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Mr Green: El increible Hulk

Esta crítica puede contener SPOILER.

Ya que el anterior Hulk no recogió demasiadas buenas críticas, a pesar de los esfuerzos de Eric Bana por interpretar a un Bruce Banner que no puede controlar esa masa de fuerza y rabia que desata a una gigantesca mole verde. Se apostó por otra película, que para mí no es ni muchísimo una secuela de la anterior, para nada.

¿Por qué me ha gustado mucho más esta? En primer lugar, Edward Norton es capaz de darle credibilidad a cualquier personaje que interprete. Puede verse el sufrimiento en su mirada, puede verse incluso la rabia que contiene, y eso que apenas tiene diálogo, porque no es una película de diálogos. Norton es el genio que sabe hacer asequible lo imposible, es el pilar del largometraje. No es una película para reflexionar, no se dibuja el perfil de los personajes, no pretende retratarnos la psicología de Bruce, o el por qué del experimento, ponernos mejor en antecedentes de la historia. Parece como si esos aspectos del personaje no merecieran la pena ser contados, porque casi todo el público sabe como surgió Hulk. Aunque este aspecto fue narrado en la película de Ang Lee, a mí llegó a aburrirme el ritmo pasmoso, a parecerme mucho más ridículo el monstruo y demasiado sentimental Bruce Banner. Claro que, para gustos los colores. La única cosa que cambiaría de la película y eso que me ha sorprendido para bien es a Liv Tyler, porque creo que Jennifer Connelly le dio un toque más personal.

El increíble Hulk, nos presenta una serie de secuencias rápidas, espectaculares, una fotografía asfixiante de la ciudad Brasileña donde Bruce se cobija al principio de la película. También de paisajes naturales bastante bonitos. Bien es cierto, que no podemos decir que es una película que lo tenga todo, pues lo único que contiene es una buena interpretación del protagonista, una espectacular fotografía y geniales efectos especiales. Aunque yo eliminaría cierta escena que me recuerda demasiado a King Kong, el monstruo verde asustado por unos truenos, mientras la pobre chica valiente a su lado, intenta calmar a Mr. Green.

Quizás el detalle que más me llamó la atención y no sé por qué es el diálogo vía chat que mantienen Mr Green y Mr Blue, el científico que intenta ayudar a Bruce con su iracundo problema. Es en ese momento cuando Edward Norton muestra con que ganas quiere deshacerse de su problema y la ambición tan grande que muestran los científicos ante rarezas tales como Hulk. En escenas posteriores, averiguaremos a que lleva tal ambición. Al igual que con la interpretación del antagonista, por parte de Tim Roth, se plantea siempre, esa eterna envidia por adquirir el poder del superhéroe. Los “malos” siempre piensan que ese poder sobrenatural los convertirá en amos supremos del mundo y por supuesto, cuando tienen ese poder, en apariencia son mucho menos agraciados…es que el nivel de maldad tiene que ser proporcional al de fealdad, en todas las películas es igual. El monstruo del antagonista, me recordó superficialmente a un zombie de Resident Evil.

Las escenas de acción son bastantes espectaculares, pero el espectador llega a taparse los oídos ante tal exagerado nivel de decibelios. Es cierto que la película tiene muchas incongruencias, pero los fans o algunos fans de la película querían esto, a Bruce Banner, el sufrimiento de Bruce Banner, al poderoso monstruo batiéndose como un luchador del Pressing Match contra un monstruo deforme y absurdo. Acción, acción, acción…Aunque también hay un pequeño hueco para escenas que a mí si que me gustaron, además de guiños a otros superhéroes de la Marvel y sorpresa final con una aparición casi estelar.

Para concluir, una nueva versión de Hulk, un soplo de aire fresco para la Marvel, a pesar de algunas absurdeces, a pesar de que sea una película meramente visual, para divertirse con los efectos que el cine puede dar a día de hoy. Cuando vamos a ver una película de la Marvel, pocas veces esperamos que se asemeje a una película de Eastwood, profunda y melancólica, que nos deje saboreando algunas grandes reflexiones que se han dejado patentes en unos excelsos diálogos. Cuando se va a ver una película de superhéroes, se va a disfrutar visualmente, a evadirte viendo a un hombre que vuela, otro que es de hierro, otro que tira telarañas o en su defecto a esta mole verde que es incapaz de controlarse y lanza coches por los aires.

