Propósitos de Año Nuevo

Yo sí soy de las que cumplen propósitos cuando digo de hacer uno. Un año me propuse conducir con regularidad, otro adelgazar, otro dejar de comerme las uñas…y este…este va a ser el año en el que por fin, aprenda a cocinar.

Los Reyes Magos me han traído un set de tazas y libro para hacer Mugcakes (muy sano y nutritivo), cuatro libros con 30 recetas para postres de Nutella, Leche Condensada, de Coca-cola (esto ya es megasano), una licuadora y el producto estrella el vaso batidor que es algo superfashion en la cocina. Seguro que las Kardashians tienen todas un vaso batidor para hacer zumos D-Tox verdes de esos…

9788499187341

 

Por cierto, el zumo de zanahoria y manzana está asqueroso, hay mezclas que es que por más que las mires, no casan, son divorcios anunciados, son la antiquímica de la cuisine.

El otro día, vi la final de Masterchef Junior y salió el juego y yo pensé para mí, pues el juego no me vendría mal y justo dijo mi chico, “Estuve a punto de comprarterlo pero no sabía si te ibas a ofender”. Será que yo soy aquí Martin Berasategui, porque vamos…yo necesito todo tipo de artilugios culinarios que me hagan más fácil eso de meterme entre fogones. Pero lo que realmente necesito es imaginación y la virtud del “a ojo” que tiene mi madre y el saber combinar sabores.

Una vez me llevé al trabajo una especie de estofado de zanahorias mediocrudas con cebolla rehogada y tomate frito. ¿Qué os parece? Necesito ayuda, ¿verdad? otro de mis platos estrellas fue una vez llevarme directamente la bolsa de la ensalada del súper, con una lata de atún a parte y un tomate, lo saqué todo y mi compañera me dijo-Nena, necesitas cocinar urgente, eso es muy triste-y tenía toda la razón. Porque lo que no se puede, jamás de los jamases, permitir es que una persona que ama la gastronomía por encima de todas las cosas, que poner la mesa me pone de buen humor y que con oler un guiso de mi madre se me saltan las lágrimas, no sepa cocinar.

Y que en la parrilla televisiva no haya más que “Masterchef”, “Top Chef” y yo me sienta más cerca de los que les echa la bronca Txicote en el otro programa de cerdos que demandan KH7 por toneladas. A ver, en el sentido de cocinar, que no sé…porque tener esas cocinas con más mierda que el palo un gallinero creo que es imposible o de un nivel Mastercerdo o Top Cerdo impresionante.

Yo quiero ponerme a cocinar y que mi imaginación sea libre como lo es cuando tengo que enfrentarme a una hoja vacía de este blog. Yo quiero sentir el olor en mi nariz acariciando mi mejilla y que diga, “Virgen santa, como huele esto”. Yo quiero dejar de aderezar mis platos con tomate frito, quiero hacer un sofrito!!! I want to believe!!!

Así que…como no será ya por libros para apuntar recetas, recetas para postres, vaso batidor, licuadora, batidora, horno y todo un mundo de tutoriales en youtube para dummies, mi próposito para este año 2016 que cumpliré 30…muy a finales y ya era hora, quiero aprender a cocinar. ¿Y cuáles son los vuestros?

Anuncios

1, 2, 3… ¡Masterchef!

Me encanta comer. ¿Gula? pues a veces sí, incluso a veces después del trabajo pienso : “Uhm, una palmera de chocolate, uhm, una tortilla de patatas, uhm un huevo frito…, ¿por qué no?” y luego afirmo: “Me lo merezco” y luego mi amiga Nieves me planta esta imagen que viene a decir: “No te recompenses con comida, no eres un perro”.

reward-with-food

Pero fuera coñas…me gusta comer y uno pensaría que el acto de cocinar viene muy ligado a ello. Si te gusta comer seguro que disfrutas cocinando. Pues no, no es mi caso, es más me parece una de las cosas rutinarias junto con conducir más meritorias del mundo. Sí, en serio, esa soy yo. Cuando conduzco me doy un aplauso y cuando aparco y bajo del coche, me hago la ola.

El otro día vino visita familiar a casa y no mi propia familia, puf, con lo cuál la presión era muchísimo mayor. Preocúpate por un menú que esté decente, que esté bueno y que tenga buen aspecto, como dirían en los famosos concursos de cocina, “el emplatado”.

Estuve una semana dándole vueltas a la cabeza y llamando a mi madre para pedirle recetas y sus indicaciones eran:

-Mamá, pero ¿cuánto de sal?

-No sé, un poco, bueno tampoco tan poco, un poco pero que tú veas que está bien.

Y yo que siempre he tenido estrabismo y problemas con la vista, yo no veo bien en la cocina…

-Mamá, ¿y cuándo le añado la nata?

-Pues yo que sé cuando todo esté haciendo “chup, chup” mientras se sofríe, ahí…

Mi cara al teléfono es un cuadro, no tengo ojo, no tengo intuición culinaria y desbordo imaginación para otras cosas, pero para la cocina no sé qué crear. Veo dos tomates y un huevo y ¿qué hago, dios mio? si es que hasta los niños de la edición de Masterchef Junior son más inteligentes en esto que yo. Y los admiro, a ellos, a los cocineros y a mi madre por supuesto, que parece el hada Madrina de Cenicienta, añadiendo ingredientes como si fueran ingredientes mágicos para crear un olor y un plato único y exquisito.

Mi madre va echando alimentos a no solamente una cazuela, si no que puede estar preparando un salmorejo, unas albóndigas, una carrillada y un flan a la par. Toda la cocina a máxima potencia, todo a babor y la Thermomix de mera espectadora y de vez en cuándo la interrumpe con el “tinonaní, tinonaní” pero ahí la que hace el verdadero trabajo es mi madre, la “Toñimix” al ritmo de “dibididaabidibú”.

Y aunque suene a tópico, yo echo de menos la comida de mi madre todos los días sin excepción. Y me gustaría haber heredado ese arte culinario, pero no lo tengo. A lo mejor necesito un “Ratatouille” que me dirija debajo del gorro de cocinera que no tengo.

Ratatouille 1

De todas formas, el otro día me sentí como una abuela o madre, al ver como rebañaban la salsa que hice, dejando el plato limpio. ¿Se puede experimentar mayor felicidad y realización personal? (Puede que sí por supuesto, como veis yo a veces me exijo muy poco) Me sentí como si pudiera limpiarme las manos en el mandil blanco y estirarlo, cuál gran cocinero que tras el trabajo bien hecho, se vuelve plácido y orgulloso a seguir cocinando en su amplia cocina y tras él una estela que se abre y se cierra con la puerta típica de las cocinas con una ventana redonda.

Pero yo, ni ventana redonda en la puerta de la cocina, ni mandil. Pero mis invitados a la mesa, saborearon y rebañaron con pan la salsa de pimientos y yo saboreé por microsegundos, las mieles del éxito culinario. Que si hubiera estado allí al lado el mismísimo Berasategui, me hubiera salido un ¡ja! de satisfacción.

Y todo esto no lo soñé. La gente probó y no solo probó, sino que comió mi comida, preparada desde el cariño y el miedo al fracaso gastronómico. Pero amigos, cuando alguien rebaña un plato es la señal. Y ese día, rebañaron todos.