Sagardoa

Era una botella elegante, de cuello fino y de esbelta forma. El tapón de corcho se ajustaba perfecto al estrecho orificio. El verde vidrio era capaz de reflejar cada lágrima de aquella joven que lloraba amargamente.

 

Había terminado la botella de sidra. Resistiéndose a ello, a abandonar aquel sabor agridulce; y aun así, se había acabado. Ya no había más de aquel zumo de manzana. No dejaba de ser un recipiente con una bebida en su interior. Y sin embargo, viendo que el elixir se terminaba, brindó por sí misma y tomó el último trago a su salud.

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Después de unos minutos en la solitaria mesa de su salón y las mejillas ligeramente ardientes, decidió coger la botella y recoger el vaso. Se acercó al cubo de la basura y entonces titubeó. Una punzada en el estómago hizo que conservara aquel frío cristal. La guardó.

 

El vidrio era verde, llameante, un verde en el que podía contemplar sus ojos tristes. La botella albergaba recuerdos de un sitio lejano. Había llegado a sus manos, como un regalo.

 

Le hizo sitio en una estantería. Cuando observó la estampa, supo que era un hecho ridículo y estúpido. Una estantería de forja que protegía decenas de libros, estaba acogiendo a una botella vacía de sidra. La botella se asomaba de forma extraña y fuera de contexto. Sin embargo,  allí se quedó.

 

Pasaron varias semanas, la botella siguió como un adorno más. La ilusa muchacha mantenía en aquel objeto miles de palabras, de risas, el olor del mar, podía ver reflejado el mar y sus olas allí dentro. Y sentía al mirarla como la lluvia podía empaparle los pies y llevarla de nuevo, al centro de San Sebastián.

 

Quiso romper muchas veces aquel recipiente de sueños, al saber que solo era un objeto fruto de un bonito recuerdo que debía ahogar en la memoria. La tuvo muchas veces en la mano, pero nunca tuvo el valor de dejarla marchar y enterrar con ese gesto, tantas cosas…

 

Quería destruirla, pero allí seguía. Recordándole siempre el momento en el que llegó a sus manos. Era un regalo, una despedida sin esperanza de volver a encontrarse con el dueño que se la entregó entre sonrisas. Había guardado aquel vidrio verde a modo de excusa idiota y ella lo sabía.

 

Ni la bebida, ni la botella, podrían transportarla de nuevo, al sitio que le había robado el corazón…

 

“Corazón” y en esos momentos, cuando reflexionaba delante de la estantería y la marginada botella, sintió un crujido en el fondo de su absurda alma.

 

Las lágrimas de nuevo parecían tener un sabor a sidra amarga; recorrían sus mejillas, avivadas por recuerdos cada vez más inexistentes. Miradas fugaces, el tacto cada vez menos nítido y sin embargo, el sonido de aquella voz, seguía presente.

 

Lloraba…lloraba como nunca antes había recordado, con la pena del olvido y de lo corto que había sido aquel maravilloso tiempo. Quiso escapar y volver, entre respiraciones entrecortadas por la angustia. Podía hacerlo, y lo deseaba con todas sus fuerzas; pero la joven solo se quedó con una botella vacía de sidra Gipuzkoana.

 

Se prometió a sí misma, que la conservaría a modo de absurdo objeto recordatorio de una de las mejores semanas de su vida. No habría más sidra, ni más paseos por la Concha, ni más horas de extrañas conversaciones recorriendo el monte Urgul, ni necesarios fríos silencios.

 

Todo, absolutamente todo. Iba a parar a una botella vacía, que contemplaría la vida pasar en otra dirección, sin erosionarse. Desde la estantería repleta de libros que intentaban ocultarla, permanecería allí, hasta que algún día, ella, la chica que ahora mismo lloraba con la botella en la mano; tuviera el valor de deshacerse de aquel vidrio verde.

San Sebastian Donosti. Autobus
San Sebastian Donosti. Autobus

Si pudiera conocer mis vidas paralelas…

La vida es una encrucijada en sí misma. Siempre me he guiado por aquella frase de “el que no arriesga, no gana” y de cabeza me he tirado a la piscina o me he liado la manta a la cabeza, me he caído y vuelto a levantar. Me he equivocado muchas veces y las que me quedarán.

