El día que me quité Facebook

Hace mucho tiempo que tengo redes sociales, empecé en foros de cine y tv que eran mucho más divertidos y me aportaron a parte de cultura general y de temas que me interesaban, geniales amistades que duran a día de hoy. Luego llegó “Tuenti”, y me metí porque todos mis amigos estaban y eso de subir fotos y que las comentaran, estaba “guay”. Después de “Tuenti”, me metí en el mundo de “Facebook” con los anteriores “Hazte fan” y después pasaron a “Me gustas”. Era divertido. Yo nunca he sido muy cotilla, nunca pensé que luego sería el mayor patio de vecinas del mundo, porque aunque siempre quieras poner filtros y restricciones, al final terminas leyendo a todo el mundo.

Ayer me quité “Facebook”, ante los lamentables acontecimientos del Domingo en Cataluña, no podía seguir leyendo más burradas y opiniones de sofá dichas en alto en la red social y cientos de borregos insultando. Tuve que parar de leer cosas que me estaban hiriendo profundamente y que alimentaban mi impotencia. Sentí vergüenza, pena, tristeza, asco.

El gobierno central ha hecho una pésima gestión de este “conflicto” y el Govern catalán ha obtenido su mayor triunfo: la foto internacional. La foto de la policía dando hostias, (hostias con fotos de otros años, con sangre falsa, dedos rotos que ah qué casualidad resulta que no estaban tan rotos). Y tenemos aquí la reminiscencia de un país acomplejado por una dictadura franquista y ahora todos claman : “pueblo oprimido”, “represión”, “policía violenta”.  Me pregunto si yo cometiendo algo ilegal y si viniera la policía a detenerme también gritaría la misma consigna.

Por partes:

-Los cuerpos de seguridad del estado están para cumplir órdenes, ante la masa enloquecida, no puedes enfrentarte con otras cosas. No estoy a favor de la violencia en ningún caso, pero tampoco quisiera verme apedreado y debajo de los pies de cientos que te odian y te están provocando. El papel del agente no es para nada fácil. Qué no se le olvide a nadie que los agentes están siempre para proteger y que enfrentarse a la gente es siempre la peor parte. Lo de Cataluña lo tenían que haber hablado Rajoy y Puigdemont, no la policía ni la guardia civil.

-“Queremos votar”, pues dialogad, pues negociad, no hagáis un “chapureferéndum” en el que una persona puede votar 8 veces y las urnas no son transparentes. Señores políticos, ¡hagan su trabajo! Lo del domingo era ilegal, ¡ilegal! Mi opinión personal: yo no entiendo de nacionalismos, ni entiendo de banderas, no entiendo que nadie quiera independizarse de nadie. Juntos somos mejores, juntos somos más fuertes. Pero no puedo cambiar los sentimientos de nadie. Si es que son sentimientos…porque hasta hace diez años, no eran más que dos o tres los que se envolvían en la estelada.

-Piqué. Gerad Piqué, nunca me ha quedado claro a qué ha jugado, pero el otro día viéndole llorar, ya lo sé. “San Piqué Mártir”. Presiona para que “los españoles” le echemos de la selección. No majo, sé valiente y coherente y vete tú. No hagas tu figura, el mártir que estás buscando. Si no quieres a España, tampoco quieres su dinero.

-Pagan justos por pecadores. No estoy a favor de boicotear productos catalanes. Y esta parte es la que más me apena de todas. ¿Qué pasa con todos esos catalanes silenciosos que pasan de la independencia? Cataluña is the new Euskadi. ¡Qué triste! ¿Cuántos vascos vivían en silencio que todos los días estuvieran los cuatro cafres de turno y cuántos recibían el desprecio del resto de España? En serio, ¿no nos ha costado suficiente años, muertes, enfrentamiento que el País Vasco se normalizara para qué ahora hagamos lo mismo con Cataluña?

