Quiero ser libre como la oveja Shaun y cantar en el pasillo del Mercadona

Soy de fácil aburrir, eso lo he heredado de mi padre. Quiero decir que me aburro con facilidad y no hay peor cosa en la vida que aburrirse. Aburrirse puede derivar en un montón de cosas a veces, muy poco productivas. Hay gente que cuando se aburre empieza a maquinar en contra de otra gente o se inmiscuye en la vida de los demás porque precisamente eso, se aburren. Yo no me aburro en ese sentido, yo no me aburro de las cosas y soy muy poco cotilla, me da mucha pereza meterme en la vida de los demás. Me gusta el cine y me ha gustado siempre, creo que me seguirá gustando, no me aburro de ver cine, ni me aburro de las personas que me gusta escuchar, ni me aburro de mi trabajo, ni me aburro de mi casa… Me aburro de la rutina.

Me aburro de la monotonía, me aburro de los hábitos, me aburro del despertador, dúchate, desayuna lo mismo, al trabajo a la misma hora, al baño a la misma hora, la manzana de media mañana, comida, vuelve a casa, el atasco en la misma zona, la misma canción en la misma emisora.

Yo soy de las personas que cree que la vida te ofrece algo diferente en cada instante, simplemente hay que estar pendiente de fijarse, estar atento y ¡pum! Verlo. Y sin embargo, yo que siempre me consideré una soñadora empedernida, a veces, me siento atada de pies y manos en esto que llamamos la vida cotidiana. A veces, simplemente no lo soporto y entonces me doy cuenta de que soy una James Dean de la rutina, una rebelde sin causa. Si mis compañeros van todos a las ocho y pico haciendo cola a por su café, la de la cafetería me mira y dice: ¿Y hoy tú qué?

Es cierto que no bebo café porque no me gusta, pero a veces, no tomo nada, otras veces pido una tostada, otras una palmera, otras pido una napolitana y otras, asalto a la camarera a diferentes horas a por una pulguita de jamón, porque yo soy así, ¡una rebelde!, ¡una antisistema! o mi estómago un ente insubordinado con más hambre que un perro chico a ciertas horas.

Cuando voy a hacer la compra, los de los estudios de los supermercados se volverían locos, porque aunque ellos quieran que compre lo que se supone que debo comprar e ir por el pasillo y haciendo el circuito lógico, yo no. Y ¡ojo! No lo hago aposta. Entro y me pongo a hacer diferentes circuitos cada vez e incluso vuelvo loco a mi husband (no me gusta la palabra marido y no me acostumbro) porque empiezo a experimentar con la lista de la compra y él que es un poco “alemán” para ciertas cosas, me mira atónito como si fuera una William Wallace gritando: “Pero jamás nos quitarán la libertad” con los yogures de otra marca en la mano y de otro sabor a ser posible. Porque no puedo seguir con “El día de la Marmota” una y otra vez, si quiero yogures de limón me los compro y si otro día quiero yogures griegos pues los cojo. Llevo la aventura en la sangre, a mí me van los chutes de adrenalina.

descarga

El otro día que vi “La oveja Shaun” y empezaba con el día a día en la granja, todas las ovejas hacían una y otra vez la misma rutina y esta oveja un día se harta y la lía parda para salir de la rutina como sea. Y yo pensé: yo soy como esa oveja. Pero luego te das cuenta de que la rutina es muy cómoda y que salir de tu zona de confort, eso que se ha puesto tan de moda, explora, arriesga, gana! A veces, da un poco de miedo… o no. Siempre he creído que en la vida hay que asumir los riesgos y que los cambios mientras que no impliquen cambios graves de salud, son siempre para desafiarnos, porque vamos, un poco de “vidilla” no está mal ¿o qué?

shaun

Por eso creo que soy muy feliz de vacaciones, cuando puedo tener mi período propio de exploradora, de sorprenderme con nuevas comidas, nuevas calles, nueva gente, cuando soy independiente y ningún reloj me marca un horario que seguir. Y mi madre que siempre es muy razonable y muy realista siempre me dice: “¿Y nena qué quieres? La vida es así no es emocionante, ¿qué prefieres no tener rutina?” y yo me siento como cuando tenía quince años y soñaba despierta, intentando crear un mundo mucho mejor, cuando aún pensaba que los políticos luchaban por y para un pueblo, cuando la utopía y el idealismo de vez en cuando merendaban conmigo, cuando el mundo adulto aún no ocupaba todos mis movimientos.  Quizás sea por eso, que me gustan tanto los niños, porque son libres, porque si quieren silbar, silban, porque si quieren saltar, saltan y porque si quieren cantar, cantan y yo echo de menos esa libertad. Quiero cantar en alto en el Mercadona, ¿qué pasa? Que se me ha metido una canción en la cabeza y no puedo parar de cantarla. ¿Algún problema?

Y así finalizo mi texto, que hoy me toca hacer la compra y creo que, voy a jugar un poco al despiste hoy también con los de las cámaras del super, a ver si tienen huevos a meterme en estadísticas, en encuestas y en canones de lo que hace la gente normal. ¡Ja!

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s