¿Conformarse?, ¿dejar de soñar?

Creo que uno de mis peores defectos es que soy demasiado inconformista. Hay gente que piensa que es una virtud más bien, pero solo cuando un defecto se tiene en justa medida se puede considerar virtud. En mi caso, no lo es. Este inconformismo mío me lleva a crear en mi cabeza, planes y más planes, metas y metas, que al final se convierten en sueños arraigados en mí y que al paso del tiempo veo que se escapan sin haberlos cumplido y alcanzado. Con lo que esto provoca un estado de constante búsqueda de eso que llaman “realización personal”, “felicidad” o “estado pleno”.

A veces, me duermo pensando en que tengo todo lo que necesito, que es injusto (demasiado) quejarme. Valoro todas y cada una de las pequeñas cosas y personas que me rodean. Es más, siempre he sido muy alegre porque en mí día a día siempre he sabido sacarle el jugo a casi todo y valorar. Sin embargo, ahora tardo más en dormirme, porque quiero mejorar, no quiero cosas materiales, solo querría poder realizarme en lo que desempeño, poder saber que lo que hago puede servirle a alguien o ayudarle. Creo que todo esto viene aderezado también a que mi espíritu aventurero se ve enjaulado en la rutina, aquella de la que jamás podrás escapar. Mi mayor decepción en la vida ha sido darme cuenta de que no puedo hacer de cada día nuevo, un día emocionante. Mi mayor decepción quizás sea estar madurando y acordándome de aquellos que siempre me decían que soñar era de ingenuos, románticos.

Aunque es algo incorregible en mi ser el no ir dibujando historias en mi mente, cuando voy por la calle, cuando diviso el cielo atardeciendo. Porque si perdiéramos la capacidad de emocionarnos ante la vida, ante la música, ante el arte, ante una risa, una conversación, una palabra, un regalo, un adiós, una discusión, no sé si sería capaz de resistirlo. Y como siempre dije y aunque me opongo a ser engullida por la sociedad capitalista e indiferente que me apaga, la verdad sigue siendo que fui poco automática.

Mediocres del mundo

“Mediocres del mundo, yo os absuelvo” es la frase que grita F.Murray Abraham en la película “Amadeus” de Milos Forman, totalmente entregado a su papel de Antonio Salieri.

Es esa frase la que me hizo valorar toda la película, bueno, y por supuesto las estupendas interpretaciones del dúo protagonista, Tom Hulce como un histriónico y de risa cansina, Mozart. Personaje que hace que se le revuelvan las tripas al compositor Salieri, interpretado por un magistral F. Murray Abraham.

El talento que Mozart rebosaba sin ser consciente cuando componía, pero arrogantemente afirmaba cuando sabía que era el mejor de su época, era el motor de la envidia que se instauraba en forma de amor-odio en los pensamientos de Salieri. La música de Mozart era criticada y juzgada a la ligera. Sin embargo, el único que realmente valoraba su obra, era precisamente Antonio Salieri. Y es que en forma de unos celos mortales de haber siempre anhelado tener el don que el hombrecillo llamado Wolfgang Amadeus poseía, es cuando esa admiración se convierte en una corrosiva obsesión por aniquilar al genio.

Envidia, quizás sea el peor de los pecados capitales, porque nace de algo positivo, de sentirse atraído por algo que posee alguien hasta que se convierte en un disfraz de sonrisa falsa que por dentro se muere por exterminar al poseedor de tal cosa, tal don o lo que sea. En la vida no abundan muchos “Mozarts”, pero sí demasiados “Salieris”(me refiero al personaje de la película, no al histórico, porque no se sabe si fue cierto).

“Salieris” que se camuflan como supuestos amigos, “Salieris” que ven tesoros donde solo hay normalidad, cuando incluso ellos mismos poseen lo mismo, pero se convierte en enfermizo y apesta cuando maquinan para que se tuerzan los planes de otro mediocre (o genio) humano (siempre humano) del mundo. Y entonces sería más bien, una frase en forma de sentencia : “Envidiosos del mundo, yo os absuelvo”. No merece la pena envidiar lo ajeno, merece la pena valorar lo propio, lo que realmente poseemos, que si bien es cierto, poseer o tener, no es más que un sentimiento material y totalmente efímero.

