El extraño Forastero

Dejó a su compañera de juerga en su casa. La metió en aquel ascensor mugriento de luz tenue. Allí la abandonó, acompañada de su hedor a borrachera.

Abrió la puerta del portal y se colocó la bufanda a modo de coraza contra el viento. El cuero no fue indiferente a aquella gélida ráfaga. No le pesaba la preocupación, y tampoco era capaz de atisbar un resquicio de sufrimiento al haberse dado cuenta de que no pertenecía a la ciudad. Todo el mundo le había señalado.

ciudad-de-mexico

Era un extraño, un forastero. Lo más curioso es que él no era un intruso. Se había criado en las calles principales, había jugado en el patio del colegio con más nombre de la ciudad; había comprado el pan mil veces en el establecimiento más popular. Pero nadie le conocía…

Su rostro no había pasado a formar parte de ninguna memoria colectiva. Nadie sabía su nombre, nadie nunca lo había visto antes, nadie le recordaba, por eso todo el mundo pensó aquella noche, que había un extraño en aquel lugar cochambroso y oscuro. Todo era siniestro, todo era raro, todo era ajeno.

Conocía todos los rostros o por lo menos la mayoría de ellos, las sonrisas fugaces le sonaban. Conocía desde el más viejo hasta el más joven. A la guapa camarera que tonteaba con todos, hasta el abuelo que se resignaba a abandonar los años de juventud acompañado de una cerveza. Él los conocía a todos. Le pesaba el alcohol en las botas y el humo empezaba a encoger sus ojos grises. Hasta que ella apareció.

-Hola, ¿Eres nuevo por aquí?- dijo tímidamente.

No podía creer que aquella joven de ojos almendrados, se estuviera dirigiendo a él. No era invisible, debería haberlo sabido. La joven lo miraba de forma dulce y sonreía.

-Sí, soy nuevo- mintió.

No sabía muy bien porque había contestado con aquella afirmación; ella le retiró a una mesa cercana a una gran ventana y le dejó que le contara mentiras y mentiras sobre lugares en los que nunca había estado. Parecía que el whisky le acentuaba la imaginación. Y contó de forma soberbia detalles sobre París y Praga. E hizo que ella se perdiera entre risas malditas y falsas, y a cada trago de whisky; notaba como le ardía la memoria tanto como la garganta.

Pero ella seguía preguntándole, y él…inventando. Creó un magnífico bar en su amada Irlanda. Le contó a la chica de ojos almendrados, que una joven pelirroja le había hecho sentirse el hombre más feliz de la tierra. Le contó que la irlandesa tocaba un bodhran mágico y que él había sucumbido a sus encantos.

irlanda

La chica de ojos almendrados suspiraba con la mentira, y el extraño cada vez se sentía más lejos de la mesa. Las mentiras le estaban desplazando a un universo que no existía. Se había perdido en la cálida sonrisa de aquella agradable chica…Ella quiso besarle, pero el whisky era un enemigo imperdonable. Así que el extraño viajero…la agarró de la cintura, ofreciéndose a llevarla a casa.

Vagaron como dos auténticos camaradas, embriagados por el alcohol enfermizo. Las casas se asomaban todas iguales a las calles empedradas. Dieron las cinco de la madrugada, cuando el forastero y la chica de ojos almendrados, pudieron advertir cual era el hogar de la joven.

Las llaves eran las correctas. La joven lo miró y susurró: “No volveré a verte, ¿verdad?”. Sus ojos grises asintieron entrecerrados y fue cuando ella dijo: “Tú y tus viajes”.

La puerta del ascensor se cerró en aquel mismo instante.

El frío le devolvió la realidad en una bandeja de estalactitas. Las mentiras le estaban quemando, como lo había hecho el whisky apenas dos horas antes, y se dio cuenta de que jamás iría a Irlanda. Y se dio cuenta de que había perdido la razón ante los ojos castaños; y asumió que era un intruso en una vida inventada.

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One thought on “El extraño Forastero

  1. Catherine Heathcliff enero 10, 2009 / 10:31 am

    Retrato de cualquiera de nosotros, los hipócritas que meneamos la cabeza con gesto de reprobación ante sus mentiras.

    Besos,

    Catherine Heathcliff

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