De familias, de Modern Family y lo que significa para mí…

Según la rae el término “Familia” viene descrito de diferentes maneras:

1. f. Grupo de personas emparentadas entre sí que viven juntas.
2. f. Conjunto de ascendientes, descendientes, colaterales y afines de un linaje.
3. f. Hijos o descendencia.
4. f. Conjunto de personas que tienen alguna condición, opinión o tendencia común.

A mí me gustaría que la que pudiera definir a la mía fuera la número 4, porque implicaría que todos los miembros de mi familia estarían muy unidos, no pareceríamos a veces auténticos extraños e incluso compartiríamos momentos de risas o confidencias en un bar, o en una grata reunión familiar anual o ya sea en la típica “Nochebuena” que te presentan los anuncios del “Carrefour” o el “Lidl” para que compartas cajas de turrones con todos aquellos allegados a la mesa a los que denominas “Familia”. Desde tus abuelos, tíos, primos, sobrinos, etc… Digamos que mi familia es bastante escasa en número pero soy bastante afortunada porque tengo los padres más maravillosos del mundo y una hermana por la que daría mi vida. Digamos que a veces, admiro muchísimo esos vínculos de lealtad que tienen los gitanos e incluso me arriesgaría a decir que la única frase en la que estoy de acuerdo con Belén Esteban es esa de “yo por mi familia, mato, mato”.

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Pero sí que reconozco y ya no me importa confesarlo que a veces siento envidia, de la sana, cuando alguien me dice: “Me fui de viaje con mi tía fulanita, voy todos los viernes a comer con mis tíos y tengo unos primos que más que primos son hermanos, en Nochebuena fuimos 20…”. Cuando alguien comenta el amor que siente por esa familia externa al núcleo duro familiar, a mí me entra un anhelo muy grande. Incluso cuando veo algún capítulo de “Modern Family” que ya sé que es una comedia y todo es muy “happy flower” pero tienen sus propias comeduras de cabeza y sus rifirrafes pero al final están todos en un mesa compartiendo una charla y creando momentos. Por supuesto que pienso que uno no elige dónde viene a nacer, como eso que te dice todo el mundo de “la familia no se elige, pero los amigos sí” y es totalmente cierto como que el sol sale todos los días.

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Es una pena que tenga algunos primos que viven a no sé cuántos km de distancia de mí y que seamos unos auténticos desconocidos, ¿la culpa? Pues vamos a echársela a la distancia de por medio, a la geografía, al clima… Aunque sepamos que la culpa realmente la tiene el desinterés, los entresijos raros de las cabezas y las oscuridades en el empeño de no tener comunicación (si te enfadas habrá una razón y se puede hablar) y eso hace que te separen aún más. Quizás me arriesgue a dejar esto por escrito aquí y si algún día cometo el error de no cumplirlo, siempre estará en mi blog para echármelo en cara, pero espero que pase el tiempo y sacar siempre un minuto para llamar a mi hermana, mimar a mis futuros sobrinos y no llamarlos solo en el cumpleaños. Interesarme realmente por ellos y tenerlos en mi vida más o menos, pero tenerlos. Que un sobrino/a quiera venir a quedarse a mi casa y colmarlo de atenciones y que tenga toda la confianza del mundo en llamarme para pedirme consejo o que le cubra las espaldas cuando haya hecho algo mal y acompañarlos en sus días más grandes y ofrecerles un hombro donde llorar. Y por supuesto, nunca tener ningún tipo de envidia o celos cuando más te necesiten, porque eso te dejará siempre en mal lugar.

Familia significa muchas cosas: amor, lealtad, complicidad, risas, viajes, reuniones, discusiones, pero para mí tiene una connotación “rara” todavía. Y yo en mi familia ahora a parte de mis geniales padres y hermana como comentaba antes, voy a sumar a mi novio que se convertirá pronto en marido y aunque marido me suena un poco rancio es la palabra que más se utiliza. Pero más que marido será compañero incondicional para lo bueno y lo malo. Y ya que mi familia externa anterior ha sido un poco fracaso, espero comenzar yo la mía despacito y con buena letra, sin malos rollos y aunque hay km también de distancia, sacar siempre ese hueco para llamar a hermanas, padres y familias políticas que se esfuerzan más por estar en tu vida que la propia que comparte tu sangre.

Queridos amigos que me queréis como lo que sois, grandes amigos, querida familia pero poca qué queréis compartir grandes momentos de mi vida, GRACIAS por estar. GRACIAS por vuestro entusiasmo altruista, por vuestros buenos deseos. Lo pasaremos en grande y el camino no hará más que comenzar. Que comience la fiesta.

