Tengo 18 años con 12 de experiencia, los 30 ya están aquí…

“El tiempo no se detiene ni espera por nadie, así que no detengas tu vida por pequeñeces, sigue adelante porque en este momento eres lo más viejo que puedes ser y lo más joven que nunca volverás a ser jamás” (Visto en un sobre de azúcar de esos cafés diarios que tiene mi madre y le hizo una foto y me lo mandó ayer. Lo voy a usar como conclusión a toda la parrafada que he escrito y lo pongo al principio, porque es una conclusión introductoria que debe ser leída de primeras para que sea lo más importante).

Recuerdo que cuando cumplí 20 me sentaron mal, tuve una especie de crisis y ya sé que es absurdo, pero yo las suelo tener cada 1 de Enero y con los cambios de dígito. Me da como una sensación de vértigo, de asomarme hacía el vacío de una incertidumbre que solo el tiempo puede controlar y es entonces, cuando siento temor al futuro o a lo que está por venir, aunque siempre me guste pensar que lo mejor está por llegar, porque esa es la actitud.

Ahora me río de aquella “crisis” de los 20, ¡por favor! la veintena ha sido espectacular, encontré mi primer trabajo, he viajado muchísimo, cumplí varios sueños como ir a Escocia y a Nueva Zelanda, me ha dado tiempo a ir dos veces a USA. Ya puedo decir que atesoro recuerdos imborrables y lleno una mochila vital que siempre deseé, porque al final viajar es lo que más me gusta del mundo, la verdad y con lo que más me siento que crezco como persona. Y en la veintena he podido disfrutar mucho de esto y así espero que sea en este nuevo período.

Durante estos “veintis”, he tenido la suerte de compartir muchos momentos con mi familia y mis grandes amigos. No soy una persona de muchos amigos, pero creo que los que tengo, son amigos de verdad. Me escuchan, nos reímos, hemos viajado juntos, hemos salido de fiesta, nos hemos emborrachado juntos (necesario y une, sí, eso es cierto) y compartido muchas largas conversaciones con risas de por medio, por supuesto.

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En la veintena también conocí a mi compañero de viaje, el que me soporta estos pensamientos existencialistas, el que me escucha, el que me anima y el que está ahí para sacarme una sonrisa. Con él he compartido incontables experiencias, con él he salido de fiesta y con él mi vida simplemente fue a mejor. Como buen Libra, él es mi balanza, es mi punto realista, como yo no soy lógica, lo es él por mí. Yo soy supersagitario (menos en eso de que nos gusta apostar, a mí eso no…) y tengo dos Libras en mi vida que me respaldan en todo lo qué hago, esas dos personas son mi madre y mi chico. ¡Qué suerte la mía! Parece que soy superfan de los horóscopos, pero no es así, pero la verdad que cuando leo el perfil de un Sagitario me siento muy identificada. Aunque la Libra de mi madre me regañe todas las veces que le de la gana, da igual las veces que cambie yo de dígito, eso se ve que es inalterable al tiempo y con licencia para todaaa la vida.

En estos 30 años, he aprendido muchísimas cosas y ahora la gente más mayor que yo me repite eso de:  “A los 30 dejas muchas tonterías atrás”, yo creo que esto lo he hecho antes, porque todo lo que me ocupa espacio y pesares en mi cerebro, lo elimino directamente. Si algo no me apetece, no lo hago, punto. Hay gente que aprende a decir que no después de los 30, yo lo he hecho antes y no me arrepiento. Por otro lado, si sueño con conseguir algo, no me quedo con el ¿y sí…? porque como he publicado otras tantas veces en mi blog, a mí no me vale el ¿y si?, yo lo hago y si me equivoco o me sale mal, pues no pasa nada, escarmiento. Es bueno equivocarse y saber recuperarse de esos errores, pero no podría vivir jamás con la losa del qué hubiera pasado si…

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Vengo detestando mucho esos artículos de cosas que hacer antes de los 30, de los 40…, creo que cada persona tiene unas prioridades distintas y una vida diferente, que cada uno haga lo que le haga más feliz acorde a sus posibilidades y eso ya será un gran paso para el ser humano.

