La vida de Nadie de Eduard Cortés

El otro día de casualidad me encontré en la tele una película española “La vida de Nadie” (2002)  de Eduard Cortés, en pantalla dos rostros muy populares de nuestro cine patrio: José Coronado y Adriana Ozores.

Me enganchó mucho la película a pesar de la sencillez de la misma, una cinta sin efectos especiales, solamente una trama llena de muchos entresijos.

Emilio Barrero (José Coronado) tiene la vida perfecta, trabaja en el Banco de España, su mujer Ágata (Adriana Ozores) le adora y tienen un hijo, viven en un chalet a las afueras de la capital y están rodeados de muchos amigos y familiares que les quieren. Todo parece ser totalmente idílico hasta que Emilio conoce a Rosana (Marta Etura) una joven estudiante de Sociología de la que se enamora.

Hasta aquí, si uno lee la sinopsis puede pensar: ¡Bah! Menudo rollo, lo mismo de siempre… Pero no, vengo a recomendar esta película, porque aparte de tener unos magníficos actores principales, Coronado y Ozores se salen, la historia es mucho más compleja. No trata solo de la aparente vida maravillosa, sino de lo que hay detrás para construirla, de todas las mentiras que se han podido contar hasta construir esa realidad desvirtuada.

Mentir tiene muchas definiciones, es fingir, deformar, ocultar. Mentir es inducir a lo contrario a lo que se piensa o cree, mentir es un límite que cuando se convierte en costumbre, mata. Porque… ¿hay peor cosa que una mentira constante? , ¿Qué ocurre cuando se olvida de lo que se  contó antes de ayer y se tiene que seguir controlando cada palabra, cada dato, cada fecha, cada movimiento? El mentiroso no es libre, es preso de sus palabras, de sus historias, es tan preso que al final termina creyendo lo que no existe y va envolviendo en esa espiral a todos a los que quiere, matando poco a poco la confianza, la buena fe de los demás. Consumiendo las buenas intenciones de los que están alrededor hasta dibujar escenas en una vida que nunca existió. Acciones que jamás sucedieron, personas que realmente eran extraños, trabajos fingidos, dinero derrochado…

Pues la película sostiene todo esto, el tan difícil papel del “mentiroso”, ese arte de la mentira que hay que nacer con ello y no tener ni la más mínima decencia para seguir y seguir, dejándote llevar.

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Lo mejor de la película como ya he dicho antes son sus protagonistas, un José Coronado con una interpretación de lo más verosímil, sin alardes, un gran papel  y Adriana Ozores siempre perfecta.

Aunque la sensación que se te queda después de verla es que todos hemos escuchado alguna historia de: “Pues el tío se gastó todo su dinero en un casino y la mujer no lo sabía”, “Tenía dos familias a la par y nadie sospechó nada”. Y la gran pena es que hay adictos a la mentira que son como Emilio Barrero, hay gente que no es dueña de su vida, porque la inventó, porque perdió el control y las riendas de la misma hasta ser un espejismo de lo que quería ser y solo consiguieron ser  en ilusiones ficticias. Ocultar una realidad echando mentiras hasta hacer desaparecer y volver palpable algo que nunca fue, es, ni será. En resumidas cuentas: una película MUY RECOMENDABLE.

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