España no te entiendo y me dueles. Cataluña estás llena de otros españoles, andaluces y extremeños en su mayoría. ¿Te has olvidado de ellos?, ¿os habéis olvidado de dónde venís? ¿de tu abuelo olivarero?

¿Sabéis que pienso? que todo es ABSURDO y que no puedo con este ODIO. ¡Qué somos hermanos, coño!

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Las humanidades se mueren

Vivimos en la sociedad en la que la serie británica “Black Mirror”, no queda tan lejana como podríamos creer. Vivimos controlados por nuestros dispositivos móviles y en la vorágine tecnológica. Donde el GPS nos hace cada día saber orientarnos menos, dónde las redes sociales nos hacen exponer toda nuestra vida, qué comemos, a dónde vamos, nuestra ropa, nuestros pensamientos. La tecnología nos ha ayudado, pero a la par, nos hace más cómodos, más tontos y menos libres. Vivimos en una época en la que las estaciones de metro se han estado llamando “Vodafone-Sol” y solo nos falta que las constelaciones de estrellas formen anuncios como en ese capítulo de Los Simpsons, siempre tan visionarios.

Ayer leí este artículo en el que nuestro actual gobierno, vuelve a la carga y ha guillotinado la asignatura de Literatura Universal de las aulas y por ello, ya no aparecerá en Selectividad tampoco. Me da mucha pena. Me da una sensación de desazón tremenda, porque si ya el número de lectores en generaciones más jóvenes está descendiendo, con esto es simplemente apretar la soga más fuerte directa a una muerte anunciada. Las humanidades se mueren, es un hecho. La habilidad de escribir, de recuperar textos, de conservar los idiomas, de amar las letras, está muriendo. La creatividad está desapareciendo porque la nada (esa de la que hablaba Michael Ende en La historia Interminable) en forma de app móvil la está engullendo. Estamos en un mundo donde prima más estudiar algo para producir, para convertirnos en soldados de las empresas, en formar partes de sus filas y seguir produciendo, produciendo, un número más, ser un robot como el pequeño Wall-E de Pixar, recolectar basura pero seguir aireando nuestras miserias o nuestras farsas en Facebook. Y mientras tanto,  Cervantes, Shakespeare, las Brontë, Lorca, Baroja, Unamuno, Dickens, Tolstoi, Irving, entre tantos otros, se van disipando y convirtiendo en nombres de una época que ya no existe. En algo que no es “cool” que no se puede elegir en “Netflix”. El esfuerzo de abrir unas páginas, de oler el libro, de inventar, de hacer que tu cerebro lea 50 páginas del tirón, eso ya es cada vez más espejismo de un tiempo pasado. Estoy pesimista, sí. Porque condenar a la literatura, es condenar al arte, condenar a los futuros Julios Vernes, a los Miguel Hernández, a los Isaac Asimov, a las Mary Shelleys, a las Virginia Woolfs, es matar lo más bonito que tiene el ser humano. Matar el futuro de tantas historias, y también relegar tantas otras historias que marcaron una época, que reflejaron en sus novelas los movimientos sociales del momento (o no) en el que se escribieron.

Por favor, hablamos de leer.  ¡Ah no!, que la literatura nunca fue importante…la literatura no es práctica, no entra en el business, no es cool, no produce dinero. La literatura es libertad y eso en estos tiempos que corren, no es negocio.

Primero fue la filosofía y ahora la literatura. ¿Hacia dónde vamos?

Cerraré mi pena y mi indignación con una gran frase de Robin Williams en “El club de los poetas muertos” que a mí parecer lo resume todo:

No olviden que a pesar de todo lo que les digan, las palabras y las ideas pueden cambiar el mundo (…). Les contaré un secreto: no leemos y escribimos poesía porque es bonita. Leemos y escribimos poesía porque pertenecemos a la raza humana; y la raza humana está llena de pasión. La medicina, el derecho, el comercio, la ingeniería… son carreras nobles y necesarias para dignificar la vida humana. Pero la poesía, la belleza, el romanticismo, el amor son cosas que nos mantienen vivos“.

