Las humanidades se mueren

Vivimos en la sociedad en la que la serie británica “Black Mirror”, no queda tan lejana como podríamos creer. Vivimos controlados por nuestros dispositivos móviles y en la vorágine tecnológica. Donde el GPS nos hace cada día saber orientarnos menos, dónde las redes sociales nos hacen exponer toda nuestra vida, qué comemos, a dónde vamos, nuestra ropa, nuestros pensamientos. La tecnología nos ha ayudado, pero a la par, nos hace más cómodos, más tontos y menos libres. Vivimos en una época en la que las estaciones de metro se han estado llamando “Vodafone-Sol” y solo nos falta que las constelaciones de estrellas formen anuncios como en ese capítulo de Los Simpsons, siempre tan visionarios.

Ayer leí este artículo en el que nuestro actual gobierno, vuelve a la carga y ha guillotinado la asignatura de Literatura Universal de las aulas y por ello, ya no aparecerá en Selectividad tampoco. Me da mucha pena. Me da una sensación de desazón tremenda, porque si ya el número de lectores en generaciones más jóvenes está descendiendo, con esto es simplemente apretar la soga más fuerte directa a una muerte anunciada. Las humanidades se mueren, es un hecho. La habilidad de escribir, de recuperar textos, de conservar los idiomas, de amar las letras, está muriendo. La creatividad está desapareciendo porque la nada (esa de la que hablaba Michael Ende en La historia Interminable) en forma de app móvil la está engullendo. Estamos en un mundo donde prima más estudiar algo para producir, para convertirnos en soldados de las empresas, en formar partes de sus filas y seguir produciendo, produciendo, un número más, ser un robot como el pequeño Wall-E de Pixar, recolectar basura pero seguir aireando nuestras miserias o nuestras farsas en Facebook. Y mientras tanto,  Cervantes, Shakespeare, las Brontë, Lorca, Baroja, Unamuno, Dickens, Tolstoi, Irving, entre tantos otros, se van disipando y convirtiendo en nombres de una época que ya no existe. En algo que no es “cool” que no se puede elegir en “Netflix”. El esfuerzo de abrir unas páginas, de oler el libro, de inventar, de hacer que tu cerebro lea 50 páginas del tirón, eso ya es cada vez más espejismo de un tiempo pasado. Estoy pesimista, sí. Porque condenar a la literatura, es condenar al arte, condenar a los futuros Julios Vernes, a los Miguel Hernández, a los Isaac Asimov, a las Mary Shelleys, a las Virginia Woolfs, es matar lo más bonito que tiene el ser humano. Matar el futuro de tantas historias, y también relegar tantas otras historias que marcaron una época, que reflejaron en sus novelas los movimientos sociales del momento (o no) en el que se escribieron.

Por favor, hablamos de leer.  ¡Ah no!, que la literatura nunca fue importante…la literatura no es práctica, no entra en el business, no es cool, no produce dinero. La literatura es libertad y eso en estos tiempos que corren, no es negocio.

Primero fue la filosofía y ahora la literatura. ¿Hacia dónde vamos?

Cerraré mi pena y mi indignación con una gran frase de Robin Williams en “El club de los poetas muertos” que a mí parecer lo resume todo:

No olviden que a pesar de todo lo que les digan, las palabras y las ideas pueden cambiar el mundo (…). Les contaré un secreto: no leemos y escribimos poesía porque es bonita. Leemos y escribimos poesía porque pertenecemos a la raza humana; y la raza humana está llena de pasión. La medicina, el derecho, el comercio, la ingeniería… son carreras nobles y necesarias para dignificar la vida humana. Pero la poesía, la belleza, el romanticismo, el amor son cosas que nos mantienen vivos“.

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Libros sobre el País Vasco

Si leéis mi blog, sabréis que le tengo mucho cariño a esta región. Una de mis ciudades favoritas es San Sebastián, siempre siento una sensación de enamoramiento cuando paseo por La Concha y me gusta conocer sus lugares mágicos fuera de Gipuzkoa también como San Juan de Gaztelugatxe, sus increíbles bosques y su ruralidad, etc, etc.

Con el gran éxito de “Patria” de Fernando Aramburu, la gente se ha acercado un poco a la cultura y literatura de Euskadi. Y con el taquillazo de “Ocho Apellidos Vascos” y la serie “Allí abajo”, los vascos se han ganado la simpatía de mucha gente, pero a base de topicazos, eso sí. Como andaluza que aguanto cada vez que me presentan a alguien : “olé, olé miarma, arsa”, creo que los vascos ahora nos están comprendiendo un poco porque ni son todos de Bilbao, ni todos hablan con un mecagoenlaostia pues, detrás de cada frase.