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La importancia de llamarse como te llamas

Siempre he tenido fascinación por los “nombres”, de hecho, siempre que me dicen: “Fulanita está embarazada o ha dado a luz a un niño/a”, mi pregunta siempre a continuación es: “¿Habéis pensado nombres?, ¿y cómo se llama?”. No sé, ha sido siempre un acto reflejo, desde pequeña. De hecho, con unos 16 años recuerdo ir a una librería y comprarme el típico libro de “Nombres para tu bebé”, pero simplemente para conocer qué origen tiene y qué posible significado abanderan llamarse así.

Con el paso de los años, lejos de desaparecer esta curiosidad o interés, ha ido in crescendo. Me encanta mirar el INe (Instituto Nacional de estadística) y filtrar por comunidades y por nombres y ver cuantas “Antonias”, “Sebastianes”, “Estheres” hay. Y así voy filtrando por nombres tradicionales hasta nombres extrañísimos como “Nausica” o “Sinforosa”.

Y es que no sé si es que siempre crecí siendo la única “Miriam” de la clase cuando todas eran “Marías” o “Anas” o “María algo” y “Ana algo”. Aún recuerdo la vez que fui a Londres y yo llevaba los dnis de mis amigos y todos eran: “Ana Belén”, “Ana Laura”, “Ana María”, “María Belén”, “María José” y yo entregué mi billete con mi nombre no compuesto. Son pequeñas tonterías, pero que me han ido conformando quién soy. Porque tu nombre es tu primera carta de presentación y también la mayor seña de identidad. No me digáis que nunca habéis pensado: “X nombre, no…porque conocí a uno que era un gilipollas y odio ese nombre” “todas las X son tontas y malas, no me gusta el nombre”.

Mis padres cuentan siempre la anécdota de que cuando yo era pequeña me acercaba a otros niños y les preguntaba: “Y tú, ¿cómo te titulas?” y después de muchas risas y que la pregunta sonará un poco pedante, he decidido darle la vuelta y si es cierto que el título de un libro nos llama la atención para leerlo, también existe una cierta predisposición con los nombres de las personas. Nombres con personalidad, nombres antiguos que se llevan con dignidad como “Dionisio”, nombres graciosos y entrañables como “Rodri”, nombres desfasados como “Eufrasio”, nombres de padres frikis “Nésar”, “Leia”. Tu nombre es la primera palabra que dirás a otra persona cuando la conoces. Siempre me ha gustado mi nombre, me suena bien, me suena diferente al menos donde yo me críe.

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Pero la verdad que si tuviera que elegir un nombre de niño o de niña si alguna vez tengo hijos, no puedo parar de pensar y pensar, que no quiero que tengan posibilidad de aceptar motes que le puedan causar un trauma de por vida, tampoco pasarme de friki y que suene bien en toda España. Que no vaya a pasar como a mi hermana que mis padres tuvieron a bien preguntarme: “¿Cómo quieres que se llame tu hermana?” y yo respondí “Esther”, creo que porque había leído un libro de ilustraciones y una de las protagonistas se llamaba así y en la ilustración era guapísima. Y mis padres me hicieron caso y así la llamaron, con tal mala suerte que en la región donde vivimos “Esther” no es “Esther” es “Ehteh” o “Ahteh”. Y no es lo mismo…no.

Hasta Oscar Wilde ya lo decía en su novela “La importancia de llamarse Ernesto” y es que hay ciertos nombres que ya tienen estilo propio y otros que hay que saber llevarlos, por ejemplo: “Jimena”, “Rodolfo”. No es lo mismo llamarse “Jimena” y ser poco agraciada, al igual que con “Rodolfo” o será que este nombre se está extinguiendo y el “Rodolfo” que me viene a la cabeza es “Rodolfo Sancho”. Claro…si es que según como se mire todo depende. Como el ahora sonado “boom” de “Elsas” por la protagonista de “Frozen”.

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A veces, es un orgullo llevar el nombre de otro familiar o persona que quieres, pero…¿y si te llevas mal y sigues la tradición de ponerle el nombre a todos los próximos integrantes de tu familia? Seguramente, querrás cambiarte el nombre.

Y los nombres vascos, ¿qué está pasando? Voy a la piscina y resulta que todas las niñas se llaman “Leire”, “Ainara” y los niños “Aitor” e “Iker” y no vivo en Euskadi. ¿Nos gustan por el origen o por las celebrities?…definitivamente, nunca pondría un nombre si no siento apego o fascinación por el origen que tiene. Siempre me gustó “Alba” porque significa “Escocia” en Gaelico y es un país que me encanta. Como podéis comprobar, tengo muchas razones que pueden justificar el por qué me gusta o no me gusta un nombre, son años de investigación.

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En fin, nombres largos, nombres antiguos, nombres bíblicos, nombres cortos, nombres extraños. Y tú…¿cómo te titulas?