Enseñar idiomas a través de las series y el cine

El mundo del séptimo arte y ahora, el mundo de la pequeña pantalla, nos ofrecen un sinfín de variedades únicas y de todos los géneros posibles para acercarnos a diferentes historias y personajes. Y gracias a internet y a este nuevo mundo tecnológico, podemos cada vez más escuchar a esas grandes estrellas internacionales en su voz original. Porque la voz, también es una gran parte de la actuación. Es más, nunca había apreciado tanto la interpretación de Cuba Gooding Jr en “Jerry Maguire” hasta que no lo escuché en inglés y no es lo mismo escuchar a Matthew McCounaghey con todos sus matices en “True Detective” que en su versión doblada, por mucho que defienda y crea que el doblaje español de España, es uno de los mejores.

El tema es, que cuando estoy en clase, aparte de usar el libro y las típicas pistas de audio, me gusta motivar a mis alumnos, ya sean de español como de inglés, con pequeños fragmentos de series o películas y creedme, funciona.

A día de hoy, el amplio abanico de series dramáticas o “sitcoms” que ganan adeptos es grandísimo. Casi todos mis estudiantes están totalmente familiarizados con la historia de Ted Mosby o con Sheldon Cooper, todos están enganchados a un par de series como mínimo. Conocen los entresijos de “Juego de Tronos” o han estado siguiendo las peripecias químicas de Heisenberg en la inconmensurable y otra vez ganadora de estos últimos Emmys, “Breaking Bad”.

No solo intento incluir escenas de las series actuales, sino que también echo de cajón de los recuerdos y aunque vaya envejeciendo “Friends” tanto sintonía como algunos míticos capítulos, siguen llamando la atención en clase y es por ello, que debemos sacar partido.

La versión original en un capítulo ahora de unos veinticinco minutos como pueden ser los de “Modern Family”, divertidos y lo que es mejor presentan un material auténtico del idioma y los alumnos pueden ir viendo que existen diferentes acentos. Porque las pistas de audio de los cd que vienen con el libro, suelen ser tonos encorsetados y poco naturales, mientras que en una situación interpretada por unos personajes, el alumno debe prestar mucha mayor atención e intentar captar el mensaje, además de ir identificando nuevas palabras y nuevos sonidos, por mucho que al comienzo, pueda serles dificultoso. El oído como todo, hay que entrenarlo. Y es genial que se puedan escuchar acentos españolizados como el de Sofía Vergara o un acento superbritish como lo es el de Beneditc Cumberbatch en “Sherlock”.

Sinceramente, me alegra escuchar a mis alumnos que buscan subtítulos o que al menos ven los episodios a la par que en EEUU o en el país de origen. Es una motivación y el hecho de pararse y empezar a incluir otro idioma a través de veinte minutos diarios ya es algo, porque en España hace falta más versión original.

No voy a negar que no he utilizado fragmentos de Karlos Arguiñano en mis clases de español, o del cocinero José Andrés o Carmen Maura recitando la receta del gazpacho en “Mujeres al borde un ataque de nervios”. Se capta la atención al segundo, es algo audiovisual, es diferente si lo plasmas en nueva clase dispuesta a ver y a escuchar y siempre y cuando, sea un video de corta duración, porque la atención se disipa si es demasiado extenso.

No obstante, creo que hay que sacarle más partido a los materiales auténticos que nos está proporcionando la televisión y el cine en los últimos años, quizás más el panorama televisivo con productos de gran calidad y pequeñas obras maestras donde la historia o sus personajes pueden motivar a nuestros estudiantes a aprender un idioma o al menos familiarizarse un poquito con el inglés, ya que éste es el idioma de las grandes superproducciones a nivel cinematográfico y de la pequeña pantalla.

