“Master of None”

Con la llegada de “Netflix” a mi vida, he podido ponerme al día con un infinidad de series y de retomar otras que antes me costaba la vida verlas y descubrir algunas joyas como de la que voy a hablar. Sí, soy una fan incodicional de “Netflix” me gustaría que tuvieran un catálogo más amplio y que apareciera la categoría “Clásicos” y encontrar pelis de Hitchcock, algunas del oeste, ver en acción a Humprey Bogart o a Audrey Hepburn, porque a los que nos gusta el cine, también nos gusta el cine clásico, pero tiempo al tiempo.

Hace poco estuve hablando con mi amiga Nieves y ella siempre suele recomendarme buenas cosas, me descubrió “Penny Dreadful” y la singular “The Leftovers” y luego me recomendó esta: “Master of None” y no me dijo ni de que iba, ni yo busqué el argumento, ni ná de ná. Simplemente, me fui a mi casa la busqué en “Netflix” y allí estaba, le di al play y pum. 10 capítulos, 1º temporada devorados en apenas unos días. Cada capítulo tiene una duración de unos 26 minutos, estilo sitcom, las sitcoms siempre son más fáciles de ver por el tono cómico, el buen rollo que dan y porque las tramas no son complicadas, ni tienes que estar atentos a si viene Pablo Escobar y sus “malparios” o los Lannisters se han peleado con no sé quien y avanzan lentos hacía “King’s landing”.

Al igual que con el formato de series como “New Girl”, “Modern Family”, etc, “Master of none” es una serie de comedia donde los capítulos se beben tranquilamente como una cerveza fresquita en verano. Pero…, no es una comedia al uso, no es una comedia en la que las risas enlatadas te señalan cuando reírte, ni tampoco los personajes son esperpénticos y aporrean la puerta gritando el nombre de otro personaje a lo Sheldon Cooper.

Lo que presenta “Master of None” en cada capítulo es un tema diferente de esta sociedad de siglo XXI, esta sociedad de los llamados “Millenials” a través de la vida de Dev (Aziz Ansari), un inmigrante indio de segunda generación, treintañero, que vive en la siempre cosmopolita Nueva York y que intenta ganarse la vida como actor.

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Cada episodio aborda un tema actual o al menos costumbrista : como tratamos a nuestros mayores, como fueron los inicios de los inmigrantes en Nueva York, como los jóvenes somos egoístas porque ver un trailer y estar al día en series y películas es mucho más importante que ayudar a tu padre a actualizar su “ipad”, el machismo, la convivencia en pareja y las manías, y por supuesto, el existencialismo de los treintañeros. Sí, sí de los treintañeros, porque “los 30” aunque quieran vendernos la moto de que son los nuevos “20”, no es cierto. Y Dev, es prueba de ello.

Los treintañeros están en una especie de limbo generacional, es decir, sufriendo el síndrome de Peter Pan y en camino hacía la vida adulta “convencional”, sin trabajos que sean bien remunerados de manera que puedan dejar crecer como personas, casándose porque toca o no casándose, agobiándose si tu mejor amigo se casa y pronuncia unos votos espectaculares y tú sigues sin estar seguro de lo que estás haciendo con tu vida y de sí has cumplido tus sueños para dar un sí quiero que dure eternamente. Sí, los problemas del mundo moderno. Esa sensación de ¿qué estoy haciendo con mi vida? Y si siempre me ha gustado Tokyo y quiero irme a vivir allí, ¿es tarde con 30? Y qué pasaría si siempre he deseado vivir en Chicago, ¿ya no puedo?

Pues de todos esos temas que aparentemente no hablamos en nuestras vidas y que por supuesto, que no vivimos en Nueva York, pero se pueden trasladar a tu pueblo. Esos “problemas” actuales que nos han traído también las redes sociales al mundo moderno, “problemas” que realmente no son “problemas”, de todo eso, trata “Master of None”.

Es una serie que tiene de fondo a la siempre perfecta y fotogénica Nueva York, por favor, que le den un Emmy, un globo de Oro, un Oscar…Nueva York siempre da bien en cámara, siempre quieres volver a pasear por esas calles. Aziz Ansari está gracioso y simpático haciendo de Dev y sus padres son la ternura personificada y sumamos que realmente son los padres de Aziz Anzari. Rachel es un personaje femenino que conquista, podría ser una musa indie perfectamente, el achuchable gigantón de Arnold, la divertida Denise o el simpático y guapo amigo asiático Brian, todos ellos hacen una pandilla de lo más amigable. Pero si hay que señalarle algo a la serie es el estupendo guión lleno de conversaciones ingeniosas, de chistes ácidos y críticas mordaces ocultas entre planos geniales de las calles de Brooklyn o Manhattan. Y el guión está escrito por Aziz Anzari y Alan Yang, una pareja creativa que funciona. Dev tiene muchas preguntas y nosotros también las tendremos después de ver esta genial serie.

