“Penny Dreadful” viajando por la oscuridad de la literatura gótica

Las “Penny Dreadful” eran conocidas publicaciones de terror que se distribuían en la Inglaterra del siglo XIX a tan solo un penique y también actualmente, es el nombre de una serie americana con un marcado acento británico. Del canal americano Showtime, “Penny Dreadful” tiene hasta la fecha una corta pero intensa primera temporada formada por ocho capítulos que no dejan indiferente al espectador que sea amante de la novela inglesa romántica. Esa corriente que conformaron famosos poetas de gran nombre como Percy Bysshe Shelley o grandes creadores de monstruos célebres como Bram Stoker, Oscar Wilde y también la conocidísima madre de Frankenstein, Mary Shelley.

Ambientada en el Londres más victoriano, entran en escena conocidos rostros del celuloide como la francesa Eva Green, el “comeback” en el ámbito seriéfilo Timothy Dalton y como contrapunto americano, Josh Harnett.

La primera temporada presenta a los personajes del reparto anteriormente nombrado. Sir Malcolm Murray (Dalton) y Vanessa Ives (Green) buscan desesperadamente a la hija de Murray, Mina Harker, desaparecida en extrañas circunstancias. Para encontrarla, reúnen en su grupo a un joven y tímido Doctor Frankenstein (Harry Treadway) y a un ávido pistolero americano (Harnett). Bajo esta premisa, esta primera temporada empieza a presentar un desfile de criaturas de las novelas de Stoker, Shelley y Wilde. Apareciendo incluso como personaje secundario estrella a Dorian Gray, interpretado por Reeve Carney.

Se debe destacar a Eva Green con una interpretación tan fascinante como inquietante de su ya carismática y elegante Vanessa Ives, ataviada en preciosos trajes de la época y en un constante halo misterioso, hace de su personaje el entero protagonista en esta primera temporada al interpretar a esta mujer maltratada por entes vampiro-demoníacos que la atormentan a través de sus poderes extrasensoriales de médium. El juego de voces que interpreta y modula de forma magistral solo se puede apreciar si se visiona esta serie en versión original, para no dejar pasar por alto ni un solo matiz que Green aporta a su más que soberbia Miss Ives.
Por otro lado, “Penny Dreadful” basa su éxito en la perfeccionista fotografía de ese Londres del siglo XIX (realmente Dublín) y por supuesto, como se ha escrito y entretejido una trama con personajes de novelas de terror y misterio tan apreciadas a lo largo de la historia por cualquier amante de novelas con protagonistas sobrenaturales.
Victor Frankenstein (Treadway) aparece como un científico en pos de crear una criatura a través de la técnica del Galvanismo, tal y como relataba Mary Shelley en su novela. Con ciertos matices y con matices a aplaudir por parte de los guionistas. El joven doctor es un gran lector y entre sus poetas favoritos aparece Percy Bysshe Shelley, por eso no es de extrañar la conexión entre la criatura y personaje que creó Mary con los versos de Percy que persiguen al doctor en su creación de Prometeo. Es lógico que en esta serie de corte literaria y romántica, aparezcan los versos de los poemas sobre la creación de Prometeo, aunque bien se podría destacar que no solo en series de género de terror y victoriano, también uno de sus poemas le da título a uno de los mejores capítulos de otra serie inolvidable como es “Breaking Bad” de la AMC y el capítulo en cuestión es “Ozymandias”.

Persiguiendo a Victor Frankenstein y atormentando cada uno de los pasos que da, aparece Calibán. Nombre que podríamos decir que hace referencia a un personaje de la obra de teatro “La Tempestad” de William Shakespeare, dónde este personaje es un ser deformado y de espíritu indómito y salvaje. Viendo la serie, se puede apreciar perfectamente la conexión del nombre con el personaje.

Pero si cambiamos de personaje literario, aparece Dorian Gray, que aun no siendo un personaje esencial en la trama, aparece como un fiel retrato del personaje de Oscar Wilde, dónde su lascivia fascina a partes iguales tanto a personajes masculinos como a personajes femeninos. Y curiosamente, en el prefacio de la novela de Wilde, en apenas en sus líneas introductorias aparece el nombre de Calibán. Con lo que podemos resaltar, que los guionistas juegan con nombres y novelas de una forma bastante premeditada, aprovechándose de la literatura para insuflar vida en un guion de personajes que confluyen en esta primera temporada para enganchar al espectador.

