Tengo 18 años con 12 de experiencia, los 30 ya están aquí…

“El tiempo no se detiene ni espera por nadie, así que no detengas tu vida por pequeñeces, sigue adelante porque en este momento eres lo más viejo que puedes ser y lo más joven que nunca volverás a ser jamás” (Visto en un sobre de azúcar de esos cafés diarios que tiene mi madre y le hizo una foto y me lo mandó ayer. Lo voy a usar como conclusión a toda la parrafada que he escrito y lo pongo al principio, porque es una conclusión introductoria que debe ser leída de primeras para que sea lo más importante).

Recuerdo que cuando cumplí 20 me sentaron mal, tuve una especie de crisis y ya sé que es absurdo, pero yo las suelo tener cada 1 de Enero y con los cambios de dígito. Me da como una sensación de vértigo, de asomarme hacía el vacío de una incertidumbre que solo el tiempo puede controlar y es entonces, cuando siento temor al futuro o a lo que está por venir, aunque siempre me guste pensar que lo mejor está por llegar, porque esa es la actitud.

Ahora me río de aquella “crisis” de los 20, ¡por favor! la veintena ha sido espectacular, encontré mi primer trabajo, he viajado muchísimo, cumplí varios sueños como ir a Escocia y a Nueva Zelanda, me ha dado tiempo a ir dos veces a USA. Ya puedo decir que atesoro recuerdos imborrables y lleno una mochila vital que siempre deseé, porque al final viajar es lo que más me gusta del mundo, la verdad y con lo que más me siento que crezco como persona. Y en la veintena he podido disfrutar mucho de esto y así espero que sea en este nuevo período.

Durante estos “veintis”, he tenido la suerte de compartir muchos momentos con mi familia y mis grandes amigos. No soy una persona de muchos amigos, pero creo que los que tengo, son amigos de verdad. Me escuchan, nos reímos, hemos viajado juntos, hemos salido de fiesta, nos hemos emborrachado juntos (necesario y une, sí, eso es cierto) y compartido muchas largas conversaciones con risas de por medio, por supuesto.

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En la veintena también conocí a mi compañero de viaje, el que me soporta estos pensamientos existencialistas, el que me escucha, el que me anima y el que está ahí para sacarme una sonrisa. Con él he compartido incontables experiencias, con él he salido de fiesta y con él mi vida simplemente fue a mejor. Como buen Libra, él es mi balanza, es mi punto realista, como yo no soy lógica, lo es él por mí. Yo soy supersagitario (menos en eso de que nos gusta apostar, a mí eso no…) y tengo dos Libras en mi vida que me respaldan en todo lo qué hago, esas dos personas son mi madre y mi chico. ¡Qué suerte la mía! Parece que soy superfan de los horóscopos, pero no es así, pero la verdad que cuando leo el perfil de un Sagitario me siento muy identificada. Aunque la Libra de mi madre me regañe todas las veces que le de la gana, da igual las veces que cambie yo de dígito, eso se ve que es inalterable al tiempo y con licencia para todaaa la vida.

En estos 30 años, he aprendido muchísimas cosas y ahora la gente más mayor que yo me repite eso de:  “A los 30 dejas muchas tonterías atrás”, yo creo que esto lo he hecho antes, porque todo lo que me ocupa espacio y pesares en mi cerebro, lo elimino directamente. Si algo no me apetece, no lo hago, punto. Hay gente que aprende a decir que no después de los 30, yo lo he hecho antes y no me arrepiento. Por otro lado, si sueño con conseguir algo, no me quedo con el ¿y sí…? porque como he publicado otras tantas veces en mi blog, a mí no me vale el ¿y si?, yo lo hago y si me equivoco o me sale mal, pues no pasa nada, escarmiento. Es bueno equivocarse y saber recuperarse de esos errores, pero no podría vivir jamás con la losa del qué hubiera pasado si…

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Vengo detestando mucho esos artículos de cosas que hacer antes de los 30, de los 40…, creo que cada persona tiene unas prioridades distintas y una vida diferente, que cada uno haga lo que le haga más feliz acorde a sus posibilidades y eso ya será un gran paso para el ser humano.