Pero siempre tengo la inmensa duda de pensar cuáles hubieran sido mis vidas paralelas si en determinado momento hubiera hecho o no hecho tal cosa. Muchas veces me puede el puro narcisismo y egocentrismo, el decir simplemente, “Me voy” e irme a otro lugar a intentar triunfar, cuál granjera sureña americana en busca de su sueño de ser cantante o actriz y no es que yo quiera ser cantante country, ni actriz de Hollywood. Yo quiero conseguir mis pequeñas metas, mi meta principal de conseguir una vida plena. La meta que siempre me propuse, cumplir todos mis sueños, porque si no hay posibilidad de alcanzar un sueño, la vida no tiene ningún tipo de sentido. No para mí.

Pero resulta que no es tan fácil (ni tan difícil, supongo) coger y marcharse, sacrificar cosas del momento actual que te llenan. Sonrisas y momentos que sabes que en otra de tus vidas paralelas, necesitarás y echarás de menos. Porque…¿de qué sirve tener un despacho propio y un trabajo genial si al llegar a casa estoy más sola que la una? o al contrario, ¿de qué sirve tener una persona esperándome en casa y que mi trabajo sea una soberana mierda? Y claro, aquí viene la disputa, la encrucijada, la toma de decisiones, los sacrificios y la temida amenaza de que si prosigues haciendo una cosa, puedas echártelo en cara en un futuro, dependiendo del camino elegido. Se asume el riesgo de quedarse con aquello que odio, “la espinita clavada”.

La espinita que puede convertirse en una losa pesada. Pero hoy en día, tenemos la genial suerte, de que nada es eterno, nada es inalterable y cualquier edad es buena para asumir un cambio de vida. Y largarse en busca de nuestro destino o tirar los informes por la ventana, darle una patada al traje y buscar a tu otra mitad.

¿Y qué es más importante?, ¿sentirse querido o sentirse realizado?, ¿sentirse realizado siendo querido y queriendo? Un equilibrio sería la utopía o quizás esa debería ser la meta, ese equilibrio. Un equilibrio quizás imposible, un equilibrio sacrificado tras golpes y caídas, tras lágrimas y despedidas, tras millones de heridas.

Si tan solo pudiera conocer mis vidas paralelas, sabría a ciencia cierta como poder actuar, pero esas versiones de mí “yo” no serían realmente quién soy. Porque como dijo Ortega y Gasset, “Yo soy yo y mis circunstancias”.

Así que, mi vida es esta y las paralelas estarán en alguna dimensión extraña que no puedo reconocer. Mis “yos” están en mí, atentos a aparecer en cuanto tome una decisión para desviarme en la búsqueda de mi sino. Porque yo soy de las que creen en el destino. Mientras tanto…CARPE DIEM.

Hoy es mi cumpleaños

Me encantaría que todos los días fueran como el de hoy. Me encantan los quinces de todos los diciembres. Este año cumplo veinticuatro años de existencia en este mundo y aunque soy una quejica empedernida y siempre he sido una inconformista total, me encanta estar aquí. Y lo que más me encanta es haberme despertado hoy, aún estando lejos de casa y de los míos, con mensajes de mis seres queridos en el móvil. La llamada de mis padres a primerísima hora de la mañana, de mi familia y a lo largo del día felicitaciones de amigos y conocidos.

Incluso en el trabajo, mis compañeros me compraron una napolitana y le pusieron unas velitas y me cantaron “porque es una chica excelente”… detalle que me hizo mucha gracia y me hizo sonreír hoy una vez más de tantas.

Al pasar las doce en punto, he tenido la suerte por primera vez de estar acompañada de una persona muy importante para mí, que me dio sus regalos, aunque el verdadero regalo era poder compartir pasar del 14 de diciembre al 15 de diciembre con él.

Hoy lo mejor no es que sea mi cumpleaños, hoy lo mejor es sentir el cariño, el amor y aprecio de la gente que quiero y adoro. Pues aunque estén lejos, hoy los he sentido cerca…

Me mola el 15 de diciembre, me da igual la edad que cumpla, siempre me hará ilusión.
Un brindis para todos: ¡Porque estamos vivos!

Love is our resistance

Escuchando una de las canciones del último disco de Muse, me ha inspirado de forma muy moñas. Dice el estribillo que “Love is our resistance”. Y entonces, me he parado a pensar, que cuando todo parece que te va mal, pero te acuerdas de “esa” persona, para ti especial, todo parece tener más sentido o por lo menos te entra una especie de consuelo al saber que si consigues hablar con ella, cruzar una palabra o verla por un segundo. Todo lo malo puede desaparecer.