The beginning of the End-Seriéfilamente hablando

Después de varios posts sobre viajes, he decidido volver a mi naturaleza reflexiva y aunque las fotos y los datos no sean tan interesantes como una buena ruta por cualquier lugar del mundo, quiero vagar por las rutas de esta absurda mente mía…

Ayer hubo algo que me hizo reflexionar mucho, algo que me ha hecho ver que el tiempo sigue transcurriendo sin ningún tipo de control alguno, como una ola salvaje y descontrolada, totalmente indomable. Ayer hubo algo que me hizo pararme en seco y pensar “Madre mía, que velocidad lleva esto”. El final de “Dexter” y el inminente final de “Breaking Bad”. Puede sonar cómico, pero estas series me han acompañado desde 2006 y 2008, años cruciales de mi vida. Tanto Michael C.Hall con su Dexter Morgan como Bryan Cranston  y su complejo Mr. White, se han convertido en parte de mi vida seriéfila y es un poco difícil deshacerme ahora de ellos.

 

Mientras que ayer contemplaba el desenlace del forense de Miami, mi cerebro iba asimilando las imágenes que llegaban desde la retina y un sentimiento de “The end” me estaba consumiendo junto con la impotencia de “no, ¿Por qué?, no quiero que se acabe” y por ese sentimiento, creo que el final me ha parecido realmente decepcionante, nada épico. Un final demasiado simple, demasiado fácil o quizás los guionistas se sentían un poco como yo.

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¿Cómo se puede terminar bien?, ¿estamos contentos con los finales normalmente de las novelas que leemos?, ¿los finales de las grandes o pequeñas películas?, será quizás que los protagonistas han compartido tantas emociones y situaciones con el espectador y los capítulos te acompañan durante tanto tiempo que uno ya no separa la realidad de la ficción. Y el momento de por la noche de tirarse en el sofá y poner un capítulo de “Dexter”, “Breaking Bad”, “True Blood”, “Game of Thrones”, etc, se ha convertido ya casi en un ritual. Un ritual en perfecta armonía con el cansancio acumulado del día, la sensación de relax en el sofá enfrente del televisor desconectando de las diez horas de trabajo y las horas de transporte público, con las historias y entresijos de estos grandes personajes y sus historias. Mi momento favorito del día sin lugar a dudas. Para que luego digan que no se puede ser feliz, para mí es muy fácil encontrarle el aliciente simplemente a eso, dejarme llevar a unas realidades que nunca viviré y que quizás nunca quisiera vivir, si pudiera elegir, pero simplemente dejarme llevar por la creatividad de un equipo que hace posible toda la serie en conjunto.

Quizás suene estúpido, pero es mi hobby. Es mi momento. Y tener un momento diario para evadirte de las prisas, de este estrés que consume sin darse cuenta, que se ha arraigado a la forma de vida contemporánea de esta época, evasión de las noticias que repiten sin cesar las cagadas de los gobiernos y de que el apocalipsis está cerca. Para eso, prefiero seguir viendo como Walter White y Jesse Pinkman cocinan en el desierto o como Debra Morgan repite mil veces “fucking asshole” o por mucho que me líe y no sea santo de mi devoción, hacerme la cabeza un lío con la cantidad de familias en Juego de Tronos.

El cine es una de mis pasiones, pero creo que las series, las buenas series, las que tienen un buen guion, unos personajes carismáticos, un reparto que se deja la piel en conseguir que sus personajes transciendan la historia de la TV, las bandas sonoras y la ya muy reconocible estética propia de éstas, las convierten en auténticas joyas. No sé si envejecerán bien o no, lo único que sé es que el temible final, llega. Llega incluso para una serie televisiva y nos deja un poco huérfanos, por muchos “spin-off” que inventen.

 

Ahora solo espero ver como finaliza mi serie favorita, este próximo 29 de Septiembre.

Breaking Bad

Breaking Bad, simplemente magnífica

En esta época donde las series han eclipsado a cualquier programa absurdo de televisión, podríamos arriesgarnos a decir que muchas series de las que estamos teniendo la suerte de ver, son infinitamente mejores que cualquier película “hollywoodense” llena de efectos especiales.

 

Puedo nombrar algunas de las series que actualmente veo como: “Dexter”, “The walking dead”, “Juego de Tronos”, “True Blood” y ahora sumo a la lista la que me parece que reúne el tándem más singular de la TV actual. La historia de un hombre normal, con una enfermedad mortal como un cáncer de pulmón, con un cerebro privilegiado para la química y un ayudante que se tambalea entre lo entrañable y lo descerebrado. Sí, estoy hablando de la inconmensurable “Breaking Bad”, título por cierto, que no podría resumir mejor la esencia de la misma.

