La nostalgia se arregla con un salmorejo

La vida va avanzando y con ella, el nivel de melancolía y nostalgia. No sé si puedo reafirmar esta afirmación que hago, porque quizás sea una sensación mía, que me está persiguiendo últimamente. Muchas personas creen que la nostalgia aparece porque “cualquier tiempo pasado fue mejor” o porque la etapa que se está viviendo en un presente no es tan buena. Pero no, no creo que sea eso.

 

Yo no sé cuanto llevo sintiendo nostalgia, pero el pasado 28 de Febrero, día de Andalucía, sentí mucha. Estaba trabajando y hablaba con una compañera de Málaga que también vive en Madrid.

 

-“Feliz día de Andalucía”

 

-“Para ti también”

 

-“Apetecen unos molletes con aceite, tomate y jamón”

 

-“Puf, muchísimo”

 

Y así estuvimos casi toda la mañana, añorando haber podido estar en nuestra tierra, desayunando productos autóctonos, tanto fue aquello, que al salir del trabajo. Nos fuimos a un bar y nos pedimos un salmorejo que nos supo a gloria.

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¿Se echa de menos la tierra? La respuesta es sí.

 

No fue solamente el hecho del día de Andalucía en sí y que no estábamos con nuestras familias y amigos. También recordé y me transporté a esos días conmemorativos de mi colegio. Y entonces me vi allí, rodeada de compañeros de los que ahora no sé nada, de algunos que sé por “Facebook” y de otros que no sé si estarán aquí o en Pekín, ni a que se dedicarán o si estarán bien. Pero me acordé de ellos, porque fueron parte de mí infancia y me acordé de mí, de mis gafas rosas de pasta y mis cristales con bifocales. Incluso de mis maestros, aquellos a los que yo admiraba y me invitaron a buscar una vocación tan bonita como lo es la enseñanza. Y en todo ese batiburrillo de recuerdos y emociones, volvió la nostalgia. ¡Por supuesto, que necesitaba comer ese salmorejo!

 

Como quería compartir ese sentimiento, comuniqué en “Facebook”, que estaba nostálgica y nombré mi cole, SAFA, y de repente, aquellos compañeros me dieron todos sus “me gusta” porque estaban como yo, nostálgicos. Unos en Barcelona, otros en United Kingdom y otros no se han movido, pero nostálgicos perdidos todos. Creo que ellos, tienen las mismas buenas sensaciones de recreos eternos de treinta minutos, en los que daba tiempo a comer un bocadillo, jugar a la goma, al pilla-pilla o insultar a Manolín-Manolán, porque claro, los niños hemos sido crueles todos, aunque yo llevaba gafotas y no podía ejercer la maldad en otro niño y hasta eso lo agradezco. Las obras de teatro de Navidad, los murales en las paredes de las aulas, el pitido del silbato de maestro de educación física. Las figuras que había en los pasillos gigantes de “Los Fruitis”, gracias por esto dirección del colegio. Éramos superfelices con Mochilo, Pincho, Gazpacho en los pasillos en tamaño real. El rollo soberano del profesor de Filosofía en bachillerato, que era cura y no se desprendía del tono de la homilía y nos sumía a todos en un terrible sueño en el Mito de las Cavernas allí con Platón. Del “Expo Hobby” que era un día genial de mi colegio, donde estábamos libres de clase y lo único que hacíamos eran actividades culturales-deportivas y ninguno estábamos gordos, salvo uno, el gordo de la clase, pero solo había uno, “el gordo”. Nosotros esperábamos con fe y alegría que aquel día llegara pronto, porque significaba fiestón. La fila en línea recta de por las mañanas, donde casi nos matábamos porque se nos colaba la gente, por favor, que ímpetu por entrar el primero a clase, el timbre que nos comunicaba que ya había terminado nuestra jornada y a la salida, nuestras madres  esperándonos en la puerta y la pregunta: “Mamá, ¿qué hay de comer? Y el deseo ferviente de que no fueran lentejas, y ahora, lo que daría por un plato de lentejas de mi madre. La tienda de al lado de mi casa que vendía ochios, tortas de chocolate y tortas de azúcar, y hacía su agosto durante el curso escolar, porque la gente iba como loca a comprar víveres para el recreo eterno de treinta minutos, ojala le siga yendo igual de bien al dueño, que seguro que estará nostálgico también.

 

Y bueno, de repente tras haberme trasladado a esos momentos, volví a mirar mi vida, y miré a la gente que tenía alrededor, tan distintos y me pregunté lo curioso de esta existencia, que te hace cruzarte con diferentes personas que pueden aportarte otras vivencias y otros momentos para otro ataque de nostalgia, que será quizás en una semana, en un mes o en años, pero sé que volverá. Y si vuelve, será porque fuimos felices y para aquellos andaluces o no, o simplemente de buen paladar, un salmorejo lo cura todo y si digo salmorejo, se puede aplicar a cualquier comida casera típica de tu tierra para calmar la melancolía.

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2 thoughts on “La nostalgia se arregla con un salmorejo

  1. LoreSodio marzo 3, 2013 / 11:47 am

    Nosotros en mi cole de curas celebrabamos una misa y luego cantabamos a grito pelado delante del cristo el himno de Andalucía :

    “andaluces, levantaos, pedid tierra y libertad sea por Andalucía libre”.

    Como tú bien dices, algún día volveremos a nuestra tierra de los molletes con tomate, aceite de oliva y jamóm ibérico.

    • ayrim marzo 3, 2013 / 11:48 am

      ¡Qué grande cantando el himno a grito pelado! nosotros también… 🙂

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