Quiero un bodhran…¿un qué?

Que me gusta la música folk o celta no es ningún secreto, desde que era pequeña siempre me fascinaron esos instrumentos alternativos. Mi pasión por un sonido gaitero o por una whistle  no sé de donde vienen realmente, pero siempre me gustó muchísimo el ritmo ancestral, casi mágico, que destilaban grupos como Luar Na Lubre o The Chieftains, también me conquistó Hevia en su momento con su “Busindrel Reel”, dónde íbamos a parar ¡una gaita eléctrica! Aquello fue un bombazo para la música celta y para sus seguidores, he de confesar que aún sigo emocionándome con ese tema musical, claro… 

Es tal mi gusto por la música celta, que aún recuerdo en una de mis visitas a la preciosa Asturias, que estábamos dando un paseo y escuché tímidamente en el horizonte de la barrera que separa la atmósfera ambiental y el ruido, un sonido de música celta, tal fue mi corazonada que seguí aquel sonido de tambores y de gaitas, que al final, conseguí ver a un grupo de muchachos asturianos tocando unas piezas de música celta.

La anécdota quizás no fuera que mi cerebro y oído rastrearon de donde provenía aquel sonido, sino más bien que mis acompañantes iban a otro sitio y les cambié el rumbo, solo para ver donde venía aquello y yo tenía la edad tonta de eso, catorce…y dijeron : “Y esta guaja, ¿qué le pasa?” y allí estaba yo, dejándome embriagar por ese ritmazo norteño.

Lo que quería contar es que desde que vi a Caroline Corr (si, una de las hermanas de “The Corrs”) tocando un tambor de lado, me puse a investigar para ver como se llamaba aquel timbal, porque yo el máximo contacto que he tenido con el mundo de la percusión, ha sido tocar el tambor en una cofradía de mi pueblo y joe, tengo que confesar que me enganchó, aporreando aquella superficie con los “palillos” podías quitarte el estrés y crear un ritmo a la par (todo sea dicho no muy difícil) y con aquella introducción al mundillo, pues me documenté y descubrí que aquel tambor de Caroline Corr se llamaba Bodhran.

Desde aquel momento empecé a publicar por casa que quería uno, “quiero un bodhran, quiero un bodhran”, y todos me comentaban : ¿un qué?? El bodhran parecía un ente exótico y no caía en Reyes, ni en mis cumples. Cuando salía la conversación con amigos, ¿qué os gustaría tener? o ¿qué os haría ilusión? y yo repetía: un bodhran y la respuesta en innumerables ocasiones fue, ¿un qué? Lejos de sentirme original, me sentía frustrada. “Pues haberlo comprado por internet” estaréis pensando, pues sí, sabia respuesta, pero no sé por qué, siempre lo dejaba de lado (como el cacharro en sí) y nunca tomé esa decisión.

No fue hasta estos Reyes de 2012, que por fin, me cayó el bodhran. Un bodhran precioso con un símbolo celta dibujado en la piel. ¿Lo peor?, pues que cuando fui a coger el “beater” ( la baqueta ) me di cuenta de que mi sueño cumplido de verme tocar el instrumento con maestría, se ha ido al traste, porque soy un verdadero desastre, no sé mover la muñeca con gracia y habilidad. ¿Será por qué no soy irlandesa?, ¿será por qué no corre por mis venas la sangre de Cuchulain y no sé hablar gaelico? Fue una tristeza enorme toparme con la realidad, así que creo que voy a utilizar mi bodhran a modo de artículo decorativo en casa hasta que algún día delante de un tutorial de “youtube” consiga la motivación suficiente para alcanzar un nivel básico de como tocar este instrumento. Pero toda historieta, viene a contar que, “ser persistentes en la vida, si queréis un bodhran y lo peleáis, lo tendréis y como quién dice bodhran dice cualquier cosa”.

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