Hoy es mi cumpleaños

Me encantaría que todos los días fueran como el de hoy. Me encantan los quinces de todos los diciembres. Este año cumplo veinticuatro años de existencia en este mundo y aunque soy una quejica empedernida y siempre he sido una inconformista total, me encanta estar aquí. Y lo que más me encanta es haberme despertado hoy, aún estando lejos de casa y de los míos, con mensajes de mis seres queridos en el móvil. La llamada de mis padres a primerísima hora de la mañana, de mi familia y a lo largo del día felicitaciones de amigos y conocidos.

Incluso en el trabajo, mis compañeros me compraron una napolitana y le pusieron unas velitas y me cantaron “porque es una chica excelente”… detalle que me hizo mucha gracia y me hizo sonreír hoy una vez más de tantas.

Al pasar las doce en punto, he tenido la suerte por primera vez de estar acompañada de una persona muy importante para mí, que me dio sus regalos, aunque el verdadero regalo era poder compartir pasar del 14 de diciembre al 15 de diciembre con él.

Hoy lo mejor no es que sea mi cumpleaños, hoy lo mejor es sentir el cariño, el amor y aprecio de la gente que quiero y adoro. Pues aunque estén lejos, hoy los he sentido cerca…

Me mola el 15 de diciembre, me da igual la edad que cumpla, siempre me hará ilusión.
Un brindis para todos: ¡Porque estamos vivos!

Oh Dios! qué vergüenza!

Quería exponer simplemente que después de toparme con tanta gente en mi vida y en mí día a día, todo el mundo me parece bienvenido. Aunque no todo el mundo me caiga en gracia, ni yo a ellos. Es lógico, natural y humano.

Hay muchas cosas que me molestan de la sociedad y de la gente, podría enumerarlas sin entrar en detalles, me molesta: la indiferencia, la injusticia, la hipocresía, la falsedad, etc, etc. Cosas que nos acompañan y ante las que a veces, yo, un minúsculo punto, no puedo hacer nada.

Últimamente me viene molestando mucho, esa gente “aséptica”, pudorosa, prejuiciosa y totalmente “correcta”. ¿Qué pasa?, es como si no pudieran soportar que los demás hagan el ridículo o el tonto un rato. Salir a bailar en un pub, cantar, decir una tontería en alto. Salirte un momento de lo correctamente estipulado, lo convencional. Y luego se tapan la boca de la risa, por la vergüenza ajena. “Oh madre mía”.

Pues esa exclamación la hago yo en el caso contrario. ¿De qué sirve encorsetarse en un disfraz falso y aparente de algo que realmente no sé es? En la vida habría que ser más auténtico, pero mucho más…