Vivir solo eso, pero que nos dejen…

Hace menos de un mes, hice quizás, una de las mayores inversiones de mi vida y ahora, no sé si me he equivocado. Está bien plantearse si uno comete o no errores y si arriesgarse con tanta seguridad a veces es un inconveniente o no… Resulta que vengo disfrutando de dos semanas de bastante estrés, ahora hablan del ébola como el virus que se ha colado en España, además del maldito cáncer y no nos damos cuenta que las mayores afecciones diarias es la presión en el pecho y esa falta de aire ante problemas que no deberían ser más que trivialidades.

¿Qué más da que hayan cortado la calle y tengas que desviarte?, ¿qué problema tienes en si la carretera hay un atasco todas las mañanas?, ¿qué problema es perder el bus y esperar media hora más? Esos no son problemas, el problema es que la vida que se obliga a vivir a un trabajador es la velocidad, las prisas que los conductores demuestran por las mañanas y al salir del trabajo. El que hay que fichar en la empresa y necesitas llegar a tiempo para registrar dos minutos antes para poder hacer la compra por la tarde o ir al colegio a por los niños. Prisas y más prisas y un solo momento de relax en el sofá…levantarse un lunes, como si lunes fuera el nombre de otra enfermedad más y viernes una esperanza, una ilusión, una ilusión que se va en dos días entre los dedos de las manos. Tiempo.

El mayor problema es organizar y gestionar el tiempo, el mayor problema es no poder pasear entre árboles, contemplar el mar o perderte en la montaña, el mayor problema es ese, que el ser humano no puede apreciar los momentos, porque ya no hay momentos. No hay momentos porque … “es que tengo que hacer la compra, poner la lavadora, hacer la comida, terminar el máster, preparar la ropa de mañana, llevar al niño a Karate, darle la cena y acostarlo para que yo pueda respirar dos segundos y concienciarme de que mañana más”…

Echo la vista atrás y me acuerdo de todas las grandes aspiraciones y echo la vista atrás y me acuerdo cuando admiraba Nueva York desde el Top of the Rock y del paseito en barco a Niágara y pienso, ¿por qué solo en vacaciones?, ¿por qué hemos de anhelar esos días dónde realmente disfrutamos la vida?, ¿quién inventó este modo de vida? Quizás no era mejor cuando eramos nómadas y movíamos el campamento y los hombres cazaban y recolectaban y no había internet, ni móviles que nos deformaban la vista y la espalda. ¿Cualquier tiempo pasado fue mejor o quizás no sabemos organizarnos?

Son múltiples mis incansables cuestiones sobre este modo de vivir que no entiendo y cada vez entiendo menos, pero realmente…soy de las que siempre intentaré disfrutar de los pequeños detalles como una cerveza de calidad, una sonrisa y una risa, una canción, una película que me emocione o al menos me entretenga, un abrazo, un lloro reparador, una llamada sincera, un quiero y se puede…Vivir y solo eso, que nos dejen vivir.

Comida de madre

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Lo que inspira un saludo

Este texto lo inspiran las buenas costumbres. Hay una chica en mi trabajo que siempre que entra por las mañanas, saluda a todo el mundo que ya está en la oficina. Esto que parece insignificante se vuelve valioso, porque no todo el mundo lo hace, por eso creo que hay tipos y tipos de personas…

Las que entran en un sitio y saludan. Las que se van de un sitio y dicen un hasta luego y luego están los que entran en un sitio y no dicen nada, los que se van de un sitio y tras ellos, tampoco ni una palabra. Siempre he valorado a las personas que dicen hola y a las personas que dicen adiós, porque como suelo decir, los holas y adiós son gratis, ¿qué menos qué eso?

Cuando una persona dice un hola y un adiós, directamente se gana mi simpatía, al igual que aquellas personas que dan las gracias o a veces, sueltan un por favor. Como tantas otras palabras de nuestro rico idioma, cada vez más en extinción y con esto vuelvo a pensar en eso de que hay tipos y tipos de personas.

Los que saltan la barandilla para coger el bus y los que se quedan parados, resignados a coger ya el siguiente.
Los que leen antes de acostarse y los que ven la tele antes de ir a dormir.
Los que llaman a un amigo por gusto y las llamadas por obligación.
Los que beben café y los que aún siguen tomando cola-cao.
Aquellos que se rodean de gente y los que buscan la soledad.
Los que piensan en alto y los que piensa para adentro.
Los escupeverdades da igual, digo lo que pienso, los que solamente dan vueltas en la cama encontrando una buena respuesta.
Los que disfrutan una cerveza y los que paladean un buen vino.
Los deportistas y los amantes del sofá.
Los Mr.Wonderful y el resto de los mortales.
Los eternos viajeros y los eternos rutinarios.

