Felicidad, te sujetaré fuerte

Escribir tu nombre,
suspiros de una mentira,
triste ignorancia.

Sol acariciando tu sonrisa,
despegándose al viento cándida
y alegremente,
entre chupitos de inconsciencia.

Red Hot Chilli Peppers sonando
constante en mi cabeza.
Aleteos de pura soberbia.

Construyendo amagos de superviviencia,
y vuelta a comenzar.
Versos y rimas que quieren perderse
a tomarse algo en un rincón de San Sebastián.

Y como siempre, tu sombra y tu acento
persiguiéndome.
Ya no asustas a nadie, ya tus ojos se
han dormido.

Y volvemos a divagar en la misma mesa,
en el mismo bar dónde sorbíamos horas de
soledad y amargura.
Añorando ser otros, disfrazados de poetas
en otras vidas ajenas.

La música sonando en un cerebro extraño,
y no era Beethoven, ni siquiera tú tocando
tus tristes y apesadumbrados acordes.
Éramos, las notas, tú y yo.
Descolgándonos de un reloj.

Pero después de la tormenta,
aquella guitarra volvía a alumbrarnos,
nos indicaba aquella pasión encontrada
aquella pasión perdida,
aquella que cuando quería siempre aparecía.

A ritmo de una cana descubierta,
entre otros cabellos aún castaños, aún vivos.
Aquella cana ahora presente, solamente
era un signo de advertencia,
la juventud duraba un suspiro.
En tu alma y tu espíritu, quizás no puedas parar
de anhelarla…

Quizás te plantees, si a tus veinte fuiste un héroe,
un inconsciente,
quizás a tus treinta luches por parar el tiempo
y a los cuarenta te hayas descubierto mirando
tristemente a todas las horas reflejadas en tu cara
de un pasado y un presente que le hablan a un futuro
siempre alentador.

Porque la vida es así,
se abre entre sonrisas y risas,
entre lágrimas insolentes,
entre rincones de sueños y metas,
entre resacas de conciertos.

Entre mis recuerdos,
de una infancia feliz y una adolescencia
adulta.
Entre una madurez lúcida y amable,
sueños escoceses y americanos,
que no parecen terminar nunca.

Encontrándome a mí misma,
entre mis propios versos y estrofas
reflexionadas.
Congestionadas de fin de semana…

El mundo brilla y la vida
acompaña,
la amistad es valorada,
la pasión buscada,
y el ser valiente junto
con la lealtad son armas cotidianas.

Y mientras, vuelvo a escribir tu nombre
esta vez, en alto.
E invito a Felicidad a sujetarme
siempre fuerte y firme de mi mano.
¿Podrás seguir aquí conmigo?

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