La magia del cine de los 80

Repaso por aquella entrañable y nostálgica época del cine de los ochenta. Nombrando las grandes películas que nos dejó esta época tan especial para la industria cinematográfica.

Para empezar, pido perdón de antemano si recordáis alguna famosa y entrañable película de los ochenta y yo no la nombro aquí. Pero voy a intentar agudizar mi mente y rememorar las mejores películas del cine de los ochenta, cine que tanta nostalgia nos trae a tantos al ver las imágenes y escuchar las bandas sonoras de entonces.

Y como esto es un trabajo exhaustivo y complicado voy a empezar por uno de los amos del cine como lo es Steven Spielberg quién nos brindó en la década ochentera una de las mejores sagas de aventuras. Me refiero a Indiana Jones. Un jovencísimo Harrison Ford, salía totalmente hecho una verdadera estrella después de haber co-protagonizado otra genial saga, Star Wars. La saga de George Lucas la más galáctica de todas, cerró la primera trilogía en 1983 y Harrison Ford se enfundó el sombrero y el látigo del mítico Indi. Se puede decir que este actor triunfó en los ochenta, co-protagonista en una saga de ciencia ficción, protagonista de la saga más famosa de aventuras, además de haber sido el protagonista de la idolatrada Blade Runner de Ridley Scott en 1982. En el mismo año, Steven Spielberg nos sorprendería con la entrañable E.T, el extraterrestre (1982), la historia del extraterrestre perdido en la tierra y la ya mítica escena de la luna de fondo y la bici, es todo un clásico. Además de que en esta película encontramos a la rubita niña, Drew Barrymore en sus comienzos. También a Spielberg le debemos aquella maravillosa serie Cuentos asombrosos (1985), muchas de aquellas historias nos dejaron a muchos atónitos.

Sigamos con las sagas, Robert Zemeckis además de sorprendernos en 1988 con la mitad dibujos animados y película real, ¿Quién engañó a Roger Rabbit? y tras unir a Michael Douglas y la guapa Katheleen Turner en la película de aventuras, Tras el corazón verde en 1984. Nos presentó a un simpático Michael J. Fox en la trilogía Regreso al futuro(1985). Increíble comedia juvenil de viajes en el tiempo triunfó en taquilla y en los premios Oscars, además de catapultar a Michael J. Fox como el ya inolvidable, Marty McFly y al loco Doc, el científico que creó la máquina para viajar en el tiempo. La saga terminó en 1990. Pero hoy en día, es un clásico y es de las sagas que con más cariño se recuerdan y se vuelven a ver. El brillante guión, la originalidad de las tramas y el carisma del joven J.Fox han convertido a Regreso al futuro, en una de las mejores sagas de entretenimiento y comedia. En 1985 tras hacer la primera entrega de esta saga, Michael protagonizó la graciosa comedia Teen Wolf, dónde se convertía en un hombre lobo y aprovechará sus cualidades como tal para convertirse en un as del baloncesto.

Ridley Scott al que ya he nombrado antes, nos dejó algunas joyitas en los ochenta como la magnífica Blade Runner (1982) y casi abriendo el cine ochentero en 1979, Alien, el octavo pasajero, la cual sorprendía al público con aquel alien negro tan repulsivo en aquella nave y los asustados tripulantes a bordo, entre otros, la gran Sigourney Weaver. Un film bastante tenebroso. Ridley ofreció a Tom Cruise uno de sus primeros papeles en el cine, en Legend (1985) y convirtió a Michael Douglas en un tipo duro en Black Rain (1989).

