Zahara, dulzura y talento

Anoche asistí en el Teatro Lara al segundo concierto de Zahara, que a parte de ser paisana de Úbeda, demuestra con creces el trabajo y el talento de una carrera discreta pero con un público incondicional, llenando las dos sesiones en el teatro entre semana, punto importante, porque el despertador no perdona.

Nos ofreció lo mejor de su último disco y sus clásicos en acústico, tan acústico que Zahara pasó de cables y artificios e hizo del teatro, su íntimo rincón fusionando su dulce voz con sus preciosas letras y su guitarra.

Los temas más cañeros como “Crash” sonaron geniales de la mano de su banda. Fue simpática y natural, el público se lanzó a sus brazos y ella lo dio todo, sobre todo con los temas finales.

Yo que no conocía mucho de ella, y fui más bien a verla porque el talento de mi tierra me tira mucho, me llevé una gran sorpresa. Me quedo sobre todo con esta preciosísima canción, “El frío” y aquí os la dejo, porque en España se sabe hacer muy buena música.

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De musicales, de flechazos artísticos : Adrián Lastra

Me encanta el cine, si os habéis pasado por este blog anteriormente, ya lo sabréis y como buena cinéfaga tengo actores fetiches, sí, sí como si fuera yo directora de cine o algo así. Hay actores que me encantan como actúan, como interpretan, como me emocionan, como me hacen reír. Cuando me preguntan ¿cuál es tu actor/ actriz favorit@? Se me vienen nombres como Gary Oldman, Sam Neill, Natalie Portman, Ewan McGregor, Bill Murray…y luego recapacito yo misma y digo ¿por qué me gustan?

 

Me gustan porque me emocionan. Ewan McGregor me fascinó completamente en “Moulin Rouge” tanto, que estuve enamorada del Christian que interpretaba, años. Yo tenía unos quince cuando pude asistir al gran espectáculo de esta película. Uno de los factores principales de mi favoritismo por “Moulin Rouge”, fue la maravillosa actuación e increíble portento vocal de Ewan.

 

Gary Oldman, Bill Murray, Natalie Portman, Sam Neill son ejemplos de actores poliédricos, con muchas caras, han tocado casi todos los registros, unos más que otros, con Bill Murray no puedo ser objetiva, me han hecho reír, me han emocionado, etc. Cuando un intérprete es precisamente intérprete y transmite unos sentimientos y unas emociones a través de la pantalla, es entonces cuando mi admiración crece. Cosa que también me pasa con mi adorado Joseph Gordon Levitt, no puedo ser objetiva con él, le he visto hacer de macarra absoluto en “Hesher” película independiente con presupuesto humilde y le he visto colaborando con el genial Christopher Nolan y con Joseph Gordon Levitt vuelve a parecer que es un hombre del renacimiento, hace de todo y también canta y toca la guitarra. No es que cante demasiado bien, pero canta. Y a mí un actor que es capaz de cantar, bailar, interpretar como lo es también Hugh Jackman, me conquista.

 

Llevo una semana que no puedo dejar de acordarme y pensar en este actor y este actor no viene de la esfera hollywoodense, no es un actor excesivamente conocido pero se está haciendo ya un hueco. Mi amiga Nini tiene un poco de culpa, ¡todo sea dicho!

 

Esta es la historia de como su nombre, llegó a mi bagaje cinéfilo-cultural-musical: Aprovechando una de las visitas de una de mis mejores amigas en Madrid, estábamos dando una vuelta por Gran Vía (mi calle favorita de Madrid, a pesar de la multitud de gente que hay siempre) y nos paramos en frente de un teatro y vimos “Musical de Los 40” y yo dije, “¿Y si compramos las entradas para la próxima función?” Acto seguido estábamos dentro las dos, bailando ya con canciones que no sonaban todavía y montando nuestra propia obra, porque nosotras somos muy dadas a hacer eso. Improvisar. Empieza el musical, muy entretenido, muy bien, grandes voces y de repente, una voz entre las demás. Estábamos en el palomar como digo yo, porque eran las entradas más baratas, tuve que volcarme sobre la butaca de delante para ver de quién era esa voz, reviví un Ewan McGregor en “Moulin Rouge”, aquella voz me sedujo en ese instante, el timbre, la potencia, el color, la actitud en el escenario, todo. Yo no veía nada, atisbé un chico no muy alto, rubio, pero no veía nada más. Cuando salimos del musical, estaba tan fascinada con la actuación, que buscamos un libreto para ver cómo se llamaba el personaje y quién lo interpretaba, por supuesto. Ahora mismo no logró recordar el nombre del personaje, pero sí que recuerdo el nombre del actor: Adrián Lastra. Esto fue hace ya tres años o así y aquel nombre no se me olvidó. Es mi Ewan McGregor español. Le seguí la pista en varias colaboraciones en series como en “Aída” hasta que llegó “Primos” y se llevó la primera nominación a un Goya como actor revelación. ¡Qué buen ojo tengo!

