Usar vídeos en clase, un gran recurso

He tenido la oportunidad de acudir a una clase de David Bradshaw en  la convención TESOL-Spain 37th, “21 st Century Teaching always on the Move” y quisiera reflexionar sobre ella y mi experiencia en clase.

 

Uno de los motivos por los que elegí asistir a su charla “Exploiting video in the classroom” es porque precisamente yo utilizo muchos videos en mis clases. Me gusta usar videos en clase, porque me parece que rompe un poco la dinámica de libro- actividades, dándoles un respiro en el ritmo de la clase y atrayendo su atención a algo audiovisual, que siempre les interesa más que cualquier lectura o gramática, aunque estas competencias sean igual de necesarias.

 

Siempre intento que los videos que utilizo en clase, estén totalmente relacionados con la unidad que esté tratando en ese momento. El otro día por ejemplo, estaba enseñando una unidad sobre “Going away” y vocabulario sobre viajes, etc. Y realicé una actividad usando el trailer de la película “The Secret Life of Walter Mitty” (Ben Stiller, 2013), tenían que escuchar y ver el trailer de esta película y completar el “handout” que les dí. Como era un nivel muy bajo, al principio les enseñé las palabras de vocabulario que iban a escuchar. Esta actividad les gustó mucho, aunque les resultó algo complicada. Debido a que era un trailer con música de por medio y con una conversación algo rápida y con palabras complicadas, la recomiendo mejor para estudiantes de B1 o B2.

 

Es importante que elijamos un video adaptado al nivel de nuestros estudiantes, para que no se sientan desmotivados o algo frustrados. Mis alumnos lo hicieron bien, aunque era una actividad difícil y les presenté un desafío. No me gusta sobreprotegerles y simplemente darle al “Play” del CD del libro, me gusta más presentarles material real o como yo les digo “real and natural English”. Pero sí que es cierto que para los niveles principiantes es mejor dejarles claro que no les exiges que lo entiendan todo.

 

Volviendo a la clase de David Bradshaw, una de las cosas que hay que pensar cuando vamos a utilizar un video en clase es: ¿Por qué usamos un video en clase?, ¿Cómo vamos a introducir o presentar este video? Y cómo siempre para nuestro Lesson Plan ¿Cuáles son los objetivos que perseguimos al utilizar un video en clase? Una vez que nos hayamos preguntado y contestado esto, podremos diseñar una actividad con un video de por medio.

 

Otro de los puntos importantes, la longitud del video. Los alumnos están cansados y prestar atención a un video en otro idioma de 10 minutos, se les hace misión imposible. Aunque suene exagerado, es la verdad.  O están cansados o no se enteran y eso hace que desconecten, o quizás el producto audiovisual que le estamos presentando no es lo suficiente motivador para que presten atención. Yo normalmente pongo videos de 6 minutos como máximo.

 

Podemos usar trailers, anuncios, entrevistas cortas, escenas de series o de películas y cortos de animación que son una delicia. Con todo el material existente en youtube podemos hacer maravillas y actividades muy divertidas o entretenidas. Incluso no hace falta que nos ciñamos al típico “script” y “Fill the gaps”. Podemos utilizar “Silent videos” e intentar que los alumnos nos hablen de lo que creen y que describan lo que están visionando. Si somos imaginativos y creativos, podemos intentar poner en práctica una gran diversidad de actividades usando videos y no distanciarnos de nuestro programa del libro y uniendo el material que utilizamos normalmente con material auténtico.

 

En mi experiencia, usar videos en clase es muy satisfactorio y los alumnos lo agradecen. En otra de mis clases pero esta vez en español, estaba enseñando el presente del indicativo y utilicé una entrevista que le hicieron en Inglaterra a Cesc Fábregas de cómo era un día típico de su vida. En esta entrevista todos los verbos utilizados eran Presente de indicativo y mis alumnos tenían que escribir todos los verbos que estaban reconociendo para después me indicaran las formas en infinitivo.

 

Sí, me encanta usar videos en clase, aunque no los utilice en todas las clases, porque no se puede y también para no convertirlo en una rutina.

 

Así que, queridos compañeros profesores, os recomiendo que indaguéis en este universo genial que es Internet y las plataformas de videos para que los incluyáis en vuestras clases. Seguro que no os arrepentiréis. 

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“Flipped Classrooms” o cómo darle la vuelta a las clases

La educación se está viendo inmersa en un cambio a toda velocidad, debido al uso de las nuevas tecnologías. Internet es una biblioteca universal, dónde podemos encontrar miles de respuestas que debemos aprender a filtrar. Como docentes, debemos enseñar a nuestros alumnos, que no todo lo que aparece en internet es verdadero o sustentado en una base científica, teórica, etc. 

