De estrategias, impulsos y corazón

Tengo una asignatura pendiente, que no soy capaz de superar…por más que la estudio, por más que le pongo mi empeño. Es una asignatura que trata sobre estrategias, planificación y control. Conceptos que no entiendo y que no sé poner en práctica. Soy muy poco racional, muy poco lógica, lo sé, ya debería empezar a pensar un poquito. Pero es que soy demasiado visceral, y mis amigos bromean con ello, porque dicen que me muevo por los impulsos que me dicta mi corazón, ilógico, por supuesto.

Cuando quiero trazar un plan, sale mal. ¿Por qué?, pues porque ni yo misma encuentro el objetivo, ni la misión. Yo creo que las cosas ocurren por algo, creo que hay un destino, y también pienso que nosotros somos quienes podemos llegar o no a esa meta, a través de acciones. Pero en esas acciones, yo por lo menos no sigo planes, ni estrategias. Simplemente me dejo guiar, y entonces ¿qué ocurre?, pues que me decepciono, que tropiezo, que sufro. Escucho demasiado a mi corazón y me olvido de mi cerebro, que a veces, sabe mejor lo que debe hacerse, pero entonces, siento que me traiciono.

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Así que, si las cosas salen mal, porque no soy buena estratega, porque no soy nada automática, porque me emociono fácilmente. No quiero arrepentirme. Quizás, la vida se está racionalizando demasiado; hasta las pequeñas cosas que llenan el día a día, hasta las cosas imperceptibles como las risas, las sonrisas, el respirar, el disfrutar…

Cito a mi admirado Chris McCandless y con esto concluyo esta absurda reflexión:

“If we admit that human life can be ruled by reason, then all possibility of life is destroyed”, lo que viene a traducirse como “Si admitimos que la vida humana puede guiarse por la razón, entonces toda posibilidad de vida es destruida”.

Y yo soy una de esas soñadoras irremediables, que creen en la utopía y que cierran los ojos y creen que pueden percibir el más mínimo sonido del mundo. Y entonces, lo escucho, pum, pum, latiendo fuerte, mi corazón.

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Citando a Chris McCandless V

Sin embargo, hasta que ponemos a prueba lo incontrolable que llevamos dentro dejamos que la prudencia establezca los límites, sabemos poco acerca de lo que nos impulsa a atravesar glaciares y torrentes y subir a peligrosas alturas.

JOHN MUIR,

The Mountains of California.

Este fragmento que Chris McCandless subrayó en el libro, también me inspira a mí, como un impulso a hacer las cosas y ponernos a prueba, precisamente. Podemos sentarnos en una silla el resto de nuestras vidas, y saludar a los días, ver como pasan unos detrás de otros, iguales, monótonos. Actuar como espectadores, sin ni siquiera preguntarnos ¿Qué quiero?, ¿Qué puedo hacer?

Y luego podemos coger una mochila, cruzar un país entero, sentirte vivo, porque eres libre y autosuficiente, porque estás haciendo lo que realmente quieres, porque vas en busca de un destino, que desde la silla, nunca hubieras podido conocer. Claro que, si estás en constante movimiento, acompañado siempre de una mochila, el cuaderno de bitácora para escribir todos esos recuerdos que con el paso del tiempo se desfiguraran en la memoria, para recordarlos siempre a nuestra manera…y es entonces, cuando vuelves a esa silla que todos tenemos en algún lugar, cuando te das cuenta de que eres incapaz de estar sentado.

Te das cuenta de que respirar otro tipo de aire, de escuchar a otro tipo de gente, de ver otros paisajes, que hasta el motor de un tren o un autobús, o simplemente caminar, se vuelve en una necesidad…Observar el camino, la incertidumbre del qué encontrarás, y no dejar que la silla te ate a su respaldo. Aunque de vez en cuando, eches de menos lo que desde esa posición siempre puedes volver a ver.

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Aun así, atravesar bosques de naturaleza infinita, encontrar gente nueva, se quedará siempre en la memoria como recuerdos tatuados en alguna parte de nuestro hipocampo. Y no sabes por qué…cuando vuelves a tu sitio de origen, te llega ese sonido que una vez escuchaste, ese olor que una vez pudiste oler, y todos los recuerdos vuelven en forma de lluvia… ¡Que sensación! Si pudieras volver a vivirlo de nuevo…

El problema de esta inconformidad con el lugar, con no saber muy bien a donde perteneces, cual es tu sitio, donde quieres estar, esa necesidad de conocer y aprender, se vuelve incansable y cuanto más viajas, más quieres…y es que viajar, no solo se convierte en una experiencia increíble.

