De los casi 30, consejos y Sagitarios…

Yo no soy de dar consejos. Nunca me ha gustado que me digan lo que tengo o debo hacer, porque creo que cada uno es lo suficiente diferente para que los consejos entren por un oído y salgan por otro y también se da eso de que cada uno vive su vida a su manera, cada uno es libre de poder decidir ligeramente dentro de estos margenes sociales tan apretados. Libres, libres, no somos, pero decidir poner el despertador diez minutos antes o no, estudiar un máster o no, quedarme en España o mudarme fuera, casarme o no, vivir de alquiler o comprar una vivienda, etc…pequeñas decisiones que nos hacen sentir importantes o que tenemos el control de nuestras vidas. Luego resulta que la vida es lo suficientemente sobrenatural para decirte que no. Que el dueño es ella y no tú. Que ella puede dejarte hacer dentro de unos límites y que es ella la que manda, a veces, te da pequeños toques de atención y otras muy grandes.  Y tú si quieres la escuchas o no, porque de vez en cuando hay que ser rebelde sin causa, a veces, no aceptamos un no por respuesta, hasta que no te hayas dejado la piel en ello, hasta que no se hayan agotado todas las opciones, hasta que no esté exhausta de haber luchado. Yo no soy de tirar la toalla tan pronto. Nunca lo he sido, nunca soy y nunca lo seré y si llega ese momento, es que estoy totalmente cansada y no puedo más. Pero siento citar a Coelho, pero yo creo que tiene que ser cierto en alguna pequeña manera de que lo que algo se desea con fuerza, tiene que acabar por rozar la realidad.

A mis casi treinta años, creo que el único consejo que puedo dar es que todo el mundo debe ser guardián de pequeños secretos. Necesitamos escucharnos a nosotros mismos, necesitamos mimarnos y hablar con nuestra voz interior, tranquilizarla y ser nuestros mejores amigos, porque para hacernos daño, ya está todo lo demás. Había una frase que me gustaba mucho en mi adolescencia y aparecía en mi “estado de msn” (va pasando el tiempo, sí…) y era: el que domina a muchos es poderoso, pero el que se domina así mismo es invencible. Lo sigo pensando. Controlarse a uno mismo es lo más difícil del mundo porque somos simples e imperfectos humanos, pero se puede, no siempre, pero en su mayoría se puede.

A mis casi treinta años, creo que he aprendido a explotar cada momento, con intensidad, sintiendo en mis poros todo aquello que deseaba. He reído con ganas, he llorado hasta quedarme dormida, he sufrido y he gritado. He peleado, he escuchado y he aprendido, muchooo. Y he aprendido que hay que relativizar las cosas, que hay que cambiar de perspectiva, que cuando te estampas, te levantas y que cuando te frustras, solamente hay que respirar y dejar ese pensamiento de lado y un minuto más tarde, solo un minuto más tarde, la solución estará a tu lado poniendo su mano en tu hombro, porque frustrarse por chorradas, es la mayor estupidez humana. ¿Sabíais que el ser humano desperdicia su tiempo pensando en cosas que quizás jamás pasen? y sin embargo, sufrimos con esos pensamientos de cosas irreales, de situaciones que hacemos complicadas mentalmente y que nunca tendremos por qué plantarles cara o que si se la plantamos no eran para tanto.

He descubierto que sé salir hacia delante, que tengo una fuerte  capacidad de improvisación y que si por un camino no, será por otro. Me gusta salir de los límites de la rutina y de los límites que me imponen, me gusta pensar que soy lo suficiente aventurera para poner en marcha adrenalina aunque sea un poco en mi día a día. Y ese arrojo propios de los Sagitarios y del romanticismo absurdo, muchas veces, nos impulsa a mirar detrás de nuestro hombro en cada momento, de pisar fuerte pero no desafiante, a reírnos de nosotros y de todo, de mirar porque queremos creer y a buscar más allá. Y por supuesto, nos emocionamos con cosas tontas, nos inspiramos y nos creemos artistas, artistas vagos, pero artistas.

Quería escribir esto simplemente para compartir que nadie os diga que es lo que tenéis que hacer antes de los 30, ni de los 40, ni de los 20, ni de los 105…cada uno elige su destino, cada uno tiene que ser capaz de equivocarse, aceptar un consejo, pero no siempre seguirlo fielmente, porque no somos marionetas y si todos seguimos consejos, nadie se equivocaría y es muchas veces de los errores donde nace lo mejor de nuestras vidas. Quizás no siempre, pero quizás más veces de lo que creemos pensar. Y por cierto, sigámonos riendo.

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