Hace tiempo que siempre que entro a una librería o en alguna feria del libro, sin quererlo me topo con algún libro que cuenta cosas sobre el País Vasco y al final siempre termino llevándomelo a casa. Aquí os dejo algunos:

-“Pintxos, Nuevos cuentos vascos“. Este estaba mirando el catálogo del Círculo de lectores y me llamó la atención su portada con el Peine de los Vientos y me lo pedí. Es una recopilación de cuentos como indica su nombre. Como en todo libro recopilatorio, algunos son más entretenidos e interesantes y otros menos. Creo que me aburrió un poco, la verdad.

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-“Zalacaín, el aventurero” de Pío Baroja. Este libro no necesita presentación, es un clásico. Recuerdo que me encantó, pero es que incluso recuerdo haberme reído con el libro. Tengo ganas de releerlo para saber sí sigue causándome el mismo efecto, porque lo leí en años de instituto y guardo el buen recuerdo, pero ya ha llovido desde entonces.

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-“Obabakoak” de Bernardo Atxaga. Un libro que cuenta diferentes historias con diferentes personajes, en el que poco a poco vas cogiéndoles cariño y vas viendo como las historias de cada uno cobran sentido. Al principio me pareció un poco lento, pero luego va cogiendo algo más de agilidad. Sí que es cierto, que la novela muestra muchos silencios, cosas que no se hacen, la búsqueda personal, misterios del pasado y personalidades introvertidas, por eso será que al libro le cuesta arrancar… Existe también la versión cinematográfica “Obaba”, dirigida por Montxo Arméndariz.

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-“The Basque History of the World: The Story of a Nation” de Mark Kurlansky. Este libro lo encontré en un mercado de libros de segunda mano y se vino conmigo a casa. Me lo leí en inglés y me pareció muy interesante. A pesar de ser un libro constituido por capítulos en plan : historia, lengua, cultura, historia reciente, que podría sonar de lo más peñazo. El autor escribe de una manera muy ágil y las páginas se te pasan en nada, porque hay bastante datos curiosos sobre el País Vasco y su cultura. Pero claro, como todo libro específico sobre un lugar, te tiene que llamar la atención el lugar en sí, porque a lo mejor si llega a ser de otro sitio, no me da ni por comprarlo ni mucho menos leerlo.

Tengo pendiente leer, “El silencio de la Ciudad Blanca” de Eva G Saenz de Urturi. Que nada más ver en la portada la preciosa plaza de Vitoria, pues ya me entran ganas de leerlo.

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Como veis, ahora me ha vuelto a dar por la lectura, así soy yo que cuando me da, me da.

 

 

 

 

Libros, Libros

Este año me dije que iba a leer, que iba a recuperar ese hábito tan maravilloso con el que me relajo y me evado de la rutina. Con el que viajo pero no en una compañía de bajo coste, si no en primera clase. Y este propósito va viento en popa y aquí os traigo los que me he podido leer desde Enero hasta ahora, y espero poder agrandar la lista.

– “Te esperaré toda mi vida” de Megan Maxwell. No había leído nada de esta autora, este libro me lo dejó una compañera y es un libro que se lee en una tarde casi. Es bastante divertido, es como una película de estas románticas que cumplen bastante bien su cometido, que es entretener sin muchas pretensiones. Una lectura de piscina que de vez en cuando se agradece. Son tres chicas que viajan a Escocia y de repente, se ven trasladadas a la Escocia del siglo XVI. Viven bastantes peripecias y me pareció simpático.

-“Sígueme la corriente” también de la misma autora. Este no me gustó nada, me pareció una telenovela total, incluso me resulto repipí y demasiado tonto, pero imagino a quién le gusten las historias enrevesadas de amantes, amigos y la típica protagonista pizpireta y un poco tontita que se lleva al rico y guapo, pues esta novela le gustará.

-Trilogía del Baztán, “El guardián invisible”, “El legado en los huesos” y “Ofrenda a la tormenta” de Dolores Redondo. Mucho y bien se ha hablado ya de esta famosa trilogía. Estoy terminando la tercera entrega, (el mejor para mí gusto) y la verdad, que los he disfrutado mucho. Me gusta su protagonista, Amaia Salazar y todo su núcleo familiar. Pero lo que más me gusta es como la autora da vida a toda ese valle, con esos crímenes y te mantiene pegado a sus páginas. Me ha encantado conocer más sobre mitología vasca, que es un tema que me apasiona, por apasionarme también esta región.  De lo más recomendable. La película me dejó un poco fría, me quedo con el libro sin lugar a dudas.

