “Inteligencia emocional” podría convertirse en un verdadero arma de manipulación o bomba explosiva, si no llegara a controlarse de forma bondadosa. Como por ejemplo, la envidia puede ser admiración si nos ponemos en el lado positivo.

Así que, podría seguir reflexionando sobre todo lo que se ha comentado y también, sobre mis pensamientos a la par que escuchaba. Solo me queda decir que es realmente un tema fascinante, fuera y dentro del aula. Incluso lo llevaría a películas como “El indomable Will Hunting” o la genial serie “Dexter” donde la lucha de las distintas capacidades emocionales versus conductas políticamente correctas y el autocontrol de las emociones personales y de las del resto, son las auténticas protagonistas de nuestra vida y de nuestro día a día.

¿Qué es el éxito?

Hoy me he levantado transcendental y como siempre suelo divagar en mis idas y venidas del trabajo, se me ha pasado esta pregunta ¿cuál es el éxito en la vida?

¿Tener un trabajo?, ¿ganar mucho dinero?, ¿tener un buen trabajo y que te guste en el que ganes mucho dinero?, ¿tener una pareja que te quiera?, ¿tener una pareja que te quiera, mucho dinero y un buen trabajo?

Parece que esta sociedad también nos arrolla con el pensamiento de que la felicidad y el éxito pleno es cuando reúnes esos requisitos,  un buen trabajo, un buen sueldo y una persona a tu lado.

Resulta que lo que se considera el éxito del siglo XXI, se reduce a un canon muy estricto. Tener una buena casa, un buen coche, un buen trabajo que te permita viajar, tener una familia y ya está. Se acabó.  Me recuerda al modelo de las películas americanas, es como una realidad somera y superficial de lo que es la vida. Y no crítico a nadie que quiera tener esas cosas en la vida para ser feliz y para decir que ha logrado el éxito pleno. Pero para mí, hay un cierto velo oscuro que me hace pensar que no somos libres socialmente y que desde pequeños nos conducen a tener ese tipo de vida que nos dará la felicidad y el “éxito” personal, profesional y amoroso.

Imagen

Entonces es cuando reflexiono y creo que si todos los seres humanos nos dedicamos toda una vida a luchar por este patrón de vida “perfecta” y materialista. Al final lo único que se consigue es ser un auténtico zombie que no sabe elegir o qué elegir. Por ejemplo, la sociedad crítica a aquellas mujeres que no quieren ser madres y las tachan de egoístas o tachan de hedonistas a aquellas personas que se gastan todo su dinero en viajar y llevar una vida placentera, y luego también, a las personas que viven para los demás y sacrifican su vida por otras cuestiones ya sean religiosas o humanitarias, se les conocen como seres raros pero con coraje, porque alguna vez habremos oído eso de “A mí también me gustaría ayudar, qué valiente quienes lo hacen, pero están locos a renunciar a toda su vida, a una cama firme y a un váter limpio.”

Así que realmente creo firmemente en eso que he leído hace poco, necesitaríamos un “reset” un reinicio, un ver hacia donde vemos y que podemos hacer por el planeta, por nuestra civilización, por nuestras culturas, por la vida. A veces, me da la sensación que vamos por el mismo camino, todos juntos, cegados por la ambición de ser como todos de conseguir los mismos objetivos. No hay variedad, no hay alternativa, incluso ni para mí, aunque intente describir otras vías.

Quizás haya otro rumbo y aún no lo hemos descubierto, o lo mismo resulta que mañana me levanto con la idea de que mi mayor éxito en la vida será tener un playa privada o mi éxito serán los éxitos de mis hijos o llegar a la luna. 

Tal vez se esconda tras una simple sonrisa…

¿Cuándo nos olvidamos de Gaia?

En estos tiempos donde la palabra protagonista es “crisis” y si le juntamos “económica” nos da un patatús a todos, me gustaría hacer una reflexión. Una de tantas que suelo hacer, cuando divago. Y el caso es que hoy, estaba en mi hora de la comida, sentada en el césped mirando a los coches. Estaba mirando al horizonte, disfrutando del sol del mediodía y la suave brisa de este octubre a la sombra de un olivo, sin estar en Jaén. Curioso.

