Requisitos para ser una persona normal

¿Qué es ser normal?, ¿no os lo habéis preguntado alguna vez?, ¿qué requisitos tendría que cumplir una persona normal?

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¿Y qué ocurre cuándo te falta alguno? O por si el contrario ¿cubres casi todos y te falta el último “Ser feliz?, ¿es acaso esta una lista fiable?

Pues de esto va a esta historia pequeña sin grandes artificios, pero con un colorido festivalero que nos recuerda a las comedias indies americanas de Sundance y que en esta misma película “Made in Spain” podría haber aparecido Paul Dano, Joseph Gordon Levitt, Zoe Kazan o Zooey Deschanel, pero no necesitamos a ninguno de estos, ya tenemos a Leticia Dolera y a Manuel Burque.

Leticia Dolera no solo se atreve a lo Mel Gibson de protagonizar y autoridigirse, además de ser la autora del guion en esta refrescante comedia (Esta niña es un portento). La pareja protagonista aun presentando ciertos aspectos que pudieran ser a primera vista totalmente antagónicos, la química traspasa la pantalla, porque lo que empieza como un cúmulo de casualidades y una amistad entretenida, pasa a encender la luz de una pequeña lamparita que necesita tener la habitación a oscuras para poder tomar perspectiva de lo que puede brillar. Y esta metáfora que aparece en la propia película, es un poco cómo se podía definir a la película en sí misma.

El reparto está genial. A destacar a una Carmen Machi siempre sembrada que roba las carcajadas del espectador con su alto nivel cómico como siempre. Álex (Jordi Llodrá), el hermano de la protagonista que es la ternura en persona. Cristina Pi (Alexandra Jiménez) que lo hace estupendamente. Miki Esparbé como Gustavo, me arrancó más de una sonrisa con el papel corto pero muy gracioso. En general, todos los secundarios están estupendos, aunque la palma se la lleve la pareja protagonista.

La carga dramática aparece superficialmente con la relación entre la protagonista y su madre, y quizás aunque sea un elemento necesario para entender un poco más a María de las Montañas (Leticia Dolera) no es precisamente la parte más interesante de la cinta.

Respecto a la banda sonora y la fotografía tan colorista, este filme nos trasmite pura alegría aunque la pregunta del guion sea buscar dónde reside la felicidad y no la normalidad. Porque al fin y al cabo, ¿quién no es feliz comiéndose un mousse de chocolate?, ¿haciendo una escapadita por ahí?, ¿riéndose a pleno pulmón?

¿Y tú?,¿Cuáles son tus requisitos?

Apoyemos al cine español alternativo, ya que, son pocas las veces con la que podemos disfrutar de una historia pequeña que te hace salir del cine con una sonrisa.

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Por cierto, tuve la suerte de asistir en la Universidad Europea de Madrid a una charla que dio precisamente Leticia Dolera y en su favor, diré que es una chica de lo más sencilla sin aires de grandeza y que fue divertida y muy amable con todo el mundo.

Zona de Confort vs Zona exploradora

Siempre he dicho que me considero una aventurera en potencia, no quiero decir que esté todos los días con la mochila a cuestas y me voy de tienda de campaña a cualquier sitio. Me refiero con aventurera a que no me dan miedo los cambios y que ante la incertidumbre, normalmente me crezco, porque para mí salir de la zona de confort es a veces, hasta algo necesario. Será porque siempre he dicho que soy algo nómada o porque conocer tantos lugares desde que era pequeña y tanta gente de diferentes zonas de mi país, me ha hecho abrir la mente y por eso, siempre necesito tener el culo montado en un coche, avión, bus, tren, viendo el cielo desde otro lugar del mundo.