Moverse por impulsos, a veces, puede ser catastrófico…pero otras, puede ser que sea lo mejor que has hecho en tu vida. Y entonces, me quedo con este fragmento que Chris escribió:

“Es en las experiencias y recuerdos, en el inconmensurable gozo de vivir en el sentido más pleno de la palabra, donde puede descubrirse el significado autentico de la existencia. ¡Dios, qué fantástico es estar vivo!”

Citando a Christopher McCandless III

Hace dos años que camina por el mundo. Sin teléfono, sin piscina, sin mascotas, sin cigarrillos. La máxima libertad. Un extremista. Un viajero esteta cuyo hogar es la carretera. Escapó de Atlanta. Jamás regresará. La causa: <<No hay nada como el Oeste>>. Y ahora, después de dos años de vagar por el mundo, emprende su última y mayor aventura. La batalla decisiva para destruir su falso yo interior y culminar victoriosamente su revolución espiritual. Diez días y diez noches subiendo a trenes de carga y haciendo autostop lo han llevado al magnifico e indómito norte. Huye del veneno de la civilización y camina solo a través del monte para perderse en una tierra salvaje.

ALEXANDER SUPERTRAMP MAYO DE 1992

Este fragmento muestra el radical pensamiento del joven Chris McCandless, la realidad lo devolvió como un duro golpe a su revolución espiritual para darle una mala noticia: su muerte y su coraje o valentía se convirtió en ineptitud. Aun así, Chris luchó por no ser un disfraz, un personaje de si mismo en la vida. Se equivocó y obtuvo un trágico final a sus 23 años. Entre los restos de sus cosas, sus libros que aparecían subrayados, sus latas de comida, su manta en la vieja caravana donde murió. Solo una frase relucía entre un fragmento:

“Y así resultó que solo una vida similar a la vida de aquellos que nos rodean, fusionándose con ella en armonía, es una vida genuina, y que una felicidad no compartida no es felicidad.”Chris anotó al lado: << La felicidad solo es real cuando es compartida>>

La frase lo dice todo por ella misma. Ser feliz es un privilegio, poder compartir la felicidad es un regalo.

Citando a Christopher McCandless II

De nuevo rescato un fragmento del libro “Hacia rutas salvajes” de John Krakauer, para acercar la vida de Christopher McCandless, su forma de pensar y su forma de sentir la vida, tan especial, tan romántica, tan única…

El domingo por la mañana, tras asistir a misa, decidió hablar con Alex sobre <<forma de vivir>>. <<Alguien tenia que convencerlo de que estudiara, aprendiese alguna profesión e hiciera algo de provecho>>, continúa.

Sin embargo, cuando volvió al lugar donde McCandless acampaba e intentó soltarle un pequeño discurso sobre la necesidad de labrarse un porvenir, el muchacho lo interrumpió con brusquedad.

-Mire, no debe preocuparse por mí- manifestó-. He ido a la universidad. No soy un mendigo. Vivo así porque quiero.

“Vivo así porque quiero” y ¿Cuántas personas pueden decir eso?, ¿Cuántos son capaces de cogerse una mochila y vivir como realmente se desea? Quizás no se entienda mi fascinación sobre tal muchacho alocado e inconsciente, vulgar o rebelde. En mi opinión, Chris o Alexander Supertramp como el mismo se apodó, era un alma incomprendida, mas amigo de los árboles y la naturaleza que de los propios seres humanos que lo rodeaban. Sin embargo, según se sabe, era muy sociable y generoso, pero sobre todo, inteligente. Suelo repetir muchas veces que las personas que leen mucho o ven muchas películas, tienden a idealizar la vida, quizás eso le ocurriera a Chris. Jack London, Thoreau, fueron sus grandes héroes, los que le impulsaron a encontrar su meta, su viaje y su rumbo hacia tierras indomables, tanto como su espíritu.

Ojala todo el mundo tuviera una Alaska a la que viajar, encontrar y respirar ese viento que guía el alma para encontrarse a uno mismo y ser libre.

Citando a Christopher McCandless

No puedo dejar de compartir con todo el mundo que quiera pasarse por aquí, las palabras que Christopher McCandless escribió a un amigo suyo en una de sus últimas cartas. Para todos aquellos que sientan la llamada fuerte y latente de la naturaleza, de un mundo lejano donde poder aventurarse, aquí os dejo sus pensamientos:

“Quiero repetirte los consejos que te di en el sentido de que deberías cambiar radicalmente de estilo de vida y empezar a hacer cosas que antes ni siquiera imaginabas o que nunca te habías atrevido a intentar. Sé audaz. Son demasiadas las personas que se sienten infelices y que no toman la iniciativa de cambiar su situación porque se las ha condicionado para que acepten una vida basada en la estabilidad, las convenciones y el conformismo. Tal vez parezca que todo eso nos proporciona serenidad, pero en realidad no hay nada más perjudicial para el espíritu aventurero del hombre que la idea de un futuro estable. El núcleo esencial del alma humana es la pasión por la aventura. La dicha de vivir proviene de nuestros encuentros con experiencias nuevas y de ahí que no haya mayor dicha que vivir con unos horizontes que cambian sin cesar, con un sol que es nuevo y distinto cada día. Si quieres obtener más de la vida, Ron, debes renunciar a una existencia segura y monótona. Debes adoptar un estilo de vida que al principio te parecerá enloquecedor. Sin embargo, una vez que te acostumbres, comprenderás el sentido de una vida semejante y apreciarás su extraordinaria belleza. En pocas palabras, deja Salton City y ponte en marcha. Te aseguro que sentirás una gran alegría si lo haces. No eches raíces, no te establezcas. Cambia a menudo de lugar, lleva una vida nómada, renueva cada día tus expectativas. Aun te quedan muchos años de vida, Ron, y sería una pena que no aprovecharas este momento para introducir cambios revolucionarios en tu existencia y adentrarte en un reino de experiencias que desconoces…”

Quizás estas palabras parezcan absurdas y sin sentido ni lógica, quizás estas frases solo alienten a esos espíritus aventureros con mochilas invisibles, pero por lo menos, consuela el hecho de saber que hay personas que también sienten un latido fuerte que hace que quieran vivir la vida de forma temeraria o no, pero vivirla. Sin hacer daño a nadie, solo disfrutando de la naturaleza y de lo que somos. Un viaje más allá de lo que vemos, de lo que percibimos, viajar por donde nuestros pensamientos nos lleven. Viajar para conocer un poquito mas que nos rodea. Viajar siempre porque solo tenemos una vida que poder aprovechar.

Hacia rutas salvajes

Tras escuchar el último aliento de Christopher McCandless (Emile Hirsch) o para mí, Alexander Supertramp como él se bautizó, me voy quitando poco a poco los auriculares y descanso la vista y el corazón.

“Hacia rutas salvajes” dirigida por Sean Penn, es una firme apuesta por una historia real, por una biografía, sorprendentemente sorprendente y no por encontrarnos una historia de una complejidad extrema, si no por la sencilla y maravillosa historia.

Christopher McCandless no quiere involucrarse en el mundo laboral, no quiere un Porsche, no quiere una novia rubia oxigenada, simplemente, quiere vivir dentro de la naturaleza, avivar su espíritu en la temible y amigable vida como cualquier nómada hubiera hecho pero con un destino al que llegar, con un rumbo, rumbo a Alaska. En su valiente viaje, se encontrará con personas y personajes memorables. Pero no quiero fijarme concretamente en lo que son los personajes secundarios, que bien merecen un análisis a parte las grandes interpretaciones como Hal Holbrook o Catherine Keener. Quiero dedicarme a expresar la fascinación de lo que para mí se ha convertido ese Alexander Supertramp que existió, que viajó, que conoció a esos personajes, que se deshizo de las raíces superficiales y materialistas de la sociedad actual. He leído muchos comentarios que lo consideran un loco, sobre todo, por la forma en la que murió. Pero yo sinceramente, no puedo dejar de pensar, que fue una persona demasiado inteligente para convivir con los trajes sin alma que divagan por las grandes urbes.

Christopher McCandless se dejó influenciar por la corriente Romántica, por las palabras de Lord Byron, por Tolstoi, por Jack London, ¿Cómo no puedo dejar de admirar ese alocado coraje? Quizás él hiciera en su viaje, lo que otros muchos únicamente se atreven a pensar. Alex fue un puro soñador, un espíritu sin marcas de ninguna clase, quizás sea ese poco amor por su familia, por su tierra natal, por su vida, lo que lo hace extraterrestre a otras personas que vean la película y piensen, es un insensible. Pero…quiero pensar, que él amaba a la naturaleza sin condiciones y que quizás, fuera para él, ese entorno libre, lo que realmente quisiera para ser feliz. Quizás fue algo “tonto” al darse cuenta demasiado tarde, que la felicidad se disfruta cuando se puede compartir. Cualquiera puede tacharlo de tonto, pero él aprendió la lección por si mismo, otros muchos se rodean de supuestos amigos, pensando que son felices, pero en el fondo no saben, ni conocen, ( incluso ni conocerán) lo que es en verdad la LIBERTAD, la FELICIDAD, o lo que es la VIDA. Por estas razones, quizá esta película no le llegue a todo el mundo y que las dos horas que dura, se conviertan en una insufrible pesadilla y que muchos piensen, ¿y el loco este? Pero yo tengo que decir, que sigo en el Estado de Flipación y eso que hace un mes que la pude ver, quiero decir, sentir, disfrutar, oler, navegar en los rápidos, perderme, exhalar el último respiro de vida, aprender.