Por supuesto, no podemos olvidarnos de las influencias de “Drácula” en esta primera temporada, pues no solamente aparece Mina Murray y el Profesor Van Helsing, si no que el abogado Jonathan Harker también es nombrado varias veces. Y por supuesto, hay un amo de la noche, hay esbirros y aparecen criaturas que se alimentan de sangre humana. La figura del vampiro en esta serie aparece como un ente demoníaco, es literalmente la descripción de un monstruo, que no usa una apariencia seductora, sino que el arma de seducción es la sed de que gobierne el mal como elemento soberano en el mundo. Tampoco obtiene la forma de colmillos alargados, sino se parece más bien al vampiro Nosferatu de Murnau. Un ser espeluznante que acecha en barcos, callejones y es ahuyentado por crucifijos. Un ente que persigue de manera deliberada e insidiosa a Miss Ives.

Qué la novela romántica estaba pasada de moda, parece una broma. Viendo como en los últimos años los vampiros más que ser seres extinguidos han tomado parte protagonista en literatura juvenil y en los blockbusters más populares de los últimos tiempos. Los autores de estas célebres criaturas y sus historias son inalterables en el tiempo, da igual como avancen las épocas, porque son criaturas universales dentro de nuestras memorias cinéfilas y literarias. Y “Penny Dreadful” nos estremece con cada nuevo capítulo, nos vuelve a acercar a estos personajes, dándole la novedad necesaria para crear nuevas historias de manera precisa y con una más que cuidada y delicada puesta en escena en el Londres (Dublín) victoriano, siempre bajo la batuta de su personaje más carismático, Miss Ives.

penny

Anuncios

El tsunami llegó y Atlas desapareció

Esta mañana volví a encontrarme con aquel ciego, acompañado por su precioso Golden Retriever negro. Me lo encuentro cada mañana, a la misma hora, caminando por la misma acera, con el mismo semblante. Él me hace darme cuenta de la rutina humana. Aquella que sufro a pesar de mi inmortalidad.

Lo peor de ser inmortal es que la rutina parece mucho más eterna, es lo más eterno que tiene la vida cuando uno la está viviendo. Siempre está ahí. Los mismos lugares, la misma gente, las mismas horas y fechas que transcurren malgastando esa vida que fluye como sangre hasta las sienes. Los seres humanos se estresan porque saben que no trabajan para vivir, sino todo lo contrario. Los escucho a veces en mi cabeza, quisieran ser libres para poder hacer lo que les diera la gana. Sin embargo, lo que daría yo por estar muerto.

Aunque ironías de esta vida, ya lo estoy.

Me gusta disfrazarme de persona con los típicos problemas. Hago como que me preocupa llegar a final de mes, que me aburre mi trabajo y cuando salgo finjo beber tranquilamente una cerveza en un bar, un sábado por la noche. Hablo con chicos de mi edad física y me parecen estar a años luz de lo que yo viví, no puedo ponerme ya en su lugar. Hablo con las chicas y mujeres de edades diferentes, todas tienen algo que contar, todas distintas. Todas, se fijan en mí.

Nunca tuve atractivo, era un chico normal, demasiado preocupado por mis estudios y por hacer siempre lo correcto. Hablar con las chicas nunca fue mi fuerte. Ahora, vienen a mí. Me dejo llevar, me dejo seducir, pero sé que no se acercan por mí. Si no por el ser que soy. Este maldito embrujo y hechizo que conlleva la inmortalidad.

Soy un vampiro y me alimento de energía. Quiero morir, pero no hay estacas de madera ni crucifijos que valgan. He visto pasar el siglo XXI y veo como el hombre lo está destruyendo todo. Quiero terminar con mi existencia antes de que La Tierra implosione y me arrastre con todos los humanos. Y aún así, a veces tengo miedo de que un nuevo “Big Bang” no sea más que el broche final a este supuesto milagro de la naturaleza. No me alimento de sangre, no sé lo que soy, soy inmortal y me autodenomino “vampiro empático” pues lo que realmente me alimenta es la energía que se desprende en el planeta, en especial los seres humanos.