Y resulta que ayer me encontré este video por casualidad y que recomiendo ver:

A día de hoy, todo tiene un nombre académico y está todo ya más que estudiado, o al menos eso parece, y por lo visto, cuando uno sale de la zona de confort, es decir, de la zona que uno conoce, dónde se siente cómodo, la zona rutinaria de todas las mañanas, del trabajo a casa, de casa al trabajo, haz la cena, ve a comprar y chúpate un atasco. Cuando uno sale de esta zona, se llama: Zona de Aprendizaje. A la zona de aprendizaje normalmente esta vida que llevamos, salimos cuando nos vamos de vacaciones, cuando nos atrevemos a coger un avión e irnos al sitio más lejano del mundo, dónde nos perdemos sin importar qué y nos gusta entremezclarnos con las gentes. Cuando viajar se convierte en una necesidad, porque no hay miedos, ni embarcarte en una nueva aventura supone ningún tipo de prueba. Salir a la zona de Aprendizaje, nos hace curioso, nos motiva, nos hace valientes y asumimos riesgos y cuando se asumen riesgos, estamos más cerca de conseguir nuestras metas y nuestros sueños. Y en esta vida, yo siempre digo que hay que luchar por tus sueños, por muy irrealizables que te digan que parezcan que son.

Y esto me hace pensar que la vida es bella, siempre que podamos seguir explorando y seamos valientes. La vida tiene tantas cosas que ofrecernos, que por qué conformarnos con una sola parcela de nuestro mundo conocido.

Be Brave, Be Free, you only live once!

Ocho apellidos vascos

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Hace unos casi seis años, que cogí mi mochila y emprendí rumbo al País Vasco en busca de no sabía muy bien qué, pero resulta que me vine con una semana inolvidable y con una historia de amor en el bolsillo que aún a día de hoy, dura. Yo que soy andaluza y mi chico que es de Donosti, y no hay cosa más difícil que conseguir a un vasco, van y sacan a un sevillano que se cruza todo el país para conseguir a una vasca, ¡qué ojo también tiene tela!

Con esa premisa, no podía dejar pasar la oportunidad de ver la ya popular “Ocho apellidos vascos” de Emilio Martínez-Lázaro. Me daba un poco de miedo, sí, porque sabía que estaría llena de estereotipos y de topicazos. Que si en el norte son todos terroristas y superbrutos y en el sur siempre vamos vestidos de faralaes, bebiendo rebujito y durmiendo la siesta.

Resulta que fui a verla y salí con una sonrisa en la cara, porque es una comedia y como comedia es muy efectiva aunque caiga en lo que yo temía, típicos tópicos y estereotipos, pero tenía que reírme porque dibuja una caricatura de las dos culturas tan diferentes que cuando veía a Dani Rovira montado en el autobús rodeado de vascos, me sentí identificada. Me sentí identificada por el xiri-miri, la sidra, el txakoli, la gastronomía, la forma de hablar, los caseríos, el paisaje, etc, etc. Encima no podía dejar de sonreír porque en cierta manera, me devolvía a aquella semana tan feliz que pasé cuando mi vasco personal me llevó por Getaria. Pueblo de la costa que sale bastantes veces con unos planos preciosos.

 

La película tiene una fotografía norteña muy bonita, recrea los pueblos y paisajes de Euskadi a la perfección, al igual que la estampa de la preciosa y cálida Sevilla. Del reparto, no puedo más que decir que Dani Rovira se sale y eso que no es santo de mi devoción y que no confiaba en que un humorista pudiera interpretar durante más de 60 minutos, pero lo hace. Y hay frases y referencias tan andaluzas qué cómo no me iba a reír, aunque bien es cierto que mis carcajadas fueron con la pareja de amigos sevillanos. Clara Lago aún exagerada con su look borrokiano lo hace bastante bien.  Una Carmen Machi que va desde lo entrañable a lo desagradable (véase la borrachera de txakoli que se pilla la amiga…) y por supuesto, el que roba todo el protagonismo el que se gana al público y el que recrea al estereotipo de arrantzale es Karra Elejalde, que nos da una clase magistral de castellano euskaldun. Es el prototipo de vikingo vasco como digo yo, es un tipo noble pero de carácter indomable, bruto como él solo, prejuicioso de todo lo de fuera de Euskadi pero de gran corazón. Karra Elejalde ya ha dejado para la memoria del cine español a su carismático Koldo y el tándem Rafa-Koldo ya ha dejado grandes situaciones cómicas en la memoria de los que hemos disfrutado la película.