Fotografía de tiempo

Si hay algo que me sorprende más que cualquier supuesta teoría divina del origen de nuestra existencia o si hay algo más allá de la muerte, es el tiempo.

Creo que podría afirmar que es la fuerza más sobrenatural que dirige sin querer nuestras vidas, el martilleo incesante de cómo pasan los segundos, formando minutos, esos minutos que colapsan horas, a veces, desperdiciadas.

El tiempo, ese poder a veces maligno, que nos hace que soportemos de vez en cuando el aburrimiento y el tedio. Y con una fuerza más maligna aún, cuando nos arrebata casi sin darnos cuenta, algo que nos hace sentir la felicidad, esa que aparece de vez en cuando. No puedo dejar de plantearme, que siento miedo, cuando se acaba un día y otro, y otro…pero la vida es así. Por eso el dicho del Carpe Diem, lo aplico al máximo. Pero sí que es verdad que una persona importante para mí, solía darme las buenas noches de una forma peculiar: “Un día más y un día menos”. Y sí, se me ha quedado grabado.

Si el ser humano pudiera controlar el tiempo, ¿qué haría con él? Muchas veces imagino que existiera una máquina del tiempo, yo viajaría a puntos concretos de la historia de la humanidad, aquellos momentos que siempre me han llamado la atención, como por ejemplo: la civilización egipcia, el imperio romano, la batalla de Stirling, la edad media, etc. También, si existiera esa remota posibilidad, elegiría viajar al momento en el que se conocieron mis padres, o conocerme a mí de pequeña, no sé si me advertiría de ciertas cosas, porque aquí entraría la siempre encrucijada de los viajes en el tiempo y en el espacio. Si cambiara algo de mi pasado, ¿alteraría irremediablemente siempre algo de mi futuro? En las películas siempre es que sí, y siempre se desata un caos. Supongo que entonces aquí aplicaría aquello de: para enfrentarse al futuro, primero hay que conocer tu pasado. Y con esto, aprender de los errores, de las decisiones que no fueron fructíferas y de las circunstancias, que por más que viajáramos en el tiempo y en el espacio clave, no podríamos alterar, porque están predestinadas.

Obviamente, me encantaría viajar al futuro, pero lo confieso, ese paso me sería mucho más complicado de tomar. Temor, temor a ver cosas que no quiero ver. Un futuro catastrófico, personas queridas que se van, o verme a mí misma en una situación que nunca imaginé.

Es tan sumamente curioso y no sé si será solamente percepción mía, pero el tiempo en la infancia, parece que transcurre mucho más lento, más despacio. Parece que no llegan las cosas que hacer. Y sin embargo, al pasar de los diecinueve, el marcador ha empezado una carrera a toda pastilla. Y no sé si es a consecuencia de la inevitable rutina.

A lo mejor mi mensaje parece desalentador o un poco pesimista, pero es todo lo contrario. Carpe Diem. Y como no tenemos máquinas para viajar en el tiempo y en el espacio y tampoco nadie ha desarrollado un poder así, ( o no lo sabemos), más vale que todas las fotos que hagamos sean de momentos claves de nuestra existencia, que cubran nuestras experiencias vitales de esos grandes y pequeños momentos que son parte de nuestro ser.

Pero si por un momento, solo un momento pudieras..,¿A dónde viajarías?

¿Y si…?-No, ¿y si?, No

Siempre he sido muy cabezota, y a la hora de elegir, siempre me encaminaba por el camino que nunca me convenía. Me gusta ir a contracorriente y sorprenderme a mí misma, quizás lo que todo el mundo piensa que es correcto o lo adecuado para mí, puede que sea precisamente todo lo contrario. Por eso normalmente, elijo lo complicado y lo difícil. Mientras, las miradas ajenas me desaprueban. Sin embargo, saco una motivación que no sé ni de donde sale, llevada por un halo arrogante y de amor propio, que me impulsa a conseguir las metas que me planteo.