Hay variedades de personas y en esto reside la grandeza vital, qué para gustos los colores y para gustos un abanico amplio de infinitas opciones. Pero… ¿de cuál eres tú? , ¿De los que dicen hola y adiós? O ¿de los que entran y se van en silencio?

Un Carpe Diem dicho en alto

Este fin de semana fui a una boda en Vitoria de unos amigos. Tuve la suerte de conocer a alguna gente que por casualidades de la vida, sabes que conectas, que compartes gustos y te hacen reír, sí así, sin alcohol de por medio, por lo menos a primera hora.

Las bodas suelen ser o deben ser motivo de alegría. En la celebración, realmente hubo muy buen rollo, muchas risas, música y sentimientos que se aderezan al mismo ritmo. También tuve conversaciones geniales, donde te pones a filosofear, cosa que me encanta y volví a recomendar “Hacia Rutas Salvajes”, porque sí, porque así soy yo, y yo me había olvidado un poquito de mí, de mi yo divertido y ocurrente y mi yo indomable y rebelde. Me encantó rescatarlo, porque el cansancio del día a día me hace que no me acuerde de avivar la llama pasional del ser humano. Y entre semana, me olvidé del CARPE DIEM.

En estos últimos meses, aunque soy muy feliz, porque no tengo nada de lo que quejarme o no valorar, me había olvidado un poco de pasarmelo bien o de volver a gritar a los cuatros vientos, eso que ayer susurraba otra vez Robin Williams a sus chicos en “El club de los poetas muertos” que la echaron en la tele y otra vez volví a escucharle, Caaaarpeeee Dieeeeem, haced que vuestras vidas sean extraordinarias. ¡Por supuesto! esa es la esencia, ese sentimiento de aprovechar el momento, ya sean cosas que se puedan alcanzar o no, hay que seguir soñando, porque el soñar es eso que jamás nos podrán quitar y nuestras pasiones e ilusiones nos mueven por dentro y son esos pequeños deseos los que impulsan nuestros pasos y nuestros latidos. Latidos que hay que parar a escucharlos y decir ¿qué quiero?, ¿qué puedo?, ¿qué hago? y no me rindo. Vivir es difácil. Depende de lo que te toque vivir y de cómo lo afrontemos y yo quiero volver a sentirme viva, tan viva como lo he estado siempre y seguir filosofeando y seguir riéndome tanto y sobre todo, seguir volviendo a descubrir que hay tanta gente en este mundo con la que seguir aprendiendo y compartiendo.

Qué hay gente que aún por altruismo da un sobre y te dice “No lo abras hasta el sábado” y que aún queda gente que aguanta la fecha y no lo abre para ver con ilusión finalmente un bonito regalo. Aún hay honradez, románticos y gente que te marca en un determinado momento para ofrecerte una ráfaga de ilusión.

Ilusión, ese es el ingrediente para hacer que cada momento cuente. Y yo, siempre he sido una romántica, pero se me había olvidado…

El tsunami llegó y Atlas desapareció

Esta mañana volví a encontrarme con aquel ciego, acompañado por su precioso Golden Retriever negro. Me lo encuentro cada mañana, a la misma hora, caminando por la misma acera, con el mismo semblante. Él me hace darme cuenta de la rutina humana. Aquella que sufro a pesar de mi inmortalidad.

Lo peor de ser inmortal es que la rutina parece mucho más eterna, es lo más eterno que tiene la vida cuando uno la está viviendo. Siempre está ahí. Los mismos lugares, la misma gente, las mismas horas y fechas que transcurren malgastando esa vida que fluye como sangre hasta las sienes. Los seres humanos se estresan porque saben que no trabajan para vivir, sino todo lo contrario. Los escucho a veces en mi cabeza, quisieran ser libres para poder hacer lo que les diera la gana. Sin embargo, lo que daría yo por estar muerto.

Aunque ironías de esta vida, ya lo estoy.

Me gusta disfrazarme de persona con los típicos problemas. Hago como que me preocupa llegar a final de mes, que me aburre mi trabajo y cuando salgo finjo beber tranquilamente una cerveza en un bar, un sábado por la noche. Hablo con chicos de mi edad física y me parecen estar a años luz de lo que yo viví, no puedo ponerme ya en su lugar. Hablo con las chicas y mujeres de edades diferentes, todas tienen algo que contar, todas distintas. Todas, se fijan en mí.