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Lo bueno de esta comedia también es que al igual que pasó en Francia con “Bienvenidos al Norte”, a la gente le gusta ver en pantalla lo suyo. A veces, viene como un soplo de aire fresco y también algo egocéntrico que nos planten en nuestra cara, lo más tradicional y propio. En un mundo tan globalizado donde parece que se pierden las costumbres y tradiciones, ver situaciones recreadas tan nuestras, nos mueve a qué vayamos al cine. Queremos vernos de alguna manera u otra en nuestro cine y reírnos de nosotros mismos, porque eso sabemos hacerlo y necesitamos hacerlo.

Creo que es una película valiente que no intenta ofender a nadie. ¿Qué está llena de tópicos? Pues sí, tanto andaluces como vascos, ¿qué he visto en la pantalla la parodia de estas dos culturas que llevo en la sangre? Pues sí. Porque no solo se nombra Irún y “la aceituna” y expresiones tan andaluzas como “me cago en mi estampa”, cosas que son muy mías, porque me crié entre el País Vasco y Andalucía y ahora tengo la suerte de repetir la misma mezcla que mis padres. Y a veces, me planto en la feria y veo mis pasos de Semana Santa y otras tantas, paseo por Donosti ahívalaostia y bebo sagardoa. Que Sevilla y Andalucía tienen un color especial ya se sabía, ahora nos queda decir un pensamiento que siempre he tenido, ¡Euskadi también tiene un color especial!!Imagen

 

Esclavitud, racismo y cambios históricos en el cine

He empezado el año haciendo una de las cosas que más me gustan: ver cine. Y llevo dos películas casi sobre el mismo tema. Las películas son “12 años de esclavitud” de Steve McQueen y “El Mayordomo” de Lee Daniels. He de decir, que ambas me han gustado.

Lo que más me llama la atención es que el tema de la esclavitud de personas de color y el racismo tan extremo en una América tan joven, es una cuestión realmente aterradora y que ocurrió hace relativamente poco tiempo.

En “12 years a slave” de Steve McQueen, película basada en la novela homónima de Solomon Northup, en el año 1850. El protagonista de esta historia es un músico de color, vive como un ciudadano más hasta que un día, dos tipos le drogan y le venden como esclavo. Lo frustrante de la historia es precisamente es el cruel rapto y como alguien si quiera puede hacer con una vida humana algo así. Las escenas de latigazos y demás, son bastante crudas. Si es cierto que no me ha parecido la mejor película del año, aunque sea una de las favoritas a los Globos de Oro y seguramente a los Oscars. La ganadora “El discurso del Rey” ganó el Oscar a mejor película y a mí me pareció una película de sobremesa, pero con dos actores sublimes, una cosa no quita a la otra y creo que le pasa un poquito lo mismo a “12 años de esclavitud”. Está bien rodada, tiene una buena fotografía y lo mejor sin duda es el reparto. Tenemos a un Chiwetel Ejiofor entregado al papel protagonista y con todos los sufrimientos que conlleva una historia como esta, por otra parte, el elenco de la película tiene mucha calidad, aparecen actores como Paul Giamatti, Brad Pitt, el ahora “estoyentodaspartes” Benedict Cumberbatch y otro “estoyentodaspartestambién” Michael Fassbender, este último se lleva la palma a una nominación directa como actor secundario. Mención especial para Paul Dano, que por fin junto con “Looper” deja de ser un personaje friki más y la mejor sin duda, la debutante  Lupita Nyong’o, quizás sea ella lo mejor de la película.