Porque en todo argumento, existe un motivo por el que luchar y normalmente lo mueve un sentimiento relacionado con el amor, y si bien es cierto que es una de las emociones que pueden llevarnos a perder la cabeza, a creernos que podemos moverlo todo, que podemos experimentar sentimientos amargos, volvernos poderosos o arrojarnos a la más vulnerable de las debilidades; porque esa emoción, sentimiento o estado, produce toda una clase de miscelánea abstracta que te hace sentir como si de una sustancia ajena a nuestro conocimiento, se tratara. Porque no se puede describir con palabras, porque todo el mundo lo ha sentido alguna vez, de una manera u otra. Normalmente casi todos sus efectos, la felicidad suprema y el corazón desconsolado, el anhelo. Y a veces, incluso siendo nosotros, nuestros propios verdugos, porque cuando una mirada se te clava en el corazón, ¿cómo deshacerte de ella? Ayer lo comentaba con un amigo y me decía “No puedo olvidar” y lo que es aún peor… ¿y cuando no eres capaz de rendirte y aceptar una derrota?; aún sabiendo que por tu propio bien, lo más adecuado sería dejarlo/a ir, pero una especie de cosquilleo te recorre la espalda y sientes que todo se te hace trizas. Hasta un puñetazo dolería menos…

Porque por más que lo intentes no se puede sustituir y sustituir siempre suele apestar a error. Y el olvido es demasiado doloroso, un proceso que te araña a cada segundo, porque cuanto más quieres olvidar, la memoria desvirtúa los recuerdos…y te persigue en forma de momentos felices que despistan a tu lógica.

El sufrimiento, el inevitable sufrimiento y dolor no son más que síntomas de que estamos vivos. Y todo es superable, porque al final es el transcurso del tiempo y la magia del destino, la que nos coloca a todos a su merced. Aunque tengas el corazón lleno de cicatrices y su nombre parezca una maldita maldición.

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Si me lees tú que estás dolorido y ahora parece que no encuentras sentido (ánimo), y quién quiera leerme. Solo puedo decir que el amor perjudica seriamente la salud, como decía el título de una mala película, el amor es el oxigeno de nuestra vida, el motor que alienta a veces, a seguir luchando. La motivación inexplicable, la sonrisa idiota, el corazón desbocado, latiendo a su ritmo propio y la mirada resplandeciente, que desafía. Porque por amor se libraron grandes batallas, se escribieron brillantes guiones, inolvidables melodías y dejarme rematar todo este manifiesto cursi y edulcorado, quién no lo reconozca, no hay mejor cosa que amar y ser correspondido, aunque el camino sea una horrible zarza llena de espinas, una cuesta con una cima alcanzable o una cima equivocada. Nos persigue amigos y aunque a veces, nos parezca invisible o que nosotros le resultamos indiferente, sigue ahí, como otras tantas cosas en la vida…

Perfumes inexistentes con violines de fondo

A mí me gustaría que Febrero no significara consumismo y bombones por obligación. Me gustaría que Octubre fuera el más romántico de los meses, porque simplemente paseas viendo como las hojas de los árboles caen al suelo con naturalidad. A mí me gustaría contemplar la luna como si fuera una estrella más, gordita y risueña. Nada, contemplarla sin más. Pensar que el pelo castaño es algo extraordinario, que en la normalidad está la belleza. Y que la belleza no se camufla en cajitas blancas llenas de pétalos de rosa.

A mí me gustaría poder regalar un instante y ofrecer una sonrisa. Quisiera poder dedicar un verso sincero a cualquiera que estuviera dispuesto a arriesgarse. Entonces no necesitaría de perfumes caros y etiquetas vacías. Me gustaría pensar que San Valentín es el refugio de los más tímidos, de los que les pesan los sentimientos ocultos y reprimidos. Sin embargo, se convierte en un espectáculo de hipocresía y en el verdadero tiempo de carnaval.

Quizás mañana, o un día de enero cualquiera, un martes de diciembre; puedas cruzarte por la calle, con alguien al que mires y te sostenga la mirada, y se pierda, y jamás vuelvas a verlo. Quizás te devuelva la mirada y rías, y sospeches, de que entonces puede comenzar un camino de rosas, bombones y perfumes inexistentes con violines de fondo…

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De amor, de obesión y programas de TV

El amor no existe. Y me he dado cuenta esta mañana, cuando se despreciaban esos rayos de sol en la cara. El amor no existe, me he dado cuenta hace apenas diez escasos minutos. No existe, y lo dije suspirando. Mientras el corazón, el maldito corazón, que se mueve a través de impulsos idiotas, intentaba contradecirme.

