Tempus Fugit, y de qué manera…

Antonio Banderas decía en su discurso de los Goya que Taylor Swift le dijo: “¿Antonio Banderas?” y él muy contento, pensó:”Anda, me conoce” y Taylor Swift dijo: “Le encantas a mi abuela”. Auchhh, como escuece. De sex-symbol, de repente tienes destellos de plata en el pelo y las ojeras cada vez son más frecuentes y de repente, aparece alguien más joven que tú y te dice: “Llevas aquí toda la vida” y retumba para tus adentros : Toda una vida, toda una vida, como un eco, y sin querer, ese tictac del reloj que también escuchaba el Capitán Gafio, ha vuelto. Lo había olvidado entre la vorágine de los “veintis”, veintinuno, veinticinco, veintitodos y la espiral feliz de exprimirlo todo. No puedo negarlo, lo he pasado en grande, pero de pronto, me he instalado. Ya no soy ese espíritu libre, esa nómada que adoraba a Christopher McCandless, ya no espero el bus búho, ahora pillo un taxi. Empiezo a leer esos posts en otros blogs en el que proclaman cosas de : “Hechos que demuestran que ya no tienes 20”, “Cosas que hacer antes de los 30″, ” De veintiañero a treintañero” y de pronto, bostezo, en el taxi y sé que la resaca de mañana será una auténtica tortura. Me he aburguesado, ¿yo? Yo que pensaba Carpe Diem aplicado al segundo y ahora lo pienso al minuto, porque soy Sagitario y los Sagitario estamos muy locos, ¡muy locos! Pero hoy inevitablemente, me han quitado el puesto de benjamina y auchhh, duele, porque amigos, el tiempo vuela, time flies, Tempus Fugit. 

Ahora me acuerdo de toda esa gente que me advertía y casi maldecía al intentar añadirme o que me avanzara la vida: “Ya te llegará”, “uy, lo dices porque eres joven”, “ya cambiarás” y mientras pienso en cómo intentar darle la vuelta y no ver “Stranger Things” y sentir nostalgia, pero es que la tengo. La tengo porque quiero ser un niño que va en bici y vivir aventuras, quiero por un día olvidarme de rutinas y si hay algo en mí que no ha cambiado, es el deseo tremebundo de perseguir eso que nos hacen pensar que tenemos y que Mel Gibson supo gritar tan sumamente bien en “Braveheart” y sí, hablo de : Libertad.

Libertad de no encontrarme con los vecinos y que me digan eso de : ” A ver para cuando nos das un vecinito”. Pero bueno, ¿a tí que carajo te importa? pero aquí no tengo esa microlibertad de decirlo porque aparece la varita de la Educación y te dice: “Stop, mi hada”. Pero piensas, ¿acaso podría vivir yo como me diera la gana sin seguir cánones sociales? y ahora entiendo a Jennifer Aniston cuando decía que la dejaran en paz. Señores, vivan y dejan vivir. Y por supuesto, entretenganse, con libros, con Netflix, con deporte, con deporte íntimo, pero dejen de asomarse a la ventana para ver qué coño hace su vecino en el jardín. Qué suerte he tenido siempre, porque aunque esté repleta de defectos, hay dos cosas que no soy: envidiosa o cotilla. Para explicaros el punto de cotilla que no tengo, os diré que nunca supe si mi vecino de abajo, vivía en el A o en el B, ¡yo que sé! ¿era acaso tan relevante? Un vecino no es un amigo, aunque algún vecino pueda serlo. Pero vamos, no venía hoy a divagar y escupir pensamientos en alto en mi blog, para malgastarlo en hablar de mis adorables vecinos. Esto no era más que un cotidiano ejemplo de ataduras, esta vez por tener educación.

Esto venía a qué llevo ya casi seis años en el mismo sitio, y yo nunca me establezco, porque siempre que vuelvo de un viaje digo, “en una temporada no viajo más” y mira tú por donde ya me conozco todos las ofertas de las low-cost, why???? , ¿por qué no puedo simplemente arrastrar por el día a día y hacerme mejor amiga de mi despertador?

Esto viene, repito, porque diciembre seguro que llega pronto y cumplo los 30, esos que marcan la diferencia entre cenar pizza o ensalada ecológica y 100% natural, esos que anuncian los blogs que ya preferiré siempre el taxi al bus búho, el vino a la cerveza, el ver una peli a la discoteca, el hotel 5 estrellas al albergue…y empezaré a decir eso de : ” Es que ya no tengo 20 años, sé lo que quiero”. Yo quiero ser una James Dean de la vida y seguir rebelándome ante esto y decirle a los autores treintañeros de los blogs que mienten. Y lo peor de todo es que esto parecen ser todos los síntomas de peterpanismo. Si me viera mi yo de los 14, aquella niña que vivió los cuarenta años prematuros…, si es que ahora soy Benjamin Button, estoy en plena adolescencia y adoro a Lady Gaga, estoy enganchada a mil series y el otro día me acosté a las 4 de la madrugada viendo Netflix porque no era capaz de subir a mi habitación temiendo que la monja de “Expediente Warren 2″ apareciera. Con estas cosas que cuento, no puedo estar a punto de cumplir 30, ¿no?

En fin, amigos y amigas, la juventud no es una cifra, es como uno se sienta por dentro, es que te llame tu amigo y hagas voces y tu marido aparezca en el salón y diga : ” ¿Estás bien, qué te pasa?” y te estés riendo como una idiota de una gilipollez, juventud es que no te de pereza levantar tu culo de la silla y te escapes por ahí a ver mundo, a que ese capricho jamás desvanezca, ese ansía de aprender, juventud es reirse, juventud es pasar de lo malo para que entre lo bueno! juventud es comerse una hamburguesa, juventud divino tesoro.

 

 

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