Lo que nadie te cuenta de la maternidad

Hace mucho que no publico aquí…la falta de inspiración, las tareas del día a día, pero ahora que he sido madre recientemente, me han vuelto las musas, musas hormonadas, musas postparto. Me decido a escribir mi experiencia como madre novata, sin querer dar consejos ni traumatizar a nadie, simplemente mi realidad.

Mi parto : cada una tiene una experiencia, a mí me fue mal, después de dilatar 9 cm, una epidural mal puesta, sufrir todos los dolores horribles, terminó en cesárea, mi pequeño nació el 28 de diciembre y no, aquello tuvo poco de inocentada.

Los días en el hospital no puedo ni describirlos. Mi cuerpo dolorido, roto, vacío, me sentía como un trapo envuelto en un camisón horrible. Mis piernas elefantiasicas, mis tetas enormes, la barriga colgando y un dolor que no podía ni ponerme derecha. Vamos, para que esos días me hubieran presentado a alguien…menuda imagen.

Mientras, todo el mundo preguntando por la subida de la leche y allí ni subida ni bajada, na de na. Pero el bebé con hambre y por más que le arrimaba la teta, se escapaba de ella como si fuera todo lo contrario a su sustento.

Solo quería irme a casa.

En casa, pensé que todo sería mejor. Pero me sentía extraña hasta en mi propio hogar, era extraña en mi cuerpo, y aún más extraño, tener al bebé al lado, tan pequeño, tan indefenso, tan dependiente de mí. Y él decidió no engancharse a comer y ahí aparecieron palabras antes desconocidas para mí : lactancia, sacaleches, pezoneras…

Y todo el mundo opinaba, y mientras más consejos, más lloraba yo. Cuestionándome qué había hecho, cómo iba a salir adelante y cómo lo habían hecho las demás madres del mundo, de la historia y cómo habían podido repetir. En aquellos días, si la humanidad hubiera dependido de mí, se habría extinguido.

Y empezaron a pasar los días y el tema lactancia no mejoraba. Las pezoneras ya eran mis mejores amigas. El bebé, un santo, pero yo seguía sintiéndome culpable por no darle teta en condiciones, por no haber parido. Las hormonas en mi cabeza burlándose de mí.

Menos mal que todos esos días han ido pasando, pero las preocupaciones han ido en aumento. Aunque empiezas a sacar fuerzas sobrehumanas para que a tu bebé no le falte nada. Pero tienes la sensación de que algo has dejado en el camino, de que estás haciendo todo mal o casi todo, que los consejos y opiniones te sobran, salvo aquellas que te dicen «haz lo que tú creas, tú eres la que mejor sabes lo que hay que hacer para tu hijo», aunque te critiquen por dar un biberón, aunque te quejes y puedan pensar que eres una floja. Los sentimientos que una nueva madre que nace también junto a ese bebé, son emociones que nadie cuenta. Solo se ve la foto y la sonrisa, que también, tu bebé se convierte en lo mejor de tu existencia. Pero también piensas si volverás a leer un libro, ver un capítulo de una serie o ducharte tranquilamente. Porque lo de dormir a pata suelta es algo de lo que ya me despedí y lo de no tener preocupaciones también. Ahora es una preocupación constante.

La maternidad no es fácil, todas esas madres que no contaron esto, que lo vivieron en silencio, que lloraron de madrugada abrazando a sus pequeños, las que miraban a sus maridos como si no los conocieran de nada, las que estaban de mala leche con toda la casa llena de familia y las que contestaban mal a los que más querían, todas saben de lo que hablo, porque todas han pasado por esto, pero no se dice, no se cuenta.

Solo sé que ahora, tengo las tetas de una vaca lechera, la tripa llena de estrías, ojeras y solo me apetece volver a salir a la calle y verme guapa. ¿Superficial? Pues sí. Ahora solo sé que todas las que son madres tienen mi respeto. Ahora sé lo que se siente al mirar la cara de tu bebé, todo lo que te remueve por dentro, todo eso que nadie te cuenta, nadie te explica, creo que por que ninguna podría poder explicarlo, yo no puedo tampoco, es demasiado.

Puerperio, bendito infierno.