No había príncipes azules, ni siquiera medias naranjas, ni naranjas enteras, ni rotos para descosidos, ni almas gemelas, ni mellizas. El amor no existe.

Al igual que con la religión, nos hacen creer, que hay una emoción, un sentimiento, que nos hace débiles a lo que somos y a nuestras convicciones. Un sentimiento que nos dibuja la sonrisa estupida en la cara y que nos favorece, al igual, que también, nos resbalan las lágrimas de la sinrazón, que te hacen sollozar hasta rozar el dolor.

Eso es amor… ¡no!, ¡mentira cochina!, no es amor, es una obsesión, como dice la canción esa…

Si el amor es eso que te hace que el corazón lata como le da la gana, si el amor es eso que hace que se te metan imágenes y recuerdos de una misma persona constantemente como un dvd roto, si el amor es eso que te consume hasta hacerte caer de rodillas, si el amor es todo eso…entonces existe y todos somos unos auténticos títeres a su merced. Es entonces…cuando desisto y pienso, ¿en verdad todos estamos destinados a sufrirlo?

Y así, bajo unos criterios que no se pueden racionalizar, que no se pueden planificar, ¿Cómo puede ser que alguien tenga un guión totalmente perfecto para engatusar a un país entero? Me refiero al famoso Efrén. Yo no seguí el programa y quizás, por eso no debería opinar, pero conozco la temática del programa. Un montón de chicas monas dispuestas a conquistar a un chico guapo que increíblemente necesita ir a la tele para encontrar pareja. ¿En busca del “amor verdadero”? o ¿en busca de fama y dinero?

Hemos visto ya infinidad de realities, pero…en serio, ¿es necesario este? ¿Es necesario ver como se intentan manipular los sentimientos?, si es lo único que nos queda, es la única parcela de intimidad que tenemos en nuestras vidas, y aun así, se intenta llevar a un medio de comunicación, como si se tratara de publicidad barata. Por eso digo, que el amor no existe, si se está buscando, si está forzando…

Afortunadamente, hay una cosa que nadie nunca podrá manipular, y eso es la esencia del ser humano, que nada, ni nadie, puede oprimir o someter bajo voluntad, a la mayor de las torturas existenciales, el puñetero amor. Nadie puede arrancarte el nombre que retumba en la cabeza todos los días, nadie puede consolarte cuando sufres sin saber ni por qué, nadie nunca podrá ocupar el lugar de la persona por la que suspiras…porque citando a un amigo… “si me abrieran la cabeza ahora mismo, saldría tu nombre a borbotones”. Y estas emociones, no son sustituibles por un programa de sobremesa de la tele, ni por un guión escrito con la finalidad de ganar audiencia. Afortunadamente, todavía no…o conmigo no.

Pelis moñas, ¡no por favor!

Creo que fue después de ver “Moulin Rouge” en el 2001, cuando me dije: “Ni una más, ni una más”. ¿Por qué?, pues porque las pelis edulcoradas hacen mucho daño. Ni hay Christians por ahí esperándote en cada esquina para cantarte “Come what may”, ni hay Satines de perfectos ojos azules en el supermercado. (¿O sí?) Ah bueno, y ni mucho menos la vida es como en la película francesa “Amelie”.

El caso es que cuando mis amigos quieren ver alguna peli moña, yo siempre digo: “Para eso ya tenemos Blade Runner o la saga de Star Wars, si hay que ver Scifi, veamos una de las buenas ¿no?”

Desde que vi “Moulin Rouge” he visto pocas películas románticas, porque me las creo. Y eso no puede ser…, pero claro, siempre ponen alguna en la tele, como “El diario de Noa”, “La boda de mi mejor amigo”, o alguna de la siempre dispuesta Sandra Bullock o Hugh Grant. Y claro, un domingo por la tarde ¿qué voy a ver?, pues una peli moñas. Al final siempre termino riéndome, porque ¿quién entra en una librería y la persona de tus sueños está ahí, esperándote, porque te ha visto entrar y le has parecido el ser más maravilloso del mundo. A ver, ¿eso pasa? O empiezas odiando a un chico y luego resulta que te casas con él. (Bueno quizás esto sea más factible).