Energía de llantos, energía de lágrimas, sentimientos de impotencia, sentimientos de pasión, mi dieta se basa en emociones ajenas. Y debo alimentarme de sentimientos externos, pues yo no los tengo. Los perdí, los perdí cuando me transformé en esto. Soy como un móvil, un ordenador, soy un artilugio más, me recargo sin necesidad de engancharme a la pared, sin ningún cable.

Siempre fui un niño muy empático, demasiado. Si veía a alguien llorar, lloraba con él, si veía a alguién enfadado, me enfadaba con él. Si veía reír, reía. Esta última situación era algo incómoda…

La gente sonríe constantemente, a veces incluso como acto reflejo y cuando escuchaba risas, un impulso incontrolable me hacía unirme a ellos en la carcajada. Con esto, lo único que conseguía era tener todas las miradas inquisitorias que preguntaban ¿de qué coño te ríes tú si no estás en la conversación? Era extraño cada vez que me pasaba eso, yo reía con la gente desconocida y ellos me excluían. Con la risa siempre era la recarga más incómoda…Llorar se puede hacer la mayoría de las veces en silencio.

Una vez iba en el autobus cuando vi a una chica que miraba por el cristal, por su mejilla avanzaban lágrimas descontroladas como si fuera una carrera desesperada, lágrimas silenciosas. Buscaba un pañuelo en su bolso sin tener éxito y no quería girar la cabeza para ocultar su desaliento, pero yo le entregué un “kleenex” y cuando la chica me dio las gracias, su tristeza se convirtió en sorpresa al ver que yo también lloraba. No nos preguntamos nada, pero eso también fue extraño. No obstante, siempre prefiero la tristeza a la risa, mucho más calmada en la mayoría de los casos. La gente no suele montar escándalo público cuando lloran, pero sí cuando ríen.

La ira, la ira es otra historia, es una de las recargas de energía más potentes. Es efectiva, eficiente y dispara mi batería hasta el último resquicio. Pero como se suele decir en estos casos, la ira es peligrosa y contagiosa. Te otorga tanto poder que podría decirse que es sobrehumana. Las ráfagas indomables de agresividad y de romperlo todo son impresionantes.

También es curioso, si alguien está sufriendo un ataque de ira y yo me uno, no me dicen nada. Me contagian y yo insulto con ellos, rompo cosas con ellos. Golpeo señales y contenedores y me miran de soslayo con una risilla por debajo de la nariz y sé que piensan que yo lo apruebo y que es por eso por lo que me he unido. Lo que no saben, es que sin una pizca de ira, yo moriría…

Y en esta época que aparentemente todos los mercados económicos están reventando y explotando, arrastrando el bienestar de las familias cual tsunami, padezco tantas emociones y tantos sentimientos, que a veces siento como si mi alma no pudiera soportar ni un ápice de indignación más. Esto de ser un “Vampiro empático” no me ha permitido ni poder leer tranquilamente todos los nefastos titulares diarios con los que bombardean a la gente de a pie. Creo que estoy por encima y no me doy cuenta de que voy a explotar en cualquier momento, porque no puedo ser “Atlas” y llevar todo el peso del mundo.

Muchas veces no sé si rendirme y absorber todo lo de mi alrededor o seguir dejándome arrastrar por todas estas alteraciones en el ánimo de aquellos con los que me cruzo a diario.

Entrevista con el Vampiro

A veces tengo la teoría de que cuando empiezas a ver una película que encuentras en la tele que ya has visto antes y no eres capaz de cambiar de canal o poner otra cosa, es que definitivamente esa película es buena o como segunda opción, te gusta mucho.

El otro día me pasó con “Entrevista con el vampiro” de Neil Jordan. Fue con unos dieciséis años cuando me encontré con la novela de casualidad, en casa de mi abuela, ¡qué cosas! Y me encantó, luego vi la película y la puntué en Filmaffinity con un notable, porque el recuerdo de ella me fascinó. Y fue la otra noche cuando me topé con ella y dejé que me sedujera de nuevo.