En estos 30 años, puedo decir que he sido más feliz que otra cosa. He sido y ahora mismo me considero una afortunada, no tengo nada de lo que quejarme y aunque estoy teniendo una “crisis” con este nuevo cambio de dígito y con eso de que atisbo algún cabello plateado en el pelo y que las ojeras ahora son más permanentes y que la risa ahora se queda marcada en mis ojos, que existen cambios físicos que uno cuando es joven piensa que nunca van a llegar, pero llegan…porque no somos invencibles, ni eternos. No voy a mentir si digo que me entristece hacerme mayor y tener que usar potingues para cubrir las ojeras y pasar por todo el ritual tan exigente para las mujeres, porque las canas en los hombres son atractivas, pero en una mujer es algo inadmisible y qué decir, de los kilos de más, de las ojeras, de los pelos, varices, estrías, etc, etc. A los 30 empieza a cambiar el metabolismo y muchas más mierdas biológicas que te alertan tanto en artículos de internet : “Cosas que deberías saber a los 30”, pues mira, ¡a lo mejor no quiero saberlas! ¡A la mierda!

Pues como decía, no voy a mentir y voy a decir esto de me encanta, pero ayer hablaba con una compañera de trabajo que perdió a una amiga en un accidente de tráfico que una de las cosas que más tristeza le casuaba era pensar que no vería nunca a su amiga envejecer y eso me entristeció a mi también…Porque envejecer no tiene por qué significar: canas, dolores, arrugas, kilos, etc. Envejecer puede significar, experiencia, superación, motivación, trayectoria, sabiduría, conocerse mejor a uno mismo, disfrutar mejor de las cosas, saber lo qué quieres, cuando lo quieres y quizás, quién eres y también buscar la plenitud. Mirar alrededor y pensar en cuántas cosas vividas, en cuantas cosas hemos conseguido, cuantas personas hemos conocido, cuantas vivencias felices y malas que han ido construyendo nuestra personalidad y nuestras vidas como si fueran ladrillos de una casa hasta llegar a formar lo que hoy somos.

A los 30 le pido como siempre y como al nuevo año, salud para mis seres queridos y para mí. Porque sin ella no podríamos hacer nada. Imagino que se me pasará esta sensación de vértigo y que me volverá a los 40. Pero prefiero tener sensaciones de vértigo que no tenerlas, porque eso significa que sigo aquí y que mientras que la vida me deje, voy a seguir sacándole jugo, quiero sacarle el máximo, quiero seguir aprendiendo, seguir teniendo nostalgia de mi feliz infancia, quiero seguir viajando, quiero empaparme del mundo, de su cultura, leer libros, ver películas, quiero reír, quiero llorar de emoción, quiero cantar en la ducha a pleno pulmón, comer chocolate, pillar el puntillo, quiero disfrutar de la música, quiero estar con mis amigos, quiero reír, quiero seguir escribiendo este blog que no lee nadie, quiero seguir aquí. Y quiero seguir sumando sueños y cumpliéndolos. Los 3o tienen que ser mejor que los 20, ¡he dicho!

FELIZ CUMPLEAÑOS A MÍ 

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De los casi 30, consejos y Sagitarios…

