Á l´interieur

No soy aficionada al cine gore, ni tampoco de terror, porque soy bastante sensible. Cuando digo sensible, es que luego tengo que encender todas las luces para ir por mi casa. O me da miedo quedarme sola por la noche, debido a la sugestión que me producen las pelis de miedo. Aunque si bien es cierto, que solo le tenía un pánico infantil a Freddy Krueger y a la niña de “El Exorcista”. Las pelis de terror, me han podido asustar con la típica escena en la que aparece algo o alguien de repente y la música sube a toda pastilla, pero nada más. Soy miedica, pero pocas películas me han hecho pasar realmente miedo.

Con Á l´interieur tenía el deseo de que acabara de una vez el sufrimiento, el de Alysson Paradis y el mío como espectadora. Pues parecía que era yo la que se veía indefensa en un cuarto de baño, ensangrentada y con una barriga enorme a punto de dar a luz. Si bien, no era el mejor momento para ponerse de parto, con una psicópata esperándote en el pasillo para arrancarte a tu futuro pequeño retoño de las entrañas. Sí, suena totalmente bestia, y lo es. Esta película francesa comienza de forma lenta, con un choque crucial, una enfermera desagradable y una mujer embarazada que lo único que quiere al haber perdido a su marido en un accidente, es estar sola.

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Desde el primer momento que se escucha un golpe en la puerta y una voz que pide ayuda, se sabe por dónde va a virar el argumento, ¡pobre chica embarazada! Lo que no te puedes ni llegar a imaginar es la brutalidad con la que son presentadas las escenas, llenas de sangre, sangre, sangre, dolor y sufrimiento. Y el terror empieza a apoderarse del espectador cuando uno es consciente de que si eso fuera cierto, estaríamos presenciando una auténtica carnicería. Si bien Hannibal Lecter nunca me causó temor, Béatrice Dalle enfundada en un vestido negro con unas tijeras en la mano, han hecho que casi no termine de ver la película. Escalofriante interpretación la del dúo protagonista, desde luego.

Fueron muchos planos en los que me tapaba los ojos con las manos y seguía mirando a través del espacio que dejaba, supongo que por el morbo de seguir viendo lo que pasaba. También había leído que era una película para que se abstuvieran de verla, estómagos sensibles y mentes vulnerables, y yo que me consideraba en ese grupo, pensé que no sería capaz de verla. Es más, cuando terminé de verla, tenía todavía la última escena repitiéndose en mi cabeza una y otra vez, pero pensé: “Tampoco ha sido para tanto”, entonces creo que tengo un grave problema. O el cine me ha inmunizado o me he convertido en una espectadora sin escrúpulos. La recomiendo para cualquiera que sea aficionado a este género y también advierto, de unos detalles que fastidian por momentos lo que es un momento de tensión en toda regla, quitándole todo ese halo que fascina, por la realidad y crudeza de la misma. Aún así, no defrauda…