En estos 30 años, puedo decir que he sido más feliz que otra cosa. He sido y ahora mismo me considero una afortunada, no tengo nada de lo que quejarme y aunque estoy teniendo una “crisis” con este nuevo cambio de dígito y con eso de que atisbo algún cabello plateado en el pelo y que las ojeras ahora son más permanentes y que la risa ahora se queda marcada en mis ojos, que existen cambios físicos que uno cuando es joven piensa que nunca van a llegar, pero llegan…porque no somos invencibles, ni eternos. No voy a mentir si digo que me entristece hacerme mayor y tener que usar potingues para cubrir las ojeras y pasar por todo el ritual tan exigente para las mujeres, porque las canas en los hombres son atractivas, pero en una mujer es algo inadmisible y qué decir, de los kilos de más, de las ojeras, de los pelos, varices, estrías, etc, etc. A los 30 empieza a cambiar el metabolismo y muchas más mierdas biológicas que te alertan tanto en artículos de internet : “Cosas que deberías saber a los 30”, pues mira, ¡a lo mejor no quiero saberlas! ¡A la mierda!

Pues como decía, no voy a mentir y voy a decir esto de me encanta, pero ayer hablaba con una compañera de trabajo que perdió a una amiga en un accidente de tráfico que una de las cosas que más tristeza le casuaba era pensar que no vería nunca a su amiga envejecer y eso me entristeció a mi también…Porque envejecer no tiene por qué significar: canas, dolores, arrugas, kilos, etc. Envejecer puede significar, experiencia, superación, motivación, trayectoria, sabiduría, conocerse mejor a uno mismo, disfrutar mejor de las cosas, saber lo qué quieres, cuando lo quieres y quizás, quién eres y también buscar la plenitud. Mirar alrededor y pensar en cuántas cosas vividas, en cuantas cosas hemos conseguido, cuantas personas hemos conocido, cuantas vivencias felices y malas que han ido construyendo nuestra personalidad y nuestras vidas como si fueran ladrillos de una casa hasta llegar a formar lo que hoy somos.

A los 30 le pido como siempre y como al nuevo año, salud para mis seres queridos y para mí. Porque sin ella no podríamos hacer nada. Imagino que se me pasará esta sensación de vértigo y que me volverá a los 40. Pero prefiero tener sensaciones de vértigo que no tenerlas, porque eso significa que sigo aquí y que mientras que la vida me deje, voy a seguir sacándole jugo, quiero sacarle el máximo, quiero seguir aprendiendo, seguir teniendo nostalgia de mi feliz infancia, quiero seguir viajando, quiero empaparme del mundo, de su cultura, leer libros, ver películas, quiero reír, quiero llorar de emoción, quiero cantar en la ducha a pleno pulmón, comer chocolate, pillar el puntillo, quiero disfrutar de la música, quiero estar con mis amigos, quiero reír, quiero seguir escribiendo este blog que no lee nadie, quiero seguir aquí. Y quiero seguir sumando sueños y cumpliéndolos. Los 3o tienen que ser mejor que los 20, ¡he dicho!

FELIZ CUMPLEAÑOS A MÍ 

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Tempus Fugit, y de qué manera…