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Las ventajas de ser millonario

¿Os acordáis cuándo el verano era eterno y teníais ganas hasta de que empezara el colegio?  yo tampoco…

Últimamente juego a la lotería con unas compañeras del trabajo, nunca he jugado mucho y siempre me quejaba de que no me tocaba nada, pero si es que si no empiezo por jugar, no va a venir a mí una suma suculenta de dinero, eso es así y no es probabilidad, es de cajón.

Resulta que empezamos con las corazonadas de que iba a tocar el décimo de la lotería en un pueblo de Soria, luego dijimos de León, Salamanca, Cáceres, al final reunimos 4 décimos y los compartimos entre risas, con eso del ¿te imaginas? nos tocaron finalmente 20 euros. Esos 20 euros, seguimos soñando y miramos las diferentes opciones: que si el euromillones, que si el cuponazo del día del padre, etc…y así.

Me he dado cuenta que soy pobre hasta para soñar despierta con el famoso ¿te imaginas? que creo que usan como eslogan algunas loterías para su campaña de publicidad. Primero empiezo a pensar, “Buah, me haría la vuelta al mundo por supuesto, y nada de hostales, un buen hotel, de estos que tienes todo incluido” y luego pienso: ” A mí no me va a tocar, si no estoy tan mal, no me puedo quejar, si realmente soy una afortunada de la vida…”. Y digo yo luego ¿quién te está coartando para que sueñes a lo grande?, ¿quién?, si desear no es malo, si divagar de que te tocaran un montón de millones de las antiguas pesetas, no es malo, ¡es humano! (como Chenoa). Entonces, esta mañana que me ha costado salir de la cama más de lo normal y ya es decir, en esta primavera disfrazada de invierno de Enero, he pensado, si fuera rica, aprovecharía más la vida y no se me pasarían los años tan fugazmente, porque la vida de los trabajadores normales de a pie, pasa muy rápido, porque el trabajo tatúa fieramente los hábitos cotidianos.

-Alarma a las 6,30, saca al perro, desayuna corriendo, atasco, trabajo, trabajo, trabajo (así x9), come, vuelve a casa, limpia, la compra, saca al perro, Netflix y así.

Y demos gracias a que esta Netflix para despejarnos la cabeza.

Si fuera rica, lo primero que haría sería destruir esa rutina, me levantaría siempre con la certeza de que haría algo nuevo, algo diferente, que los madrugones merecerían la pena, porque quizás me despertaría contemplando las pirámides de Egipto, en una playa de Bali, visitando el Machu Pichu, volviendo a Nueva Zelanda. Iría muchas más veces al teatro, conciertos, iría de compras sin tener que estar pendiente de la tarjeta y tu propio límite de: “bueno, ala, ya te has dado el caprichito”. Iría al gimnasio conscientemente porque tendría un entrenador personal, estaría como Paula Echevarría, porque serían 24 horas para mí y solo para mí y para hacer lo que me diera la gana. Creedme que escribo esto y pienso : “materialismo”, “superficialidad”, “hedonismo”, pero porque no soy rica, claro…

Bali
Yo admirando la playa de Bali, a la que voy habitualmente, y tengo tipazo

Mi sueño sería montar una librería-cafetería supercuqui, que incluso yo misma llevaría, sin la preocupación de va bien o no, porque sería mi hobby y yo estaría forrada, y me daría igual. Lo disfrutaría, entre viaje y viaje, evento cultural y masajes, tendría mi librería. La, La, La, La.

librerías-bonitas
Feliz entre libros

Otro sueño sería montar una casa Rural, supermona, en cualquier sitio del País Vasco o Navarra y luego tendría una casa en Zarautz de cara al mar. También tendría un chalet supergrande con una gran piscina en mi tierra, al lado de Úbeda, y montaría varios negocios allí. Pero como sería tan sumamente rica, no estaría con la presión de sacarlos adelante, pero estaría pendiente, porque aunque fuera rica, no me gustaría dejar de trabajar. Trabajaría “relajá”.

Zarautz
Las vistas desde mi casa de Zarautz

 

Y eso haría, y ahora, corto esto, apago la imaginación y voy a abrir el correo del trabajo a ver que tengo…

 

 

Pero que nadie coarte tus sueños, soñar es de las pocas cosas gratis.

Hoy podría ser un día cualquiera

Hoy, un miércoles cualquiera, un día más de febrero, un día más para empezar algo nuevo.