Yo no soy de dar consejos. Nunca me ha gustado que me digan lo que tengo o debo hacer, porque creo que cada uno es lo suficiente diferente para que los consejos entren por un oído y salgan por otro y también se da eso de que cada uno vive su vida a su manera, cada uno es libre de poder decidir ligeramente dentro de estos margenes sociales tan apretados. Libres, libres, no somos, pero decidir poner el despertador diez minutos antes o no, estudiar un máster o no, quedarme en España o mudarme fuera, casarme o no, vivir de alquiler o comprar una vivienda, etc…pequeñas decisiones que nos hacen sentir importantes o que tenemos el control de nuestras vidas. Luego resulta que la vida es lo suficientemente sobrenatural para decirte que no. Que el dueño es ella y no tú. Que ella puede dejarte hacer dentro de unos límites y que es ella la que manda, a veces, te da pequeños toques de atención y otras muy grandes.  Y tú si quieres la escuchas o no, porque de vez en cuando hay que ser rebelde sin causa, a veces, no aceptamos un no por respuesta, hasta que no te hayas dejado la piel en ello, hasta que no se hayan agotado todas las opciones, hasta que no esté exhausta de haber luchado. Yo no soy de tirar la toalla tan pronto. Nunca lo he sido, nunca soy y nunca lo seré y si llega ese momento, es que estoy totalmente cansada y no puedo más. Pero siento citar a Coelho, pero yo creo que tiene que ser cierto en alguna pequeña manera de que lo que algo se desea con fuerza, tiene que acabar por rozar la realidad.

A mis casi treinta años, creo que el único consejo que puedo dar es que todo el mundo debe ser guardián de pequeños secretos. Necesitamos escucharnos a nosotros mismos, necesitamos mimarnos y hablar con nuestra voz interior, tranquilizarla y ser nuestros mejores amigos, porque para hacernos daño, ya está todo lo demás. Había una frase que me gustaba mucho en mi adolescencia y aparecía en mi “estado de msn” (va pasando el tiempo, sí…) y era: el que domina a muchos es poderoso, pero el que se domina así mismo es invencible. Lo sigo pensando. Controlarse a uno mismo es lo más difícil del mundo porque somos simples e imperfectos humanos, pero se puede, no siempre, pero en su mayoría se puede.

A mis casi treinta años, creo que he aprendido a explotar cada momento, con intensidad, sintiendo en mis poros todo aquello que deseaba. He reído con ganas, he llorado hasta quedarme dormida, he sufrido y he gritado. He peleado, he escuchado y he aprendido, muchooo. Y he aprendido que hay que relativizar las cosas, que hay que cambiar de perspectiva, que cuando te estampas, te levantas y que cuando te frustras, solamente hay que respirar y dejar ese pensamiento de lado y un minuto más tarde, solo un minuto más tarde, la solución estará a tu lado poniendo su mano en tu hombro, porque frustrarse por chorradas, es la mayor estupidez humana. ¿Sabíais que el ser humano desperdicia su tiempo pensando en cosas que quizás jamás pasen? y sin embargo, sufrimos con esos pensamientos de cosas irreales, de situaciones que hacemos complicadas mentalmente y que nunca tendremos por qué plantarles cara o que si se la plantamos no eran para tanto.

He descubierto que sé salir hacia delante, que tengo una fuerte  capacidad de improvisación y que si por un camino no, será por otro. Me gusta salir de los límites de la rutina y de los límites que me imponen, me gusta pensar que soy lo suficiente aventurera para poner en marcha adrenalina aunque sea un poco en mi día a día. Y ese arrojo propios de los Sagitarios y del romanticismo absurdo, muchas veces, nos impulsa a mirar detrás de nuestro hombro en cada momento, de pisar fuerte pero no desafiante, a reírnos de nosotros y de todo, de mirar porque queremos creer y a buscar más allá. Y por supuesto, nos emocionamos con cosas tontas, nos inspiramos y nos creemos artistas, artistas vagos, pero artistas.

Quería escribir esto simplemente para compartir que nadie os diga que es lo que tenéis que hacer antes de los 30, ni de los 40, ni de los 20, ni de los 105…cada uno elige su destino, cada uno tiene que ser capaz de equivocarse, aceptar un consejo, pero no siempre seguirlo fielmente, porque no somos marionetas y si todos seguimos consejos, nadie se equivocaría y es muchas veces de los errores donde nace lo mejor de nuestras vidas. Quizás no siempre, pero quizás más veces de lo que creemos pensar. Y por cierto, sigámonos riendo.