Nunca tuve atractivo, era un chico normal, demasiado preocupado por mis estudios y por hacer siempre lo correcto. Hablar con las chicas nunca fue mi fuerte. Ahora, vienen a mí. Me dejo llevar, me dejo seducir, pero sé que no se acercan por mí. Si no por el ser que soy. Este maldito embrujo y hechizo que conlleva la inmortalidad.

Soy un vampiro y me alimento de energía. Quiero morir, pero no hay estacas de madera ni crucifijos que valgan. He visto pasar el siglo XXI y veo como el hombre lo está destruyendo todo. Quiero terminar con mi existencia antes de que La Tierra implosione y me arrastre con todos los humanos. Y aún así, a veces tengo miedo de que un nuevo “Big Bang” no sea más que el broche final a este supuesto milagro de la naturaleza. No me alimento de sangre, no sé lo que soy, soy inmortal y me autodenomino “vampiro empático” pues lo que realmente me alimenta es la energía que se desprende en el planeta, en especial los seres humanos.

Energía de llantos, energía de lágrimas, sentimientos de impotencia, sentimientos de pasión, mi dieta se basa en emociones ajenas. Y debo alimentarme de sentimientos externos, pues yo no los tengo. Los perdí, los perdí cuando me transformé en esto. Soy como un móvil, un ordenador, soy un artilugio más, me recargo sin necesidad de engancharme a la pared, sin ningún cable.

Siempre fui un niño muy empático, demasiado. Si veía a alguien llorar, lloraba con él, si veía a alguién enfadado, me enfadaba con él. Si veía reír, reía. Esta última situación era algo incómoda…

La gente sonríe constantemente, a veces incluso como acto reflejo y cuando escuchaba risas, un impulso incontrolable me hacía unirme a ellos en la carcajada. Con esto, lo único que conseguía era tener todas las miradas inquisitorias que preguntaban ¿de qué coño te ríes tú si no estás en la conversación? Era extraño cada vez que me pasaba eso, yo reía con la gente desconocida y ellos me excluían. Con la risa siempre era la recarga más incómoda…Llorar se puede hacer la mayoría de las veces en silencio.

Una vez iba en el autobus cuando vi a una chica que miraba por el cristal, por su mejilla avanzaban lágrimas descontroladas como si fuera una carrera desesperada, lágrimas silenciosas. Buscaba un pañuelo en su bolso sin tener éxito y no quería girar la cabeza para ocultar su desaliento, pero yo le entregué un “kleenex” y cuando la chica me dio las gracias, su tristeza se convirtió en sorpresa al ver que yo también lloraba. No nos preguntamos nada, pero eso también fue extraño. No obstante, siempre prefiero la tristeza a la risa, mucho más calmada en la mayoría de los casos. La gente no suele montar escándalo público cuando lloran, pero sí cuando ríen.

La ira, la ira es otra historia, es una de las recargas de energía más potentes. Es efectiva, eficiente y dispara mi batería hasta el último resquicio. Pero como se suele decir en estos casos, la ira es peligrosa y contagiosa. Te otorga tanto poder que podría decirse que es sobrehumana. Las ráfagas indomables de agresividad y de romperlo todo son impresionantes.

También es curioso, si alguien está sufriendo un ataque de ira y yo me uno, no me dicen nada. Me contagian y yo insulto con ellos, rompo cosas con ellos. Golpeo señales y contenedores y me miran de soslayo con una risilla por debajo de la nariz y sé que piensan que yo lo apruebo y que es por eso por lo que me he unido. Lo que no saben, es que sin una pizca de ira, yo moriría…

Y en esta época que aparentemente todos los mercados económicos están reventando y explotando, arrastrando el bienestar de las familias cual tsunami, padezco tantas emociones y tantos sentimientos, que a veces siento como si mi alma no pudiera soportar ni un ápice de indignación más. Esto de ser un “Vampiro empático” no me ha permitido ni poder leer tranquilamente todos los nefastos titulares diarios con los que bombardean a la gente de a pie. Creo que estoy por encima y no me doy cuenta de que voy a explotar en cualquier momento, porque no puedo ser “Atlas” y llevar todo el peso del mundo.

Muchas veces no sé si rendirme y absorber todo lo de mi alrededor o seguir dejándome arrastrar por todas estas alteraciones en el ánimo de aquellos con los que me cruzo a diario.

2013 ya te vas, 2014 be good!