Hoy podría ser un cumpleaños, festivo o un sábado, pero es mitad de semana. Hoy es un nuevo viaje en tren, en coche, un nuevo impulso de oxígeno. Hoy.  24 horas más para elegir que hacer con ellas, para exprimirlas al máximo, para embarcarte en proyectos, para repartir abrazos, reírte hasta que duela y sacudir lo que nos sobra.

Hoy es hoy, no es mañana, no es ayer. Hoy significa, porque todo lo que hacemos en la vida, tiene su eco en la eternidad como decía Russell Crowe en Gladiator. Mañana dibujaré un futuro, pero mientras, sigo en este vagón, no atisbo el destino, porque cuando comiences tu viaje a Itaca pide que el camino sea largo y cuando no quieras que lo sea, sé consciente de que te aportará algo. Y aquí estamos, hoy, febrero, miércoles, un miércoles cualquiera…

El día que me quité Facebook

Hace mucho tiempo que tengo redes sociales, empecé en foros de cine y tv que eran mucho más divertidos y me aportaron a parte de cultura general y de temas que me interesaban, geniales amistades que duran a día de hoy. Luego llegó “Tuenti”, y me metí porque todos mis amigos estaban y eso de subir fotos y que las comentaran, estaba “guay”. Después de “Tuenti”, me metí en el mundo de “Facebook” con los anteriores “Hazte fan” y después pasaron a “Me gustas”. Era divertido. Yo nunca he sido muy cotilla, nunca pensé que luego sería el mayor patio de vecinas del mundo, porque aunque siempre quieras poner filtros y restricciones, al final terminas leyendo a todo el mundo.

Ayer me quité “Facebook”, ante los lamentables acontecimientos del Domingo en Cataluña, no podía seguir leyendo más burradas y opiniones de sofá dichas en alto en la red social y cientos de borregos insultando. Tuve que parar de leer cosas que me estaban hiriendo profundamente y que alimentaban mi impotencia. Sentí vergüenza, pena, tristeza, asco.

El gobierno central ha hecho una pésima gestión de este “conflicto” y el Govern catalán ha obtenido su mayor triunfo: la foto internacional. La foto de la policía dando hostias, (hostias con fotos de otros años, con sangre falsa, dedos rotos que ah qué casualidad resulta que no estaban tan rotos). Y tenemos aquí la reminiscencia de un país acomplejado por una dictadura franquista y ahora todos claman : “pueblo oprimido”, “represión”, “policía violenta”.  Me pregunto si yo cometiendo algo ilegal y si viniera la policía a detenerme también gritaría la misma consigna.

Por partes:

-Los cuerpos de seguridad del estado están para cumplir órdenes, ante la masa enloquecida, no puedes enfrentarte con otras cosas. No estoy a favor de la violencia en ningún caso, pero tampoco quisiera verme apedreado y debajo de los pies de cientos que te odian y te están provocando. El papel del agente no es para nada fácil. Qué no se le olvide a nadie que los agentes están siempre para proteger y que enfrentarse a la gente es siempre la peor parte. Lo de Cataluña lo tenían que haber hablado Rajoy y Puigdemont, no la policía ni la guardia civil.

-“Queremos votar”, pues dialogad, pues negociad, no hagáis un “chapureferéndum” en el que una persona puede votar 8 veces y las urnas no son transparentes. Señores políticos, ¡hagan su trabajo! Lo del domingo era ilegal, ¡ilegal! Mi opinión personal: yo no entiendo de nacionalismos, ni entiendo de banderas, no entiendo que nadie quiera independizarse de nadie. Juntos somos mejores, juntos somos más fuertes. Pero no puedo cambiar los sentimientos de nadie. Si es que son sentimientos…porque hasta hace diez años, no eran más que dos o tres los que se envolvían en la estelada.

-Piqué. Gerad Piqué, nunca me ha quedado claro a qué ha jugado, pero el otro día viéndole llorar, ya lo sé. “San Piqué Mártir”. Presiona para que “los españoles” le echemos de la selección. No majo, sé valiente y coherente y vete tú. No hagas tu figura, el mártir que estás buscando. Si no quieres a España, tampoco quieres su dinero.