Se requiere profesor NATIVO, really?

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Bueno, en primer lugar me he decidido a escribir sobre este tema, porque pienso que en este país somos un poco tontos y que valoramos antes todo lo que venga de fuera que lo que podemos aportar nosotros mismos. En España, no valoramos el talento, ni la formación que tiene la juventud a día de hoy, incluso, no se valoran las ganas.

Llevo estudiando inglés desde que me conozco, luego decidí hacer  la Licenciatura de Filología Inglesa y la Diplomatura en Turismo, quería seguir teniendo inmersión total con el idioma que tanto me gusta, después hice el CELTA de la prestigiosa universidad de Cambridge. ¿Os suena Cambridge, no? Todo el mundo está obsesionado con este tipo de certificados, FCE, ADVANCED, PROFICIENCY.

Me relaciono a diario en inglés y todo lo que veo en casa es en versión original. Alguna vez alguien NATIVO, me ha dicho: ¿De qué estado de USA eres? Quizás de los mejores piropos que me han dicho en mi vida y que tanto valoramos aquellos que amamos una lengua y queremos sonar naturales hablándola y nos esforzamos cada día para que así sea. Nunca me he jactado de mi nivel de inglés, claro que puedo seguir mejorando, porque no soy eso que reclaman todas las empresas españolas: nativa. Pero creedme cuando os digo que tengo mayor conocimiento del idioma que ellos mismos (nativos que no tienen formación en el idioma, me refiero), que me dejo la piel en cada clase que imparto, intento incluir material real, leo en inglés, escucho en inglés y sueño en inglés. Y siempre doy lo mejor y sobre todo, llego a los alumnos españoles y soy un ejemplo, de que sí se puede. De que nos han colado que somos nefastos con los idiomas y no es así.

Tengo ya algunos años de experiencia en la enseñanza y he podido hacer cierta observación a nuevos profes. ¿Os creeríais que la peor clase a la que he asistido venía de un nativo? Pues sí, debéis creedme. ¿Por qué? :

-No se anticipan las posibles preguntas del alumno.

-No son capaces de adecuar su inglés al nivel que requiere una clase principiante.

-No suelen conocer los impedimentos que presenta un no-nativo para aprender.

-No tienen suficiente conocimiento del español para hacer paralelismos algunas veces.

-Exceso de seguridad, por el simple hecho de “soy nativo” y esto es así, porque sí.

-Poco conocimiento o nulo de su propia lengua.

No estoy diciendo con esto, que no haya profesores nativos excelentes, que los hay y maravillosos. Yo quiero denunciar aquí el filtro exagerado a Filólogos, traductores, maestros no-nativos pero altamente formados, con mayor conocimiento de pedagogía, psicología, la lengua, lingüística, etc. A veces, en España se elige antes a un escocés que se dedicaba a tocar en un grupo de música sin experiencia docente antes que a un profesor de inglés de nacionalidad española con 5 años de experiencia y esto es francamente, lamentable. ¿Acaso no se necesita de pedagogía para enseñar un idioma?, ¿Cómo puede dar clase una persona que no sabe lo que es un adjetivo? , ¿Cómo puede dar clase alguien que no tiene una base de su propio idioma y las metodologías necesarias para ello? Y también denuncio, que te saques el FCE no te capacita para dar clase. No todo el mundo con un certificado de inglés puede dar clase. Dar clase es mucho más. Es mucho más que ser nativo.

Enseñar es tener vocación por la profesión, por tu propio conocimiento, por innovar, por estar como profesor en constante aprendizaje, por tener un dominio magistral de lo que impartes, por ser humilde y no dar las cosas por hecho, uso de metodologías, empatía, carisma, habilidades comunicativas, etc, etc.