 

El capítulo piloto de la serie tiene el riesgo de enganchar al espectador desde el primer momento o por el contrario, no darte nada más que una secuencia de imágenes inconclusas, un personaje perdido que forma una extraña pareja con un chaval que trafica con drogas. Sin pantalones y en mitad del desierto de Nuevo México, uno no sabe que puede esperar de esta serie y mucho menos de sus personajes.

 

 

Sin embargo, los capítulos van in crescendo, no solo con la trama y los entresijos que se  van tejiendo sin querer o queriendo (según se mire) con cada acontecimiento, el espectador se va dejando atrapar por el carisma que la pareja protagonista transmite.

 

A Walter White (Bryan Cranston) le es diagnosticado un cáncer de pulmón. Hastiado de su insulsa vida de profesor de química y habiendo perdido un brillante futuro en el mundo de la química, se ve sumergido en la trampa del tráfico de drogas, la única meta es conseguir dinero para mantener a su familia para cuando no esté, para ello, necesita la ayuda de un antiguo alumno suyo que está metido en el “mundillo”, Jesse Pinkman.

Breaking-Bad-Season-One-Poster

A partir de la primera temporada, lo que vamos viendo es como Walt va metiendo la cabeza sin saber muy bien cómo en el tráfico de drogas, y el hombre sabe lo que hace, hace ciencia y fabrica la metanfetamina azul más pura y perfecta de todo Nuevo México. Pero su compañero y él no paran de meterse en altercados y entramados casi cómicos a pesar del peligro en el que se ven rodeados.

 

La grandeza de “Breaking Bad” reside a parte de en su guión, fotografía, banda sonora, en sus personajes secundarios como Hank Schrader (Dean Norris), cuñado de Walt y agente de la “DEA” comisión anti-droga de Alburquerque o Saul Goodman (Bob Odenkirk), abogado de causas clandestinas, ávido de negocio sucio y personaje sin escrúpulos. Walt y Jessie, se irán encontrando con nuevas personalidades que les harán más complicada su estancia en el agujero sin salida aparente del mundo de la fabricación de droga.

 

Bryan Cranston merece todos mis respetos actuando y también tiene unos cuantos Emmys prueba de ello, gracias a su Señor White. Me pareció increíble verlo pasar de un registro tan cómico como lo era su personaje en “Malcolm”, parece que aún lo estoy viendo con los patines y ahora, no puedo quitarme de la cabeza, esa imagen de “Heisenberg” con su negro sombrero como si fuera una terrible amenaza. Su personaje sufre tantos cambios, que uno no sabe si es un hombre normal o un temido narco. Su cara no parece la misma, en el comienzo de la primera temporada según va avanzando la serie, no puedo reconocer donde se pasó al lado Oscuro. Es tan complejo, que me falta aplaudir en el sofá cuando termina un capítulo.

 

Aaron Paul como Jesse Pinkman, me parece una tremenda mitad para esta historia. Se han convertido en una de esas parejas que no se pueden olvidar tan fácilmente, interpretando unas personalidades que provienen de entornos tan distintos, pero que se complementan a la perfección. Su relación es tan compleja como extraña, han sido chapuzas, gato y ratón, maestro y aprendiz, socios, colegas, enemigos, amo y siervo, competencia, cómplices… Aaron Paul le da a su personaje unos matices tan intensos que es muy difícil no sentir por él, una cierta compasión imparable o deseos irrefrenables de regañarle.

 

Resumiendo, si estás enganchado a la familia Stark, a los Targaryen, muy bien, pero si nunca has visto “Breaking Bad”, ¿a qué estás esperando? Quizás sea una de las mejores series que ha dado EEUU.

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Reflexión personal:

 

Pensar que el año pasado estuve en Nuevo México, dormí en Alburquerque, estuve en Santa Fe, pasé por Gallup, etc. Pensar que estuve en muchos de los “Sets” de rodaje de esta fantástica serie y haberla descubierto este año. F*ck!