Tom Cruise puede estar contento de las películas que protagonizó en los años ochenta. Películas como El color del dinero (1986), le permitió trabajar con Martin Scorcese y actuar con Paul Newman, tras esta, protagonizó Top Gun (1986), película que hizo las delicias de los más intrépidos con la gran fotografía aérea. Y en 1988, trabajó con Dustin Hoffman en la genial Rain Man (1988), la cuál hizo que Hoffman ganará el Oscar como mejor actor. Pronto le valdría la nominación a Cruise, un año más tarde con Nacido el 4 de Julio, gran película de la mano de otro gran director, Oliver Stone.

Y si seguimos con las sagas, que en esta época hubo muchas, hay que destacar la genial saga de terror Poltergeist (1982-1988), dónde Spielberg escribe y produce y deja la dirección a un lado. ¿A quién no se le quedó grabada en la mente la frase de ya están aquíiiiii!? Dicha por la pequeña niña rubia que años más tarde moriría por un problema cardíaco y todo el mundo achacaría a que las películas estaban malditas. Y cambiando de género y para rememorar esas tardes de pan con nocilla, la película de Los goonies (1985). Película para adolescentes, dónde un grupo de muchachos vivirán una increíble aventura dentro de un ático al encontrar el mapa de un tesoro.

A destacar en los ochenta, las películas de género fantástico como La historia interminable (1984) de Wolfang Petersen, con aquella bonita canción, y el gigantesco dragón con cara de perro, mientras el pequeño Bastián lee la historia e intentará salvar a la pequeña Emperatriz Infantil. Los efectos especiales si echamos la vista atrás ahora pueden resultar precarios, pero no podemos olvidar el mérito que tienen y el valor añadido de aquellas películas. Será por los recuerdos de la infancia lo que te hacen que ahora al verlas no te resulten patéticas películas, sino pequeñas joyitas de cuando uno se refugiaba en esos fantásticos mundos. Y si hablamos de fantasía no nos podemos olvidar a Jim Henson, con películas como Cristal Oscuro (1982) y Dentro del laberinto (1986) dónde podíamos ver a una jovencísima Jennifer Connelly huyendo del extraño David Bowie, por supuesto nombrar la serie El cuentacuentos (1987) tan valorada y todo un emblema de los años 80. Casi acabándose la década de los ochenta, surge otro ya clásico del cine fantástico, una cinta sobre princesas, caballeros, piratas, el abuelo que cuenta al niño un fantástico cuento, por supuesto que estoy hablando de La princesa prometida (1987) y para refrescar vuestras memorias, la frase de la película: Hola, mi nombre es Iñigo Montoya, tú mataste a mi padre, prepárate para morir. Otra película de cine fantástico que han repuesto muchísimas veces por televisión es Willow (1988), un gran cuento medieval donde ningún elemento fantástico podía faltar, brujas, monstruos, magia…

Tampoco podemos olvidarnos de Eddie Murphy en la también trilogía Superdetective en Hollywood (1984-1987-1994), donde encarnaba al detective Axel Foley siempre intentando encarcelar a algún delincuente. Una gran mezcla de acción y comedia, que tuvo muchísimo éxito en sus días, además de la cancioncita. Pero para películas de acción debemos mencionar al musculitos de Arnold Schwarzenegger, el actor con el apellido más imposible, cazando alienígenas en la película Depredador (1987) y poniéndose en la piel de un robot enviado del futuro al pasado en Terminator (1984) y su ya famosa frase, Sayonara, baby. Arnold no sería el único musculitos de esta época, porque ya le pisaba los talones Silvestre Stallone con las siguientes partes de Rambo también en los ochentas y las partes de Rocky III y IV en 1981 y 1985.

También en los ochentas verían la luz la segunda, tercera y cuarta parte de Superman con un Christopher Reeve siendo el precursor del cine de superhéroes que en dos décadas después se pondría tan de moda.

Tom Hanks fue uno de los rostros más famosos del cine de la época con comedias como 1,2,3 splash (1984)junto a Daryl Hannah haciendo de sirena. Esta casa es un ruina (1986) y Big (1988 ) siguen siendo comedias a día de hoy dignas de ver. Otro de los magos del cine actual, el carismático Tim Burton, también dejó sus pinitos en los ochenta, con la película Beetlejuice (1988 ) y era Michael Keaton quién fue el valiente de interpretar al gamberro fantasma que le haría la vida imposible a Geena Davis y a Alec Baldwin.

