Verónica de Paco Plaza

En cuanto vi el trailer, supe que iría a verla o que al menos intentaría verla. Soy amante del género de terror y soy una miedica total. ¡Mala combinación!

“Verónica” de Paco Plaza llegó la semana pasada a nuestros cines para contarnos la historia de la protagonista que le da nombre a la cinta. Verónica es una adolescente de quince años normal y corriente, que vive con sus tres hermanos a los que cuida la mayoría del tiempo porque su madre trabaja en un bar. Va al instituto y escucha a “Héroes del silencio” en su walkman. Su vida se ve alterada al hacer una sesión de Ouija con unas amigas. Lo que no se despide, se queda contigo. Y a partir de ese día, todo comienza a ser paranormal, peligroso y terrorífico.

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Basada en una historia real, en el único informe policial español que recoge una serie de sucesos sobrenaturales. “Verónica” es nuestro Expediente Warren cañí, Expediente Vallecas. Aquello ocurrió en un barrio madrileño de Madrid, en el 1991.

Lo mejor de la película es su reparto, mención a Sandra Escacena (Verónica) en su debut, y matrícula de honor a los niños de la película, que lejos de ser cargantes, son adorables, tiernos, naturales, niños que se comportan como niños en pantalla. Ana Torrent en su papel de madre trabajadora está muy bien. El reparto hace que el espectador empatice con todos ellos. Y esa gran ambientación de la época de los 90, con tanto detalle, los collares de nombres, el despertador gallina, las mochilas vaqueras, los fascículos de lo oculto, el instituto, los heavys y los héroes. Ese Bunbury poniendo BSO a esta terrorífica historia.

Si bien el personaje de la monja ciega me parece lo peor de la película, porque me parece que está presente para dar miedo como recurso muy trillado y demasiado evidente y lo que tiene que dar miedo realmente es lo que no vemos, es lo que persigue a Verónica. A ratos, el largometraje parece beber de lo mejor de James Wan, de “Insidious” y “Expediente Warren”, las sombras, la presencia, la fotografía de la habitación. La atmósfera tan espeluznante que se crea en ese piso tan humilde, el pasillo que parece interminable, las luces que se apagan y encienden, el frío y el mal olor que parece que te llega a la butaca.

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“Verónica” es sin duda una gran película española de cine de este género. Muchas son las películas que tienen como premisa lo mismo, la ouija y espíritus, pero Paco Plaza lo lleva de otra manera. Nos hace ver una dualidad en la historia, de los sobrenatural vs sobrevivir a la adolescencia. Con escenas de lo más simbólicas y otras que te harán dar la luz cuando llegues a casa, lo nuevo del director de REC, podría convertirse en un clásico moderno de nuestro cine de terror.

 

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La vida de Nadie de Eduard Cortés

El otro día de casualidad me encontré en la tele una película española “La vida de Nadie” (2002)  de Eduard Cortés, en pantalla dos rostros muy populares de nuestro cine patrio: José Coronado y Adriana Ozores.

Me enganchó mucho la película a pesar de la sencillez de la misma, una cinta sin efectos especiales, solamente una trama llena de muchos entresijos.

Emilio Barrero (José Coronado) tiene la vida perfecta, trabaja en el Banco de España, su mujer Ágata (Adriana Ozores) le adora y tienen un hijo, viven en un chalet a las afueras de la capital y están rodeados de muchos amigos y familiares que les quieren. Todo parece ser totalmente idílico hasta que Emilio conoce a Rosana (Marta Etura) una joven estudiante de Sociología de la que se enamora.

Hasta aquí, si uno lee la sinopsis puede pensar: ¡Bah! Menudo rollo, lo mismo de siempre… Pero no, vengo a recomendar esta película, porque aparte de tener unos magníficos actores principales, Coronado y Ozores se salen, la historia es mucho más compleja. No trata solo de la aparente vida maravillosa, sino de lo que hay detrás para construirla, de todas las mentiras que se han podido contar hasta construir esa realidad desvirtuada.

Mentir tiene muchas definiciones, es fingir, deformar, ocultar. Mentir es inducir a lo contrario a lo que se piensa o cree, mentir es un límite que cuando se convierte en costumbre, mata. Porque… ¿hay peor cosa que una mentira constante? , ¿Qué ocurre cuando se olvida de lo que se  contó antes de ayer y se tiene que seguir controlando cada palabra, cada dato, cada fecha, cada movimiento? El mentiroso no es libre, es preso de sus palabras, de sus historias, es tan preso que al final termina creyendo lo que no existe y va envolviendo en esa espiral a todos a los que quiere, matando poco a poco la confianza, la buena fe de los demás. Consumiendo las buenas intenciones de los que están alrededor hasta dibujar escenas en una vida que nunca existió. Acciones que jamás sucedieron, personas que realmente eran extraños, trabajos fingidos, dinero derrochado…

Pues la película sostiene todo esto, el tan difícil papel del “mentiroso”, ese arte de la mentira que hay que nacer con ello y no tener ni la más mínima decencia para seguir y seguir, dejándote llevar.

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Lo mejor de la película como ya he dicho antes son sus protagonistas, un José Coronado con una interpretación de lo más verosímil, sin alardes, un gran papel  y Adriana Ozores siempre perfecta.

