Cueste lo que cueste

Tienes diecisiete tiernos años, la cara llena de puntos negros e ilusión en ese corazón inocente. El cerebro fresco y muchas ganas de aprender entre películas de Spielberg y cds de Metallica.

Te resuena en la cabeza eso de “llegarás a hacer algo grande e importante”. Hay algo que te lo dice, lo sabes. “Eres diferente, tienes potencial”. Yes, you can!!

Llevas estudiando inglés desde los tres años en distintas academias con profesores nativos, te apuntaron al conservatorio, te apuntaron a karate. Te criaron con aquello del “Mens in sana y corpore sano”. Conoces a la perfección un ordenador, internet y demás utensilios virtuales.
Eres capaz de pronunciar ciertas palabras en francés e italiano. Alguién te dijo que cuantos más idiomas, mucho mejor.

Te dicen que elijas una carrera que te guste, pero con salidas profesionales realistas. Nada de Arqueología para intentar ser Indiana Jones, nada de biología para ser como Jacques Cousteau, algo como Empresariales, Ingeniería, algo que aunque te sacrifiques veas recompensado en un futuro, con una mesa en un despacho con ventanas y un sueldo fijo a fin de mes. Sin tener que hacer tres entrevistas, con la de recursos humanos, el subdirector financiero y después el Rey Juan Carlos I.

Te dicen que no te asustes en la entrevista, que te sepas desenvolver, que tengas habilidades comunicativas, que tengas formación académica, ganas de aprender, seas bueno trabajando en equipo, tengas los calzoncillos limpios y seas de carácter amable.

Te dicen que no pidas más que un sueldo a fin de mes, para comprarte el pan. Olvídate de tomar una cerveza con los amigos del trabajo, porque estarás en esa oficina que ya no huele a humo, porque no se puede, estarás desde las 9 de la mañana hasta posiblemente las 9 de la noche, eso sí, trabajando de forma motivadora y aprendiendo mucho. ¡Mucho!

Llevando cafés de un lado para otro, pero eso sí, sabiendo decir perfectamente, “Thanks so much, would you want something more?”

Cuando salgas de allí, lo único que se te puede venir a la cabeza, son tus discos de Metallica y cantar en la mente aquello que gritaba Freddie Mercury : “I want to break free”.

Y mirarás los bolsillos y un puñetero euro, para gastarlo en el ticket de metro y te meterás en ese tubo muy nuevo o muy viejo, con más gente de traje, que lleva dentro de sí, alguién que también escuchó a Alice Cooper, que también gritaba “Yo seré grande, yo haré algo importante”, y te tragarás todos tus sueños y todas tus ilusiones, pues estás en ese vagón hacia ninguna parte de donde solo puedes bajarte en la Próxima estación: Aquella que te lleva a una habitación alquilada que pagas con todo tu sueldo.

Pero ¿sabéis? yo, que fui una de las que cantaba en mi habitación con el pulmón en alto, yo que escribía poesías líricas y pasionales, yo que siempre he sido una inconformista, no me rendiré, a pesar de los tickets restaurant con los que nos quieren conformar, a pesar de los trabajos mal remunerados, a pesar de todo aquello que nos hace lastrarnos como personas. Yo seré de las que seguirá luchando, cueste lo que me cueste…

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3 thoughts on “Cueste lo que cueste

  1. Juan Vílchez febrero 15, 2011 / 12:32 pm

    Los deseos chocan con la realidad.

    Todos pretendemos dejar huella, ser más, llegar alto. Queremos ser únicos y personales, inconfundibles… ¡Es duro conseguir ser diferente a las demás 6.775.235.740 personas que hay en el mundo!

    Soñar es gratis o eso dicen, pero todo tiene un precio (aunque no sea monetario) y en este mundo globalizado, una persona con todos sus sentimientos, aspiraciones y geniales propuestas que podrían cambiar el mundo no es más que un átomo que se disuelve y pasa desapercibido. Aún así, somos soñadores y tenemos ideales y no debemos cejar en el intento. Merece la pena, ¡¿y si lo conseguimos?!

    Todo trabajo, aún los esclavizantes y mal pagados, sirven para algo. Quizás para que reúnas las fuerzas para redescubrirte y arriesgar más. Todo lo malo es para algo bueno. Me reconforta leer que seguirás luchando, ¡ese es el espíritu!

    No te conformes con menos que la perfección. “Demasiado nunca es suficiente” 😉

  2. Jon Ander febrero 15, 2011 / 7:48 pm

    ¡Ayrim en estado puro! Subscribo punto por punto tu entrada.

  3. yosoyjoss febrero 16, 2011 / 9:40 pm

    A lo mejor tendríamos que preguntarnos por qué llegar más alto o ser distintos? Qué significa ser “mejor”?

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