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-“El Lector” de Bernhard Schlink. Este es un libro cortito de un autor alemán, que también se devora en apenas un par de días. Divido en dos partes, la primera parte me encantó, la segunda es donde más se descubre toda la trama y la parte sorprendente. ¿Mi problema?, había visto la película también con el mismo nombre, en la que Kate Winslet hacía de Hannah y le valió el Oscar por ello, está fantástica. Mientras leía la novela, la veía a ella y me parece que recrea una Hannah espectacular, tal y como aparece en las páginas del libro. Una mujer que oculta algo, de movimientos lentos y miradas misteriosas que sin decir mucho, dice tanto. Una lectura de lo más recomendable, pero como digo, primero leer la novela y luego ver la película.

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-“The time of my life” de Hadley Freeman. Este es un libro divido en varios ensayos sobre películas de los 80 como “Dirty Dancing”, “La princesa prometida”, “Cazafantasmas” e incluso “Regreso al futuro”. Si bien es cierto que la autora ya lo avisa al comienzo que no va a seleccionar las míticas películas de los 80, nos hace un análisis sobre temas como el aborto, feminismo, machismo en diferentes películas de esta década. Si os gusta el cine y en especial, el cine de esa (para mí) mágica época, os gustarán estos ensayos. Aunque en este caso, es más que recomendable haberse visto las películas seleccionadas, para poder entender mejor los comentarios de la autora.

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– “Patria” de Fernando Aramburu, este libro al que le dedico un post entero. Lo leí en varios días porque es un poco largo y en el formato libro físico, al ser tantas páginas me cuesta un poco tenerlo en una buena postura para leer. Si leéis mi post, me encantó. Un libro muy necesario, con una prosa genial.

Y dentro de poco terminaré “Ofrenda a la tormenta”, me gustaría terminar algún día “New York” de Edward Rutherfurd que se me ha atragantado. Y en cola tengo algunos títulos como “Forastera” de la serie Outlander. Me gustaría releer “Heart of darkness” de Joseph Conrad porque al verme la serie de “Taboo” de la HBO y con Tom Hardy como su protagonista, me ha recordado…

¿Y tú que estás leyendo? ¿Recomendaciones?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“Patria” debería ser lectura obligada

Hacía tiempo que no se me caían las lágrimas leyendo un libro y no me malinterpretéis, no es un libro que busque precisamente eso, pero sí que es cierto que hay que ser muy insensible para que ciertas líneas, ciertos capítulos no te lleguen al alma, después de haber vivido tantas veces tremendas noticias en la tele durante mi infancia, cuando ETA mataba.

Si había una palabra que me causaba auténtico terror de niña y me provocaba pesadillas era ETA. Aún recuerdo cuando mataron a Tomás y Valiente, Gregorio Ordoñez, yo apenas una niña, escuchaba en los informativos con pelos y señales como habían asesinado a sangre fría a estas personas. Creo que el secuestro y posterior asesinato de Miguel Ángel Blanco me dejaron muda y atenta a las noticias como imagino que a media España o España entera y también recuerdo impactada las imágenes en la televisión de tanta gente manifestándose: No al terrorismo. También me recuerdo escribiendo sobre la paz, cuando a mis infantiles oídos llegó la noticia de que habían liberado a Ortega Lara.

“Patria” no va de ETA en sí. La novela de Fernando Aramburu, primera novela que leo de este señor y voy a buscarme las demás, nos cuenta la historia de dos familias vascas, del pueblo, ¿qué pueblo? pues no sé, uno Gipuzkoano seguro. Uno de tantos pueblos donde había que ir a las manifas, a las herrikotabernas, aparecer y que nadie te señalara con el dedo, ir para que pensaran que eras un jugador más de ese partido por la liberación de “Euskal Herria”. “Patria” nos habla de la familia del Txato, un pequeño empresario de una flota de camiones y euskaldun y su mujer Bittori, también del pueblo con sus hijos : Nerea y Xabier. La familia de Miren y Joxian y sus hijos : Joxe Mari, Arantxa y Gorka. Familias normales del País Vasco que fríen anchoas para cenar y que cuando hablan en castellano utilizan el condicional en vez de subjuntivo, juegan al mus, van al monte y les encanta la bici. Familias que gustaban de vivir tranquilas, de disfrutar de sus hábitos vascos, de ir a comprar a la carnicería, hablar un rato con los vecinos, trabajar en la huerta o ir a San Sebastián a merendar churros. Simplemente vivir la rutina diaria.