Anne Rice creó unos personajes malditos y complejos, desde el carismático Lestat tanto en las páginas del libro como a manos de un Tom Cruise excéntrico y perfecto. No podría poner ninguna pega al reparto de la película, Brad Pitt hace una labor interpretativa comedida y resignada en su Louis de Pointe du Lac, Antonio Banderas en su corto pero influyente vampiro de pelo oscuro, Armand y la pequeña Claudia, una interpretación adulta por una niña llamada Kirsten Dunst. Pero quién da un auténtica clase magistral es Tom Cruise, un despiadado, cruel, sofisticado, irónico, cómico, hedonista vampiro. Uno de los vampiros mejor interpretados en el cine con una personalidad arrolladora, a pesar de los detractores de Tom Cruise.

La fotografía de la película es espectacular, una Nueva Orleans, cálida, sureña, negra. Una Europa elegante, el viejo mundo, sombreros de copa, vestidos pomposos. Y sangre, muerte, vida, juegos, la inmortalidad. Una mezcla tan gótica como atractiva. Una película que seduce desde el primer momento con ese Louis tan triste, al que le pesan sus años de muerte en vida en la palidez de su rostro y en la mirada resignada de un vampiro que nunca quiso serlo. Las épocas pasan y ellos quedan atrapados en un ataque animal por la supervivencia, la vida como un juego a través de los ojos de Lestat y la ambición y el amor, de una mujer atrapada en el cuerpo de una niña a la que le regalan muñecas de porcelana por cada cumpleaños maldito. Y la maldición suprema como siempre que persigue al vampiro, la luz del día. El sol el que brinda la muerte real.

“Entrevista con el vampiro” es una de estas joyitas cinematográficas que nos dejaron los 90´s, que empieza a envejecer de una manera de lo más elegante y como el buen vino, dejando apreciar los pequeños detalles. Un vestuario increíble, un buen guion, un reparto excepcional y un recuerdo grabado en la retina que se deja saborear cuando termina. Recomendable la novela de Anne Rice como la película de Jordan. Para amantes de estas criaturas de la noche, esos seres fantásticos inmortales tanto en la literatura y en el mundo del cine, que su fama parece inalterable en el transcurro del tiempo. Hablan de que ha sido “Crepúsculo” la que impulsó esta “moda” vampírica y muchos se olvidan de aquellas maravillosas películas vampíricas como el “Drácula” de Francis Ford Coppola, “Jóvenes Ocultos” de Joel Schumacher o incluso “Blade” hace ya unos añitos, mucho antes de Robert Pattinson y compañía.

The Vampire Diaries

The Vampire Diaries sigue la estela de la moda vampírica literaria y para su desgracia será juzgada como un sucedáneo de la saga Crepúsculo por quienes no se paren un segundo delante de la tele para darle una oportunidad.

Esta producción televisiva es adaptación de las novelas de L.J Smith y se diferencia de Crepúsculo en que ésta no es tan soberanamente cursi y los personajes tienen bastante más carisma, a parte de que aquí, ningún vampiro brilla. Y sin embargo, sí que siguen ciertas pautas específicas de los vampiros, como invitarlos a entrar, estacas de madera, etc, etc.

Es cierto que aquí hay también un triángulo amoroso, pero tal y como avanzan los capítulos (ahora mismo acaba de terminar la 2º temporada) los personajes secundarios van adueñándose también de la trama con lo que cada capítulo es cada vez más adictivo y va aumentando el drama, la sangre, la violencia. Porque repito, no es Crepúsculo. Aquí hay sangre, muerte, claro que también hay amor, ironía y personajes que se ganan la simpatía del espectador. Mención especial para Ian Sommerhalder haciendo de Damon Salvatore, porque ha sido capaz de darle esa chispa irónica, sarcástica y agresiva que cualquier vampiro merece. Muy a la altura de Lestat, el vampiro. Si Damon Salvatore se encontrara con Edward Cullen, éste saldría pitando.

Aquí no aparece Bella Swan, esa insulsa Kirsten Stewart, que representa a un personaje de damisela en peligro. Nina Dobrev por el contrario interpreta un doble papel, en el que demuestra que puede hacer interesante a la chica buena (Elena) y ser una auténtica arpía (Katherine).

Y para cerrar el triángulo tenemos a Stephan Salvatore, que quizás sea el personaje más aburrido de la serie, por tener el papel de vampiro bueno y noble que siempre hace lo correcto. Aunque los guionistas nos han preparado una muy grata sorpresa con respecto a este personaje.