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Propósitos de Año Nuevo y metas diarias

¡Feliz Año 2017! según la numerología este año promete, porque si sumas sus números dan como resultado el número 10 y también superar al 2016 no puede ser difícil, habiendo sido el cansino año del “Pactómetro”, de la victoria de Donald Trump, de muertes de grandes personajes como David Bowie, Leonard Cohen y entre otros artistas, murieron tantos que da hasta pena volver a enumerarlos. Así que en fin, a por un nuevo comienzo.

Lo he repetido en más de una ocasión y siento ser cansina pero no me gusta el día de Año Nuevo es como un día tirado a la basura, un día en el que reposo todas las comilonas de Navidades y en el que divago en el sofá “qué hacer” durante el año que comienza. El año pasado me propuse cocinar, ¿lo he conseguido? bueno…, no he conseguido que me guste cocinar que es distinto pero ese no era el propósito. La pequeña meta era que saliera de la bolsa del mercadona de lechuga y creo que algún progreso sí que he hecho, mi instagram lo demuestra, he hecho berenjenas rellenas, crepes, lentejas, judías verdes, habichuelas con chorizo, albóndigas en salsa, salmón con salsa de soja y tarta de queso. Sí, en el 2016 si no hice al menos 7 tartas de queso, no hice ninguna. ¡Qué panzá de tarta de queso, ojú! pero eso sí, me queda rica, rica y con fundamento.

Como siempre me vuelve el tema de la cochina rutina, que si me leéis también sabréis que soy una plasta con este tema y es que yo no soporto la rutina, por eso que este 2017 me tiene que ayudar de alguna manera a superar esto o al menos a dejar de taladrarme cada día con eso de que el despertador suena a la misma hora, que salgo de casa a la misma hora, que me voy a dormir a la misma hora y para ello, me he propuesto algunas metas diarias que no quiero convertir en rutina pero sí estaría bien disfrazarlas más bien en hábitos.

1ºCorrer 5 minutos diarios, y diréis ¿5? pero si eso es una mierda. Y sí tenéis razón 5 minutos es nada y menos, pero al menos lo suficiente para desperezarme, ponerme el chándal y las zapatillas de correr y decir vamos corazón bombea fuerte, quiero recordar la sensación exhausta de cuando en mis tiempos mozos de Educación Física, me obligaban a correr 40 minutos. Si lo hacía por entonces, ¿por qué ahora no? Pero la verdad con esto el propósito realmente es el de moverme más, me da igual si me pongo 10 minutos a subir y bajar escaleras, caminar 1 hora o hacer bici elíptica. Lo que quiero es mover este cuerpo, pasamos demasiadas horas cansados y tristemente anhelando sentarnos al llegar a casa  a sentarnos más. Y como odio los gimnasios, pues al menos este propósito irrisorio para los “runners” de hoy en día, ya me obliga algo a mí. Por ahora solo he salido 3 días a cumplirlo, así que voy mal, pero prometo enmendarlo.

A female road runner runs down a road at dusk at Independence Pass.

2ºDejar la coca-cola o pepsi, hay gente que quiere dejar el tabaco, pues yo quiero parches anti-cocacola o anti-pepsi. A diario, he caído en el error de que beberme una lata de coca-cola me sacia de comer porquería, pero la verdad es que no quiero ni saber lo que me estoy bebiendo, esto es algo que tengo que reducir drásticamente. No digo que el fin de semana no me beba algo de refresco, pero ir dejándolo poco a poco.