Y lo que se me pasó por esta cabeza mía y sin ser nada novedoso fue el pensar que en esta sociedad no somos libres. Y menos ahora, aunque se supone que hayamos avanzado y evolucionado. Creo que el ser humano es el peor enemigo de nuestro planeta y de nuestra propia especie. Hemos ido colonizando a otros, imponiendo culturas, religiones. Hemos construido carreteras laberínticas y coches que son auténticos gigantes que expulsan humo negro contaminante constantemente. Consumimos sin necesitar, cosas inútiles que amontonamos en nuestros armarios. Mientras tanto, otros padecen condiciones extremas y seguimos quejándonos de esta crisis económica que nos tiene agarrados por los tobillos.

¿Y no será que la crisis es una crisis moral, espiritual, de la humanidad? No sé cómo llamarlo. No será que el ser humano no sabía qué rumbo tomar, que meta había que alcanzar. Construir y construir rascacielos enormes, tecnología punta que nos comunica con otros en la otra punta del lugar, internet, medios de transporte, ropa y un etcétera de cosas que no podría parar de enumerar. Cosas materiales, billetes de euros, monedas, intercambio inútil, sistemas bancarios, banqueros codiciosos, políticos corruptos, gente de a pie trabajando. Gente emigrando…Sueños rotos y esperanzas en tierras baldías. A veces pienso, quién fue el inventor de los sistemas monetarios, de los bancos, etc. Si no seríamos más felices en la ignorancia de una cabañita, cuatro ovejas y una huerta al pie de una montaña. Pues a día de hoy, nos siguen manejando con el miedo, y pegan tijeretazos en la educación y sanidad, para hacernos más ignorantes, más manejables, más borregos. Para recordarnos que no tenemos por qué tener derechos, ni siquiera libertades. Porque el ser humano se olvidó de Gaia, de vivir la vida simplemente y de los demás. El altruismo que hace millones de años al encontrarnos frutos que nos daba La Tierra, se redujo a cuentas bancarias, alquileres a pagar, negocios y teléfonos móviles.

¿Crisis económica? Pues sí, pero no sé si algún día todo esto explotará por otro lado…

Si pudiera conocer mis vidas paralelas…

La vida es una encrucijada en sí misma. Siempre me he guiado por aquella frase de “el que no arriesga, no gana” y de cabeza me he tirado a la piscina o me he liado la manta a la cabeza, me he caído y vuelto a levantar. Me he equivocado muchas veces y las que me quedarán.

Pero siempre tengo la inmensa duda de pensar cuáles hubieran sido mis vidas paralelas si en determinado momento hubiera hecho o no hecho tal cosa. Muchas veces me puede el puro narcisismo y egocentrismo, el decir simplemente, “Me voy” e irme a otro lugar a intentar triunfar, cuál granjera sureña americana en busca de su sueño de ser cantante o actriz y no es que yo quiera ser cantante country, ni actriz de Hollywood. Yo quiero conseguir mis pequeñas metas, mi meta principal de conseguir una vida plena. La meta que siempre me propuse, cumplir todos mis sueños, porque si no hay posibilidad de alcanzar un sueño, la vida no tiene ningún tipo de sentido. No para mí.

Pero resulta que no es tan fácil (ni tan difícil, supongo) coger y marcharse, sacrificar cosas del momento actual que te llenan. Sonrisas y momentos que sabes que en otra de tus vidas paralelas, necesitarás y echarás de menos. Porque…¿de qué sirve tener un despacho propio y un trabajo genial si al llegar a casa estoy más sola que la una? o al contrario, ¿de qué sirve tener una persona esperándome en casa y que mi trabajo sea una soberana mierda? Y claro, aquí viene la disputa, la encrucijada, la toma de decisiones, los sacrificios y la temida amenaza de que si prosigues haciendo una cosa, puedas echártelo en cara en un futuro, dependiendo del camino elegido. Se asume el riesgo de quedarse con aquello que odio, “la espinita clavada”.

