Iván-off en La casa de la portera

El pasado sábado tuve la suerte de asistir a una de las obras de teatro más originales y personales de toda mi vida. El proyecto tan arriesgado como creativo que se recrea en “La casa de la portera” en Madrid, es de una intensidad y realidad increíble.

Si bien el espectador está acostumbrado a ser un mero observador, en “La casa de la portera”, el espectador se convierte en parte importante de la obra. Pues es la mirada del público la que pone a prueba el guión, gestos, voz y atención de los actores. Apenas veinticuatro personas pueden contemplar la obra desde dos habitaciones de una casa. En concreto este sábado, asistí a “Iván-Off”, versión de la obra de Chéjov. Con un reparto tan sencillo como estupendo, cada actor recrea su personaje brindándole un matiz personal, distinto, en el que el espectador puede identificar que valores representan en la obra. Desde el médico honrado, voz de la conciencia inapropiada o no, Miguel el pícaro y astuto, una hilarante Doña Bárbara, el imponente y noble Conde, el matrimonio Leiva, la superficial y ahorradora Señora Leiva y su marido abnegado a sus instrucciones perdido en el vodka, hasta la sufridora e inocente esposa de Iván y la guapa y pasional Sara y por supuesto, el complejo protagonista, Iván.

Todos los personajes tienen algo muy especial y el hecho de que el espectador esté tan sumamente cerca de ellos, le hace que no solo le llegue la historia, si no también cada mohín, cada gesto, cada pequeña respiración entrecortada, el público es parte de esa habitación, de la atmósfera teatral que se convierte casi en pura realidad. Uno siente la tortuosa historia de Iván como si fuera suya, porque Iván es el protagonista y para mí, Iván nos representa un poco a todos. El amor, el terrible desamor, el aburrimiento inmundo, los problemas familiares, la codicia y el dinero. “Ivan-off” habla de todo ello con una naturalidad absoluta a manos de un reparto totalmente pletórico con una puesta en escena brillante, tan dramática a veces y tan cómica en otros momentos.

La obra es todo ello que son los seres humanos, un poliedro de sensaciones, de emociones. Porque el aburrimiento es el tedio que mata a la ilusión humana y las deudas las que hacen que la vida no merezca la pena. El amor activo o el desamor activo por igual son el sufrimiento más humano que existe y cada personaje transmite tanta fuerza en el escenario, ¿escenario? Transmiten tanta intensidad a tan solo dos pasos del público que es imposible no sentirse una parte más de la obra.

Lo original de este proyecto es que si se vuelve a repetir, la obra nunca será igual, al cambiar de sitio, la perspectiva de las situaciones recreadas no será nunca la misma y el mérito del reparto de mantener la cabeza fría en el guión, les hace ser grandes profesionales de eso tan difícil, la interpretación artística.

Para aquellos amantes del teatro o de nuevas experiencias culturales, “Iván-off” en “La casa de la portera” en Madrid, es lo que estaban esperando. Grandes interpretaciones, decorados y atrezzo acertadísimos y sobre todo, un reparto de lujo tanto dentro como fuera del teatro. Porque hay que resaltar que a la salida, muchos de los actores, algunos con trayectorias más que reconocidas, se pararon amablemente y demostraron una sencillez que no tiene precio.

Para que luego digan que la cultura se muere. Todavía hay proyectos arriesgados y ésta es prueba de ello.

“A los 20 somos héroes, a los 30 parece que ya estamos cansados de todo…”

Para más información: http://www.lacasadelaportera.wordpress.com

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