-Pagan justos por pecadores. No estoy a favor de boicotear productos catalanes. Y esta parte es la que más me apena de todas. ¿Qué pasa con todos esos catalanes silenciosos que pasan de la independencia? Cataluña is the new Euskadi. ¡Qué triste! ¿Cuántos vascos vivían en silencio que todos los días estuvieran los cuatro cafres de turno y cuántos recibían el desprecio del resto de España? En serio, ¿no nos ha costado suficiente años, muertes, enfrentamiento que el País Vasco se normalizara para qué ahora hagamos lo mismo con Cataluña?

España no te entiendo y me dueles. Cataluña estás llena de otros españoles, andaluces y extremeños en su mayoría. ¿Te has olvidado de ellos?, ¿os habéis olvidado de dónde venís? ¿de tu abuelo olivarero?

¿Sabéis que pienso? que todo es ABSURDO y que no puedo con este ODIO. ¡Qué somos hermanos, coño!

Las humanidades se mueren

Vivimos en la sociedad en la que la serie británica “Black Mirror”, no queda tan lejana como podríamos creer. Vivimos controlados por nuestros dispositivos móviles y en la vorágine tecnológica. Donde el GPS nos hace cada día saber orientarnos menos, dónde las redes sociales nos hacen exponer toda nuestra vida, qué comemos, a dónde vamos, nuestra ropa, nuestros pensamientos. La tecnología nos ha ayudado, pero a la par, nos hace más cómodos, más tontos y menos libres. Vivimos en una época en la que las estaciones de metro se han estado llamando “Vodafone-Sol” y solo nos falta que las constelaciones de estrellas formen anuncios como en ese capítulo de Los Simpsons, siempre tan visionarios.

Ayer leí este artículo en el que nuestro actual gobierno, vuelve a la carga y ha guillotinado la asignatura de Literatura Universal de las aulas y por ello, ya no aparecerá en Selectividad tampoco. Me da mucha pena. Me da una sensación de desazón tremenda, porque si ya el número de lectores en generaciones más jóvenes está descendiendo, con esto es simplemente apretar la soga más fuerte directa a una muerte anunciada. Las humanidades se mueren, es un hecho. La habilidad de escribir, de recuperar textos, de conservar los idiomas, de amar las letras, está muriendo. La creatividad está desapareciendo porque la nada (esa de la que hablaba Michael Ende en La historia Interminable) en forma de app móvil la está engullendo. Estamos en un mundo donde prima más estudiar algo para producir, para convertirnos en soldados de las empresas, en formar partes de sus filas y seguir produciendo, produciendo, un número más, ser un robot como el pequeño Wall-E de Pixar, recolectar basura pero seguir aireando nuestras miserias o nuestras farsas en Facebook. Y mientras tanto,  Cervantes, Shakespeare, las Brontë, Lorca, Baroja, Unamuno, Dickens, Tolstoi, Irving, entre tantos otros, se van disipando y convirtiendo en nombres de una época que ya no existe. En algo que no es “cool” que no se puede elegir en “Netflix”. El esfuerzo de abrir unas páginas, de oler el libro, de inventar, de hacer que tu cerebro lea 50 páginas del tirón, eso ya es cada vez más espejismo de un tiempo pasado. Estoy pesimista, sí. Porque condenar a la literatura, es condenar al arte, condenar a los futuros Julios Vernes, a los Miguel Hernández, a los Isaac Asimov, a las Mary Shelleys, a las Virginia Woolfs, es matar lo más bonito que tiene el ser humano. Matar el futuro de tantas historias, y también relegar tantas otras historias que marcaron una época, que reflejaron en sus novelas los movimientos sociales del momento (o no) en el que se escribieron.

Por favor, hablamos de leer.  ¡Ah no!, que la literatura nunca fue importante…la literatura no es práctica, no entra en el business, no es cool, no produce dinero. La literatura es libertad y eso en estos tiempos que corren, no es negocio.

Primero fue la filosofía y ahora la literatura. ¿Hacia dónde vamos?

Cerraré mi pena y mi indignación con una gran frase de Robin Williams en “El club de los poetas muertos” que a mí parecer lo resume todo:

No olviden que a pesar de todo lo que les digan, las palabras y las ideas pueden cambiar el mundo (…). Les contaré un secreto: no leemos y escribimos poesía porque es bonita. Leemos y escribimos poesía porque pertenecemos a la raza humana; y la raza humana está llena de pasión. La medicina, el derecho, el comercio, la ingeniería… son carreras nobles y necesarias para dignificar la vida humana. Pero la poesía, la belleza, el romanticismo, el amor son cosas que nos mantienen vivos“.

