“La La Land” o el homenaje al cine

Lo sé. Llego tarde. Pero tenía que escribir…

Hace creo un par de años, una película me fascinó por su tempo, por su música, por sus actores y por su frenético ritmo, me encantó porque era una película cuidada, una película en la que su director contaba algo con tanta pasión y era palpable al espectador. Hablo de “Whiplash”, segundo largometraje de Damien Chazelle. Este jovenzuelo, que ha sido este año recientemente consagrado con el Oscar al Mejor Director, nos ha regalado un homenaje al cine. Un cine olvidado, un cine clásico y musical.

En una época en la que los remakes están a la orden del día o el superhéroe de turno machaca al villano, aparece “La La Land” y nos regala unos planos maravillosos. Un comienzo brillante, en el que se te van los pies, una música deliciosa que después se queda en la cabeza y nos hace inolvidable su tema principal y ese silbido que proclama esa “City of Stars” que tiene un toque tan melancólico como nostálgico. Una Emma Stone encantadora y un Ryan Gosling, que se hace con cada plano, con esos zapatos de claqué. Icónica ya para mí, la escena en el mirador, en los que se marcan ese genial baile, que me recuerda a la fantástica “Cantando bajo la lluvia”.

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Preciosa escena en el “pianobar”, preciosa escena la del cine, preciosa escena la del planetario. Y es que si tengo que describir a la película con un solo adjetivo diré que es eso: preciosa.

Ya lo había leído por ahí, que era una película para soñadores. Y así lo es, es una película que trata de muchos temas, de no mezclar “Samba” y “Tapas”, o uno o lo otro, porque si no, pierde su sentido y esto lo dice Sebastian y lo podemos trasladar al Jazz que tanto ama. No venderse, el Jazz no se puede mezclar con reggeaton, ¡qué no hombre, qué no! Ese discurso de Sebastian totalmente emocionado escuchando tocar a una banda en el bar, me recordaba a la misma pasión que sentía Christian al escribir y creer en unos valores en mi adorada “Moulin Rogue”. Claro que Ewan McGregor le da veinte vueltas en cuanto cuerdas vocales se refiere a Ryan. Pero Ryan no lo necesita. Ryan se vale de su mera presencia y del porte que tiene, en como se mete las manos en bolsillo o como se deja despeinar mientras toca el piano. Si hay un protagonista en la película, es él.

SPOILER, SPOILER

Si bien la película me mantuvo con las emociones a flor de piel, en el momento en el que la relación de Mia y Sebastian empieza a hundirse por la distancia, por traicionarse en cuanto perseguir sus sueños se refiere y sus proyectos profesionales, sentí como que se iba desinflando poco a poco, porque lo que te enamora también, son ellos, su grandiosa química. Tú quieres que estén juntos. Y de repente, vemos como Mia está con otro hombre y tiene una hija. Y van al bar de Jazz, y allí está Sebastian, y se ven. Y Sebastian toca esa melodía que te hace resquebrajarte por dentro, mientras se ven las imágenes de la vida que podría haber sido si en vez de un empujón, hubiera sido un beso en su primer encuentro. Si las decisiones que se tomaron en un momento, hubieran sido otras. Y se ve de nuevo, toda la película a modo de pequeñas escenas de cine artesano, de cine más clásico aún si cabe, mostrando como Mia y Sebastian, estaban hechos el uno para el otro y podrían ser felices. Y después de la ensoñación, las notas musicales, nos devuelven a la cruda realidad. Dos planos tan cercanos como profundos de una mirada cómplice y un atisbo de sonrisa, en el que ahí aparece ese “Yo te querré siempre” y entonces aparece un “The End” y yo me fui con el corazón roto a casa.

La película es un manifiesto romántico y es para personas románticas y este final más agri, que dulce, es el final que merece. Que hubieran terminado juntos, habría sido el final fácil y complaciente, y sin embargo es su final la que la hace aún más grande si cabe.

FIN DEL SPOILER

“La La Land” hará las delicias de soñadores, románticos, perseverantes y amantes de la música y sobre todo, amantes del cine. Es una película para disfrutarla en pantalla grande. Y es de estas películas que pasan por mi vida y que me marcan. Y esto no me pasa siempre…

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