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3ºLeer al menos 10 libros, yo he sido siempre muy lectora. Pero hace poco me pidieron recomendaciones de libros y me tuve que remontar a hace seis años a una novela que me había gustado y esto me dio que pensar. Con lo que me gusta leer, con todas las historias que me han evadido siempre de la maldita rutina que tanto odio, ¿cómo he podido dejarme engullir por el cansancio de no leer más que 2 libros al año? eso es bullshit! Este propósito lo empecé en diciembre antes de que acabara 2016 alentando a dos clubes de lecturas vía whatssap y ya llevo desde diciembre : “Como ser Bill Murray”, “Brújulas que buscan sonrisas perdidas”, “El guardián invisible”, “Diario de una volátil”, “Te esperaré toda mi vida” y ahora estoy leyendo “The time of my life” y viento en popa, para cumplir este propósito necesitaría 4 libros más y creo que lo puedo cumplir perfectamente, porque leer es droga dura. Y me ha encantado retomar este hábito, es más, no puedo parar. Don’t stop me now.

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Y hasta aquí mis tres propósitos, ¿alcanzables? sí, perfectamente, 2 de 3 se tratan básicamente de enfrentarse al cansancio del día a día, es ser constante y decir :

¡¡¡¡ Vamos!!!!!! y el de la coca-cola es algo mental y físico, no dejarme caer en lo que me pide el cuerpo, restringir las cantidades. 1 coca cola a la semana no puede ser tan mala, 1 coca cola al día sí es mucho peor.

En 2018 cuando escriba mis propósitos nuevos, os diré si esto se ha llegado a cumplir o no y yo confío en que os pueda contar algo positivo.

¿Cuáles son los vuestros?

A cada decepción le llega su olvido

El otro día, recibí una llamada de una amiga de la que hacía mucho tiempo que no sabía y me estuvo poniendo al día de como le iban las cosas. No parecía irle muy bien, pero en ningún momento se vino abajo, sino que simplemente de manera muy optimista concluyó a todos sus pesares actuales: “Ya saldrá otra cosa, a seguir buscando y que le den torta”. Y a mí esa actitud me gusta. Yo soy de las que piensa que mientras que tengamos salud, lo demás puede solucionarse. No quiere decir con esto que suframos por cosas del día, nos frustremos o nos decepcionemos. Citando a Ortega  Y Gasset “Yo soy yo y mis circunstancias”. Quizás hablo ahora mismo desde una zona de confort (famosas palabras últimamente, muy trendy) un trabajo, una pareja estable, una vivienda, mis hobbies, necesidades básicas cubiertas y otras no necesarias que completan esa pirámide de la tan ansiada Felicidad. ¿Qué es felicidad para cada uno? pues eso os lo dejo para autoreflexión propia.

No me gusta ver sufrir a la gente y menos por cosas que no merecen la pena. No me gusta ver sufrir en especial a la gente que quiero. No me gusta verles sufrir por acciones o palabras de otros. Sinceramente, las apariencias engañan y a veces, las palabras pueden ser armas muy peliagudas que llegan directamente a donde más duele. Creo que una de las cosas que más duele en esta vida a nivel personal es la decepción.

La decepción suele venir envuelta en algo que no te esperas y que no te esperas de alguien, porque tú tienes otra imagen de esa persona y te pilla con la guardia baja. La decepción no llama a la puerta, llega como un jarro de agua fría y a veces, nos dibuja una cara de tonto evidente a los demás y luego aparecen las preguntas mentales: ¿Y esto?, ¿por qué?, ¿habrá pasado algo? , ¿qué habré hecho mal? La decepción también suele dejarte sin las palabras adecuadas para poder contestar en ese mismo instante, pero es precisamente porque aparece sin que la esperes, que no sabes como actuar. La decepción juega de la mano con la culpabilidad y luego,  se pasa de la tristeza que poco a poco provoca la rabia, (tenía que haberle dicho esto, y luego recordarle esto otro y será el tio/ la tia inserte aquí adjetivo…) y después, te serenas y piensas, pues ya está: Vaya tela.