El cine de los ochenta, este cine que nos dejó tantas buenas trilogías y sagas, que ahora cuando he ido a acordarme de ellas, me he percatado de que fueron muchísimas. Pero que grandes. Adaptaciones de libros tan bien hechas con los recursos de entonces, con la ilusión de entonces, mentes privilegiadas que se atrevieron a escribir grandes historias. Comedias, películas de aventuras, género fantástico para embaucar a niños y no tan niños. Películas que nos hicieron reír, llorar, luchar, películas que a día de hoy ya forman parte de la historia del cine. Con menor o mayor calidad, pero ya son parte también de nuestras vidas, porque algunas escenas son imposibles de olvidar y otras vienen ligadas con recuerdos de nuestra infancia, adolescencia o lo que fuéramos en aquella década. Yo nací en el 86 y me encanta el cine de mi época. ¿Tú de cuál eres?

La Niebla te dejará en Tinieblas.

¿Cómo puedo salir del cine y no escribir sobre esta película? Tengo que decir algo, debo.

“La niebla” o “The mist” título igual de claro y conciso tanto en inglés como en español, está dirigida por Frank Darabont. Se basa en una obra del genial escritor de historias fantásticas, asfixiantes, terroríficas y críticas, hablo de Stephen King.

Al principio, pensé que le estaba encontrando cierto parecido con “El cazador de Sueños”, pero me equivoqué gratamente. La película tiene un ritmo frenético, apabullante, estupendo. El miedo curiosamente no se encuentra solamente fuera del supermercado, esa niebla misteriosa que hace que la gente huya despavorida. El miedo realmente se encuentra en lo que ocurre tal y como avanza la película, dentro del cotidiano recinto. La deshumanización, el fanatismo agonizante y exasperante de la mano de Marcia Gay Harden, un papel la verdad, brillante y el foco del malestar total durante la película, son algunos de los elementos que crean atmósfera.

No quiero desvelar el poderoso final. No quiero decir nada más, solamente quiero que la veáis por vosotros mismos, que no os nuble la supuesta niebla y sacadle mucho más a estas dos horas que no creo que os dejen indiferentes.

Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal.

Esta crítica contiene SPOILERS.

Spielberg ha querido resucitar a uno de los personajes más queridos, admirados, idolatrados. El personaje a seguir por tantos niños, chavales, adultos. Yo quería ser arqueóloga por culpa de Indiana Jones. ¿Y quién no? Pero…esta última entrega, la cual no puedo hacer una crítica coherente, me ha dejado con la boca abierta y un nudo en el estómago. Se ha perdido la magia. La magia ochentera. La magia de la trilogía.

Indiana Jones ha vuelto y ¡de que forma! Acompañado de su sombrero y de muchos efectos especiales. El cine ha cambiado. Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal es un claro ejemplo. Esta película es 100% entretenimiento, puro cine de aventuras, pero sin la magia de la trilogía anterior que a tantos conquistó. Además de una metedura de pata para los fans más acérrimos de la saga.

La cuarta entrega de Indiana Jones, le devuelve a Harrison Ford uno de sus papeles más aclamados. Pero a pesar del photoshop y demás efectos, Indiana en esta película ha perdido parte de su carisma, cediéndoselo un poco a Shia Labeouf para que quizás, si es la idea de los productores poner en marcha otra saga con el muchachito. Cosa que dudo, y más cuando en la última escena intenta ponerse éste el sombrero de Indiana. Un espectador en el cine dijo: “Pero, ¿dónde vas piltrafilla?” y yo pensé lo mismo. Harrison Ford le dio un toque especial al protagonista de la saga. Él era el único que lucía una camisa sudada. Él era el único capaz de tener un sentido del humor impoluto en situaciones extremas y él era el atractivo profesor de universidad y el más deseado de los intrépidos arqueólogos, así que casarlo a última hora con Marion, me pareció una tremenda equivocación.

