Speed Racer!

¿Qué tiene de especial Speed Racer? Pues yo podría sacarle muchas cosas, aunque mi acompañante casi se duerme en el cine. Pero a mí, esta película me hizo entrar en un estado de epilepsia gracias a esa estética tan colorida.

Speed Racer consigue transmitir la esencia de la serie anime. Los mismos colores, el mismo Meteoro intrépido llamado Speed, muy bien llevado por el genial Emile Hirsch. Este chaval llegará lejos, y no lo digo por su interpretación aquí, si no por tener películas en su filmografía como Hacia rutas salvajes. El reparto está muy cuidado. Christina Ricci es idéntica a Trixie. Susan Sarandon y John Goodman lo hacen igual de bien que de costumbre. Dale cualquier papelito a Susan Sarandon y saldrá siempre con su estilo propio y con esa calidad que ya no le hace falta demostrar.

Speed Racer es intrépida, como los circuitos tan increíbles y surrealistas. Coches con armas escondidas, pilotos con parecido razonable a Rodolfo Chikilicuatre. Pistas a través de infiernos automovilísticos que ni Fernando Alonso querría para él. Y sobre todo, luces, colores, fogonazos y destellos de una estética japonesa o muy de dibujos animados, como debía ser para esta película que empieza a convertirse en un objeto incomprendido.

Tanto niños como mayores podrán divertirse si quieren, claro está. Aunque el argumento puede ser algo previsible sobre todo, con la historia sentimental de Rex Racer. La película muestra una gran crítica a lo que es el mundo de los negocios, los deportes o etc. Chico con talento, con una familia encantadora que lo respalda y un sueño por cumplir. Siempre vendrá “el demonio” en forma de empresa supercapitalista para tentarlo, aunque Speed se negará con un discurso más que sentimental para demostrar porque es un piloto. Aunque muchos lo cataloguen de una cursilada pura. A mí me pareció toda una declaración de intenciones. Luchar por los sueños y que nadie te corrompa, aunque esto conlleve graves consecuencias. Gente que se deja comprar, por pieles, por dinero o por lo que sea y que siempre estarán dispuestos a ponerte la zancadilla y a jugar sucio. Aunque en Speed Racer se demuestra que los sueños, haciendo bien las cosas, pilotando bien, pueden cumplirse.

Go Speed! Go!

Hacia rutas salvajes

Tras escuchar el último aliento de Christopher McCandless (Emile Hirsch) o para mí, Alexander Supertramp como él se bautizó, me voy quitando poco a poco los auriculares y descanso la vista y el corazón.

“Hacia rutas salvajes” dirigida por Sean Penn, es una firme apuesta por una historia real, por una biografía, sorprendentemente sorprendente y no por encontrarnos una historia de una complejidad extrema, si no por la sencilla y maravillosa historia.

Christopher McCandless no quiere involucrarse en el mundo laboral, no quiere un Porsche, no quiere una novia rubia oxigenada, simplemente, quiere vivir dentro de la naturaleza, avivar su espíritu en la temible y amigable vida como cualquier nómada hubiera hecho pero con un destino al que llegar, con un rumbo, rumbo a Alaska. En su valiente viaje, se encontrará con personas y personajes memorables. Pero no quiero fijarme concretamente en lo que son los personajes secundarios, que bien merecen un análisis a parte las grandes interpretaciones como Hal Holbrook o Catherine Keener. Quiero dedicarme a expresar la fascinación de lo que para mí se ha convertido ese Alexander Supertramp que existió, que viajó, que conoció a esos personajes, que se deshizo de las raíces superficiales y materialistas de la sociedad actual. He leído muchos comentarios que lo consideran un loco, sobre todo, por la forma en la que murió. Pero yo sinceramente, no puedo dejar de pensar, que fue una persona demasiado inteligente para convivir con los trajes sin alma que divagan por las grandes urbes.

Christopher McCandless se dejó influenciar por la corriente Romántica, por las palabras de Lord Byron, por Tolstoi, por Jack London, ¿Cómo no puedo dejar de admirar ese alocado coraje? Quizás él hiciera en su viaje, lo que otros muchos únicamente se atreven a pensar. Alex fue un puro soñador, un espíritu sin marcas de ninguna clase, quizás sea ese poco amor por su familia, por su tierra natal, por su vida, lo que lo hace extraterrestre a otras personas que vean la película y piensen, es un insensible. Pero…quiero pensar, que él amaba a la naturaleza sin condiciones y que quizás, fuera para él, ese entorno libre, lo que realmente quisiera para ser feliz. Quizás fue algo “tonto” al darse cuenta demasiado tarde, que la felicidad se disfruta cuando se puede compartir. Cualquiera puede tacharlo de tonto, pero él aprendió la lección por si mismo, otros muchos se rodean de supuestos amigos, pensando que son felices, pero en el fondo no saben, ni conocen, ( incluso ni conocerán) lo que es en verdad la LIBERTAD, la FELICIDAD, o lo que es la VIDA. Por estas razones, quizá esta película no le llegue a todo el mundo y que las dos horas que dura, se conviertan en una insufrible pesadilla y que muchos piensen, ¿y el loco este? Pero yo tengo que decir, que sigo en el Estado de Flipación y eso que hace un mes que la pude ver, quiero decir, sentir, disfrutar, oler, navegar en los rápidos, perderme, exhalar el último respiro de vida, aprender.