Aunque la sensación que se te queda después de verla es que todos hemos escuchado alguna historia de: “Pues el tío se gastó todo su dinero en un casino y la mujer no lo sabía”, “Tenía dos familias a la par y nadie sospechó nada”. Y la gran pena es que hay adictos a la mentira que son como Emilio Barrero, hay gente que no es dueña de su vida, porque la inventó, porque perdió el control y las riendas de la misma hasta ser un espejismo de lo que quería ser y solo consiguieron ser  en ilusiones ficticias. Ocultar una realidad echando mentiras hasta hacer desaparecer y volver palpable algo que nunca fue, es, ni será. En resumidas cuentas: una película MUY RECOMENDABLE.

Ocho apellidos vascos

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Hace unos casi seis años, que cogí mi mochila y emprendí rumbo al País Vasco en busca de no sabía muy bien qué, pero resulta que me vine con una semana inolvidable y con una historia de amor en el bolsillo que aún a día de hoy, dura. Yo que soy andaluza y mi chico que es de Donosti, y no hay cosa más difícil que conseguir a un vasco, van y sacan a un sevillano que se cruza todo el país para conseguir a una vasca, ¡qué ojo también tiene tela!

Con esa premisa, no podía dejar pasar la oportunidad de ver la ya popular “Ocho apellidos vascos” de Emilio Martínez-Lázaro. Me daba un poco de miedo, sí, porque sabía que estaría llena de estereotipos y de topicazos. Que si en el norte son todos terroristas y superbrutos y en el sur siempre vamos vestidos de faralaes, bebiendo rebujito y durmiendo la siesta.

Resulta que fui a verla y salí con una sonrisa en la cara, porque es una comedia y como comedia es muy efectiva aunque caiga en lo que yo temía, típicos tópicos y estereotipos, pero tenía que reírme porque dibuja una caricatura de las dos culturas tan diferentes que cuando veía a Dani Rovira montado en el autobús rodeado de vascos, me sentí identificada. Me sentí identificada por el xiri-miri, la sidra, el txakoli, la gastronomía, la forma de hablar, los caseríos, el paisaje, etc, etc. Encima no podía dejar de sonreír porque en cierta manera, me devolvía a aquella semana tan feliz que pasé cuando mi vasco personal me llevó por Getaria. Pueblo de la costa que sale bastantes veces con unos planos preciosos.

 

La película tiene una fotografía norteña muy bonita, recrea los pueblos y paisajes de Euskadi a la perfección, al igual que la estampa de la preciosa y cálida Sevilla. Del reparto, no puedo más que decir que Dani Rovira se sale y eso que no es santo de mi devoción y que no confiaba en que un humorista pudiera interpretar durante más de 60 minutos, pero lo hace. Y hay frases y referencias tan andaluzas qué cómo no me iba a reír, aunque bien es cierto que mis carcajadas fueron con la pareja de amigos sevillanos. Clara Lago aún exagerada con su look borrokiano lo hace bastante bien.  Una Carmen Machi que va desde lo entrañable a lo desagradable (véase la borrachera de txakoli que se pilla la amiga…) y por supuesto, el que roba todo el protagonismo el que se gana al público y el que recrea al estereotipo de arrantzale es Karra Elejalde, que nos da una clase magistral de castellano euskaldun. Es el prototipo de vikingo vasco como digo yo, es un tipo noble pero de carácter indomable, bruto como él solo, prejuicioso de todo lo de fuera de Euskadi pero de gran corazón. Karra Elejalde ya ha dejado para la memoria del cine español a su carismático Koldo y el tándem Rafa-Koldo ya ha dejado grandes situaciones cómicas en la memoria de los que hemos disfrutado la película.

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Lo bueno de esta comedia también es que al igual que pasó en Francia con “Bienvenidos al Norte”, a la gente le gusta ver en pantalla lo suyo. A veces, viene como un soplo de aire fresco y también algo egocéntrico que nos planten en nuestra cara, lo más tradicional y propio. En un mundo tan globalizado donde parece que se pierden las costumbres y tradiciones, ver situaciones recreadas tan nuestras, nos mueve a qué vayamos al cine. Queremos vernos de alguna manera u otra en nuestro cine y reírnos de nosotros mismos, porque eso sabemos hacerlo y necesitamos hacerlo.

Creo que es una película valiente que no intenta ofender a nadie. ¿Qué está llena de tópicos? Pues sí, tanto andaluces como vascos, ¿qué he visto en la pantalla la parodia de estas dos culturas que llevo en la sangre? Pues sí. Porque no solo se nombra Irún y “la aceituna” y expresiones tan andaluzas como “me cago en mi estampa”, cosas que son muy mías, porque me crié entre el País Vasco y Andalucía y ahora tengo la suerte de repetir la misma mezcla que mis padres. Y a veces, me planto en la feria y veo mis pasos de Semana Santa y otras tantas, paseo por Donosti ahívalaostia y bebo sagardoa. Que Sevilla y Andalucía tienen un color especial ya se sabía, ahora nos queda decir un pensamiento que siempre he tenido, ¡Euskadi también tiene un color especial!!Imagen