Antonio Banderas decía en su discurso de los Goya que Taylor Swift le dijo: “¿Antonio Banderas?” y él muy contento, pensó:”Anda, me conoce” y Taylor Swift dijo: “Le encantas a mi abuela”. Auchhh, como escuece. De sex-symbol, de repente tienes destellos de plata en el pelo y las ojeras cada vez son más frecuentes y de repente, aparece alguien más joven que tú y te dice: “Llevas aquí toda la vida” y retumba para tus adentros : Toda una vida, toda una vida, como un eco, y sin querer, ese tictac del reloj que también escuchaba el Capitán Gafio, ha vuelto. Lo había olvidado entre la vorágine de los “veintis”, veintinuno, veinticinco, veintitodos y la espiral feliz de exprimirlo todo. No puedo negarlo, lo he pasado en grande, pero de pronto, me he instalado. Ya no soy ese espíritu libre, esa nómada que adoraba a Christopher McCandless, ya no espero el bus búho, ahora pillo un taxi. Empiezo a leer esos posts en otros blogs en el que proclaman cosas de : “Hechos que demuestran que ya no tienes 20”, “Cosas que hacer antes de los 30″, ” De veintiañero a treintañero” y de pronto, bostezo, en el taxi y sé que la resaca de mañana será una auténtica tortura. Me he aburguesado, ¿yo? Yo que pensaba Carpe Diem aplicado al segundo y ahora lo pienso al minuto, porque soy Sagitario y los Sagitario estamos muy locos, ¡muy locos! Pero hoy inevitablemente, me han quitado el puesto de benjamina y auchhh, duele, porque amigos, el tiempo vuela, time flies, Tempus Fugit. 

Ahora me acuerdo de toda esa gente que me advertía y casi maldecía al intentar añadirme o que me avanzara la vida: “Ya te llegará”, “uy, lo dices porque eres joven”, “ya cambiarás” y mientras pienso en cómo intentar darle la vuelta y no ver “Stranger Things” y sentir nostalgia, pero es que la tengo. La tengo porque quiero ser un niño que va en bici y vivir aventuras, quiero por un día olvidarme de rutinas y si hay algo en mí que no ha cambiado, es el deseo tremebundo de perseguir eso que nos hacen pensar que tenemos y que Mel Gibson supo gritar tan sumamente bien en “Braveheart” y sí, hablo de : Libertad.

Libertad de no encontrarme con los vecinos y que me digan eso de : ” A ver para cuando nos das un vecinito”. Pero bueno, ¿a tí que carajo te importa? pero aquí no tengo esa microlibertad de decirlo porque aparece la varita de la Educación y te dice: “Stop, mi hada”. Pero piensas, ¿acaso podría vivir yo como me diera la gana sin seguir cánones sociales? y ahora entiendo a Jennifer Aniston cuando decía que la dejaran en paz. Señores, vivan y dejan vivir. Y por supuesto, entretenganse, con libros, con Netflix, con deporte, con deporte íntimo, pero dejen de asomarse a la ventana para ver qué coño hace su vecino en el jardín. Qué suerte he tenido siempre, porque aunque esté repleta de defectos, hay dos cosas que no soy: envidiosa o cotilla. Para explicaros el punto de cotilla que no tengo, os diré que nunca supe si mi vecino de abajo, vivía en el A o en el B, ¡yo que sé! ¿era acaso tan relevante? Un vecino no es un amigo, aunque algún vecino pueda serlo. Pero vamos, no venía hoy a divagar y escupir pensamientos en alto en mi blog, para malgastarlo en hablar de mis adorables vecinos. Esto no era más que un cotidiano ejemplo de ataduras, esta vez por tener educación.

Esto venía a qué llevo ya casi seis años en el mismo sitio, y yo nunca me establezco, porque siempre que vuelvo de un viaje digo, “en una temporada no viajo más” y mira tú por donde ya me conozco todos las ofertas de las low-cost, why???? , ¿por qué no puedo simplemente arrastrar por el día a día y hacerme mejor amiga de mi despertador?

Esto viene, repito, porque diciembre seguro que llega pronto y cumplo los 30, esos que marcan la diferencia entre cenar pizza o ensalada ecológica y 100% natural, esos que anuncian los blogs que ya preferiré siempre el taxi al bus búho, el vino a la cerveza, el ver una peli a la discoteca, el hotel 5 estrellas al albergue…y empezaré a decir eso de : ” Es que ya no tengo 20 años, sé lo que quiero”. Yo quiero ser una James Dean de la vida y seguir rebelándome ante esto y decirle a los autores treintañeros de los blogs que mienten. Y lo peor de todo es que esto parecen ser todos los síntomas de peterpanismo. Si me viera mi yo de los 14, aquella niña que vivió los cuarenta años prematuros…, si es que ahora soy Benjamin Button, estoy en plena adolescencia y adoro a Lady Gaga, estoy enganchada a mil series y el otro día me acosté a las 4 de la madrugada viendo Netflix porque no era capaz de subir a mi habitación temiendo que la monja de “Expediente Warren 2″ apareciera. Con estas cosas que cuento, no puedo estar a punto de cumplir 30, ¿no?