Dicen que en la vida hay que ponerse metas factibles, pero yo siempre pienso que lo importante es ponerse metas, aunque parezca que son inalcanzables. Pequeñas metas diarias.
Cuando salgo a hacer deporte, me gusta notar el sudor resbalándome por la frente, y voy exigiéndome con cada paso que doy, llegar más lejos.
Cuando leo un libro, me gusta finalizar el capítulo. Cuando empiezo una película, me gusta terminarla. Y cuando tengo un sueño, me gusta cumplirlo, pero si no llego a él, nunca podré echarme en cara eso de…¿qué hubiera pasado si…?, ¿y si…?, porque odio esa clase de preguntas. Aunque pueda estamparme el golpetazo más grande del mundo en mi espíritu iluso, prefiero cien veces, haberlo intentado a haber dibujado en mi mente como hubiera sido un hipotético resultado. Riesgos, correrlos y asumirlos; porque la adrenalina es buena. Y sin emoción no se puede vivir, y sin sueños que nos hagan volar hacia ellos no se puede disfrutar y porque si no nos equivocamos, la vida no tiene sentido; porque como bien dicen, rectificar es de sabios.

Y me apena la gente que va dejando escapar su día a día, sin poner en marcha esos pequeños proyectos que pueden provocarnos la sonrisa o hacernos sentir útiles. O simplemente esas cosas que nos harían emocionarnos, porque el sacrificio conlleva a una recompensa, o quizás no, pero el hecho de sentirse vivo, es una motivación tan grande que merece la pena. Por eso cuando voy contando los árboles que voy dejando a mi paso mientras voy corriendo, me parecen pequeñas metas absurdas que voy alcanzando…

Alcanzar… Tengo tantas cosas que me gustaría alcanzar…o que por lo menos me dejaran rozarlas por un solo segundo, que es por ese instante, la razón por la que no me rindo.

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Love is our resistance

Escuchando una de las canciones del último disco de Muse, me ha inspirado de forma muy moñas. Dice el estribillo que “Love is our resistance”. Y entonces, me he parado a pensar, que cuando todo parece que te va mal, pero te acuerdas de “esa” persona, para ti especial, todo parece tener más sentido o por lo menos te entra una especie de consuelo al saber que si consigues hablar con ella, cruzar una palabra o verla por un segundo. Todo lo malo puede desaparecer.

Porque en todo argumento, existe un motivo por el que luchar y normalmente lo mueve un sentimiento relacionado con el amor, y si bien es cierto que es una de las emociones que pueden llevarnos a perder la cabeza, a creernos que podemos moverlo todo, que podemos experimentar sentimientos amargos, volvernos poderosos o arrojarnos a la más vulnerable de las debilidades; porque esa emoción, sentimiento o estado, produce toda una clase de miscelánea abstracta que te hace sentir como si de una sustancia ajena a nuestro conocimiento, se tratara. Porque no se puede describir con palabras, porque todo el mundo lo ha sentido alguna vez, de una manera u otra. Normalmente casi todos sus efectos, la felicidad suprema y el corazón desconsolado, el anhelo. Y a veces, incluso siendo nosotros, nuestros propios verdugos, porque cuando una mirada se te clava en el corazón, ¿cómo deshacerte de ella? Ayer lo comentaba con un amigo y me decía “No puedo olvidar” y lo que es aún peor… ¿y cuando no eres capaz de rendirte y aceptar una derrota?; aún sabiendo que por tu propio bien, lo más adecuado sería dejarlo/a ir, pero una especie de cosquilleo te recorre la espalda y sientes que todo se te hace trizas. Hasta un puñetazo dolería menos…

Porque por más que lo intentes no se puede sustituir y sustituir siempre suele apestar a error. Y el olvido es demasiado doloroso, un proceso que te araña a cada segundo, porque cuanto más quieres olvidar, la memoria desvirtúa los recuerdos…y te persigue en forma de momentos felices que despistan a tu lógica.

