Citando a Christopher McCandless IV

27 de Abril de 1992

¡Recuerdos desde Fairbanks! Esto es lo ultimo que sabrás de mi, Wayne. Estoy aquí desde hace dos días. Viajar a dedo por el territorio del Yukon ha sido difícil, pero al final he conseguido llegar.

Por favor, devuelve mi correo a los remitentes. Puede pasar mucho tiempo antes de que regrese al sur. Si esta aventura termina mal y nunca vuelves a tener noticias mías, quiero que sepas que te considero un gran hombre. Ahora me dirijo hacia tierras salvajes.

ALEX

[Postal recibida por Wayne Westerberg en Carthage, Dakota del sur]

Cuando uno conoce la historia de Christopher McCandless, puede tener varias reacciones. La mía fue buscar toda información posible acerca de este chico. En el libro de John Krakauer, se recoge de forma sublime cada retazo de lo que Chris escribió, de lo que sentía y de los autores que más le gustaban. Sin lugar a dudas, muchos pensaran que era un joven soñador con una locura extrema aderezada por las palabras de los escritores románticos. Pero en mi humilde opinión, Chris o Alex, era diferente, tan distinto que era imposible que se refugiara en la sociedad. Tan extremista que se sentía mejor acompañado de ríos y naturaleza plena. Bien es cierto, que al final de su vida, aun estando en paz consigo mismo y su forma de haber vivido, descubrió que es lo que mueve la vida y el como ser feliz. Tarde, pero lo descubrió, se esforzó en buscar eso que a otra gente se le escapa. Fue valiente, un valiente testarudo.


“Si admitimos que la vida humana puede ser guiada por la razón, toda posibilidad de vida será destruida” (Emile Hirsch en “Hacia rutas salvajes” de Sean Penn)