Ojalá en este país, se olviden de este filtro algún día, porque eso significará que se valora al cuerpo docente de idiomas. Porque la preparación alguna vez tiene que servir de algo. Señores, tengo amigos que son la caña de España y no pueden solicitar una oferta de trabajo, porque la primera piedra ya se la ponen desde el título de la oferta de trabajo y no saben lo que se pierden. Señores de las empresas de este país, busquen el talento y no lo dejen marchar, den oportunidad, una entrevista al menos, y conozcan lo que el leproso NO-NATIVO de inglés puede llegar a dar.

O escuchen un poco a los expertos, como por ejemplo Paul Seligson

 

 

¿Quieres dejar de hacer el gilipollas?

Yo siempre he escrito bajo inspiración, bajo las musas como dicen muchos artistas, yo no soy una artista, pero me gusta todo lo relacionado con ello y sí que entiendo eso de sentirte creativo cuando algo te inspira, de lo contrario, las cosas que haces, no tienen almaaa.

Últimamente tengo una racha de no inspirarme con nada, a veces, la inspiración me visitaba a altas horas de la madrugada, de repente se me encendía una lucecita que me hacía crear algún texto bastante lírico o me hacía reflexionar sobre temas que me fascinan como la naturaleza, el transcurso del tiempo y las ataduras y convenciones sociales. Y hoy vengo a hablar de esto último de nuevo, sí, una vez. Hey, baby, one more time como diría la Britney.

Ayer regresé de nuevo a la “Fiesta del Cine” ya sabéis, películas con un precio más que razonable a 2,90 euros con su consiguiente oferta al mismo precio de coca-cola y palomitas. Lo que sí que me doy cuenta que este evento cada vez coincide más cuando la cartelera está vacía de películas que me interesan o buenas, los superhéroes de la Marvel están siempre ahí como Belén Esteban en telecinco, no los echan ni con agua caliente. Pero esos blockbusters aburren, o me aburren y mucho. Pero como a 2,90 no se puede desperdiciar la genial experiencia de ir al cine, decidimos ir a ver “El libro de la Selva” de Jon Favreau, que no solo vive de Iron Man. Y me encantó. Nunca fui muy fan de la dibujos, no sé por qué, demasiados monos, quizás, no sé. Pero esta película me pareció absolutamente maravillosa.

Visualmente es preciosa, es naturaleza en estado puro, los animales están superbien hechos. El niño que hace de Mowgli, me pareció de lo más tierno. Las escenas de acción están geniales y soy fan desde hoy del oso Baloo. Aunque puede que parezca que no sea más que otra versión más de Mowgli y El libro de la Selva, esta película merece la pena aunque solo sea por la espectacularidad de las imágenes y por el respeto que ofrece por la naturaleza en sí, por sus depredadores y la maravillosa vegetación salvaje en la pantalla grande.

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A parte de venir a comentar mi opinión sobre la peli, el hecho que os comentaba que me había inspirado es el siguiente: Al finalizar la película, todo el mundo quiere salir corriendo, sobre todo en esos días cuando la sala esta abarrotada y más si te has bebido una botella de coca-cola y te va a explotar la vejiga. Esta sala estaba abarrotada especialmente de niños. Niños que aplaudieron con ciertas escenas, que exclamaban: Mamá, que me da miedo!! o qué grande es ese mono o que pena tengo…A mí me producen mucha risa sus opiniones con esas vocecitas a la par que ternura, porque imagino que yo cuando era niña también le haría los mismos comentarios a mi padre que era el que me llevaba al cine. Iba yo bajando los escalones de la sala, cuando una niña de unos 7 años (creo) se puso a bailar en las escaleras. No era el sitio más adecuado para ponerse a bailar porque bajábamos todos detrás, pero la niña estaba tan entregada a la canción y estaba bailando tan bien que cuando la madre la agarró del brazo y le soltó: “Deja de hacer el gilipollas”, no pude más que sentir que vaya mierda. Me explico. No estoy juzgando a la madre que estaría hasta las narices de soportar quizás a su hija salida de Top Dance durante toda la película, me fastidió el hecho de interrumpir diciendo “deja de hacer el gilipollas”. ¿El gilipollas, por qué? A mí me parecía que la niña estaba bailando porque en aquel momento estaba feliz, a mí me encantó la película y tengo 29 años, no quiero ni imaginarme a mí a mis 7 años y en esa sala gigante, después de haber visto semejante espectáculo visual, vamos, ¡pero si me dio muchísima rabia ver Frozen o Brave de adulta!