El día después de la decepción, te deja una especie de resaca y luego, vas resurgiendo. Como un catarro, sabes que ya se curará y también sabes que en esta vida, hay gente que se une en tu camino y otros a los que sencillamente hay que dejar caer. Lo bueno de la decepción es que como todas las cosas del estilo, si te repones, aparece eso de que: lo que no te mata, te hace más fuerte. Hay que poner a las personas en su sitio y saber quién es cada uno, y no pasar ni un segundo de esta vida después pensando en ellos, porque nuestro tiempo es oro y la vida son dos días. Una vez un amigo me dijo: “¿Te acordarías de unas lentejas que te han sentado mal? ¿No, verdad? Pues ya está”

 

¡A vivir! Hakuna Matata.

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Se requiere profesor NATIVO, really?

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Bueno, en primer lugar me he decidido a escribir sobre este tema, porque pienso que en este país somos un poco tontos y que valoramos antes todo lo que venga de fuera que lo que podemos aportar nosotros mismos. En España, no valoramos el talento, ni la formación que tiene la juventud a día de hoy, incluso, no se valoran las ganas.

Llevo estudiando inglés desde que me conozco, luego decidí hacer  la Licenciatura de Filología Inglesa y la Diplomatura en Turismo, quería seguir teniendo inmersión total con el idioma que tanto me gusta, después hice el CELTA de la prestigiosa universidad de Cambridge. ¿Os suena Cambridge, no? Todo el mundo está obsesionado con este tipo de certificados, FCE, ADVANCED, PROFICIENCY.

Me relaciono a diario en inglés y todo lo que veo en casa es en versión original. Alguna vez alguien NATIVO, me ha dicho: ¿De qué estado de USA eres? Quizás de los mejores piropos que me han dicho en mi vida y que tanto valoramos aquellos que amamos una lengua y queremos sonar naturales hablándola y nos esforzamos cada día para que así sea. Nunca me he jactado de mi nivel de inglés, claro que puedo seguir mejorando, porque no soy eso que reclaman todas las empresas españolas: nativa. Pero creedme cuando os digo que tengo mayor conocimiento del idioma que ellos mismos (nativos que no tienen formación en el idioma, me refiero), que me dejo la piel en cada clase que imparto, intento incluir material real, leo en inglés, escucho en inglés y sueño en inglés. Y siempre doy lo mejor y sobre todo, llego a los alumnos españoles y soy un ejemplo, de que sí se puede. De que nos han colado que somos nefastos con los idiomas y no es así.

Tengo ya algunos años de experiencia en la enseñanza y he podido hacer cierta observación a nuevos profes. ¿Os creeríais que la peor clase a la que he asistido venía de un nativo? Pues sí, debéis creedme. ¿Por qué? :

-No se anticipan las posibles preguntas del alumno.

-No son capaces de adecuar su inglés al nivel que requiere una clase principiante.

-No suelen conocer los impedimentos que presenta un no-nativo para aprender.

-No tienen suficiente conocimiento del español para hacer paralelismos algunas veces.

-Exceso de seguridad, por el simple hecho de “soy nativo” y esto es así, porque sí.

-Poco conocimiento o nulo de su propia lengua.

No estoy diciendo con esto, que no haya profesores nativos excelentes, que los hay y maravillosos. Yo quiero denunciar aquí el filtro exagerado a Filólogos, traductores, maestros no-nativos pero altamente formados, con mayor conocimiento de pedagogía, psicología, la lengua, lingüística, etc. A veces, en España se elige antes a un escocés que se dedicaba a tocar en un grupo de música sin experiencia docente antes que a un profesor de inglés de nacionalidad española con 5 años de experiencia y esto es francamente, lamentable. ¿Acaso no se necesita de pedagogía para enseñar un idioma?, ¿Cómo puede dar clase una persona que no sabe lo que es un adjetivo? , ¿Cómo puede dar clase alguien que no tiene una base de su propio idioma y las metodologías necesarias para ello? Y también denuncio, que te saques el FCE no te capacita para dar clase. No todo el mundo con un certificado de inglés puede dar clase. Dar clase es mucho más. Es mucho más que ser nativo.