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A diferencia de otras películas de este mismo estilo, creo que olvidaré muchas escenas, los diálogos tampoco son demasiado transcendentes y no me ha dejado la emoción en la garganta con su final, como si que me pasó en varios momentos con “Criadas y Señoras” (The Help) otra película que trata sobre el racismo en Estados Unidos hacia sus criadas y niñeras de color, en esta película, se aborda este tema de una manera genial, tiene unas actrices inconmensurables como Viola Davis, la graciosa Octavia Spencer y por qué no, también la joven Emma Stone. La recomiendo 100%.

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“El Mayordomo”, (Lee Daniel´s The Butler) me ha gustado más que “12 años de esclavitud”, ¿por qué? Supongo que va en gustos personales. Creo que Forest Whitaker hace una grandísima interpretación, las miradas, la disposición, las medias sonrisas prohibidas de satisfacción, la templanza, la juventud, la vejez, la calma. Hace un grandísimo trabajo interpretando a Cecil Gaines, mayordomo de la Casa Blanca durante el mandato de 8 presidentes. Esta película tiene también un grandísimo reparto aunque fugaz, Robin Williams, Jane Fonda, John Cusack, Alan Rickman, James Marsden, incluso Lenny Kravitz también tiene un papel y lo hace bien. Pero destacaría a Oprah Winfrey, un gran papel con muchos altibajos. Aunque lo más interesante de esta película son los paseos hasta el despacho oval donde se cuecen los asuntos de estado sobre el racismo extremo que sufre el colectivo de color. Es una clase de historia americana, a través de importantes hechos como el asesinato de Kennedy y Martin Luther King, el activismo social y los movimientos sociales. El horror del Ku Klux Klan y por supuesto, el esfuerzo de Cecil Gaines para conseguir una vida digna y entender la postura de lucha de sus hijos por la libertad y la convivencia.

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No sé si es que el cine estadounidense va por ciclos como muchos críticos dicen, que creo que tienen razón, ya que ha estado la moda de los superhéroes, de los vampiros, de los zombies, ahora viene el ciclo bíblico con producciones que nos contarán el diluvio universal y los 10 mandamientos de nuevo. Sí que es cierto que el tema de la esclavitud en el cine y el racismo es bastante recurrente y películas como las que he nombrado anteriormente y también “Lincoln” de Steven Spielberg y “Django Desencadenado” de Quentin Tarantino (gran banda sonora, por cierto), cada una a su estilo son prueba de ello.

 

The beginning of the End-Seriéfilamente hablando

Después de varios posts sobre viajes, he decidido volver a mi naturaleza reflexiva y aunque las fotos y los datos no sean tan interesantes como una buena ruta por cualquier lugar del mundo, quiero vagar por las rutas de esta absurda mente mía…

Ayer hubo algo que me hizo reflexionar mucho, algo que me ha hecho ver que el tiempo sigue transcurriendo sin ningún tipo de control alguno, como una ola salvaje y descontrolada, totalmente indomable. Ayer hubo algo que me hizo pararme en seco y pensar “Madre mía, que velocidad lleva esto”. El final de “Dexter” y el inminente final de “Breaking Bad”. Puede sonar cómico, pero estas series me han acompañado desde 2006 y 2008, años cruciales de mi vida. Tanto Michael C.Hall con su Dexter Morgan como Bryan Cranston  y su complejo Mr. White, se han convertido en parte de mi vida seriéfila y es un poco difícil deshacerme ahora de ellos.

 

Mientras que ayer contemplaba el desenlace del forense de Miami, mi cerebro iba asimilando las imágenes que llegaban desde la retina y un sentimiento de “The end” me estaba consumiendo junto con la impotencia de “no, ¿Por qué?, no quiero que se acabe” y por ese sentimiento, creo que el final me ha parecido realmente decepcionante, nada épico. Un final demasiado simple, demasiado fácil o quizás los guionistas se sentían un poco como yo.