Esta mañana pude asistir a una gran conferencia sobre “Flipped Classroom” con una experta en el tema, Dolors Reig. Y cómo me ha interesado tanto, me ha motivado a escribir sobre el tema por si algún compañero profe quiere probar esta nueva metodología.

¿Qué es una Flipped Classroom? 

Las clases tradicionales normalmente, era escuchar al profesor en su discurso, hacer si daba tiempo un ejercicio en clase y luego los deberes en casa. Cuando éramos críos nos volvíamos un poco locos con los deberes de mates, porque nos habíamos quedado con la explicación del profesor pero luego nos sentíamos un poco solos y desorientados cuando llegaba la hora de solucionar el problema. Digo matemáticas pero se puede aplicar a cualquier otra materia…

Las Flipped Classroom proponen que a partir de un vídeo/lectura/podcast o el formato tecnológico que el profesor elija, el alumno deberá consultar la lección en ese formato previamente de ir al aula y en la clase, se llevará a cabo la actividad o los “deberes”, cambiando el rol de profesor de un mero comunicador a ser un guía, asesor, moderador y el alumno pasará a ser un agente proactivo en la clase, tendrá una inmersión total en una actividad colaborativa y si surgen dudas, preguntas o problemas, el profesor estará ahí para intentar dirigir, orientar o solucionar las posibles incidencias. 

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Como profesora de idiomas, yo no sabía que estaba haciendo una “Flipped Classroom”, porque si en clase no se practica el idioma, esa clase no tiene sentido. Normalmente me apoyo de un vídeo relacionado con el tema que voy a tratar, un audio, una noticia online, twitter, facebook o cualquier gancho tecnológico tan familiar para mis alumnos, que en vez de venir con un “pan debajo del brazo”, vienen con la “tablet o el smartphone”. Me voy a enmarcar en su generación, somos “Nativos digitales” sabemos manejar cualquier aplicación sin leer las instrucciones, a través de ensayo-error. Cualquier padre o madre que me lea sabrá que sus hij@s instalan los vídeos juegos sin necesidad de leer nada e incluso si el juego está en japonés y al rato ya están jugando. Esto se conoce como “learning by doing”, aprender por la acción, las metodologías y las formas de aprender están cambiando de forma acelerada y puede ser por muchas razones en las que no me voy a extender, aunque una es clara, esta era tecnológica nos obliga a esto y como profesores a acercarnos a los medios que usan nuestros alumnos.

Sí que rompo una lanza en favor del libro tradicional, hay que animar a los chicos a acercarse a los libros, porque los libros son cultura y conocimiento. Y aunque las “wikis” también pueden serlo, a veces, no es lo mismo.

Esta metodología no es más que un “renovarse o morir” o una “adaptación al nuevo medio” y sobre todo, colocar al alumno en el centro del aprendizaje, para enseñarle a usar las herramientas, exponer sus ideas, a ser protagonista en esta vida que es un aprendizaje constante. Se debe aprovechar como una ventaja la era de la hiperconectividad en el sector educativo para seguir aprendiendo todos juntos en el aula, porque el profesor con este nuevo rol se aproxima y se acerca mucho más al alumno y puede “personalizar” más y mejor a sus alumnos, intentando ilustrarle en cuales son sus talentos o posibles ideas brillantes.

Con todo esto de la tecnología, la era de la hiperconectividad, la era de las redes sociales, de la tecnología, etc, etc, con la era que más me gusta pensar que vivimos es : La era del hemisferio derecho, porque siempre dije que a mí el izquierdo no me funcionaba, y todos estos medios que tenemos a nuestro alcance hacen que la creatividad tenga un papel primordial, la estamos desarrollando a niveles insospechados y lo estamos comprobando a diario, blogs geniales, tweets ingeniosos, wikis muy completas y en grupo, aplicaciones cada vez más originales. Así que, usemos Internet y la tecnología para fomentar nuestros talentos, ocultos o no y motivar a todos los estudiantes a que intenten ser felices con lo que trabajen o desarrollen, al menos contagiarles el optimismo de que una idea o un proyecto puede hacerse realidad.

La trágica historia de Antonio Calvo y el silencio de Princeton

El otro día pude ver un documental sobre el trágico final de la vida del profesor de español en Princeton, Antonio Calvo. No conocía su historia, no me había enterado de lo que le había ocurrido a este filólogo de Hispánicas.

Según contaba el reportaje, Antonio procedía de una humilde familia de León. Había estudiado Filología Hispánica y tras una vida dedicada a una vocación, la enseñanza y su esfuerzo, consiguió encontrar un lugar en el “Olimpo de los dioses” de la educación, era profesor de español en la Universidad de Princeton, ni más ni menos.