Esta novela tan necesaria se divide en pequeños capítulos que van entremezclando las historias de las dos familias y de sus componentes, con sus historias individuales, sus sueños, sus amores, sus pensamientos y sus ideologías. Y por supuesto, como ETA irrumpe en la amistad de ambas familias, como aparece la extorsión, como una amistad se va desquebrajando por el sinsentido del panfletismo nacionalista, cuando había que ser parte de la masa y los vecinos te retiran la palabra, para que nadie pose sus ojos sobre ti, ni sobre los tuyos, para vivir tranquilos, anónimos, ocultos, presos en las calles de su propio pueblo.

-Yo siempre os he apreciado mucho, pero no os podía hablar en ese momento, porque ya sabes…para que no me relacionaran con vosotros. Y Bittori les mira y piensa para sí: “¿Y a mí ahora esto de qué me sirve? “el Txato” ya no está, me lo arrebataron”.

La cobardía de lo individual ante la presión asesina. ¿Se puede juzgar el comportamiento de alguien que está siendo manipulado por el miedo?

“Patria” invita a la reflexión. Invita a conocer las costumbres del País Vasco de pueblo, de la sociedad más alterada por la publicidad de los radicales, el miedo de los ciudadanos que simplemente pasaban de la política, que no les importaba ir a Logroño, porque no sentían que fueran más “españoles” que ellos, simplemente que eran parecidos.

Esta novela retrata de una manera natural y a veces, hasta cómica, la personalidad de los diferentes personajes, hasta tal punto que parece que uno mismo conoce las casas de Miren o Bittori, o que sufre con Arantxa en su enfermedad. Está tan ágil y bien escrito, que su lectura es bastante fácil a pesar de sus seiscientas y pico páginas, todo parece transcurrir como un capítulo largo de historia reciente de nuestro país.

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He disfrutado la novela, porque conozco el País Vasco y porque he visto reflejadas muchas de las costumbres y formas de ser que tienen, que aunque siga pasando el tiempo, me siguen sorprendiendo a veces. Esa forma de dirigirse a los demás : “Este o esta me ha dicho de venir por aquí…” y tú piensas: ¿Este al que llamas este, te refieres a tu hermano?, ¿a tu marido? a mí siempre me suena despectivo, pero los vascos hablan así. Parecen enfadados en la mayoría de las veces, pero son gente noble y de buen corazón, siempre dispuestos a ayudarte y a darte de comer como si llegara el fin del mundo. La imagen que más tengo en mi retina es el típico hombre vasco con la barra de pan envuelta en el papel de periódico y esa estampa bajo el “xiri-miri”, la gente de “txikiteo” en la terraza de los bares, cayendo chuzos de punta, que para ellos es simplemente “estar al fresco” mientras yo andaluza, me congelo.

Leyendo la novela desde el punto de vista de Andaluza pero conocedora de Euskadi, lo único que veo es que realmente somos sociedades muy distintas, con costumbres diferentes. Aunque mi abuelo andaluz y mi yayo castellanovasco también tenían en común eso de echarse la siesta, porque ambos madrugaban muchísimo. Pero mi abuelo Pepe, desayunaba su café y tostadas y comía mucha fruta y mi yayo Jose Mari, se comía un filetón de ternera a las seis de la mañana. Uno trabajaba bajo el sol sureño y el otro, conducía el camión hormigonera entre las nieblas y paisaje de Gipuzkoa, pero al final, no eran más que dos hombres que vivían en diferentes regiones, que trabajaban y trabajan para dar de comer a sus familias. Solo que mi abuelo Pepe, vivía tranquilo y sin temas políticos en su vida y mi yayo Jose Mari, era de los que tenía secretos para que precisamente nadie le tachara de nada. Vivir en libertad, ¿hay algo más importante qué eso?

