Un Carpe Diem dicho en alto

Este fin de semana fui a una boda en Vitoria de unos amigos. Tuve la suerte de conocer a alguna gente que por casualidades de la vida, sabes que conectas, que compartes gustos y te hacen reír, sí así, sin alcohol de por medio, por lo menos a primera hora.

Las bodas suelen ser o deben ser motivo de alegría. En la celebración, realmente hubo muy buen rollo, muchas risas, música y sentimientos que se aderezan al mismo ritmo. También tuve conversaciones geniales, donde te pones a filosofear, cosa que me encanta y volví a recomendar “Hacia Rutas Salvajes”, porque sí, porque así soy yo, y yo me había olvidado un poquito de mí, de mi yo divertido y ocurrente y mi yo indomable y rebelde. Me encantó rescatarlo, porque el cansancio del día a día me hace que no me acuerde de avivar la llama pasional del ser humano. Y entre semana, me olvidé del CARPE DIEM.

En estos últimos meses, aunque soy muy feliz, porque no tengo nada de lo que quejarme o no valorar, me había olvidado un poco de pasarmelo bien o de volver a gritar a los cuatros vientos, eso que ayer susurraba otra vez Robin Williams a sus chicos en “El club de los poetas muertos” que la echaron en la tele y otra vez volví a escucharle, Caaaarpeeee Dieeeeem, haced que vuestras vidas sean extraordinarias. ¡Por supuesto! esa es la esencia, ese sentimiento de aprovechar el momento, ya sean cosas que se puedan alcanzar o no, hay que seguir soñando, porque el soñar es eso que jamás nos podrán quitar y nuestras pasiones e ilusiones nos mueven por dentro y son esos pequeños deseos los que impulsan nuestros pasos y nuestros latidos. Latidos que hay que parar a escucharlos y decir ¿qué quiero?, ¿qué puedo?, ¿qué hago? y no me rindo. Vivir es difácil. Depende de lo que te toque vivir y de cómo lo afrontemos y yo quiero volver a sentirme viva, tan viva como lo he estado siempre y seguir filosofeando y seguir riéndome tanto y sobre todo, seguir volviendo a descubrir que hay tanta gente en este mundo con la que seguir aprendiendo y compartiendo.

Qué hay gente que aún por altruismo da un sobre y te dice “No lo abras hasta el sábado” y que aún queda gente que aguanta la fecha y no lo abre para ver con ilusión finalmente un bonito regalo. Aún hay honradez, románticos y gente que te marca en un determinado momento para ofrecerte una ráfaga de ilusión.

Ilusión, ese es el ingrediente para hacer que cada momento cuente. Y yo, siempre he sido una romántica, pero se me había olvidado…

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