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Propósitos de Año Nuevo y metas diarias

¡Feliz Año 2017! según la numerología este año promete, porque si sumas sus números dan como resultado el número 10 y también superar al 2016 no puede ser difícil, habiendo sido el cansino año del “Pactómetro”, de la victoria de Donald Trump, de muertes de grandes personajes como David Bowie, Leonard Cohen y entre otros artistas, murieron tantos que da hasta pena volver a enumerarlos. Así que en fin, a por un nuevo comienzo.

Lo he repetido en más de una ocasión y siento ser cansina pero no me gusta el día de Año Nuevo es como un día tirado a la basura, un día en el que reposo todas las comilonas de Navidades y en el que divago en el sofá “qué hacer” durante el año que comienza. El año pasado me propuse cocinar, ¿lo he conseguido? bueno…, no he conseguido que me guste cocinar que es distinto pero ese no era el propósito. La pequeña meta era que saliera de la bolsa del mercadona de lechuga y creo que algún progreso sí que he hecho, mi instagram lo demuestra, he hecho berenjenas rellenas, crepes, lentejas, judías verdes, habichuelas con chorizo, albóndigas en salsa, salmón con salsa de soja y tarta de queso. Sí, en el 2016 si no hice al menos 7 tartas de queso, no hice ninguna. ¡Qué panzá de tarta de queso, ojú! pero eso sí, me queda rica, rica y con fundamento.

Como siempre me vuelve el tema de la cochina rutina, que si me leéis también sabréis que soy una plasta con este tema y es que yo no soporto la rutina, por eso que este 2017 me tiene que ayudar de alguna manera a superar esto o al menos a dejar de taladrarme cada día con eso de que el despertador suena a la misma hora, que salgo de casa a la misma hora, que me voy a dormir a la misma hora y para ello, me he propuesto algunas metas diarias que no quiero convertir en rutina pero sí estaría bien disfrazarlas más bien en hábitos.

1ºCorrer 5 minutos diarios, y diréis ¿5? pero si eso es una mierda. Y sí tenéis razón 5 minutos es nada y menos, pero al menos lo suficiente para desperezarme, ponerme el chándal y las zapatillas de correr y decir vamos corazón bombea fuerte, quiero recordar la sensación exhausta de cuando en mis tiempos mozos de Educación Física, me obligaban a correr 40 minutos. Si lo hacía por entonces, ¿por qué ahora no? Pero la verdad con esto el propósito realmente es el de moverme más, me da igual si me pongo 10 minutos a subir y bajar escaleras, caminar 1 hora o hacer bici elíptica. Lo que quiero es mover este cuerpo, pasamos demasiadas horas cansados y tristemente anhelando sentarnos al llegar a casa  a sentarnos más. Y como odio los gimnasios, pues al menos este propósito irrisorio para los “runners” de hoy en día, ya me obliga algo a mí. Por ahora solo he salido 3 días a cumplirlo, así que voy mal, pero prometo enmendarlo.

A female road runner runs down a road at dusk at Independence Pass.

2ºDejar la coca-cola o pepsi, hay gente que quiere dejar el tabaco, pues yo quiero parches anti-cocacola o anti-pepsi. A diario, he caído en el error de que beberme una lata de coca-cola me sacia de comer porquería, pero la verdad es que no quiero ni saber lo que me estoy bebiendo, esto es algo que tengo que reducir drásticamente. No digo que el fin de semana no me beba algo de refresco, pero ir dejándolo poco a poco.

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3ºLeer al menos 10 libros, yo he sido siempre muy lectora. Pero hace poco me pidieron recomendaciones de libros y me tuve que remontar a hace seis años a una novela que me había gustado y esto me dio que pensar. Con lo que me gusta leer, con todas las historias que me han evadido siempre de la maldita rutina que tanto odio, ¿cómo he podido dejarme engullir por el cansancio de no leer más que 2 libros al año? eso es bullshit! Este propósito lo empecé en diciembre antes de que acabara 2016 alentando a dos clubes de lecturas vía whatssap y ya llevo desde diciembre : “Como ser Bill Murray”, “Brújulas que buscan sonrisas perdidas”, “El guardián invisible”, “Diario de una volátil”, “Te esperaré toda mi vida” y ahora estoy leyendo “The time of my life” y viento en popa, para cumplir este propósito necesitaría 4 libros más y creo que lo puedo cumplir perfectamente, porque leer es droga dura. Y me ha encantado retomar este hábito, es más, no puedo parar. Don’t stop me now.