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Así que, apuesto por este chico humilde de Vallecas como uno de mis actores favoritos “Made in Spain” por su sencillez, actitud, variación de registro, físico camaleónico y por supuesto, esa voz tan absolutamente maravillosa, carismática.

 

“Hoy no me puedo levantar” será mi próxima cita (espero…) desde la butaca con este actor, porque el actor de musical está poco valorado y sin embargo, tiene muchísimos ensayos a sus espaldas, ponen toda la carne en el asador y se entregan en cuerpo y alma en un directo, exponiendo sus voces y dotes interpretativas-bailarinas, son actores completos que se llevan sus momentos de gloria en el teatro. Adrián Lastra es un ejemplo del talento que conforma a un actor curtido en muchas horas de trabajo, muchos castings a cuestas por sus palabras entrevistas y tiene una de las sonrisas más naturales que he visto en mucho tiempo.

 

¿Nos seguiremos acordando de este nombre? Ojala que sí…pero si la fama lo encumbra sería un absoluto éxito que no perdiera su naturalidad y frescura, pero…bueno, el tiempo dirá.

 

 

Quiero un bodhran…¿un qué?

Que me gusta la música folk o celta no es ningún secreto, desde que era pequeña siempre me fascinaron esos instrumentos alternativos. Mi pasión por un sonido gaitero o por una whistle  no sé de donde vienen realmente, pero siempre me gustó muchísimo el ritmo ancestral, casi mágico, que destilaban grupos como Luar Na Lubre o The Chieftains, también me conquistó Hevia en su momento con su “Busindrel Reel”, dónde íbamos a parar ¡una gaita eléctrica! Aquello fue un bombazo para la música celta y para sus seguidores, he de confesar que aún sigo emocionándome con ese tema musical, claro… 

Es tal mi gusto por la música celta, que aún recuerdo en una de mis visitas a la preciosa Asturias, que estábamos dando un paseo y escuché tímidamente en el horizonte de la barrera que separa la atmósfera ambiental y el ruido, un sonido de música celta, tal fue mi corazonada que seguí aquel sonido de tambores y de gaitas, que al final, conseguí ver a un grupo de muchachos asturianos tocando unas piezas de música celta.

La anécdota quizás no fuera que mi cerebro y oído rastrearon de donde provenía aquel sonido, sino más bien que mis acompañantes iban a otro sitio y les cambié el rumbo, solo para ver donde venía aquello y yo tenía la edad tonta de eso, catorce…y dijeron : “Y esta guaja, ¿qué le pasa?” y allí estaba yo, dejándome embriagar por ese ritmazo norteño.

Lo que quería contar es que desde que vi a Caroline Corr (si, una de las hermanas de “The Corrs”) tocando un tambor de lado, me puse a investigar para ver como se llamaba aquel timbal, porque yo el máximo contacto que he tenido con el mundo de la percusión, ha sido tocar el tambor en una cofradía de mi pueblo y joe, tengo que confesar que me enganchó, aporreando aquella superficie con los “palillos” podías quitarte el estrés y crear un ritmo a la par (todo sea dicho no muy difícil) y con aquella introducción al mundillo, pues me documenté y descubrí que aquel tambor de Caroline Corr se llamaba Bodhran.