La espinita que puede convertirse en una losa pesada. Pero hoy en día, tenemos la genial suerte, de que nada es eterno, nada es inalterable y cualquier edad es buena para asumir un cambio de vida. Y largarse en busca de nuestro destino o tirar los informes por la ventana, darle una patada al traje y buscar a tu otra mitad.

¿Y qué es más importante?, ¿sentirse querido o sentirse realizado?, ¿sentirse realizado siendo querido y queriendo? Un equilibrio sería la utopía o quizás esa debería ser la meta, ese equilibrio. Un equilibrio quizás imposible, un equilibrio sacrificado tras golpes y caídas, tras lágrimas y despedidas, tras millones de heridas.

Si tan solo pudiera conocer mis vidas paralelas, sabría a ciencia cierta como poder actuar, pero esas versiones de mí “yo” no serían realmente quién soy. Porque como dijo Ortega y Gasset, “Yo soy yo y mis circunstancias”.

Así que, mi vida es esta y las paralelas estarán en alguna dimensión extraña que no puedo reconocer. Mis “yos” están en mí, atentos a aparecer en cuanto tome una decisión para desviarme en la búsqueda de mi sino. Porque yo soy de las que creen en el destino. Mientras tanto…CARPE DIEM.

Paradojas de la vida

Creo que tras mis últimas entradas algo pesimistas, al borde del Apocalipsis mundial y tras hablar de lo mal que está la situación laboral, social, económica, bla, bla, bla. Tras la frustración que he sentido (y siento…) he decidido tirar todos los muros habidos y por haber. Me explico.

Cuando uno es pequeño siempre tiene sueños, cuando es joven sigue teniendo sueños y si uno es soñador, sufre. Pero esos sueños alimentan la motivación en la vida, aunque nunca lleguen a realizarse. Puede que haya momentos malos y negativos, puede que la frustración te nuble la vista y elimine todo aquello positivo que te rodea, puede que el inconformismo te ciegue totalmente y pienses que todo es pura basura. Pero, como la mente es débil y más si está poseída por un fantasma oscuro. Lo mejor es resistirse a caer en ese pozo absurdo. ¿Qué es un problema? un problema es aquel que te sorprende sin que te lo esperes un día cualquiera a una hora que nadie te marcó en ningún papel.

Querer mejorar es una motivación, pasar por un sitio que sabes que no es el tuyo, no es un problema. El problema es no saber discernir lo que es importante en esta vida. Y como he perdido mi alegría innata, mi risa y mi sentido del humor y me estaba convirtiendo en otra tia con mala leche de las que va en el metro, renegando de su vida, he dicho : ¡No!

Por eso me levanto por las mañanas, y escucho mi música favorita, aquellas canciones que me dan un impulso para empezar el día, intento reírme con aquellas personas que me rodean. Intento verle la chispa irónica, cómica a todo, y a cualquier situación y si me toca algo que no me hace ni la más mínima gracia intento sacarle el lado positivo. Porque si hay otra verdad universal, es que el tiempo pasa muy rápido, demasiado rápido. Mi juventud se irá, como se fueron las de nuestros padres y no quiero verme en el espejo del futuro, pensando que lo desaproveché todo. Y lo desaproveché de la peor manera posible, “estando enfadada”.

No quiero pensar en el futuro, donde estaré, que seré, ¿tendré trabajo?, ¿seré feliz? No. Quiero vivir ahora, vivir este momento, ser feliz ahora y por supuesto, estar con la gente que me proporciona esas grandes sensaciones. Quiero estar con la gente que me enchufa buenas sensaciones y buenos pensamientos, aquellos que me hacen sentir feliz nada más verlos.

Soy consciente de que la vida no es un camino de rosas y que por supuesto, no se puede vivir en un nube constante, pero tampoco quiero estar subida a la nube negra de por vida. No tengo ningún problema, no tengo razón para quejarme, no tengo razones para no reírme. Así que, esta mañana escuché a “The Darkness” que tiene nombre de grupo oscuro y deprimente, pero escuché quizás una de las canciones que me pone de mejor humor “I believe in a thing called love”. Paradojas de la vida.

Las tinieblas no duran eternamente, duran lo que uno permiten que duren.