Enseñar es tener vocación por la profesión, por tu propio conocimiento, por innovar, por estar como profesor en constante aprendizaje, por tener un dominio magistral de lo que impartes, por ser humilde y no dar las cosas por hecho, uso de metodologías, empatía, carisma, habilidades comunicativas, etc, etc.

Ojalá en este país, se olviden de este filtro algún día, porque eso significará que se valora al cuerpo docente de idiomas. Porque la preparación alguna vez tiene que servir de algo. Señores, tengo amigos que son la caña de España y no pueden solicitar una oferta de trabajo, porque la primera piedra ya se la ponen desde el título de la oferta de trabajo y no saben lo que se pierden. Señores de las empresas de este país, busquen el talento y no lo dejen marchar, den oportunidad, una entrevista al menos, y conozcan lo que el leproso NO-NATIVO de inglés puede llegar a dar.

O escuchen un poco a los expertos, como por ejemplo Paul Seligson

 

 

¿Quieres dejar de hacer el gilipollas?

Yo siempre he escrito bajo inspiración, bajo las musas como dicen muchos artistas, yo no soy una artista, pero me gusta todo lo relacionado con ello y sí que entiendo eso de sentirte creativo cuando algo te inspira, de lo contrario, las cosas que haces, no tienen almaaa.

Últimamente tengo una racha de no inspirarme con nada, a veces, la inspiración me visitaba a altas horas de la madrugada, de repente se me encendía una lucecita que me hacía crear algún texto bastante lírico o me hacía reflexionar sobre temas que me fascinan como la naturaleza, el transcurso del tiempo y las ataduras y convenciones sociales. Y hoy vengo a hablar de esto último de nuevo, sí, una vez. Hey, baby, one more time como diría la Britney.

Ayer regresé de nuevo a la “Fiesta del Cine” ya sabéis, películas con un precio más que razonable a 2,90 euros con su consiguiente oferta al mismo precio de coca-cola y palomitas. Lo que sí que me doy cuenta que este evento cada vez coincide más cuando la cartelera está vacía de películas que me interesan o buenas, los superhéroes de la Marvel están siempre ahí como Belén Esteban en telecinco, no los echan ni con agua caliente. Pero esos blockbusters aburren, o me aburren y mucho. Pero como a 2,90 no se puede desperdiciar la genial experiencia de ir al cine, decidimos ir a ver “El libro de la Selva” de Jon Favreau, que no solo vive de Iron Man. Y me encantó. Nunca fui muy fan de la dibujos, no sé por qué, demasiados monos, quizás, no sé. Pero esta película me pareció absolutamente maravillosa.

Visualmente es preciosa, es naturaleza en estado puro, los animales están superbien hechos. El niño que hace de Mowgli, me pareció de lo más tierno. Las escenas de acción están geniales y soy fan desde hoy del oso Baloo. Aunque puede que parezca que no sea más que otra versión más de Mowgli y El libro de la Selva, esta película merece la pena aunque solo sea por la espectacularidad de las imágenes y por el respeto que ofrece por la naturaleza en sí, por sus depredadores y la maravillosa vegetación salvaje en la pantalla grande.

