Braveheart, épica por naturaleza.

“Podrán quitarnos la vida, pero jamás nos quitaran la LIBERTAD…” y así con esas palabras en ese preciso instante, siendo una niña encontré el mensaje más motivador que jamás nadie ha podido darme y venía dado por un Mel Gibson en la piel de un bravo guerrero. En la piel del personaje que hasta la fecha más me ha impactado. El escocés William Wallace.

Creo que nadie puede negar que Braveheart es la obra maestra de Gibson, tanto como director y como actor. Quien la haya visto no creo que pueda olvidarse fácilmente de ella, porque cada secuencia en sí es una verdadera joya, llena de grandes planos y grandes citas, que inevitablemente se graban en la retina. Tan sumamente bien documentada, con un vestuario espectacular y unas recreaciones sobre todo en las batallas como de las mejorcitas del cine, por su tan impactante y poco hipócrita realismo. Muchos pensaran que son mejores las que se recrean en “El señor de los anillos” pero las batallas que se recrean en Braveheart, son exactamente iguales a como las describen en los poemas celtas de la época. Realmente, las escenas en el campo de batalla son de las escenas más memorables de la película, al igual que el famoso discurso, el más épico y el más imitado además de parodiado. Pero, a pesar de las mofas, ¿no es realmente increíble que nadie pueda negar que no se te ponga la carne de gallina al oírlo?

Braveheart es un mensaje en sí misma. Los valores celtas resurgen a cada paso que da la película, al igual que la genial banda sonora que te embriaga de un cálido folklore escocés. William Wallace es el personaje que todo actor quisiera para darse a conocer, para lucirse. Un guerrero inteligente, culto, conocedor de idiomas en esos tiempos. Del lenguaje de la corte, de las lenguas ancestrales. Forjado en la batalla y ágil con la espada. El más cortés de los hombretones que aparecen durante toda la película, capaz de cautivar con palabras y unas miradas tan llenas de pasión a la princesa infeliz por haberse casado con un pelele. La preciosa historia de amor que lleva a Wallace internamente a camuflarlo de nacionalismo por su patria, para luchar contra los ingleses. Perdón, las historias de amor, su primer amor con tan trágico final y la princesa enamorada de la pasión que despierta cuando habla, cuando lucha, cuando expresa sus ideales ante ella, sin agachar la mirada, demostrando su coraje. Temas, como la traición, esa escena cuando Wallace descubre como uno de los hombres, Robert The Bruce, en el que confiaba plenamente le traiciona. Esa escena que te desquebraja por dentro, al ver en esos ojos como la traición es uno de los platos más amargos que jamás esperamos que nos sirvan.

Braveheart transcurre impactando desde que comienza hasta que acaba, superándose así misma con cada escena que pasa, porque la intensidad no se tambalea ni en las escenas más suaves. Es épica desde que empieza hasta que acaba. Las batallas son sobrecogedoras, las citas imponentes y las actuaciones de un gran valor interpretativo. Sophie Marceau quizás en su papel más aprovechado de su carrera, como la valiente princesa.

A pesar de haber pasado tanto tiempo desde su estreno, la volví a ver de nuevo, y descubrí escenas memorables y palabras inolvidables. Como cuando el noble Bruce dice “Sangrasteis con Wallace. Ahora sangrad conmigo”, tan falto de ser admirado y motivador como lo era William.

No me parece en absoluto, que haya perdido con el paso del tiempo, es más, podría afirmar que le pasa lo mismo que al vino, mejora con los años. Porque podemos apreciar, como de arriesgado fue el debut en su momento de Gibson, tanto en la dirección como en su interpretación y guión.

Braveheart se resiste al tiempo, se resiste en caer en el saco de grandes películas olvidadas, es como el pañuelo que la preciosa Murron le da a William, y suelta cuando al final, tras resistirse y aguantar la tortura, por fin, consigue reunirse con ella. Es en ese momento, el final de la emoción, de la lucha por Escocia, de su lucha interna. El final del guerrero, pero no el final trágico y para siempre, ya que la escena final cuando vuelven a luchar y arriesgar la vida, por Escocia y en memoria de William Wallace, es entonces cuando aparece el plano apoteósico de la espada que es lanzada y se clava en la tierra tambaleándose en mitad de la batalla. El espíritu de Wallace, siempre permanecerá donde no pudo perderse, porque no murió luchando físicamente, murió asesinado por ser fiel a su corazón bravo y tan henchido de valentía. Sé que aunque es una película que suele “caer bien” a la mayoría tiene sus detractores, aquellos que dicen que la película es algo egocéntrica y demasiado violenta, no me olvido. Pero me es imposible, darle una mala opinión, a esta película que tanto me marcó. Porque todos tenemos una película con la que siempre nos emocionamos o nos motivamos y Braveheart es la mía. Y para terminar la frase que más me gusta de todo el largometraje, la que a mi ver más traspasó como un gran consejo en el momento que la escuché: “Tu corazón es libre, ten el valor de hacerle caso”.


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4 thoughts on “Braveheart, épica por naturaleza.

  1. CoreySS mayo 21, 2008 / 12:11 am

    Raro que no lo hubieras hecho antes, Encarnymcida 🙂

  2. Javier octubre 31, 2008 / 1:33 am

    Sin palabras para la escena en donde es traicionado por Robert the Bruce. Ese momento te desgarra por dentro. La mejor pelicula que vi.

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