“Patria” debería ser lectura obligada

Hacía tiempo que no se me caían las lágrimas leyendo un libro y no me malinterpretéis, no es un libro que busque precisamente eso, pero sí que es cierto que hay que ser muy insensible para que ciertas líneas, ciertos capítulos no te lleguen al alma, después de haber vivido tantas veces tremendas noticias en la tele durante mi infancia, cuando ETA mataba.

Si había una palabra que me causaba auténtico terror de niña y me provocaba pesadillas era ETA. Aún recuerdo cuando mataron a Tomás y Valiente, Gregorio Ordoñez, yo apenas una niña, escuchaba en los informativos con pelos y señales como habían asesinado a sangre fría a estas personas. Creo que el secuestro y posterior asesinato de Miguel Ángel Blanco me dejaron muda y atenta a las noticias como imagino que a media España o España entera y también recuerdo impactada las imágenes en la televisión de tanta gente manifestándose: No al terrorismo. También me recuerdo escribiendo sobre la paz, cuando a mis infantiles oídos llegó la noticia de que habían liberado a Ortega Lara.

“Patria” no va de ETA en sí. La novela de Fernando Aramburu, primera novela que leo de este señor y voy a buscarme las demás, nos cuenta la historia de dos familias vascas, del pueblo, ¿qué pueblo? pues no sé, uno Gipuzkoano seguro. Uno de tantos pueblos donde había que ir a las manifas, a las herrikotabernas, aparecer y que nadie te señalara con el dedo, ir para que pensaran que eras un jugador más de ese partido por la liberación de “Euskal Herria”. “Patria” nos habla de la familia del Txato, un pequeño empresario de una flota de camiones y euskaldun y su mujer Bittori, también del pueblo con sus hijos : Nerea y Xabier. La familia de Miren y Joxian y sus hijos : Joxe Mari, Arantxa y Gorka. Familias normales del País Vasco que fríen anchoas para cenar y que cuando hablan en castellano utilizan el condicional en vez de subjuntivo, juegan al mus, van al monte y les encanta la bici. Familias que gustaban de vivir tranquilas, de disfrutar de sus hábitos vascos, de ir a comprar a la carnicería, hablar un rato con los vecinos, trabajar en la huerta o ir a San Sebastián a merendar churros. Simplemente vivir la rutina diaria.

Esta novela tan necesaria se divide en pequeños capítulos que van entremezclando las historias de las dos familias y de sus componentes, con sus historias individuales, sus sueños, sus amores, sus pensamientos y sus ideologías. Y por supuesto, como ETA irrumpe en la amistad de ambas familias, como aparece la extorsión, como una amistad se va desquebrajando por el sinsentido del panfletismo nacionalista, cuando había que ser parte de la masa y los vecinos te retiran la palabra, para que nadie pose sus ojos sobre ti, ni sobre los tuyos, para vivir tranquilos, anónimos, ocultos, presos en las calles de su propio pueblo.

-Yo siempre os he apreciado mucho, pero no os podía hablar en ese momento, porque ya sabes…para que no me relacionaran con vosotros. Y Bittori les mira y piensa para sí: “¿Y a mí ahora esto de qué me sirve? “el Txato” ya no está, me lo arrebataron”.

La cobardía de lo individual ante la presión asesina. ¿Se puede juzgar el comportamiento de alguien que está siendo manipulado por el miedo?

“Patria” invita a la reflexión. Invita a conocer las costumbres del País Vasco de pueblo, de la sociedad más alterada por la publicidad de los radicales, el miedo de los ciudadanos que simplemente pasaban de la política, que no les importaba ir a Logroño, porque no sentían que fueran más “españoles” que ellos, simplemente que eran parecidos.

Esta novela retrata de una manera natural y a veces, hasta cómica, la personalidad de los diferentes personajes, hasta tal punto que parece que uno mismo conoce las casas de Miren o Bittori, o que sufre con Arantxa en su enfermedad. Está tan ágil y bien escrito, que su lectura es bastante fácil a pesar de sus seiscientas y pico páginas, todo parece transcurrir como un capítulo largo de historia reciente de nuestro país.

9788490663271

He disfrutado la novela, porque conozco el País Vasco y porque he visto reflejadas muchas de las costumbres y formas de ser que tienen, que aunque siga pasando el tiempo, me siguen sorprendiendo a veces. Esa forma de dirigirse a los demás : “Este o esta me ha dicho de venir por aquí…” y tú piensas: ¿Este al que llamas este, te refieres a tu hermano?, ¿a tu marido? a mí siempre me suena despectivo, pero los vascos hablan así. Parecen enfadados en la mayoría de las veces, pero son gente noble y de buen corazón, siempre dispuestos a ayudarte y a darte de comer como si llegara el fin del mundo. La imagen que más tengo en mi retina es el típico hombre vasco con la barra de pan envuelta en el papel de periódico y esa estampa bajo el “xiri-miri”, la gente de “txikiteo” en la terraza de los bares, cayendo chuzos de punta, que para ellos es simplemente “estar al fresco” mientras yo andaluza, me congelo.

Leyendo la novela desde el punto de vista de Andaluza pero conocedora de Euskadi, lo único que veo es que realmente somos sociedades muy distintas, con costumbres diferentes. Aunque mi abuelo andaluz y mi yayo castellanovasco también tenían en común eso de echarse la siesta, porque ambos madrugaban muchísimo. Pero mi abuelo Pepe, desayunaba su café y tostadas y comía mucha fruta y mi yayo Jose Mari, se comía un filetón de ternera a las seis de la mañana. Uno trabajaba bajo el sol sureño y el otro, conducía el camión hormigonera entre las nieblas y paisaje de Gipuzkoa, pero al final, no eran más que dos hombres que vivían en diferentes regiones, que trabajaban y trabajan para dar de comer a sus familias. Solo que mi abuelo Pepe, vivía tranquilo y sin temas políticos en su vida y mi yayo Jose Mari, era de los que tenía secretos para que precisamente nadie le tachara de nada. Vivir en libertad, ¿hay algo más importante qué eso?

Creo que este libro como ya he comentado antes, merecería tener un hueco en los institutos, no solo porque defiendo que hay que animar a la juventud a leer, si no porque también pienso que este capítulo de la historia reciente, no debería caer en el olvido. He recomendado este libro a mucha gente y entre ellos amigos vascos y son estos amigos, los que me han dicho “Ni de coña”, curiosa reacción. Han vivido tan saturados con el tema, que no quieren leerla, no quieren saber del tema. Me han contestado cosas como : “buah, que pereza”, “lo que me faltaba ya por leer”, etc…pero sigo pensando que deberían darle una oportunidad. Cuando terminas el libro, es inevitable que no se crucen miles de pensamientos. Yo ya lo considero uno de mis libros favoritos. Me alegro haber empezado el 2017 lector de esta manera y con esta pedazo de novela.

 

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3 thoughts on ““Patria” debería ser lectura obligada

  1. Paqui febrero 14, 2017 / 3:11 pm

    Encantada con tu recomendación…simplemente genial como lo cuentas …

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