Espíritu Nómada

Acabo de llegar y ya me quiero ir. No me ha dado tiempo a echar raíces, ni a establecer vínculos con otras personas, pero la rutina comienza a saludarme de nuevo y eso me asfixia.
Quiero asomarme a una ventana y ver una montaña, tener un lugar natural dónde poder perderme. Me gustaría tener el mar cerca para pasear por sus playas, disfrutar de la brisa y el sonido. Sentarme en las rocas y descubrir la tranquilidad.

Siento que soy en parte, un poco nómada. Quiero estar aquí y allá, conocer nuevos sitios, nuevas gentes. No dejar que la rutina me alcance y poder echar la vista atrás al final de mis días y saber que estuve en distintos sitios, distintos lugares que me aportaron otras culturas, otras formas de vivir o de ver la vida. Me gustaría tener como compañera una bolsa de viaje y recorrer con ella todas las partes del mundo con lo justo y necesario. Dejarme llevar simplemente por el latido del mundo y los pasos que quieran guiarme hacia mi destino. Porque lo importante no será encontrar Ítaca, sino el trayecto hasta alcanzarla y empiezo a pensar, que no voy a hacer ni un año en la ciudad en la que me encuentro actualmente y ya me quiero marchar.

“Soy culillo de mal asiento” como diría mi madre, y tiene razón. Llevo dentro de mí, un motor que me aviva constantemente a buscar cambios, porque no los temo. A buscar incertidumbres y apartar la estabilidad a un lado. ¿Será la juventud o seré así por siempre? Un espíritu nómada encerrado en los límites de la actual sociedad, acorralada por el miedo al paro y el no poder seguir siendo independiente. Marginada en pensamiento porque ser nómada hoy en día es una utopía. Mi espíritu aventurero debe conformarse con una gran urbe llena de gente y contaminación, de estrés y en constante movimiento y dejar el mar, el bosque y las nuevas ciudades para el tiempo de turismo, siempre y cuando, el cuerpo, la razón y el alma aguanten, pues es la pasión por la aventura lo que nos hace sentirnos vivos y yo no quiero estancarme.

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4 thoughts on “Espíritu Nómada

  1. Pedro Pablo septiembre 9, 2011 / 1:38 am

    Quiero… pero ¿no puedo? Eres preneolítica, antediluviana, “culillo de mal asiento”, como bien dice tu madre. Siempre nos quedará el asfalto, las grúas y los atascos, eternos ratones de ciudad.

    Un cielo sin estrellas es una losa. Pero siguen detrás.

  2. yosoyjoss septiembre 9, 2011 / 8:24 am

    No es una utopía. Es perfectamente posible si aceptas los riesgos.

  3. Bruce septiembre 12, 2011 / 10:51 am

    Me siento totalmente identificado. Pero en vez de “Acabo de llegar y ya me quiero ir” mi frase sería “Llevo aquí un mes y ya me quiero ir”. Cuando estoy fuera de España cierto tiempo me entra la morriña y realmente pienso que España es maravillosa. Cada vez tengo más claro que es así pero al cabo del tiempo… me vuelve a picar el gusanillo y necesito irme a donde sea. Creo que he encontrado el sitio perfecto donde vivir y es en mi Andalucía querida pero creo que eso no está reñido con tener espíritu aventurero y tener siempre ganas de ver costumbres diferentes, gentes diferentes, sitios diferentes.

  4. Aida noviembre 13, 2011 / 11:46 pm

    Pues a mí me encanta tu utopía. Nunca te canses de seguir alimentando tu propio viaje a Alaska.

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