Los secundarios se verán mezclados con los vampiros de Mystic Falls y demás criaturas. Advierto que no es un batiburrillo sinsentido de criaturas, todo tiene su lógica bien cohesionada, la serie está tan bien conducida en guión, fotografía, banda sonora y personajes, que no deja indiferente y hace olvidar todo tipo de cliché moña de otros supuestos vampiros.

The Vampire Diaries es el equilibrio entre True Blood y Crepúsculo, con esta última comparte ciertas similitudes en la historia que Stephenie Meyer, puede decirse que le copió a la creadora de los libros en los que se basa esta serie, L.J Smith.

La recomiendo totalmente, para aquellos que gusten de vampiros, sangre, acción, drama y de historias románticas. Y sobre todo, por el genial Damon Salvatore y su conflicto existencial.

El Drácula de Gary Oldman

¿Cuántas versiones de Drácula se han llevado a la pantalla grande?, la respuesta sería: muchas.

El actor más conocido en la piel de la criatura, por supuesto, Bela Lugosi, éste, hasta creyó ser el propio conde de Transilvania. También se nos viene a la cabeza el grandísimo actor, Christopher Lee. Y puedo nombrar más actores que se hayan puesto alguna vez en la piel del más famoso de los vampiros, por ejemplo: Jack Palance, Frank Langella, Udo Kier, Gerald Butler, en fin, y un largo etc.

Pero…, si hay un actor que en mi opinión, plasmó todo eso que el cine, otros libros, y no la novela de Stoker en si misma, circula alrededor de lo que era el Conde Drácula, ese fue Gary Oldman en la supuesta adaptación de la novela de Francis Ford Coppola. No me voy a poner a analizar la película de nuevo. Solamente quiero destacar la grandísima y genial caracterización de Drácula por el actor ingles.

039_9741gary-oldman-posters

Una buena interpretación por parte de un actor o una actriz es ser capaz de demostrar diferentes rasgos y registros de un mismo personaje, por ejemplo, Edward Norton en “American History X” también lo consigue, hay una dualidad, un cambio, y diferente registro en su papel. El fallecido Heath Ledger en “Brokeback Mountain” fue capaz de mostrar al espectador rasgos de su introvertido Ennis del Mar, apenas con sus gestos y siendo parco en palabras. Con Gary Oldman en “Drácula” pasa lo mismo, tenemos tres aspectos del personaje: el monstruo asesino, el anciano curtido en experiencia, y el caballero romántico. Podría seguir subdiviendo el personaje, porque Oldman lo consigue en la película, pero me voy a quedar con esas tres perspectivas en líneas generales.

Al comienzo de la película tenemos a un guerrero despiadado, cuando transcurre la cinta, encontramos a un viejo que asusta, que da grima, que incluso el propio Keanu Reeves parece que quiere escapar de él. Y después, tenemos a ese caballero misterioso, ataviado con un traje gris, que intenta seducir a Mina de la forma más dulce y tierna. Y mezclándose con la historia de amor que Ford Coppola se saca de la manga, tenemos al asesino vampiro que consume a Lucy, al monstruo que bebe sangre y que esconde la más horrible de las criaturas.

dracula

Hay que reconocérselo, Gary Oldman, está totalmente increíble en esta versión de Drácula. Apenas tiene que mostrar sus colmillos afilados o hacer mohines exagerados como los Dráculas de las películas antiguas. Gary Oldman en esta película es capaz de asustar, enamorar, puede pasar del desprecio a la admiración. Toda una clase magistral de interpretación. Su personaje es caleidoscópico, mil caras en una, diferentes registros en una misma película. Tengo que destacar, que cuando vi el making-off del largometraje, me quedé totalmente impactada con la forma en la que Oldman preparaba el guión, es más, hubo un momento en el que se le olvidaron unas líneas y se enfadó muchísimo, la cara de susto que puso la pobre Winona Ryder, no tenía precio. Anécdotas a parte, hay actores que no dejan de poner las mismas caras en diferentes tipos de películas, da igual si es comedia, como si es un drama, siempre tienen la misma cara. Sin embargo, hay actores que consiguen su propósito y le dan a personajes redondos (personajes que muestran diferentes aspectos de si mismos y van modificándose en función de sus experiencias vitales) todo eso que el guión pide a gritos, expresión, vida, personalidad, carácter. Este “Drácula” lo consigue con creces. Así que, quién no haya visto aún, “Drácula de Bram Stoker” por Francis Ford Coppola, ya tiene una razón adicional: la interpretación de Gary Oldman.