Esta película está llena de escenas que podrían sobrar, como la explosión nuclear, la marabunta, etc. Es cine fantástico por supuesto, si digo voy a ver Indiana Jones no espero un drama basado en hechos reales, pero tampoco nos pueden vender que en una explosión nuclear, te metes dentro de un frigorífico, sales volando por los aires, y no estás ni un poquito mareado. Pero bueno, Spielberg lo quiso así y yo no digo nada.

Las escenas de acción son rápidas, rapidísimas, fantásticas, fantasmadas llevadas al punto extremo. Juntamos a Indiana Jones que siempre fue experto en escenas increíbles, más los efectos de esta era ¿y qué sale? Pues efectivamente un baile de peleas, persecuciones por un desfiladero, cataratas enormes por las que tirarse y no morir en el intento. Pero lo mejor es, que en esta última entrega encontramos una especie de “Encuentros en la tercera fase” en plenas pirámides mayas. Lo que decía, superfantástica.

A pesar de que todos estos temas que no entiendo y que me sobran, Shia Labeouf también me sobra. “Indiana Jones y la calavera de Cristal” es una película que me ha dejado con un sabor agridulce. Me ha gustado, porque me he entretenido, pero la cuestiono y digo, esto no es el cine de Indiana Jones, y eso que se hace referencia a personajes de la saga, volvemos a ver como el arqueólogo a pesar de los años, sigue teniéndoles fobia a las serpientes. Conserva el sentido del humor que te hace sonreír de lado e Indiana a pesar de estar algo más soso en su interpretación sigue resultando atractivo. Pero…, hay un pero que no sé exactamente como expresarlo. O quizás sí, voy a dejar esta cuarta película fuera de la trilogía como si nunca la hubieran hecho. No estoy diciendo con esto que me haya parecido mala, es que estas contradicciones son producto de la película. No sé si reír o llorar.

Destaco la música de John Williams que te hace sentir nostalgia de otros tiempos cinéfilos. Y también a la genial Cate Blanchett, haciendo de mala malísima con el pelo de Javier Bardem en “No es país para viejos”, hay que saber llevar ese peinado y poner esa cara de mala leche teniendo unas facciones tan dulces. Cate se ha subido al carro de Indi y al supuestamente, taquillazo del año. También destaco a Karen Allen en su papel estridente pero que me arrancó unas cuantas sonrisas, sobre todo en la escena de la arena movediza.

Debemos destacar también la increíble y espectacular fotografía, que no puedo distinguir si es digital o verdadera, pero me parece bella. La selva, las cataratas, los templos, etc. Y las escenas de acción que divierten, entretienen y son espectaculares.

No sé como terminar la crítica, supongo que recomendándola, espero que no os deje con esta sensación que tengo. Que no sé si llamarla indiferencia. Concluyendo, todo un espectáculo visual, puro entretenimiento, combinación de acción, fantasía, ciencia-ficción, efectos y humor. Pero no me parece Indiana Jones.

Christian en Moulin Rouge

Esta crítica tiene Spoilers.

Aún recuerdo la sensación después de haber visto Moulin Rouge en el cine. Pura fascinación.

La película abre su primera escena como un teatro abre su telón al público. Y de ahí nos va a acercando al París más bohemio, el París de los pintores, del barrio de la boheme y de olores mezclados con absenta.

Entonces descubrí la increíble voz de Ewan McGregor. Su voz en el cine retumbaba y perforaba mi corazón, a la par que su espíritu soñador y sus ojos azules. Mientras él se iba enamorando de la bella Satine ( Nicole Kidman), yo me dejaba enamorar por el joven escritor, Christian. Por su voz, por sus palabras, por su aspecto. Ewan McGregor transmite tanto en esta película, con una mera sonrisa o con una solo atisbo de brillo en sus ojos. Y su voz cantando en la penumbra y la supuesta traición…Why does my heart cry?Feelings that I can´t denny.

Moulin Rouge es un espectáculo en sí misma. Una fiesta de canciones reversionadas, de grandes interpretaciones, de locura colectiva, de colores y ráfagas de libertad extrema. Un canto a la belleza, a la diversión desmesurada, extravagante e histriónica. Toda una rareza envuelta en colores pasionales y vivos.