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Aunque quizás todos al leerme penséis que la razón la tiene la madre, voy a romper una lanza en favor de la niña. Si la chiquilla está superfeliz y animada porque le ha encantado la película o le está fascinando la canción (Ohhh dubiduuuu quiero ser como túuu) pues no le cortéis esa fantástica libertad que te da la infancia y la inocencia, de expresar en el acto como se sienten. No quiero juzgar a la madre porque yo no sé qué haré cuando lo sea, pero solamente recomendaría que no le hubiera dicho “deja de hacer el gilipollas”. Vivimos lo suficientemente cohibidos por normas, por convenciones sociales, por redes sociales, por el que dirán, por etc, etc, etc. Esa niña bailarina a sus 29 años ya no bailará en las escaleras del cine más, dejad que durante la infancia al menos se disfrute de la espontaneidad que caracteriza a los niños, hay mucha vida para ser recatados, educados, robóticos, perfectos, encorsetados, encarcelados.

Ohh dubiduuuu, quiero ser como tuuuuu, dubiduduraá…¿a ver quién podía resistirse a bailar eso?

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¿Qué has hecho?

“Se rompió. Se escuchó un ruido escandaloso por todo el pasillo, se le había caído la bandeja con el vaso de zumo. Su tía salió corriendo de la sala, con los ojos entreabiertos, la delataban que había estado de visita en el país de Morfeo.

-¿Qué has hecho?

-Esto…- y la chica no hizo más que señalar la evidencia con la mirada hacia el vaso roto, las galletas esturreadas y el líquido naranja disipándose en la alfombra.- Se me ha caído.

-¡Genial!, pero que torpe, ya lo estás limpiando.- se cruzó la bata y giró la cabeza de un lado a otro.

Los gestos de su tía, eran tan cómicos como amenazantes. Con tan solo un levantamiento de ceja, podía hacer sentir a su interlocutor, un verdadero panoli. Sus frases siempre eran sentencias dotadas de una verdad suprema. Pero en el fondo, se sabía que era una mujer de un gran corazón.

Limpió todo aquel espectáculo de cristales y comida. Y se fue a la cocina. La verdad era, que había tirado aquella bandeja con intención. No había sido ningún tipo de despiste o accidente. Pensó en tirar la bandeja y lo hizo. Río para sí misma, porque sabía que aquello no había sido más que una auténtica chiquillada. Pero, haber vuelto a tener cinco años en aquel instante, le había recargado la energía.”

Y así no somos más que responsables de nuestros actos, amos de nuestras sutilezas, perseguidos por las obligaciones de hacer lo correcto, de seguir las normas, de las rutinas y costumbres y a veces, nos gustaría cantar en el autobús, reír andando por la calle, gritar muy alto y mandar a la mierda en el acto, pero… necesitamos control, aunque sea un poco, para no ser unos anarquistas de las emociones. Aunque mientras que estemos aquí, gritar, reírnos, llorar o despeinarnos tienen que ser actos obligados. Así que, CARPE DIEM.

Quiero ser libre como la oveja Shaun y cantar en el pasillo del Mercadona

Soy de fácil aburrir, eso lo he heredado de mi padre. Quiero decir que me aburro con facilidad y no hay peor cosa en la vida que aburrirse. Aburrirse puede derivar en un montón de cosas a veces, muy poco productivas. Hay gente que cuando se aburre empieza a maquinar en contra de otra gente o se inmiscuye en la vida de los demás porque precisamente eso, se aburren. Yo no me aburro en ese sentido, yo no me aburro de las cosas y soy muy poco cotilla, me da mucha pereza meterme en la vida de los demás. Me gusta el cine y me ha gustado siempre, creo que me seguirá gustando, no me aburro de ver cine, ni me aburro de las personas que me gusta escuchar, ni me aburro de mi trabajo, ni me aburro de mi casa… Me aburro de la rutina.

