Hoy es mi cumpleaños

Hoy, como todos los quinces de diciembre, es mi cumpleaños. Curiosamente, este año he tenido un examen, que ojala pueda decir que está aprobado. Me gustaría que la magia de los cumpleaños, me trajera como regalo, aprobar el dichoso examen. Pero ya veremos, creo en la magia, pero no sé hasta que punto…Esto es más cosa de esfuerzo y trabajo, que de fenómenos paranormales…pero volviendo a lo importante: Hoy es mi cumpleaños.

Veintidós caen, y todo el mundo, repitiendo lo de: “Anda, los dos patitos”, y yo no veo patos…yo veo más responsabilidades, más estrés y que soy un año más vieja y sigo igual de infantil. Aunque este año, he de reconocer que no he hecho la cuenta atrás hasta este día como solía hacer siempre, desde el primer día del mes. Hoy, curiosamente, casi ni me ha hecho ilusión, me he levantado y sabía que tenia que someterme a mí misma a una prueba, y no valía de nada que hoy fuera mi cumpleaños. Llevo comentándolo hace tiempo con una amiga:

Me pasa algo malo, creo que este año mi cumpleaños no me va a hacer ilusión– dije amargamente.

-¡No digas eso!, aunque este año me ha pasado lo mismo.- me dijo con amargura también.

Y efectivamente…esas cosas que siempre nos dicen los mayores, “te hace ilusión porque eres joven…” ¡Dios!, no quiero darles la razón, porque en el fondo, por supuesto que celebro que hoy es el día más importante de mi vida, porque precisamente llegué a ella, llegué a este festival de acuerdos y desacuerdos, de lagrimas y de carcajadas, y soy feliz, porque hoy, puedo decir que sigo aquí. Por eso, la tarta de chocolate (Gracias mamá, sabes que es mi preferida), la comeré con gusto, como siempre, y si hay velas, “la menda” las soplará, cual cría de cinco años, con deseo incluido. Y si puedo, convenceré a los pobres que estén a mi alrededor para que me canten el Feliz Cumpleaños entre risas, porque siempre me dicen: “¿En serio?, ¿con lo mayorcita que eres ya?”.

Lo admito, hoy es mi cumpleaños, y aunque se supone que tengo que madurar y bla,bla,bla. Para mí es la fecha más importante de mi vida, (supongo que no tengo otra que la sustituya aún), pero puestos a divagar y a reflexionar…Me acuerdo que de los doce a los diecisiete, esos cinco años, se me hicieron eternos, y más eterno aun, se me hizo cumplir los 18, pensando que éstos serian la repera y que seria libre e independiente, y que haría lo que me saliera de mis narices. ¡Maldita desilusión!, porque al llegar a la mayoría de edad, me encontré, con más responsabilidades, la misma paga y el mismo horario para llegar a casa…y encima me podían meter en la cárcel, porque ya tenia edad legal…y yo que pensaba que sería la rehostia…

Total, que asumí lo de los dieciocho…pero resulta que pasé la edad del pavo sin pena, ni gloria, como si tuviera veinticinco, que aún no tengo, y parece que ahora es cuando los quince están resurgiendo de dónde quiera que yo los tenía incubando.

Cuando cumplí los veinte, me di cuenta de que jamás, volvería a decir, tengo diecialgo, ya nada, no puedo volver a decir, que tengo dieci…, diecinah.., pero no importa, ahora tengo los dos patitos esos de los que todo el mundo me habla.

Asumir el cambio de digito fue duro, y diréis los que estéis por encima de mi edad, “Esta niña, está como una cabra, si está en la mejor edad”, ya ves, apenas soy un yogurin, no te fastidia…por eso, el otro día cuando fui al cine, y me metí en una peli para adolescentes, yo era la más vieja de la sala…y entonces, me doy cuenta de que los años se van quedando atrás, y que empiezo a ser más vieja que otra gente. Lo sé, lo sé… ¿para qué vas?

Aunque bromas a parte, y con reflexiones tontas incluidas…uno es joven, si el espíritu lo es. Quiero decir, que yo hoy estaré cumpliendo mis 22 primaveras, pero me siento con la vitalidad y pavazo de una de quince; Cuando leo mis libros, me siento con la misma ilusión que cuando leía mis cuentos a los cinco, y cuando voy a sitios nuevos o a empezar algo, me siento con la misma inseguridad del primer día de colegio. Cuando hay que emprender una nueva aventura, supongo que me siento con la vitalidad de los años que tengo y con la energía de los mismos. Si pudiera guardar todo este revoltijo de sentimientos y emociones en un frasquito, como si de una pócima secreta se tratara, la guardaría para cuando tuviera cuarenta o cincuenta y empezara a quejarme de huesos, músculos, colesterol o de la cabeza…Pero como no tengo frasquito, supongo que tendré que seguir pensando que la juventud es un tesoro y que el físico se puede deteriorar, pero eso que nos retumba en nuestro interior, espíritu (llámalo equis) jamás podrá cambiarlo.

¿El síndrome de Peter Pan?, pues no lo sé, simplemente diría, que las ganas de vivir intensamente.

El caso, hoy es mi cumpleaños, y sí, me hace ilusión.