Azul intenso, tormenta abatida…

Sujeta su pelo, mientras frunce el ceño. Puede notar como resbala el sudor frío por su nuca despejada. Y todos sus pensamientos parecen soplar en una misma dirección, erizando el vello de su piel. Su piel brillante, blanca, tersa, joven e inconsciente.
Acerca el espejo de mano, que tiene cerca de sí, y puede ver reflejada la mirada de alguien que le resulta extraño. Mientras, se pregunta ¿quién es esa de ojos castaños que parece desorientada? Reflexiona y divaga sobre algo que no alcanza a ver a través del espejo. Y solo le asaltan dudas de un pasado que parece que jamás existió y de un futuro, donde la poderosa e inestable incertidumbre parece que se ha instalado. Viene fuerte, con la mirada desafiante, alzando un cetro de oportunidades y entresijos, de historias y encrucijadas, de frases dichas en alto, de pensamientos bizarros. La incertidumbre lleva un manto de preguntas sin respuestas, de decisiones poco pensadas. Y la joven desorientada sigue mirando esos ojos que no logran darle una respuesta a nada.
Piensa, piensa y piensa, sintiendo como el dolor de cada pensamiento es como una contracción que no da a luz ningún tipo de solución correcta y oportuna. Solo escucha como las opiniones ajenas la advierten de futuros peligros, de futuros sufrimientos necesarios, que la joven no podrá lograr evadir, porque es inconsciente  e imprudente. Las advertencias, le agujerean el cerebro, le agujerean la razón. Como pequeños golpes en la boca del estomago, la arcada está a punto de llegar, dando paso a un vómito de fracasos, que no tiene olor, pero el sabor, es amargo.

Y llora desconsolada, mirándose en el espejito de las dudas y la desesperación. Ese, que no le da apoyo, ni ánimo, ese que solamente le devuelve el reflejo de una cruda realidad. La de su rostro inexperto y sus ojos castaños llenos de sueños e ilusiones.

Seca su nuca imprudente con una toalla. Retira el espejo al que promete no volver a mirarse en dichas condiciones. Lo guarda en el cajón de las cosas innecesarias, como el sufrimiento de un desamor, que al abrir esa parte del mueble, la saludó con ráfagas de melancolía. Y entonces, atisbó al mirar por la ventana, en el reflejo del cristal, que su mirada había cambiado y su cara inocente, le devolvía una dulce sonrisa.
Pues tras la tormenta, aparecía la calma. Y la tormenta, le había agujereado la razón con miles de rayos de luces en falso, y el sonido, la había trasladado a una galaxia lejana, donde los agujeros negros, no eran espacios para viajar, si no pozos sin fondo, de desolación y tristeza.
La chica descubrió al mirar el cielo despejado, que el azul intenso que éste poseía, tenía un motivo. Y logró entender, que por muy dolorida que estuvieran sus ideas y sus rodillas. Todo tenía una razón transcendental, extraña a la pasión humana. Pero la pasión por la vida, era mucho más poderosa que las frustraciones cangrenadas por la decepción. Y entonces, sonrió.
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2 thoughts on “Azul intenso, tormenta abatida…

  1. Darthz febrero 1, 2010 / 9:40 pm

    ¡POR FIN!

    Final feliz.

    ¿Sabes? Has hecho un progreso. Para ti misma. Ya no hablamos ni siquiera de ficción o literatura. Siempre has sido la mayor protagonista de tus escritos; de ahí esa autenticidad que siempre me gustó tanto. Y que ahora veo aquí también. Porque cualquiera puede intuir que esa chica que se observa a sí misma eres tú. Pero la reflexión final, el simple sonreír por existir y por saber que las cosas a veces responden a una razón más grande que todas esas insignificancias que nos hacen enfadarnos, es lo que te ha hecho llegar al cielo. Yo comprendí todo eso hace poco. Y créeme que como poco me cambió la vida, y a los que más quiero de mi alrededor; no merece la pena enfadarse o amargarse tanto cuando hay tanta belleza en lo general, en el universo, en las ideas, en esas personas que están y estuvieron, aunque te tiren un trozo de pan a la cara porque está quemado. Eso es superficialidad, y no podemos vender nuestro amor ni nuestra vida a eso, ser tan prostitutos, tan indignos, tan miserables como para preparar la vida hacia el torpedo de la fealdad sin dejar a esta que nos descubra con su sonrisa.

  2. Azhmodeus febrero 6, 2010 / 10:24 am

    Precioso el relato, y bastante entrañable también.

    Yo suelo ser bastante pesimista, pero a veces sí que me descubro pensando que hay cosas buenas, incluso cuando lo que lo ha desencadenado sea una tontería.

    🙂

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