Me aburro de la monotonía, me aburro de los hábitos, me aburro del despertador, dúchate, desayuna lo mismo, al trabajo a la misma hora, al baño a la misma hora, la manzana de media mañana, comida, vuelve a casa, el atasco en la misma zona, la misma canción en la misma emisora.

Yo soy de las personas que cree que la vida te ofrece algo diferente en cada instante, simplemente hay que estar pendiente de fijarse, estar atento y ¡pum! Verlo. Y sin embargo, yo que siempre me consideré una soñadora empedernida, a veces, me siento atada de pies y manos en esto que llamamos la vida cotidiana. A veces, simplemente no lo soporto y entonces me doy cuenta de que soy una James Dean de la rutina, una rebelde sin causa. Si mis compañeros van todos a las ocho y pico haciendo cola a por su café, la de la cafetería me mira y dice: ¿Y hoy tú qué?

Es cierto que no bebo café porque no me gusta, pero a veces, no tomo nada, otras veces pido una tostada, otras una palmera, otras pido una napolitana y otras, asalto a la camarera a diferentes horas a por una pulguita de jamón, porque yo soy así, ¡una rebelde!, ¡una antisistema! o mi estómago un ente insubordinado con más hambre que un perro chico a ciertas horas.

Cuando voy a hacer la compra, los de los estudios de los supermercados se volverían locos, porque aunque ellos quieran que compre lo que se supone que debo comprar e ir por el pasillo y haciendo el circuito lógico, yo no. Y ¡ojo! No lo hago aposta. Entro y me pongo a hacer diferentes circuitos cada vez e incluso vuelvo loco a mi husband (no me gusta la palabra marido y no me acostumbro) porque empiezo a experimentar con la lista de la compra y él que es un poco “alemán” para ciertas cosas, me mira atónito como si fuera una William Wallace gritando: “Pero jamás nos quitarán la libertad” con los yogures de otra marca en la mano y de otro sabor a ser posible. Porque no puedo seguir con “El día de la Marmota” una y otra vez, si quiero yogures de limón me los compro y si otro día quiero yogures griegos pues los cojo. Llevo la aventura en la sangre, a mí me van los chutes de adrenalina.

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El otro día que vi “La oveja Shaun” y empezaba con el día a día en la granja, todas las ovejas hacían una y otra vez la misma rutina y esta oveja un día se harta y la lía parda para salir de la rutina como sea. Y yo pensé: yo soy como esa oveja. Pero luego te das cuenta de que la rutina es muy cómoda y que salir de tu zona de confort, eso que se ha puesto tan de moda, explora, arriesga, gana! A veces, da un poco de miedo… o no. Siempre he creído que en la vida hay que asumir los riesgos y que los cambios mientras que no impliquen cambios graves de salud, son siempre para desafiarnos, porque vamos, un poco de “vidilla” no está mal ¿o qué?

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Por eso creo que soy muy feliz de vacaciones, cuando puedo tener mi período propio de exploradora, de sorprenderme con nuevas comidas, nuevas calles, nueva gente, cuando soy independiente y ningún reloj me marca un horario que seguir. Y mi madre que siempre es muy razonable y muy realista siempre me dice: “¿Y nena qué quieres? La vida es así no es emocionante, ¿qué prefieres no tener rutina?” y yo me siento como cuando tenía quince años y soñaba despierta, intentando crear un mundo mucho mejor, cuando aún pensaba que los políticos luchaban por y para un pueblo, cuando la utopía y el idealismo de vez en cuando merendaban conmigo, cuando el mundo adulto aún no ocupaba todos mis movimientos.  Quizás sea por eso, que me gustan tanto los niños, porque son libres, porque si quieren silbar, silban, porque si quieren saltar, saltan y porque si quieren cantar, cantan y yo echo de menos esa libertad. Quiero cantar en alto en el Mercadona, ¿qué pasa? Que se me ha metido una canción en la cabeza y no puedo parar de cantarla. ¿Algún problema?