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¿Cómo se puede terminar bien?, ¿estamos contentos con los finales normalmente de las novelas que leemos?, ¿los finales de las grandes o pequeñas películas?, será quizás que los protagonistas han compartido tantas emociones y situaciones con el espectador y los capítulos te acompañan durante tanto tiempo que uno ya no separa la realidad de la ficción. Y el momento de por la noche de tirarse en el sofá y poner un capítulo de “Dexter”, “Breaking Bad”, “True Blood”, “Game of Thrones”, etc, se ha convertido ya casi en un ritual. Un ritual en perfecta armonía con el cansancio acumulado del día, la sensación de relax en el sofá enfrente del televisor desconectando de las diez horas de trabajo y las horas de transporte público, con las historias y entresijos de estos grandes personajes y sus historias. Mi momento favorito del día sin lugar a dudas. Para que luego digan que no se puede ser feliz, para mí es muy fácil encontrarle el aliciente simplemente a eso, dejarme llevar a unas realidades que nunca viviré y que quizás nunca quisiera vivir, si pudiera elegir, pero simplemente dejarme llevar por la creatividad de un equipo que hace posible toda la serie en conjunto.

Quizás suene estúpido, pero es mi hobby. Es mi momento. Y tener un momento diario para evadirte de las prisas, de este estrés que consume sin darse cuenta, que se ha arraigado a la forma de vida contemporánea de esta época, evasión de las noticias que repiten sin cesar las cagadas de los gobiernos y de que el apocalipsis está cerca. Para eso, prefiero seguir viendo como Walter White y Jesse Pinkman cocinan en el desierto o como Debra Morgan repite mil veces “fucking asshole” o por mucho que me líe y no sea santo de mi devoción, hacerme la cabeza un lío con la cantidad de familias en Juego de Tronos.

El cine es una de mis pasiones, pero creo que las series, las buenas series, las que tienen un buen guion, unos personajes carismáticos, un reparto que se deja la piel en conseguir que sus personajes transciendan la historia de la TV, las bandas sonoras y la ya muy reconocible estética propia de éstas, las convierten en auténticas joyas. No sé si envejecerán bien o no, lo único que sé es que el temible final, llega. Llega incluso para una serie televisiva y nos deja un poco huérfanos, por muchos “spin-off” que inventen.

 

Ahora solo espero ver como finaliza mi serie favorita, este próximo 29 de Septiembre.

Breaking Bad

Olvidar los tuppers, c´est pas possible?

Van a hacer ya dos años de mi andadura por la infernal capital a la que no me acostumbro y a esta ciudad contaminada tanto de gente como su aire amarillo y grisáceo. Supongo que no termino de acostumbrarme porque me ha tocado vivirla en la peor época posible conocida de estos 25 años míos de existencia. Entonces es cuando me pongo melancólica y me recuerdo hablando con mi madre, diciéndole “Me quiero ir de este pueblo…me quiero ir, me quiero ir…”
No es que ahora quiera volver, pero me gustaría deshacerme del metro, del autobús. Volver a ver las distancias pequeñas en las que tu tiempo vital es oro y preciado. Y sobre todo, me encantaría deshacerme del “tupper”. No quiero más “tuppers”, no quiero más comida con sabor a plástico, no quiero comida descongelada y es que no me da la gana de volver a comer más en ese envase blanco que lo pones en el microondas, que no hombre, que no. Que no sabe igual la comida recién hecha de tu casa, servida directamente de la olla, la cazuela y la sartén. Que me sabe insípida este sinsabor gastronómico, el “tupper” es el fiel reflejo de una sociedad construida con prisas, con falta de tiempo para todo. Es el icono de una generación que lleva traje al trabajo y se anudan una servilleta al cuello, con miedo a mancharse la corbata. Hacer colas para usar los microondas…Mientras ves a tu comida en el plato, un plato que tampoco es tuyo. Con cubiertos de plástico, qué tristeza más grande. Es entonces, cuando estoy sirviendo la comida un fin de semana, cuando aprecio, ese momento de simbiosis, entre la vitroceramica de mi mini-cocina y la mesa del salón y pongo la mesa, como buen ritual que es, saco el pan y me pongo a degustar lo que sea, con la tranquilidad de quién no tiene un correo electrónico abarrotado de e-mails exigiendo cosas, ni teléfonos que responder, ni gente a la que atender. Eres tú en frente del plato y tu cuchara o tenedor en tu mano. Y la vida parece otra cosa, más si de postre tienes una “Mousse de chocolate”. Porque no es tan difícil caer en las pequeñas cosas diarias, si realmente quieres apreciarlas.
Como el eco de una risotada natural, como el sol de primera hora de la mañana entrando tímidamente por la ventana. El silencio de los momentos de complicidad entre tú y el terrible recuerdo de que la sociedad te atrapara en cuanto salgas por la puerta.