Antonio, era querido por todos sus alumnos y gracias a su carácter carismático, supo como transmitir el amor por los idiomas, en su caso, el amor por el español. Precisamente hoy se celebra el día de nuestro idioma. Un idioma que se ve relegado en muchas ocasiones por la lengua que nos impone este mundo globalizado a estudiar, el inglés. El caso es que Antonio fue un gran embajador de nuestro idioma, no solo se dedicaba a enseñar, sino que su carácter vanguardista y pasional, le hizo ganarse muchos amigos y como suele pasar, enemigos ocultos en las sombras.

La historia de este profesor termina de forma trágica en su apartamento, cuando se suicida de forma brutal, al ser despedido de la Universidad donde ejercía. Acusado de acoso sexual al mandarle un e-mail a un compañero de departamento, con este mensaje en español: “Deja de tocarte los huevos y ponte a trabajar”. Con esa frase que cualquier hispanohablante sabe de sobra que de acuso sexual no tiene nada, fue despedido cruelmente, prohibiéndole dar su última clase a sus alumnos. Con una carta de despido donde menospreciaban su trabajo y le dejaban sin opción ninguna para trabajar en otra universidad estadounidense, quitándole también con ello, el visado y robándole con todo esto, su vida profesional, quitándole el sueño de todo profesor. Trabajar en las mejores universidades (supuestamente) del mundo.

Antonio Calvo era comparado con el personaje de Robin Williams en la película de “El club de los poetas muertos”. Era profesor de español, pero también motivaba a sus alumnos, también se interesaba por la vida de sus estudiantes y los animaba a ser mejores no solo aprendiendo un idioma, sino como personas. Eso es ser un buen profesor, aquel que se desvive por esa vocación docente, por la pasión por la enseñanza y la materia. Un buen profesor es aquel que en su rostro y su forma de explicar su asignatura es capaz de pasar del oído del alumno, para llegar a activar la motivación por aprender y de comprender lo que se explica. Y Antonio era de esos pocos profesores de verdad y de corazón.

Soy filóloga inglesa, me encanta los idiomas, la literatura y las formas de comunicarse que tienen los seres humanos, pero siempre he dicho que lo que más me gusta, son las humanidades. Me impactó muchísimo su historia y como terminó con su vida. Como “los dioses oscuros” de Princeton devolvieron a Antonio a ser un mortal más, hasta robarle sus sueños, su vida y separarlo de sus alumnos. Muchos dirán que podría haber sido un profesor en cualquier otro país o hacer otra cosa. El suicidio no era la salida. Ojala no lo hubiera sido para Antonio. Pero cuando te privan de tus sueños, de lo que te ha costado sangre, sudor y lágrimas, cuando te entregas a una tarea, como es la de enseñar y todo lo que ello conlleva y simplemente, por ser uno de esos seres especiales que comunican y enseñan de corazón, te aplastan, hasta hundirte. Las tinieblas te llegan ante la impotencia e injusticia. Por todo esto, la muerte de Antonio Calvo me impactó.

Todos hemos tenidos muchos profesores y maestros a lo largo de nuestras vidas. Creo que soy capaz de recordar a todos los que han pasado por mi vida. Los malos profesores (que los he tenido) en especial a uno que me hizo la vida imposible y solo me dio una lección: no ser como él. Y tengo otros en la memoria, uno del que aprendí casi todo mi inglés, porque era un gran profesional. Otra profesora de Lengua española, que no solo nos inculcó el amor por nuestro idioma, sino saber tener una mirada objetiva con la vida. Un profesor de religión que fue tolerante conmigo y nunca quiso imponerme sus creencias, ni me juzgó, ni suspendió porque yo fuera libre para opinar sobre mi fe. Y otro profesor de la universidad, que fue alumno como yo, que no se olvidó de lo que es estar sentado en un pupitre y que se desvivía todos los días en clase, por enseñarnos lo mejor posible. A todos ellos, gracias, porque me enseñaron y son parte de mi vida y supieron exigirme, supieron transmitirme grandes valores y la pasión por el aprendizaje.

Antonio Calvo fue un profesor de los de verdad, Princeton en su último acto de graduación, no fue capaz de dedicarle ni una sola palabra de reconocimiento a unos de sus profesores, no fue capaz de apreciar el trabajo de este docente, ni una despedida, ni un misero adiós. Se merecía mucho más que un cuchillo en su pecho. Y seguramente, no fue el objeto afilado el que destruyó a Antonio, sino el cuchillo hipócrita y malvado de los que confabulaban en su contra y quisieron, quitar de en medio, a un comunicador, un luchador, soñador y comprometido profesor. Eso mató a Antonio. Sus alumnos movidos por la impotencia, no le olvidan y reclaman explicaciones a la institución universitaria.

A los supuestos emperadores de la educación, no les tengo ningún respeto. Para Antonio Calvo, fueron mis lágrimas y la ilusión de que algún día sus alumnos, consigan desenmascarar al culpable y consigan de Princeton una palabra para su profesor.