Y así finalizo mi texto, que hoy me toca hacer la compra y creo que, voy a jugar un poco al despiste hoy también con los de las cámaras del super, a ver si tienen huevos a meterme en estadísticas, en encuestas y en canones de lo que hace la gente normal. ¡Ja!

Propósitos de Año Nuevo

Yo sí soy de las que cumplen propósitos cuando digo de hacer uno. Un año me propuse conducir con regularidad, otro adelgazar, otro dejar de comerme las uñas…y este…este va a ser el año en el que por fin, aprenda a cocinar.

Los Reyes Magos me han traído un set de tazas y libro para hacer Mugcakes (muy sano y nutritivo), cuatro libros con 30 recetas para postres de Nutella, Leche Condensada, de Coca-cola (esto ya es megasano), una licuadora y el producto estrella el vaso batidor que es algo superfashion en la cocina. Seguro que las Kardashians tienen todas un vaso batidor para hacer zumos D-Tox verdes de esos…

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Por cierto, el zumo de zanahoria y manzana está asqueroso, hay mezclas que es que por más que las mires, no casan, son divorcios anunciados, son la antiquímica de la cuisine.

El otro día, vi la final de Masterchef Junior y salió el juego y yo pensé para mí, pues el juego no me vendría mal y justo dijo mi chico, “Estuve a punto de comprarterlo pero no sabía si te ibas a ofender”. Será que yo soy aquí Martin Berasategui, porque vamos…yo necesito todo tipo de artilugios culinarios que me hagan más fácil eso de meterme entre fogones. Pero lo que realmente necesito es imaginación y la virtud del “a ojo” que tiene mi madre y el saber combinar sabores.

Una vez me llevé al trabajo una especie de estofado de zanahorias mediocrudas con cebolla rehogada y tomate frito. ¿Qué os parece? Necesito ayuda, ¿verdad? otro de mis platos estrellas fue una vez llevarme directamente la bolsa de la ensalada del súper, con una lata de atún a parte y un tomate, lo saqué todo y mi compañera me dijo-Nena, necesitas cocinar urgente, eso es muy triste-y tenía toda la razón. Porque lo que no se puede, jamás de los jamases, permitir es que una persona que ama la gastronomía por encima de todas las cosas, que poner la mesa me pone de buen humor y que con oler un guiso de mi madre se me saltan las lágrimas, no sepa cocinar.

Y que en la parrilla televisiva no haya más que “Masterchef”, “Top Chef” y yo me sienta más cerca de los que les echa la bronca Txicote en el otro programa de cerdos que demandan KH7 por toneladas. A ver, en el sentido de cocinar, que no sé…porque tener esas cocinas con más mierda que el palo un gallinero creo que es imposible o de un nivel Mastercerdo o Top Cerdo impresionante.

Yo quiero ponerme a cocinar y que mi imaginación sea libre como lo es cuando tengo que enfrentarme a una hoja vacía de este blog. Yo quiero sentir el olor en mi nariz acariciando mi mejilla y que diga, “Virgen santa, como huele esto”. Yo quiero dejar de aderezar mis platos con tomate frito, quiero hacer un sofrito!!! I want to believe!!!

Así que…como no será ya por libros para apuntar recetas, recetas para postres, vaso batidor, licuadora, batidora, horno y todo un mundo de tutoriales en youtube para dummies, mi próposito para este año 2016 que cumpliré 30…muy a finales y ya era hora, quiero aprender a cocinar. ¿Y cuáles son los vuestros?