No sabría elegir cual es mi escena favorita, quizás cuando están en el lomo del Elefante Rojo o quizás el inolvidable tango. Sí quizás sea esa, porque es el momento más trágico, desolador, doloroso.

Si para el Moulin Rouge, Satine era el bonito diamante, para mí, el diamante en la película es Christian. El actor escocés hace una de sus actuaciones más memorables, sin quebrarle la voz, con mucho más personalidad que la vocecita de la Kidman. Pero claro, no soy objetiva, ¿por qué él conquista o me parece que conquista y traspasa la pantalla? Pues porque toda su actuación se basa en su mirada. Porque escribe, porque siente la vida de forma diferente, porque se enamora en un instante, y vive por impulsos. Ama sin pensar e inventa canciones claves y secretas.

Demasiado perfecto y bohemio para ser verdad, por eso él es para mí, todo en la trama. Su personaje es la clave de los valores que transmite. Un espíritu romántico que no sabe a dónde va, que no sabe hacia donde virará su destino, si es que lo hay, pero vive. Christian viaja hasta París, sin saber cual es su objetivo, porque ha oído que allí están los escritores más famosos, más prestigiosos del momento. Allí, en el epicentro de la bohemia, los artistas se emborrachan a ritmo de canciones y dejan escurrir emociones y sentimientos. Y fue en el Moulin Rouge, (que tanto decepciona en la vida real, en el París actual, si solo se tiene el concepto de la película), cuando un diamante le deslumbró.

Y fue al terminar la película, cuando su personaje sobrevive. Su personaje es el maltratado por la vida, por el amor y por ser así, un espíritu soñador.

Truth, Beauty, Freedom and Love.

Braveheart, épica por naturaleza.

“Podrán quitarnos la vida, pero jamás nos quitaran la LIBERTAD…” y así con esas palabras en ese preciso instante, siendo una niña encontré el mensaje más motivador que jamás nadie ha podido darme y venía dado por un Mel Gibson en la piel de un bravo guerrero. En la piel del personaje que hasta la fecha más me ha impactado. El escocés William Wallace.

Creo que nadie puede negar que Braveheart es la obra maestra de Gibson, tanto como director y como actor. Quien la haya visto no creo que pueda olvidarse fácilmente de ella, porque cada secuencia en sí es una verdadera joya, llena de grandes planos y grandes citas, que inevitablemente se graban en la retina. Tan sumamente bien documentada, con un vestuario espectacular y unas recreaciones sobre todo en las batallas como de las mejorcitas del cine, por su tan impactante y poco hipócrita realismo. Muchos pensaran que son mejores las que se recrean en “El señor de los anillos” pero las batallas que se recrean en Braveheart, son exactamente iguales a como las describen en los poemas celtas de la época. Realmente, las escenas en el campo de batalla son de las escenas más memorables de la película, al igual que el famoso discurso, el más épico y el más imitado además de parodiado. Pero, a pesar de las mofas, ¿no es realmente increíble que nadie pueda negar que no se te ponga la carne de gallina al oírlo?

Braveheart es un mensaje en sí misma. Los valores celtas resurgen a cada paso que da la película, al igual que la genial banda sonora que te embriaga de un cálido folklore escocés. William Wallace es el personaje que todo actor quisiera para darse a conocer, para lucirse. Un guerrero inteligente, culto, conocedor de idiomas en esos tiempos. Del lenguaje de la corte, de las lenguas ancestrales. Forjado en la batalla y ágil con la espada. El más cortés de los hombretones que aparecen durante toda la película, capaz de cautivar con palabras y unas miradas tan llenas de pasión a la princesa infeliz por haberse casado con un pelele. La preciosa historia de amor que lleva a Wallace internamente a camuflarlo de nacionalismo por su patria, para luchar contra los ingleses. Perdón, las historias de amor, su primer amor con tan trágico final y la princesa enamorada de la pasión que despierta cuando habla, cuando lucha, cuando expresa sus ideales ante ella, sin agachar la mirada, demostrando su coraje. Temas, como la traición, esa escena cuando Wallace descubre como uno de los hombres, Robert The Bruce, en el que confiaba plenamente le traiciona. Esa escena que te desquebraja por dentro, al ver en esos ojos como la traición es uno de los platos más amargos que jamás esperamos que nos sirvan.