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Las pelis moñas son tan previsibles, chica y chico, se conocen, empiezan odiándose, luego se gustan, luego se besan, luego normalmente el chico mete la pata, la chica se enfada, ¡que decepción de hombre!, después el hombre en cuestión, se tira desde un paracaídas o le canta una ranchera en el balcón, ¡qué perfecto es ese hombre!, y con un lo siento, fueron felices y comieron perdices. ¡Todas las pelis iguales!

En el momento en cuestión, suena una bonita canción, ¡claro está!, y la luna en el cielo tan bonita, y todo tan feliz y pum, “The end”, joer macho, yo quería saber que pasa después, si discuten o no, si luego se divorcian,

También hay otro tipo de pelis sentimentales, que son de estas que te dejan deprimido en el sofá, pensando: “Uff, la vida hay que aprovecharla, porque mira que si me pasa eso a mí…”y es verdad, esas son películas que te arruinan un domingo, por ejemplo: “Otoño en Nueva York”, “City of Angels”, “Noviembre Dulce”, y menudos títulos, ¿noviembre dulce? Pues si hombre, no veas, que alegría de película.

En éstas, siempre hay una enfermedad de por medio, que hace que la mejor de las historias, las más bonitas, la pareja perfecta, esas almas gemelas que se encuentran, vean su relación truncada por una enfermedad mortal, un accidente o una tragedia. El caso que si no me gustan las pelis pastelosas de por sí, por el engaño e idealización a la que someten al espectador, las pelis moñas-melodramáticas, de esas huyo como Harrison Ford en “El fugitivo”.

Pelis moñas como “Ghost”, “Oficial y Caballero” o “Dirty Dancing”, son tres clásicos que hicieron mucho daño. Yo no niego que “Ghost” sea muy bonita, aunque si lo pensamos ¿no da un poco de yuyu que Patrick Swayze se pudiera meter en el cuerpo de Whoopy Goldberg?, diugh…o que Richard Gere sea el eterno marine canoso….y no da más yuyu aún, que Patrick Swayze resulte atractivo en Dirty Dancing? Vaya tela con los pasteles. Y bueno, que nadie olvide a Kevin Costner en el papel de su vida, el eterno guardaespaldas de Withney Houston y a todos se nos viene la cancioncica… “and aaaai aiaiaiiai I always love youuuuuu”. Bueno y ese fenómeno naútico llamado “Titanic”, que todas las niñas suspiraban por ser Kate Winslet, que me acuerdo que fui al cine a verla y salieron los ojos del DiCaprio, solamente cero como dos segundos, y todas las niñas gritaban “Jack, Jack”…

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Podría hablar de esos clásicos románticos como “Vacaciones en Roma”, “Cuando Harry encontró a Sally”, etc, pero es que no las he visto. Si algún día me da por este género, tendré que tirar de la filmografía de Meg Ryan, Julia Roberts, Sandra Bullock, Hugh Grant, y si un día estoy muy mala, muy mala, veré “Los puentes de Madison”, ah no que esa si la he visto, ZzzZZz, menos mal que de Clint Eastwood no es tan fácil enamorarse.

Ya es más complicado resistirse a Brad Pitt en “Leyendas de Pasión” y mira que no quería, porque ese hombre no me gusta, pero, pero…maldita sea, película más ñoña y encima me gusta, ¿por qué?, con lo feliz que soy viendo navecitas que se pasean por el espacio interestelar o estas épicas como “El último mohicano”, “Braveheart”, ¡Agh!, ¡Maldita sea, otra vez! Que William Wallace era un romántico, pero si es que es inevitable, el personaje de Russel Crowe en “Gladiator” era otro romántico, Anakin Skywalker quería a Padmé…¡Dios estamos rodeados!, si al final será cierto eso de que el amor perjudica seriamente la salud.

En fin, a modo de humor, me río de las pelis sentimentales, las detesto. ¿Cuánto daño hizo “Pocahontas” y ese John Smith diciendo “Moriría mañana antes de no haberte conocido en 100 años”, ¡Sí claro! Y cuando va la pobre a Inglaterra en Pocahontas 2, no le haces ni puto caso.

Resumiendo, una peli romántica no hace daño, tener una colección de pelis moñas como una amiga que tengo  (un saludo Ascen!) puede resultar seriamente perjudicial, así que abstenerse. Podemos salir todos heridos, o pensando que somos John Travolta en “Grease” o Meryl Streep en “Memorias de África”. Así que, más “Terminator” y menos pasteles que hay que cuidar la línea.

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