Superpoderes de madre

Cuando vivía en casa con mi familia, disfrutaba de todas las cosas buenas que te aporta estar en tu casa de toda la vida. La limpieza como un lujo, la cocina de mamá, la compañía, poder pegar los gritos que te de la gana, porque al fin y al cabo, con la que te peleas es tu hermana y sabes que al rato, todo se pasa. Ains…aquellos eran otros tiempos. Y sí, me quejaba y me quejaba, porque si tengo un defecto grande, es que soy una quejica crónica.

Me quejaba porque quería mi espacio, mi propia independencia, el ir a hacer la compra y comprar lo que yo quisiera para hacer la comida. El poder decorar mi casa a mi gusto o la libertad de hacer las tareas domésticas cuando quisiera. Supongo que cualquier persona ha querido esto alguna vez, o como dice la gente. Siempre se alcanza ese punto de… “quiero independizarme”.

Dígamos que yo ahora en estos tiempos que corren, tengo la suerte de vivir por mi cuenta. Estoy empezando a decorar mi casa (que no es mía y no creo que nunca pueda tener ninguna propia), estoy empezando a familiarizarme a los 40 metros cuadrados en los que vivo y tengo que empezar a sentirme que soy de allí, que ese es mi hogar. Y hombre, uno se acostumbra ¿eh?, me alegra pensar que cuando llegue a casa después del trabajo, esos pocos metros cuadrados son mi espacio, mi sitio y poco a poco va tomando forma a base de los colores que me gustan, las fotos de amigos y familiares, entre mis libros, dvd´s y muñecos y tonterías varias. Pero empieza a ser mi casa. Lo duro es que cuando llego del trabajo, tengo que hacerme la comida y no sé. No sé que hacer, por donde empezar, que inventar, qué cocinar y ¡dios! cómo me trae esto por el camino de la amargura.

Hay que poner lavadoras, tenderlas, limpiar el polvo, limpiar el baño, recoger la ropa, doblarla, plancharla, la cena, la comida del día siguiente, pensar que hay que comprar. Llevar la casa entera. Y es entonces cuando voy volviendo a casa en el metro, cuando solo me acuerdo de una persona : ¡Mamáaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!, ¡Socorro!

¿Cómo lo hacen?, en serio, ¿cómo lo hacen? trabajar fuera y luego volver a casa, hacer la cena, la comida del día siguiente, la ropa, tu ropa, la mía, decorar la casa, hacer la compra, planchar, la lavadora. La vitroceramica llena de platos que huelen bien dispuestos a rellenar mis tuppers y los de mi hermana. Soportarme al teléfono mis quejas, mis eternas quejas. Y encima tener la santa paciencia de animarme y tolerar mi humor y mi recien desilusión por la vida. Siempre le digo a mi madre cuando la veo hacer miles de cosas :

– Si tengo un hijo alguna vez…¿a mí también me saldrán los superpoderes de madre?

Y mi madre se ríe y me dice que digo tonterías. A día de hoy no me parece difícil hacer mi trabajo, no me parece difícil tener que fregar los platos o inventarme una comida aunque sepa a rayos. A mí lo que me parece difícil es ser madre y no morir en el intento ( o padre ) pero es que los padres no te lo solucionan de igual forma las cosas como las madres y no quiero ser machista, ni feminista, ni lo que sea que estoy siendo al hacer este comentario. Hablo de mi experiencia, porque mi madre es : cocinera, sastre, humorista, psicóloga, profesora, arqueóloga de cajones y encuentracosas sin el más mínimo esfuerzo y si te surje algún imprevisto de última hora, lo arregla. No sé como, pero así es. Y yo a día de hoy, soy un auténtico desastre, pero aquí estoy.

Supongo que todo te lo da la experiencia o a lo mejor efectivamente, empiezas a prestarle más atención a las cosas e interés cuando estás solo y tu mamí no está para ayudarte y solucionartelo o puede que te salgan realmente los superpoderes cuando alguién te importa más que uno mismo. Supongo que es entonces cuando todo sale sobre ruedas…

No obstante, gracias mamá.