Supongo que a cada  uno al final de un ciclo, le da por reflexionar. En diciembre yo tengo dos fechas, mi cumpleaños y el fin de año para hacer balance. 2013 para mí ha sido un año normal, normal porque ha tenido altibajos, pero la vida es así, un año es un período cortilargo como digo yo, largo porque son doce meses llenos de cosas impredecibles, de situaciones que las personas hacemos imprevisibles, unos más, otros menos y corto, porque parece que fue ayer cuando mi padre nos hizo una foto con mi madre y hermana sentadas en el sofá saludando a 2013 y dices, “El tiempo vuela”.

2013 me deja con un año laboral muy bueno, haciendo algo que me gusta y rodeada de grandes compañeros de los que aprendo y comparto buenos momentos con ellos. También me deja una mudanza a otra ciudad, no podía ser menos, conociéndome, si no me cambio de casa, no soy yo. Soy un caracol.

2013 me deja con muchos momentos de risas, que me voy a tomar a pecho el consejo de mi madre de no reírme mientras como, porque realmente me puedo atragantar.

2013 me deja con viajes, he visitado Sevilla, Ronda, Cádiz, la Toscana italiana y parte del norte, Pamplona, Lisboa y no ha habido más, porque también he dicho, voy a ver si descanso, porque a mí me das un buscador y me vuelvo loca, de hecho, ya estoy planeando viaje de 2014. Yeah!

2013 se lleva a mi yayo, no se lo lleva el año, se lo lleva la enfermedad, el maldito cáncer. Cáncer que también nos sorprendió en noviembre con otra persona, a la que le deseo toda la fuerza que ya tiene, para derrotarlo finalmente y sé que lo conseguirá.

A 2013 se le fue un poco la pinza también y me dio uno de los peores momentos de mi vida, pero una vez superado, uno se hace fuerte y entiende que la mente del ser humano es compleja, bueno compleja no, complejísima.

A 2013 se le fue la cabeza en otro momento también y me dio una de las mejores sorpresas de mi vida sin ni siquiera esperarlo, de la manera más tonta y entre risas, ¡cómo no!

Los 31 de diciembre, me dan algo de miedo, son como mirar desde un precipicio a punto de saltar al vacío y no sabes qué es lo que te depara, no se puede saber y aunque tenga muchos planes, es muy complicado tener en cuenta la arbitrariedad de las personas que te pueden cambiar la vida en un segundo, de otras cosas más graves que están ahí y no las vemos y que son aquellas las que te pueden borrar la sonrisa en un microsegundo de tiempo y son esas cosas que no manejo y no controlo, las que me dan respeto y algo de temor. Lo único que se me ocurre desear sin ser ambiciosa, es salud, salud para todos aquellos que quiero y también para mí. Lo demás, aún siendo vital por supuesto, con lucha y esfuerzo se podría conseguir.

No me olvido de aquellos que me quieren, en especial, a mi verdadera familia, aquella que no hace falta que tenga en las redes sociales, no hace falta. Ya sabéis quiénes sois. Por eso gracias.

Y no sé si esto está bien escrito, pero espero que lo entiendas: Bereziki duzu. Eskerrik asko garai handi guztiak elkarrekin egiteko.

FELIZ AÑO!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Hoy es mi Cumpleaños

Creo que llevo escribiendo esto, desde que cumplí los dos patitos aquellos que han desaparecido a una velocidad vertiginosa, la verdad. Hoy 15 de diciembre hago 27. ¡27! madre de mi alma, esto solo me hace pensar que el tiempo vuela, pero vuela a la velocidad de la luz no en una compañía “low-cost” cualquiera…

El otro día en clase les pregunté a mis alumnos si habían cumplido alguna de sus metas o sueños y en mi cabeza pasaban mientras algunos de los míos : soy profesora y no hay trabajo más reconfortante en el mundo, he ido a Escocia, he estado delante del antiguo Kodak Theatre donde se celebran los Óscars en Los Ángeles, aunque no he publicado ningún libro y mi carrera como solista ha quedado relegada a cantante de ducha asidua. Pero la verdad, que dejando las banalidades a parte, he cumplido muchos y la respuesta que me dio uno de mis alumnos después de haber superado una enfermedad con eso de “seguir viviendo” me dejó con la emoción en la garganta. Porque somos humanos y estamos aquí “de regalo” como dice una sabia amiga mía.