Creo que este libro como ya he comentado antes, merecería tener un hueco en los institutos, no solo porque defiendo que hay que animar a la juventud a leer, si no porque también pienso que este capítulo de la historia reciente, no debería caer en el olvido. He recomendado este libro a mucha gente y entre ellos amigos vascos y son estos amigos, los que me han dicho “Ni de coña”, curiosa reacción. Han vivido tan saturados con el tema, que no quieren leerla, no quieren saber del tema. Me han contestado cosas como : “buah, que pereza”, “lo que me faltaba ya por leer”, etc…pero sigo pensando que deberían darle una oportunidad. Cuando terminas el libro, es inevitable que no se crucen miles de pensamientos. Yo ya lo considero uno de mis libros favoritos. Me alegro haber empezado el 2017 lector de esta manera y con esta pedazo de novela.

 

“Diario de una volátil” de Agustina Guerrero

¿ Quién no ha terminado una relación y tener (querer) comenzar de nuevo? Encontrar tu lugar y qué hacer con tu vida, reencontrarse con uno mismo. Pues así comienza “Diario de una volátil”, a través de simpáticas ilustraciones, viajaremos con su protagonista por diferentes situaciones y pensamientos cotidianos de la vida moderna.  Desde establecer nuevos comienzos y a dónde dirigir nuestro futuro profesional, sin abandonar nuestros ansiados sueños hasta sentirnos viejos con apenas treintena años. Reconozcamos que todos o todas nos hemos sentido un poco como la protagonista de camiseta a rayas de este cómic o historia gráfica. Todos hemos tenido relaciones fallidas, todos nos hemos perdido y encontrado por el camino, intentado hacer ese viaje introspectivo a una isla exótica para volver con las ideas algo más claras, aunque al final sigamos siendo esos niños adultos con temores a lo desconocido y a los cánones establecidos por esta sociedad.

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Agustina Guerrero nos plasma en sus ilustraciones de una forma cómica y simpática, todos esos pensamientos y emociones de la vida diaria. Y sabemos a a través de sus dibujos, que todos nos hemos sentido de alguna manera u otra, exactamente así. Todos hemos cerrado los ojos y pedido un deseo al ver pasar una estrella fugaz esperando tontamente por segundos, que ese deseo nos cambie la vida a mejor.

“Diario de una volátil” puede digerirse en un rato tranquilo, apreciando los dibujos y dejándose contagiar por esa naturalidad que se plasma en cada página de lo que es a día de hoy, la vida de una treintañera normal. Ni más, ni menos. Natural como la vida misma, real realidad de forma agradable y divertida. Muy recomendable esta ya segunda edición de este libro de la editorial Lumen.

 

De los casi 30, consejos y Sagitarios…

Yo no soy de dar consejos. Nunca me ha gustado que me digan lo que tengo o debo hacer, porque creo que cada uno es lo suficiente diferente para que los consejos entren por un oído y salgan por otro y también se da eso de que cada uno vive su vida a su manera, cada uno es libre de poder decidir ligeramente dentro de estos margenes sociales tan apretados. Libres, libres, no somos, pero decidir poner el despertador diez minutos antes o no, estudiar un máster o no, quedarme en España o mudarme fuera, casarme o no, vivir de alquiler o comprar una vivienda, etc…pequeñas decisiones que nos hacen sentir importantes o que tenemos el control de nuestras vidas. Luego resulta que la vida es lo suficientemente sobrenatural para decirte que no. Que el dueño es ella y no tú. Que ella puede dejarte hacer dentro de unos límites y que es ella la que manda, a veces, te da pequeños toques de atención y otras muy grandes.  Y tú si quieres la escuchas o no, porque de vez en cuando hay que ser rebelde sin causa, a veces, no aceptamos un no por respuesta, hasta que no te hayas dejado la piel en ello, hasta que no se hayan agotado todas las opciones, hasta que no esté exhausta de haber luchado. Yo no soy de tirar la toalla tan pronto. Nunca lo he sido, nunca soy y nunca lo seré y si llega ese momento, es que estoy totalmente cansada y no puedo más. Pero siento citar a Coelho, pero yo creo que tiene que ser cierto en alguna pequeña manera de que lo que algo se desea con fuerza, tiene que acabar por rozar la realidad.

A mis casi treinta años, creo que el único consejo que puedo dar es que todo el mundo debe ser guardián de pequeños secretos. Necesitamos escucharnos a nosotros mismos, necesitamos mimarnos y hablar con nuestra voz interior, tranquilizarla y ser nuestros mejores amigos, porque para hacernos daño, ya está todo lo demás. Había una frase que me gustaba mucho en mi adolescencia y aparecía en mi “estado de msn” (va pasando el tiempo, sí…) y era: el que domina a muchos es poderoso, pero el que se domina así mismo es invencible. Lo sigo pensando. Controlarse a uno mismo es lo más difícil del mundo porque somos simples e imperfectos humanos, pero se puede, no siempre, pero en su mayoría se puede.