Desde aquel momento empecé a publicar por casa que quería uno, “quiero un bodhran, quiero un bodhran”, y todos me comentaban : ¿un qué?? El bodhran parecía un ente exótico y no caía en Reyes, ni en mis cumples. Cuando salía la conversación con amigos, ¿qué os gustaría tener? o ¿qué os haría ilusión? y yo repetía: un bodhran y la respuesta en innumerables ocasiones fue, ¿un qué? Lejos de sentirme original, me sentía frustrada. “Pues haberlo comprado por internet” estaréis pensando, pues sí, sabia respuesta, pero no sé por qué, siempre lo dejaba de lado (como el cacharro en sí) y nunca tomé esa decisión.

No fue hasta estos Reyes de 2012, que por fin, me cayó el bodhran. Un bodhran precioso con un símbolo celta dibujado en la piel. ¿Lo peor?, pues que cuando fui a coger el “beater” ( la baqueta ) me di cuenta de que mi sueño cumplido de verme tocar el instrumento con maestría, se ha ido al traste, porque soy un verdadero desastre, no sé mover la muñeca con gracia y habilidad. ¿Será por qué no soy irlandesa?, ¿será por qué no corre por mis venas la sangre de Cuchulain y no sé hablar gaelico? Fue una tristeza enorme toparme con la realidad, así que creo que voy a utilizar mi bodhran a modo de artículo decorativo en casa hasta que algún día delante de un tutorial de “youtube” consiga la motivación suficiente para alcanzar un nivel básico de como tocar este instrumento. Pero toda historieta, viene a contar que, “ser persistentes en la vida, si queréis un bodhran y lo peleáis, lo tendréis y como quién dice bodhran dice cualquier cosa”.

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Paradojas de la vida

Creo que tras mis últimas entradas algo pesimistas, al borde del Apocalipsis mundial y tras hablar de lo mal que está la situación laboral, social, económica, bla, bla, bla. Tras la frustración que he sentido (y siento…) he decidido tirar todos los muros habidos y por haber. Me explico.

Cuando uno es pequeño siempre tiene sueños, cuando es joven sigue teniendo sueños y si uno es soñador, sufre. Pero esos sueños alimentan la motivación en la vida, aunque nunca lleguen a realizarse. Puede que haya momentos malos y negativos, puede que la frustración te nuble la vista y elimine todo aquello positivo que te rodea, puede que el inconformismo te ciegue totalmente y pienses que todo es pura basura. Pero, como la mente es débil y más si está poseída por un fantasma oscuro. Lo mejor es resistirse a caer en ese pozo absurdo. ¿Qué es un problema? un problema es aquel que te sorprende sin que te lo esperes un día cualquiera a una hora que nadie te marcó en ningún papel.

Querer mejorar es una motivación, pasar por un sitio que sabes que no es el tuyo, no es un problema. El problema es no saber discernir lo que es importante en esta vida. Y como he perdido mi alegría innata, mi risa y mi sentido del humor y me estaba convirtiendo en otra tia con mala leche de las que va en el metro, renegando de su vida, he dicho : ¡No!

Por eso me levanto por las mañanas, y escucho mi música favorita, aquellas canciones que me dan un impulso para empezar el día, intento reírme con aquellas personas que me rodean. Intento verle la chispa irónica, cómica a todo, y a cualquier situación y si me toca algo que no me hace ni la más mínima gracia intento sacarle el lado positivo. Porque si hay otra verdad universal, es que el tiempo pasa muy rápido, demasiado rápido. Mi juventud se irá, como se fueron las de nuestros padres y no quiero verme en el espejo del futuro, pensando que lo desaproveché todo. Y lo desaproveché de la peor manera posible, “estando enfadada”.

No quiero pensar en el futuro, donde estaré, que seré, ¿tendré trabajo?, ¿seré feliz? No. Quiero vivir ahora, vivir este momento, ser feliz ahora y por supuesto, estar con la gente que me proporciona esas grandes sensaciones. Quiero estar con la gente que me enchufa buenas sensaciones y buenos pensamientos, aquellos que me hacen sentir feliz nada más verlos.

Soy consciente de que la vida no es un camino de rosas y que por supuesto, no se puede vivir en un nube constante, pero tampoco quiero estar subida a la nube negra de por vida. No tengo ningún problema, no tengo razón para quejarme, no tengo razones para no reírme. Así que, esta mañana escuché a “The Darkness” que tiene nombre de grupo oscuro y deprimente, pero escuché quizás una de las canciones que me pone de mejor humor “I believe in a thing called love”. Paradojas de la vida.