Así que, aunque la cifra de 27 ya no suene tan adolescente como los 17, no me parecen en absoluto unos malos dígitos. Y reflexionando sobre el momento dulce que estoy viviendo y que quisiera alargar para siempre, me da miedo confesar o decirme a mí misma con la que está cayendo que soy feliz, pero es que lo soy y como la felicidad es un estado pero no dura eternamente (desafortunadamente) más vale que lo saboree lo que quiera brindarme la suerte, la vida, la gente que tengo alrededor que quiero y de la que aprendo constantemente. Aquellos que se ríen conmigo y si tienen bebida en la mano, me la escupen literalmente a la cara de la risa, ya me ha pasado varias veces, voy a tener que escoger los momentos cómicos que me dan, pero a veces no los sé autocontrolar y la espontaneidad es algo que no hay que perder o eso dicen…

Lo importante para ser feliz es ponerse metas pequeñas y cumplibles, rodearse de gente que te haga sonreír y reír, ¡reír mucho! , estar dispuesto a dar y ser agradecido. Y comerse una copa de chocolate, espachurrarte en el sofá con una manta, llorar con una película de la emoción, escuchar música que no falte nunca, saborear la belleza de las cosas pequeñas que están presentes en nuestra vida. Valorar lo que tenemos y lo que somos, luchar como si hoy fuera siempre el último día. Microenamorarse o macroenamorarse como si viviéramos en la piel de un quinceañero con acné, porque si el acné no nos abandona, ¿ por qué ha de hacerlo la pasión, el ímpetu y el arrojo de seguir disfrutando? La vida ya pondrá obstáculos por sí misma, pero mientras tanto, vivir qué gran y maravilloso regalo. 

Gracias a todos los que me aguantáis y compartís mis momentos dramáticos, exagerados, absurdos y pesados y buenos, porque también hay buenos!

Y gracias a ti, al que no le gusta que le pongan en vergüenza  y no te nombro, pero si mi vida fuera una película, la escena más bonita sería aquella en la que te encontraría mil y una vez debajo de aquel paraguas, porque así comenzó todo. 

 

Mi yayo y El Rey Murray

Hoy 31 de Octubre y en vísperas de “Todos los santos”, hace ya seis años que mi abuelo se marchó. Y yo sigo sin ver ese “Halloween” como algo mío y creo que pasarán muchos años y seguiré pensando que esa fiesta no me representa y que preferiré escribir o recordar a mis seres queridos. Desgraciadamente, este año le sumo la pérdida de mi otro abuelo. Seguro que ambos están juntos echándose unas risas y hablando de huertas, porque aunque eran de sitios distintos de España, compartían esa pasión, las huertas y el campo. Eran ambos rurales, cada uno a su forma y también compartían el mismo nombre, José, aunque uno era José María, y yo a uno le llama “el abuelo” y al otro “el yayo”. 

Mi “abuelo” era una mezcla de Bill Murray y el Rey Juan Carlos, y comentándoselo a mi amiga Nieves, me dijo ingeniosamente, anda pues “El Rey Murray” y no pude más que esbozar una sonrisa, porque efectivamente se puede decir que era así. De carácter tranquilo y su cartera peculiar hecha de papel de estraza, donde siempre llevaba una quiniela. Sus manos en los bolsillos siempre dispuesto a darme una moneda, da igual si salía la de 500. Siempre era así.

Mi “yayo” era de Galindo y Perahuy (Salamanca) y quiero escribirlo, porque no todos los abuelos provienen de un pueblo con un nombre tan característico. Siempre le voy a recordar pues su carácter tan extremo, lo mismo tenía una mala hostia muy al estilo Fransciso Umbral, que luego por ejemplo, tenía el mayor de los sentidos del humor, incluso ya en el hospital, mientras el cáncer le carcomía, él bromeó que en la etiqueta de su informe de la cama del hospital, significaba “Aquí pongan codillo para comer, por favor”. Y la historieta que más gracia me hacía pero que no procede contarla y que no sé si sería real o no, terminaba “¡Para el cura de Guada!” y yo me tiraba por el suelo de la risa cuando era más pequeña y aún ahora, sigo riéndome con eso.

Tengo muchos recuerdos de ambos, muchos y creo que no hay que dejar de recordarlos y contar lo que nos aportaron, por muy pequeños que sean los detalles, pues también cuentan de dónde provengo y quién soy y quiénes fueron en mi vida.

Mi abuelo hace seis años ya que emprendió su camino y estoy segura que está guiando a mi yayo, que hace casi siete meses que emprendió el suyo.

Espero que compartan largas charlas de como nos ven desde donde quieran que estén y que al menos, se rían de los problemas mundanos de este nuestro absurdo mundo terrenal. Mientras…, los que seguimos aquí, seguiremos echando la vista atrás y recordando.

 

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