Desilusión respostera a causa de un horno rebelde

Ayer me pasó una tragedia repostera y necesito contarla. En mi trabajo todos los años se hace un concurso para Thanksgiving (sí, acción de gracias) y todo el mundo lleva unas tartas preciosas, muy elaboradas y riquísimas. Yo siempre termino llevando una botella de coca-cola o algo así. Sí, soy una cutre total, pero es que no tenía horno antes y siempre he creído que yo jamás sería capaz de hacer una tarta, esto mismo me pasa cuando me quiero pintar la raya del ojo como todas las mortales y como también le pasa a una conocida bloguera su blog lo podéis encontrar a la derecha y se llama “Pero que broma es esta”. También pensé de mi inutilidad culinaria para hacer tortillas de patatas (ahora tengo un Advanced en hacer Tortillas de patatas casi) y luego también demuestro que hay en mi cerebro o cerebelo que hace que yo no coordine bien y es que no me enseñes un volante y algo que tenga cuatro ruedas porque no nos caemos bien, por lo menos a primera vista. En fin, que voy a proceder a relatar lo que me pasó ayer.

Llevo toda la semana dando el coñazo a mis amigos, a Nini, a Águeda, a mi madre, a todo el mundo. “¿Me decís una receta de tarta/bizcocho fácil?”. Y me dieron la típica del yogur, nivel pre-escolar como dice Nini. Sencillísima, pero muy buena. Coges un yogur de limón (si quieres) y vas llenándolo luego con harina, aceite, azúcar, el sobre de levadura, los huevos y a mezclar y al horno.

Cuando yo ya tenía todo batido y aquello tenía un olorcillo a los ingredientes y un colorcico bastante amigable, lo eché en el molde de tarta-bizcocho, que me compré exclusivamente para comenzar en el mundo de la repostería. Total, que lo meto en el horno, anteriormente precalentado a 180º, yo muy obediente a todos los pasos de la receta e instrucciones. Lo dejo allí, como quién deja a su hijo en la guardería  y está deseando recogerlo a la salida.

Me pongo a intentar matar el tiempo, empiezo a imaginar su pinta, si se quedará doradito o no, si estará esponjoso. Me había imaginado rellenándolo de Nutella y había visto a todos desayunandolo y diciéndome “Uhm, delicioso” y yo “Gracias, gracias, es el primero que hago”. Cuando después de todo este episodio no real de expectativas creadas en mi imaginación, voy a la cocina  y veo que hay algo raro. La luz del horno estaba apagada, un sudor frío me recorrió la espalda temiéndome lo peor. El fatídico desenlace estaba a punto de acaecer. Abrí la puerta del horno sigilosamente, por eso de que si lo abres antes de tiempo, se baja y se queda feo…abrí la puerta sigilosamente y cuán grande mi sorpresa, el bizcocho no estaba ni doradito, ¡ni si quiera hecho!

Mi obra maestra a mediohacer y yo con estos pelos. “¿Qué hago?, ¿Qué hago?” en un amago de intentar reanimarlo, cogí el molde con la masaquieroserunbizcochodeverdad y lo metí en el microondas, aquello empezó a dar vueltas y el resultado fue un auténtico desastre y caos de bizcocho. Aunque he de decir que los trozos que estaban bien horneados gracias al calor residual del horno antes de que feneciera, estaban esponjosos y sabían a limón.

Pero, la sensación de vacío, todas las expectativas a la porra y el bizcocho, a mediohacer, un bizcocho inmaduro que no pudo hacer realidad mi sueño de plantarlo en la mesa y que todos comieran de él. Otra vez será…

Anuncios

2 thoughts on “Desilusión respostera a causa de un horno rebelde

  1. ayrim noviembre 24, 2013 / 4:20 pm

    Ya ves, ojala todos los problemas fueran estos, un saludo!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s