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A parte de venir a comentar mi opinión sobre la peli, el hecho que os comentaba que me había inspirado es el siguiente: Al finalizar la película, todo el mundo quiere salir corriendo, sobre todo en esos días cuando la sala esta abarrotada y más si te has bebido una botella de coca-cola y te va a explotar la vejiga. Esta sala estaba abarrotada especialmente de niños. Niños que aplaudieron con ciertas escenas, que exclamaban: Mamá, que me da miedo!! o qué grande es ese mono o que pena tengo…A mí me producen mucha risa sus opiniones con esas vocecitas a la par que ternura, porque imagino que yo cuando era niña también le haría los mismos comentarios a mi padre que era el que me llevaba al cine. Iba yo bajando los escalones de la sala, cuando una niña de unos 7 años (creo) se puso a bailar en las escaleras. No era el sitio más adecuado para ponerse a bailar porque bajábamos todos detrás, pero la niña estaba tan entregada a la canción y estaba bailando tan bien que cuando la madre la agarró del brazo y le soltó: “Deja de hacer el gilipollas”, no pude más que sentir que vaya mierda. Me explico. No estoy juzgando a la madre que estaría hasta las narices de soportar quizás a su hija salida de Top Dance durante toda la película, me fastidió el hecho de interrumpir diciendo “deja de hacer el gilipollas”. ¿El gilipollas, por qué? A mí me parecía que la niña estaba bailando porque en aquel momento estaba feliz, a mí me encantó la película y tengo 29 años, no quiero ni imaginarme a mí a mis 7 años y en esa sala gigante, después de haber visto semejante espectáculo visual, vamos, ¡pero si me dio muchísima rabia ver Frozen o Brave de adulta!

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Aunque quizás todos al leerme penséis que la razón la tiene la madre, voy a romper una lanza en favor de la niña. Si la chiquilla está superfeliz y animada porque le ha encantado la película o le está fascinando la canción (Ohhh dubiduuuu quiero ser como túuu) pues no le cortéis esa fantástica libertad que te da la infancia y la inocencia, de expresar en el acto como se sienten. No quiero juzgar a la madre porque yo no sé qué haré cuando lo sea, pero solamente recomendaría que no le hubiera dicho “deja de hacer el gilipollas”. Vivimos lo suficientemente cohibidos por normas, por convenciones sociales, por redes sociales, por el que dirán, por etc, etc, etc. Esa niña bailarina a sus 29 años ya no bailará en las escaleras del cine más, dejad que durante la infancia al menos se disfrute de la espontaneidad que caracteriza a los niños, hay mucha vida para ser recatados, educados, robóticos, perfectos, encorsetados, encarcelados.

Ohh dubiduuuu, quiero ser como tuuuuu, dubiduduraá…¿a ver quién podía resistirse a bailar eso?

Childrens silhouettes

 

 

¿Qué has hecho?

“Se rompió. Se escuchó un ruido escandaloso por todo el pasillo, se le había caído la bandeja con el vaso de zumo. Su tía salió corriendo de la sala, con los ojos entreabiertos, la delataban que había estado de visita en el país de Morfeo.

-¿Qué has hecho?

-Esto…- y la chica no hizo más que señalar la evidencia con la mirada hacia el vaso roto, las galletas esturreadas y el líquido naranja disipándose en la alfombra.- Se me ha caído.

-¡Genial!, pero que torpe, ya lo estás limpiando.- se cruzó la bata y giró la cabeza de un lado a otro.

Los gestos de su tía, eran tan cómicos como amenazantes. Con tan solo un levantamiento de ceja, podía hacer sentir a su interlocutor, un verdadero panoli. Sus frases siempre eran sentencias dotadas de una verdad suprema. Pero en el fondo, se sabía que era una mujer de un gran corazón.

Limpió todo aquel espectáculo de cristales y comida. Y se fue a la cocina. La verdad era, que había tirado aquella bandeja con intención. No había sido ningún tipo de despiste o accidente. Pensó en tirar la bandeja y lo hizo. Río para sí misma, porque sabía que aquello no había sido más que una auténtica chiquillada. Pero, haber vuelto a tener cinco años en aquel instante, le había recargado la energía.”

Y así no somos más que responsables de nuestros actos, amos de nuestras sutilezas, perseguidos por las obligaciones de hacer lo correcto, de seguir las normas, de las rutinas y costumbres y a veces, nos gustaría cantar en el autobús, reír andando por la calle, gritar muy alto y mandar a la mierda en el acto, pero… necesitamos control, aunque sea un poco, para no ser unos anarquistas de las emociones. Aunque mientras que estemos aquí, gritar, reírnos, llorar o despeinarnos tienen que ser actos obligados. Así que, CARPE DIEM.