¿A qué estáis esperando? No solo de “Narcos” o “Juego de Tronos” vive el espectador…

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The beginning of the End-Seriéfilamente hablando

Después de varios posts sobre viajes, he decidido volver a mi naturaleza reflexiva y aunque las fotos y los datos no sean tan interesantes como una buena ruta por cualquier lugar del mundo, quiero vagar por las rutas de esta absurda mente mía…

Ayer hubo algo que me hizo reflexionar mucho, algo que me ha hecho ver que el tiempo sigue transcurriendo sin ningún tipo de control alguno, como una ola salvaje y descontrolada, totalmente indomable. Ayer hubo algo que me hizo pararme en seco y pensar “Madre mía, que velocidad lleva esto”. El final de “Dexter” y el inminente final de “Breaking Bad”. Puede sonar cómico, pero estas series me han acompañado desde 2006 y 2008, años cruciales de mi vida. Tanto Michael C.Hall con su Dexter Morgan como Bryan Cranston  y su complejo Mr. White, se han convertido en parte de mi vida seriéfila y es un poco difícil deshacerme ahora de ellos.

 

Mientras que ayer contemplaba el desenlace del forense de Miami, mi cerebro iba asimilando las imágenes que llegaban desde la retina y un sentimiento de “The end” me estaba consumiendo junto con la impotencia de “no, ¿Por qué?, no quiero que se acabe” y por ese sentimiento, creo que el final me ha parecido realmente decepcionante, nada épico. Un final demasiado simple, demasiado fácil o quizás los guionistas se sentían un poco como yo.

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¿Cómo se puede terminar bien?, ¿estamos contentos con los finales normalmente de las novelas que leemos?, ¿los finales de las grandes o pequeñas películas?, será quizás que los protagonistas han compartido tantas emociones y situaciones con el espectador y los capítulos te acompañan durante tanto tiempo que uno ya no separa la realidad de la ficción. Y el momento de por la noche de tirarse en el sofá y poner un capítulo de “Dexter”, “Breaking Bad”, “True Blood”, “Game of Thrones”, etc, se ha convertido ya casi en un ritual. Un ritual en perfecta armonía con el cansancio acumulado del día, la sensación de relax en el sofá enfrente del televisor desconectando de las diez horas de trabajo y las horas de transporte público, con las historias y entresijos de estos grandes personajes y sus historias. Mi momento favorito del día sin lugar a dudas. Para que luego digan que no se puede ser feliz, para mí es muy fácil encontrarle el aliciente simplemente a eso, dejarme llevar a unas realidades que nunca viviré y que quizás nunca quisiera vivir, si pudiera elegir, pero simplemente dejarme llevar por la creatividad de un equipo que hace posible toda la serie en conjunto.

Quizás suene estúpido, pero es mi hobby. Es mi momento. Y tener un momento diario para evadirte de las prisas, de este estrés que consume sin darse cuenta, que se ha arraigado a la forma de vida contemporánea de esta época, evasión de las noticias que repiten sin cesar las cagadas de los gobiernos y de que el apocalipsis está cerca. Para eso, prefiero seguir viendo como Walter White y Jesse Pinkman cocinan en el desierto o como Debra Morgan repite mil veces “fucking asshole” o por mucho que me líe y no sea santo de mi devoción, hacerme la cabeza un lío con la cantidad de familias en Juego de Tronos.

El cine es una de mis pasiones, pero creo que las series, las buenas series, las que tienen un buen guion, unos personajes carismáticos, un reparto que se deja la piel en conseguir que sus personajes transciendan la historia de la TV, las bandas sonoras y la ya muy reconocible estética propia de éstas, las convierten en auténticas joyas. No sé si envejecerán bien o no, lo único que sé es que el temible final, llega. Llega incluso para una serie televisiva y nos deja un poco huérfanos, por muchos “spin-off” que inventen.

 

Ahora solo espero ver como finaliza mi serie favorita, este próximo 29 de Septiembre.

Breaking Bad