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Y hasta aquí mis tres propósitos, ¿alcanzables? sí, perfectamente, 2 de 3 se tratan básicamente de enfrentarse al cansancio del día a día, es ser constante y decir :

¡¡¡¡ Vamos!!!!!! y el de la coca-cola es algo mental y físico, no dejarme caer en lo que me pide el cuerpo, restringir las cantidades. 1 coca cola a la semana no puede ser tan mala, 1 coca cola al día sí es mucho peor.

En 2018 cuando escriba mis propósitos nuevos, os diré si esto se ha llegado a cumplir o no y yo confío en que os pueda contar algo positivo.

¿Cuáles son los vuestros?

A cada decepción le llega su olvido

El otro día, recibí una llamada de una amiga de la que hacía mucho tiempo que no sabía y me estuvo poniendo al día de como le iban las cosas. No parecía irle muy bien, pero en ningún momento se vino abajo, sino que simplemente de manera muy optimista concluyó a todos sus pesares actuales: “Ya saldrá otra cosa, a seguir buscando y que le den torta”. Y a mí esa actitud me gusta. Yo soy de las que piensa que mientras que tengamos salud, lo demás puede solucionarse. No quiere decir con esto que suframos por cosas del día, nos frustremos o nos decepcionemos. Citando a Ortega  Y Gasset “Yo soy yo y mis circunstancias”. Quizás hablo ahora mismo desde una zona de confort (famosas palabras últimamente, muy trendy) un trabajo, una pareja estable, una vivienda, mis hobbies, necesidades básicas cubiertas y otras no necesarias que completan esa pirámide de la tan ansiada Felicidad. ¿Qué es felicidad para cada uno? pues eso os lo dejo para autoreflexión propia.

No me gusta ver sufrir a la gente y menos por cosas que no merecen la pena. No me gusta ver sufrir en especial a la gente que quiero. No me gusta verles sufrir por acciones o palabras de otros. Sinceramente, las apariencias engañan y a veces, las palabras pueden ser armas muy peliagudas que llegan directamente a donde más duele. Creo que una de las cosas que más duele en esta vida a nivel personal es la decepción.

La decepción suele venir envuelta en algo que no te esperas y que no te esperas de alguien, porque tú tienes otra imagen de esa persona y te pilla con la guardia baja. La decepción no llama a la puerta, llega como un jarro de agua fría y a veces, nos dibuja una cara de tonto evidente a los demás y luego aparecen las preguntas mentales: ¿Y esto?, ¿por qué?, ¿habrá pasado algo? , ¿qué habré hecho mal? La decepción también suele dejarte sin las palabras adecuadas para poder contestar en ese mismo instante, pero es precisamente porque aparece sin que la esperes, que no sabes como actuar. La decepción juega de la mano con la culpabilidad y luego,  se pasa de la tristeza que poco a poco provoca la rabia, (tenía que haberle dicho esto, y luego recordarle esto otro y será el tio/ la tia inserte aquí adjetivo…) y después, te serenas y piensas, pues ya está: Vaya tela.

El día después de la decepción, te deja una especie de resaca y luego, vas resurgiendo. Como un catarro, sabes que ya se curará y también sabes que en esta vida, hay gente que se une en tu camino y otros a los que sencillamente hay que dejar caer. Lo bueno de la decepción es que como todas las cosas del estilo, si te repones, aparece eso de que: lo que no te mata, te hace más fuerte. Hay que poner a las personas en su sitio y saber quién es cada uno, y no pasar ni un segundo de esta vida después pensando en ellos, porque nuestro tiempo es oro y la vida son dos días. Una vez un amigo me dijo: “¿Te acordarías de unas lentejas que te han sentado mal? ¿No, verdad? Pues ya está”

 

¡A vivir! Hakuna Matata.

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