En fin, amigos y amigas, la juventud no es una cifra, es como uno se sienta por dentro, es que te llame tu amigo y hagas voces y tu marido aparezca en el salón y diga : ” ¿Estás bien, qué te pasa?” y te estés riendo como una idiota de una gilipollez, juventud es que no te de pereza levantar tu culo de la silla y te escapes por ahí a ver mundo, a que ese capricho jamás desvanezca, ese ansía de aprender, juventud es reirse, juventud es pasar de lo malo para que entre lo bueno! juventud es comerse una hamburguesa, juventud divino tesoro.

 

 

El tiempo no corre, vuela…Tic Tac…

Este año se me está pasando volando, será que he hecho grandes cosas y que los momentos felices van deprisa y como decía Marcel Proust, “Los buenos momentos no tienen mérito” creo que era Proust, aunque realmente lo escuché en “Pequeña Miss Sunshine”. Bueno, el caso es que este año está corriendo, deprisa, echo la vista atrás y solo me acuerdo de que terminé mi máster, de las navidades, de los viajes, Londres, Salamanca,Logroño, ¡Oh Nueva York!, Where did you go? eso ya hace más de un año.

Tic, tac, tic, tac, tac, tac esta cuenta atrás, quemando días de la semana, tan sumamente iguales a veces, unos detrás de otros. La rutina sentada mirándome, mientras come palomitas y no decide parar el tiempo, sino que sea lo mismo:

-6:40: Suena la alarma. Enciendo la luz de mala gana y pienso que quiero dormir una siesta con la promesa de que estaré durmiendo a las 22,00 horas porque hay que recuperar sueño, porque el cansancio parece acumularse.

-7:30: Como una “workalcoholic” y por circunstancias personales, estoy sentada en la oficina, con el portátil abierto y dispuesta a crear y planificar grandes clases que puedan inspirar a alguien, cuál Robin Williams en “El club de los poetas muertos”, aunque no creo que jamás vea un “Oh capitana, mi capitana”, no solo por lo improbable, sino también por lo mal que suena capitana, ya no es lo mismo.

-16:30-18:30: Depende del día, vuelta a casa, otra vez el tráfico de la insoportable A5. Siempre pienso, si es que todo el mundo vuelve o va destino a Badajoz.

-19:00-19:30: La ducha de la tarde, porque realmente madrugo tanto que odiaría tener que levantarme a las 5 para ducharme y secar este pelo…

-20:00: Como si fuera inglesa, me pongo a cenar, temprano, porque a parte de tener más hambre que un perro chico, me quiero ir a la cama pronto.

Pero, pero, el fin de semana, es la juerga padre. Es la fiesta de la vida, de todas las cosas buenas que hay y que todo este sinsentido de entresemana no te deja. Y aquí está lo triste, ¿por qué no puedo hacer lo que me de la gana también entre semana? Es muy triste que vivamos intensamente solamente cuando estamos de vacaciones y eso aquellos afortunados que disfrutamos de vacaciones y podemos viajar y ver mundo o estar en nuestra casa con nuestra familia.

Y luego, luego llevo anhelando que llegue un día en concreto y esto va ya en marcha y sin frenos y no hay freno de mano que lo pare. Y solo quiero que cuando llegue, disfrutarlo, disfrutarlo con todos los sentidos. Disfrutar nuestra fiesta, disfrutar de todos aquellos que vengan y compartan con nosotros ese día de octubre con la mismas ganas y todos nos contagiemos de buenas vibraciones. Pues la vida no es quemar cartuchos, sino intensificarlos, vivirlos y darlo todo!!! y yo ya no quiero esperar más, ya lo exprimo al máximo, da igual que tengamos despertadores, horarios, esperar a la nómina a final de mes o seguir levantándonos día a día. Porque como decían en una oscarizada película y yo ya he citado más de una vez :

¡HAZ QUE CUENTE!, ¡HAGAMOS DE NUESTRAS VIDAS ALGO EXTRAORDINARIO!!!