El sufrimiento, el inevitable sufrimiento y dolor no son más que síntomas de que estamos vivos. Y todo es superable, porque al final es el transcurso del tiempo y la magia del destino, la que nos coloca a todos a su merced. Aunque tengas el corazón lleno de cicatrices y su nombre parezca una maldita maldición.

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Si me lees tú que estás dolorido y ahora parece que no encuentras sentido (ánimo), y quién quiera leerme. Solo puedo decir que el amor perjudica seriamente la salud, como decía el título de una mala película, el amor es el oxigeno de nuestra vida, el motor que alienta a veces, a seguir luchando. La motivación inexplicable, la sonrisa idiota, el corazón desbocado, latiendo a su ritmo propio y la mirada resplandeciente, que desafía. Porque por amor se libraron grandes batallas, se escribieron brillantes guiones, inolvidables melodías y dejarme rematar todo este manifiesto cursi y edulcorado, quién no lo reconozca, no hay mejor cosa que amar y ser correspondido, aunque el camino sea una horrible zarza llena de espinas, una cuesta con una cima alcanzable o una cima equivocada. Nos persigue amigos y aunque a veces, nos parezca invisible o que nosotros le resultamos indiferente, sigue ahí, como otras tantas cosas en la vida…

…o llámalo equis…

Muchas veces suelo decir que la incertidumbre aviva nuestro día a día, porque nadie tiene la seguridad de saber que pasará mañana. O qué ocurrirá dentro de diez minutos, esa falta de poder sobre lo que está por venir, dota a la incertidumbre de cierto morbo. Aunque si bien es curioso, que la mayoría de la gente suele buscar una “estabilidad” en sus vidas. Sin embargo, ¿cuándo se vuelve algo seguro y firme? En la incertidumbre existen cambios, que para bien o para mal, nos afectan y entonces se producen puntos de inflexión que pueden poner tu mundo patas arriba o patas abajo, según para donde gire. La cuestión es…que cuando no sabes que ocurrirá mañana con tu vida, ni pasado, y no haces más que poner expectativas en un futuro no muy lejano, construyes planes en tu mente, dibujas sueños y metas que alcanzar, a pesar de no saber si podrás realizarlos algún día, ¿es todo relativo?, ¿todo es alterable e inestable? Supongo que nadie tiene el poder supremo de tener las cosas bajo control y ahí está la emoción de vivir: que nunca se sabe que nos depara el destino, el futuro, la vida, las personas o llámalo equis…

Déjame el privilegio de equivocarme

Todo a tus ojos está mal, todo lo que digo o hago, siempre sale al revés. Siempre tienes la frase de… “Te lo dije” en la recamara, a punto de dispararla en cualquier momento, para restregarme que yo nunca acierto y que actúo como un espíritu errante y desbocado. Me acusas de inconsciente porque soy joven, me juzgas como imprudente, porque aún no he descubierto mi camino, ni mi función aquí…pero me encanta hacerte rabiar, ver como te llamean los ojos, sabiendo que una vez más, vuelvo a equivocarme, que vuelvo a quemarme en tu mirada sabia y experimentada. Deja que disfrute del privilegio de la duda, del privilegio del error y dame ese margen que todo ser humano necesita para darse cuenta de que a veces, no se debería arriesgar…pero déjame a mí, no me digas ni el que, ni el como de hacer las cosas. Las quiero hacer yo, y construir un pilar invisible, que quizás luego tenga que destruir con mis lágrimas y mi frustración, pero yo habré sido la artífice, como tú una vez en tu vida lo fuiste y nadie pudo pararte en tu tozudez.

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Y si te doy las gracias por tus consejos,  y por tu prudente prudencia, pero, allá donde haya un riesgo, lo correré, y lo asumiré, con todas sus consecuencias, a pesar de que después tenga que volver a tus brazos para encontrar consuelo…