Las tinieblas no duran eternamente, duran lo que uno permiten que duren.

Lady Gaga

Me encanta la música, ¿a quién no? Suelo escuchar música de todo tipo, pero mi género favorito es el rock y celta. Escucho a la carta lo que me apetece, sin que ninguna radio me imponga las secuencias de melodías a sonar, porque lo que escucho en las principales emisoras nacionales, pues no me gusta. Bueno…miento. A día de hoy, si hay un ritmo que se me pega, una voz que aunque no es muy portentosa y las canciones tampoco están demasiado curradas, es el de Lady Gaga.

Sí, lo reconozco. Me gusta su música, me gustan sus canciones. Reconozco que si estoy de fiesta con mis amigos en un pub, quiero que suene “Poker face”, “Bad Romance”, “Telephone”…y que en mi casa, me pongo muchas veces la genial actuación de los MTV y la versión que hizo de “Paparazzi”. Me gusta su música y me gusta ella, me gusta esa artista loca, atrevida, ordinaria, extravagante, exagerada. Me gusta especialmente en esa actuación cuando se dirige al público al ritmo de la música, medio llorando con el costado “sangrando” y esa mirada perdida. Me gusta la cara que se le queda a la gente entre asombro, desaprobación y risa.

Todas las épocas tienen su icono en un artista, Madonna es uno, Freddie Mercury, Michael Jackson, etc. Ya sé que no tiene nada que ver el tocino con la velocidad. Pero Lady Gaga ha conseguido algo que otras cantantes rubias oxigenadas sin voz, no han podido. Y no me refiero a llamar la atención, sino conseguir que gente que escucha un género de música o algo totalmente distinto, mueva los pies con su música. Otro punto a su favor, es que canta en directo, baila y toca el piano. Sí ¡es su trabajo!, ¿pero cuántos supuestos artistas recurren al playback? que supongo que ella también lo habrá usado alguna vez. Pero cada video que veo, versiona sus canciones, aporrea el piano y tiene una puesta en escena, increíble.

Otro punto a su favor es que sus canciones ya van ligadas a buenos recuerdos de mi juventud y eso se le agradece siempre a un cantante. Que cuando vuelva a sonar “Poker Face”, echaré la vista atrás y podré recordar lo divertido que fue aquel momento en el que ese simple ritmo nos hacía reírnos como locos.

He hablado mucho sobre Lady Gaga con mis amigos o con la gente en general. Y casi todos, suelen decirme que la consideran una “payasa”, por vestirse con carne, con velos enormes que le tapan la cara, ponerse metralletas en el sujetador, ser una ordinaria explícita, etc, etc… y sin embargo, yo termino defiendo al icono, al producto, a la artista, a la exagerada show-woman que se planta en el escenario y lo llena con su histrionismo y sus ritmos. Y afirmo que creo que hacia falta una Lady Gaga en el panorama del espectáculo y no una barbie más. Alguien que devolviera su nombre a la vanguardia, alguien que desafíe lo comercial para ganar con creces y convertirse en un producto de marketing, pero bien hecho. Alguien que de verdad revolucione. En resumidas cuentas, alguien que entretenga, divierta y con un mínimo de calidad y que le de sentido a esa magnífica frase: “The show must go on”.

Y el mundo en una canción…

Un acorde, un sonido, el viento en la ventana, la lluvia en calma, el agujereo de tu nombre en mi cerebro. Y no puedo parar de tararearlas, todo el mundo tiene una canción, toda una vida llena de compases, rock, pop, metal, folk, el género o subgénero que sea. Hay canciones que nos recuerdan a personas, a momentos, a risas, a lágrimas, a etapas de nuestro camino. Aquí os dejo algunas canciones muy especiales para mí, si queréis sumar las vuestras.

-“Zombie” de The Cranberries.

-“Moonlight Shadow”, Mike Oldfield

-“I want to break free”, Queen

-“O son do ar”, Luar Na lubre

-“No Rain”, Blind Melon

-“Hard Sun”, Eddie Vedder

-“Denak ez du balio”, Berri Txarrak

-“The foggy dew”, Sinead O´Connor y The Chieftains

-“Chop Suey”, System of a down

-“Hysteria”, Muse