Brave (Indomable)

No pensaba hacer una crítica de “Brave” la nueva producción de la genial Pixar, pero tras leer tantos comentarios negativos, respecto a esta nueva cinta de animación, creo que tenía que abrir una flecha en su favor, digo perdón, una lanza en su favor.

Si bien es cierto que “Brave” no es “Up” o “Wall-E” o incluso “Ratatouille”, magníficas películas de animación que tienen un fondo conmovedor y transgresor para la época que vive el cine y también el género de animación-infantil. No hay que olvidar que las películas de animación sigue siendo destinadas en su mayoría a un público como decía antes, infantil.

La princesa Mérida, nada tiene que ver con cualquier otra princesa Disney anterior, y se agradece. Yo crecí viendo todas las películas Disney, y quizás mi princesa favorita, siempre fue “Pocahontas” ya sea porque el desenlace no era tan estúpido y presuntuoso como el resto y porque ella tenía un valor y unos ideales totalmente distintos. Aquí la princesa Mérida a parte de esa espectacular melena rojiza que lleva al viento, no es una princesa cursi y perfecta al uso, ni tan siquiera simpaticé con ella, porque me pareció una adolescente impetuosa a pesar de que en su rebeldía, me sintiera muy identificada.

La exquisita reina Elinor y ese padre, bonachón y de envergadura gigante, esos trillizos de pelo rojizo, tan sumamente divertidos, hay que decir que los secundarios tienen su encanto, ¿infantiles? pues sí, pero al fin y al cabo, divertidos. Yo no esperaba ir al cine a ver un dramón, ni una comedia hilarante para que me tirara al suelo de la risa, ni si quiera esperaba ver una obra maestra. Me encontré con una película de animación muy bien hecha en todos los aspectos, a destacar a nivel técnico, me enamoré de esa cabellera indomable como el título de la película, del ímpetu de Mérida, de la relación madre-hija, de los trillizos, de los fuegos fatuos y me enamoré de nuevo, a través de una peli de animación, de los paisajes escoceses. Espectacular.

Los colores que aparecen durante toda la película se quedan grabados en la memoria, porque visualmente es un espectáculo. La música a cargo de Patrick Doyle también le hace justicia a la belleza visual. Y destacar ciertas escenas que dan una sensación de libertad absoluta al espectador. Y bueno, porque a una servidora siempre le han cautivado las historias de princesas guerreras que son un as con el tiro con arco, ¿para qué mentir?

El problema de los creadores de Pixar y su equipo de diseñadores como he leído por ahí, es que son muy buenos, y esto es como cuando un atleta acostumbra a ganar siempre el oro, que la plata sabe a menos. Para mí “Brave” no es una obra menor de Pixar, ni tampoco el corto que acompaña a la película en las salas “La luna” de Enrico Casarosa, que para definirlo usaré solo dos palabras: pura magia.

Supongo que fui con ojos de niña al cine y no me arrepiento. Y tengo que decir, que me parece igual de entretenida que el resto de películas de Pixar y que una vez más, gracias. Porque vuelvo a desenterrar toda mi ilusión infantil por el cine y el mundo de la fantasía.