“Despertar”, el libro que inspiró “Crepúsculo”

Cuando coges el libro y ves la portada, con esa mezcla siempre tan recurrente en negro y rojo, ya sabes que puede que la historia vaya sobre vampiros. Y eso, por lo menos para mí, es un punto a favor de la lectura. Los vampiros siempre son enigmáticos, siempre son bien recibidos para involucrarnos en una emocionante historia, dónde la supervivencia de estos seres de la noche, el amor adolescente y la elección de la vida eterna están presentes. Elena Gilbert, es la típica adolescente rubia americana que siempre es coronada reina del baile. Su vida es superficialmente perfecta. Hasta que un misterioso chico italiano, Stefan Salvatore, la humillará delante toda su clase sin saber por qué, y motivándola a ella a conseguirlo fervientemente. La historia bastante simple hasta que aparecen los hechos sobrenaturales, descubriéndose que el misterioso Stefan es un vampiro, hace que la lectura sea muy rápida. Tiene una narración sencilla, además de que podemos conocer los pensamientos y sentimientos de ambos personajes. El uso de flashbacks en la narración nos permite conocer el pasado del muchacho y de ahí su transformación, y el conflicto eterno entre su hermano Damon, que también fue convertido en vampiro y hasta la actualidad es su mayor enemigo. Podremos conocer su historia, podremos vivir una intrépida aventura adolescente, dónde el amor, las amistades, el peligro y sobre todo, lo sobrenatural hacen acto de presencia.

“Despertar” es el primero de las crónicas vampíricas escritas por L.J Smith. La autora Anne Rice también hizo sus propias crónicas vampíricas, pero puedo aseguraos que los libros de Rice poco tienen que ver con éste. “Despertar” es la base de la saga “Crepúsculo” de Stephenie Meyer, según he podido investigar, la autora se basó en ellos y ahora las fans de los libros discuten en los foros la polémica de que libro fue anterior y cual era la historia original, pues en “Crepúsculo” tenemos la misma historia, pero contada de diferente forma. Quizás por eso, mientras leía éste, pensaba que estaba releyendo los libros de Meyer.

Aún así, es un libro muy fácil de leer, rápido y podemos volver a disfrutar con un personaje que bebe sangre, se oculta entre las sombras, la lucha del monstruo contra el ser humano que aún pervive. El eterno amor…cómo no, siempre presente en este tipo de libros.

L.J Smith es una autora americana. Sus libros van dirigidos a un público joven, suele escribir sobre diferentes temas, como terror, romance, scifi y fantasía. Retoma en sus obras un conflicto entre el bien y el mal, la oscuridad y la luz, influencias de sus autores favoritos, J.RR Tolkien y C.S Lewis. Ha escrito la saga de las Crónicas Vampíricas, teniendo un gran reconocimiento por el público juvenil.

Stefan Salvatore llega al instituto de Fell´s Church sin saber que pronto se reencontrará con su hermano Damon, para reabrir viejas heridas. Entre todo este conflicto entre el bien y el mal, lo humano y lo sobrenatural, Elena Gilbert será un elemento protagonista..

“Despertar” es un libro dirigido a un público juvenil. Podremos disfrutar de la siempre perfecta mezcla de amor, miedo, el bien y el mal, lo sobrenatural. Todo ello aderezado por un personaje que atrae desde la primera vez que aparece en el libro. Aviso a las seguidoras de “Crepúsculo” que este libro puede que lo consideren una copia, pero es anterior a los de Meyer. También leerlo hará que tengamos una visión de la parecida historia para poder elegir cual es la que más nos gusta o simplemente, leer una versión diferente por entretenimiento, por el puro placer de leer. “Despertar” es quizás un libro que refleja menos los sentimientos adolescentes, la búsqueda de identidad, etc…pero entretiene y eso para los que no se animan a leer cosas más áridas, es un libro perfecto.