A mis casi treinta años, creo que he aprendido a explotar cada momento, con intensidad, sintiendo en mis poros todo aquello que deseaba. He reído con ganas, he llorado hasta quedarme dormida, he sufrido y he gritado. He peleado, he escuchado y he aprendido, muchooo. Y he aprendido que hay que relativizar las cosas, que hay que cambiar de perspectiva, que cuando te estampas, te levantas y que cuando te frustras, solamente hay que respirar y dejar ese pensamiento de lado y un minuto más tarde, solo un minuto más tarde, la solución estará a tu lado poniendo su mano en tu hombro, porque frustrarse por chorradas, es la mayor estupidez humana. ¿Sabíais que el ser humano desperdicia su tiempo pensando en cosas que quizás jamás pasen? y sin embargo, sufrimos con esos pensamientos de cosas irreales, de situaciones que hacemos complicadas mentalmente y que nunca tendremos por qué plantarles cara o que si se la plantamos no eran para tanto.

He descubierto que sé salir hacia delante, que tengo una fuerte  capacidad de improvisación y que si por un camino no, será por otro. Me gusta salir de los límites de la rutina y de los límites que me imponen, me gusta pensar que soy lo suficiente aventurera para poner en marcha adrenalina aunque sea un poco en mi día a día. Y ese arrojo propios de los Sagitarios y del romanticismo absurdo, muchas veces, nos impulsa a mirar detrás de nuestro hombro en cada momento, de pisar fuerte pero no desafiante, a reírnos de nosotros y de todo, de mirar porque queremos creer y a buscar más allá. Y por supuesto, nos emocionamos con cosas tontas, nos inspiramos y nos creemos artistas, artistas vagos, pero artistas.

Quería escribir esto simplemente para compartir que nadie os diga que es lo que tenéis que hacer antes de los 30, ni de los 40, ni de los 20, ni de los 105…cada uno elige su destino, cada uno tiene que ser capaz de equivocarse, aceptar un consejo, pero no siempre seguirlo fielmente, porque no somos marionetas y si todos seguimos consejos, nadie se equivocaría y es muchas veces de los errores donde nace lo mejor de nuestras vidas. Quizás no siempre, pero quizás más veces de lo que creemos pensar. Y por cierto, sigámonos riendo.

¿Qué has hecho?

“Se rompió. Se escuchó un ruido escandaloso por todo el pasillo, se le había caído la bandeja con el vaso de zumo. Su tía salió corriendo de la sala, con los ojos entreabiertos, la delataban que había estado de visita en el país de Morfeo.

-¿Qué has hecho?

-Esto…- y la chica no hizo más que señalar la evidencia con la mirada hacia el vaso roto, las galletas esturreadas y el líquido naranja disipándose en la alfombra.- Se me ha caído.

-¡Genial!, pero que torpe, ya lo estás limpiando.- se cruzó la bata y giró la cabeza de un lado a otro.

Los gestos de su tía, eran tan cómicos como amenazantes. Con tan solo un levantamiento de ceja, podía hacer sentir a su interlocutor, un verdadero panoli. Sus frases siempre eran sentencias dotadas de una verdad suprema. Pero en el fondo, se sabía que era una mujer de un gran corazón.

Limpió todo aquel espectáculo de cristales y comida. Y se fue a la cocina. La verdad era, que había tirado aquella bandeja con intención. No había sido ningún tipo de despiste o accidente. Pensó en tirar la bandeja y lo hizo. Río para sí misma, porque sabía que aquello no había sido más que una auténtica chiquillada. Pero, haber vuelto a tener cinco años en aquel instante, le había recargado la energía.”

Y así no somos más que responsables de nuestros actos, amos de nuestras sutilezas, perseguidos por las obligaciones de hacer lo correcto, de seguir las normas, de las rutinas y costumbres y a veces, nos gustaría cantar en el autobús, reír andando por la calle, gritar muy alto y mandar a la mierda en el acto, pero… necesitamos control, aunque sea un poco, para no ser unos anarquistas de las emociones. Aunque mientras que estemos aquí, gritar, reírnos, llorar o despeinarnos tienen que ser actos obligados. Así que, CARPE DIEM.