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Quiero un bodhran…¿un qué?

Que me gusta la música folk o celta no es ningún secreto, desde que era pequeña siempre me fascinaron esos instrumentos alternativos. Mi pasión por un sonido gaitero o por una whistle  no sé de donde vienen realmente, pero siempre me gustó muchísimo el ritmo ancestral, casi mágico, que destilaban grupos como Luar Na Lubre o The Chieftains, también me conquistó Hevia en su momento con su “Busindrel Reel”, dónde íbamos a parar ¡una gaita eléctrica! Aquello fue un bombazo para la música celta y para sus seguidores, he de confesar que aún sigo emocionándome con ese tema musical, claro… 

Es tal mi gusto por la música celta, que aún recuerdo en una de mis visitas a la preciosa Asturias, que estábamos dando un paseo y escuché tímidamente en el horizonte de la barrera que separa la atmósfera ambiental y el ruido, un sonido de música celta, tal fue mi corazonada que seguí aquel sonido de tambores y de gaitas, que al final, conseguí ver a un grupo de muchachos asturianos tocando unas piezas de música celta.

La anécdota quizás no fuera que mi cerebro y oído rastrearon de donde provenía aquel sonido, sino más bien que mis acompañantes iban a otro sitio y les cambié el rumbo, solo para ver donde venía aquello y yo tenía la edad tonta de eso, catorce…y dijeron : “Y esta guaja, ¿qué le pasa?” y allí estaba yo, dejándome embriagar por ese ritmazo norteño.

Lo que quería contar es que desde que vi a Caroline Corr (si, una de las hermanas de “The Corrs”) tocando un tambor de lado, me puse a investigar para ver como se llamaba aquel timbal, porque yo el máximo contacto que he tenido con el mundo de la percusión, ha sido tocar el tambor en una cofradía de mi pueblo y joe, tengo que confesar que me enganchó, aporreando aquella superficie con los “palillos” podías quitarte el estrés y crear un ritmo a la par (todo sea dicho no muy difícil) y con aquella introducción al mundillo, pues me documenté y descubrí que aquel tambor de Caroline Corr se llamaba Bodhran.

Desde aquel momento empecé a publicar por casa que quería uno, “quiero un bodhran, quiero un bodhran”, y todos me comentaban : ¿un qué?? El bodhran parecía un ente exótico y no caía en Reyes, ni en mis cumples. Cuando salía la conversación con amigos, ¿qué os gustaría tener? o ¿qué os haría ilusión? y yo repetía: un bodhran y la respuesta en innumerables ocasiones fue, ¿un qué? Lejos de sentirme original, me sentía frustrada. “Pues haberlo comprado por internet” estaréis pensando, pues sí, sabia respuesta, pero no sé por qué, siempre lo dejaba de lado (como el cacharro en sí) y nunca tomé esa decisión.

No fue hasta estos Reyes de 2012, que por fin, me cayó el bodhran. Un bodhran precioso con un símbolo celta dibujado en la piel. ¿Lo peor?, pues que cuando fui a coger el “beater” ( la baqueta ) me di cuenta de que mi sueño cumplido de verme tocar el instrumento con maestría, se ha ido al traste, porque soy un verdadero desastre, no sé mover la muñeca con gracia y habilidad. ¿Será por qué no soy irlandesa?, ¿será por qué no corre por mis venas la sangre de Cuchulain y no sé hablar gaelico? Fue una tristeza enorme toparme con la realidad, así que creo que voy a utilizar mi bodhran a modo de artículo decorativo en casa hasta que algún día delante de un tutorial de “youtube” consiga la motivación suficiente para alcanzar un nivel básico de como tocar este instrumento. Pero toda historieta, viene a contar que, “ser persistentes en la vida, si queréis un bodhran y lo peleáis, lo tendréis y como quién dice bodhran dice cualquier cosa”.

