El Guerrero

Sabía latín, francés y dominaba las armas como nadie. Era un caballero encerrado en el cuerpo de un bravo guerrero. Sus ropas, desgarradas por enemigos fieros, eran testigos de un guerrero siempre victorioso, con el honor intacto y las manos manchadas de sangre caliente.

Dominaba a las masas con sabias palabras. Su cabellera cruzaba libre entre las armas alzadas. Su espíritu inquieto batía al viento en contra y sonreía cuando escalaba montañas escocesas hacia grandes lagos de orgullo y valor.

Forjado en la brutalidad de los bárbaros, seres despiadados a la hora de usar sus armas, pero ser astuto embargado de la energía, de aquel valor que buscaba incansable: Libertad.

Aquel valor que se escondía siempre, inalcanzable.

El viento de nuevo, siempre presente, esculpía su cuerpo. Su cuerpo bravo con un corazón tan lleno de coraje, que siempre rozaba la utopía de que alguien quisiera seguir luchando a pesar de la adversidad.

El guerrero, el gran guerrero, siempre estaría allí. Desafiando ejércitos, luchando por sus ideales, aunque todo un espíritu de lucha, se escondiera siempre debajo de la piel de un hombre, de un frágil ser humano.

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One thought on “El Guerrero

  1. elkja diciembre 3, 2009 / 12:32 pm

    Y mide más de dos metros, mata hombres a cientos y si estuviese aquí acabaría con los ingleses echando fuego por los ojos, y también rayos por el culo ;P

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