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Vivir así…es morir de reflexión…

Con el comienzo de un nuevo año (Apocalíptico 2012 o no…), siempre se suele hacer balance del año que ha muerto y las metas para el nuevo año recién nacido. Es como dicen los místicos esotéricos en sus programas cutres de madrugada, un nacimiento y renovación de energías cada vez que llega Enero. Enero con las rebajas y su cuesta, en 2012 más empinada de lo normal.
Es a principios de este mes cuando todo el mundo empieza a pensar sus propósitos, que si el típico gimnasio, que si el cursito de inglés, que si las dietas para la operación bikini desde ya y demás cosas.

Yo tengo muchas ideas en mente, pero no las tengo en Enero, las tengo casi siempre. Este 2011 pasado, me he dado cuenta que he desperdiciado mucho tiempo vital pensando. Tanto reflexionar, divagar, cuestionar o irse por los cerros de mi pueblo (Úbeda) no es bueno. A veces, creo firmemente la teoría de que pensar al final te produce migrañas y un estado de queso rallado que no sirve en absoluto. Yo no sé si esto le pasa a más gente o en un ataque algo egocéntrico, solo me ocurre a mí. Mi madre ante su: “Qué rara eres hija…”, suelo contestarle: “Es muy difícil ser yo”. Pero no por la vida que llevo, sino porque yo misma tengo que ser capaz de convivir conmigo. Con la vocecita esa de mi cerebro que no es que piense una cosa y la haga, que a veces también actúo así. Si no esa vocecita interna que empieza a crear futuros o situaciones llamadas expectativas cuando tomas una decisión frente a la realidad.

Hay una escena en la película de “500 días juntos”, en la que Joseph Gordon-Levitt va a reunirse con Zooey Deschanel, el plano se divide en dos partes, a la derecha se ve la secuencia contada por el personaje de Joseph creando unas expectativas de como sucederán los acontecimientos y en la izquierda se ve como ocurren las cosas en realidad. Bueno, este ejemplo, es un poco para ilustrar el paralelismo en el que se ve sumergido mi cerebro a veces. No es que yo cree expectativas siempre, porque reconozco que he madurado y ya suelo poner los pies en el suelo, aunque me encante soñar despierta. Simplemente, tengo miedo a equivocarme y que mi futuro sea un auténtico desastre. Las decisiones que tomo, no sé si están bien o mal, no sé si he dejado pasar grandes oportunidades o si lo que he elegido es lo mejor. El otro día pensé:

-“Si alguien pudiera decirme que es lo más conveniente y lo mejor para mí y a ciencia cierta me dijera, por este camino te irá bien”…

A lo que a este pensamiento, surgió otro:

-“Pero si eso fuera así, la incertidumbre no tendría sentido. Nadie toma decisiones sabiendo lo que ocurrirá y si eso fuera así, la vida no tendría el mismo color”.

Con lo que llegué a la conclusión de que pensar tanto, es malo para la salud, por lo menos para la mía. Y también es muy malo, leer el periódico donde la única información buena y positiva que leerás será la información metereológica si no te espanta que La Tierra se encuentre en pleno cambio climático y también te dé por reflexionar eso y la indiferencia que demuestra el ser humano ante ello. ¿Os dais cuenta? ¡¡Así no se puede vivir!!!

Entonces, mi propósito para este año es pensar menos. Puede sonar egoísta, pero los días se pasan, se queman con el tic, tac y de repente te encuentras de nuevo, con las doce uvas el 31 de Diciembre y te has pasado 364 días pensando en injusticias que no se resolverán porque no puedes hacer nada, en tu futuro que aún no ha llegado y en si te estás equivocando o no. Cuando lo más importante es vivir, vivir como uno elige, siendo lo que somos. Intentando ser libres, olvidarse de las apariencias y de la avaricia del tener por tener. Respirar tranquilo, dormir como un bebé, tomarnos las cosas por el lado positivo y comerte un helado ¿por qué, no?

Porque como dijo el anuncio aquel de bebida muy famosa con gas y colorante, “Estamos aquí para ser felices”.

Never Surrender

A veces, me pregunto donde estará mi destino. Si he perdido el rumbo, o si mis pasos resuenan como los de un desconocido en mis tímpanos. A veces, llego tarde a mis pensamientos. A veces, dejo que el ignorante se crea sabio. Y a veces, solo a veces, reniego del punto de destino y me guío por el camino, cuanto más largo mejor, para que ocurran cosas, para que me ocurran cosas. Solo de esta forma logro olvidarme de hasta donde llegaré, de donde se perderán mis reflexiones, si habrán servido de algo, pero una vez allí, en mi Ítaca particular, sabré que todas las pequeñas piedras me llevaron hasta ese lugar. Que todas mis decisiones no fueron las correctas, ni oportunas, ni tampoco los errores fueron las temidas equivocaciones, solamente constituirán los ladrillos de un pilar que no sé aún donde acabará. But…never surrender, still fighting!

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Misterios normales, misterios musicales

Podía escuchar los granizos chocando torpemente contra mi persiana. Y yo mientras me forzaba a mi misma para intentar dormir algo. Tenia que dormir algo, pero solo podía revisar en mi mente, millones de palabras sin sentido aparente, entonces sabía que mi memoria me estaba jugando una mala pasada. ¡Tengo que dormir!, maldito insomnio inoportuno, ¿Por qué? Estaba viendo pasar todas las horas con sus respectivos minutos del reloj. El móvil no cesaba de parpadear y yo intentaba escapar de la cama.

-¡Dormir!, pero si me duermo en lo alto de un pincho. ¿Por qué no puedo ahora?- me dije en voz alta.

Pensaba y pensaba, y mi cerebro a las tres de la madrugada parecía más despierto que a cualquier hora de la mañana. Soy una maldita criatura nocturna y ya no había remedio. Iba a desistir y encender la luz y ponerme a leer, para colocar aquellas palabras perdidas de mi mente, en algún orden lógico, pero fue entonces, cuando el sueño vino a buscarme. Tarde, eran las cinco y media, y tenia que levantarme a las seis…

Aquella media hora, mi cerebro soñó, por supuesto, estaba demasiado activo, como para que no se hubiera inventado o creado algo. Soñé con un mp3 en mi oreja, que me hacía daño, del aparato salían unas notas de una canción que mi cerebro adjudicó a Nine Inch Nails, pero aquella melodía no era del grupo. Mi cerebro jugaba al despiste conmigo, con una canción absolutamente genial. Cuando desperté, la tarareé, era una canción con letra incluida, en inglés, cuando me desperté fui capaz de repetir las frases de la canción del sueño.

Me miré en el espejo, no podía creer que el despertador sonara de esa forma, me daban ganas de lanzarlo por los aires. La del espejo tenía un aspecto horrible, apenas tenia ojos, el pelo alborotado, las mejillas parecían cansadas. “¡Que horror!”- pensé. Malditos espejos, objetos del demonio que nos vuelven vanidosos. Y como no, después de la mala noche, ¿qué esperaba que me devolviera el espejo? Pues lo que estaba viendo, un rostro cansado.

Desayuné con desgana, pero la canción me martilleaba la cabeza…De camino al autobús, con la primera persona que tuve una conversación, le dije: “¿Se puede soñar con una canción que no existe?” Me contestó con una sonrisa y me explicó que quizás ya la habría escuchado antes…y mi cerebro la habría guardado…

La respuesta no me convenció, miré por la ventana del aquel autobús, estaba amaneciendo…un día gélido, de los que el frío te corta los labios y se te mete en el cuerpo a pesar de la coraza de abrigo y bufandas.

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Y mientras los pobres rayos del sol intentaban hacerse paso como todas las mañanas, en el reflejo de la ventana, contemplé mis ojos, aún cansados y tristes. Y la maldita canción en la cabeza, que aún intento saber si es una mezcla de muchas o si realmente existe… Misterios normales…misterios musicales…