Braveheart transcurre impactando desde que comienza hasta que acaba, superándose así misma con cada escena que pasa, porque la intensidad no se tambalea ni en las escenas más suaves. Es épica desde que empieza hasta que acaba. Las batallas son sobrecogedoras, las citas imponentes y las actuaciones de un gran valor interpretativo. Sophie Marceau quizás en su papel más aprovechado de su carrera, como la valiente princesa.

A pesar de haber pasado tanto tiempo desde su estreno, la volví a ver de nuevo, y descubrí escenas memorables y palabras inolvidables. Como cuando el noble Bruce dice “Sangrasteis con Wallace. Ahora sangrad conmigo”, tan falto de ser admirado y motivador como lo era William.

No me parece en absoluto, que haya perdido con el paso del tiempo, es más, podría afirmar que le pasa lo mismo que al vino, mejora con los años. Porque podemos apreciar, como de arriesgado fue el debut en su momento de Gibson, tanto en la dirección como en su interpretación y guión.

Braveheart se resiste al tiempo, se resiste en caer en el saco de grandes películas olvidadas, es como el pañuelo que la preciosa Murron le da a William, y suelta cuando al final, tras resistirse y aguantar la tortura, por fin, consigue reunirse con ella. Es en ese momento, el final de la emoción, de la lucha por Escocia, de su lucha interna. El final del guerrero, pero no el final trágico y para siempre, ya que la escena final cuando vuelven a luchar y arriesgar la vida, por Escocia y en memoria de William Wallace, es entonces cuando aparece el plano apoteósico de la espada que es lanzada y se clava en la tierra tambaleándose en mitad de la batalla. El espíritu de Wallace, siempre permanecerá donde no pudo perderse, porque no murió luchando físicamente, murió asesinado por ser fiel a su corazón bravo y tan henchido de valentía. Sé que aunque es una película que suele “caer bien” a la mayoría tiene sus detractores, aquellos que dicen que la película es algo egocéntrica y demasiado violenta, no me olvido. Pero me es imposible, darle una mala opinión, a esta película que tanto me marcó. Porque todos tenemos una película con la que siempre nos emocionamos o nos motivamos y Braveheart es la mía. Y para terminar la frase que más me gusta de todo el largometraje, la que a mi ver más traspasó como un gran consejo en el momento que la escuché: “Tu corazón es libre, ten el valor de hacerle caso”.


Speed Racer!

¿Qué tiene de especial Speed Racer? Pues yo podría sacarle muchas cosas, aunque mi acompañante casi se duerme en el cine. Pero a mí, esta película me hizo entrar en un estado de epilepsia gracias a esa estética tan colorida.

Speed Racer consigue transmitir la esencia de la serie anime. Los mismos colores, el mismo Meteoro intrépido llamado Speed, muy bien llevado por el genial Emile Hirsch. Este chaval llegará lejos, y no lo digo por su interpretación aquí, si no por tener películas en su filmografía como Hacia rutas salvajes. El reparto está muy cuidado. Christina Ricci es idéntica a Trixie. Susan Sarandon y John Goodman lo hacen igual de bien que de costumbre. Dale cualquier papelito a Susan Sarandon y saldrá siempre con su estilo propio y con esa calidad que ya no le hace falta demostrar.

Speed Racer es intrépida, como los circuitos tan increíbles y surrealistas. Coches con armas escondidas, pilotos con parecido razonable a Rodolfo Chikilicuatre. Pistas a través de infiernos automovilísticos que ni Fernando Alonso querría para él. Y sobre todo, luces, colores, fogonazos y destellos de una estética japonesa o muy de dibujos animados, como debía ser para esta película que empieza a convertirse en un objeto incomprendido.

Tanto niños como mayores podrán divertirse si quieren, claro está. Aunque el argumento puede ser algo previsible sobre todo, con la historia sentimental de Rex Racer. La película muestra una gran crítica a lo que es el mundo de los negocios, los deportes o etc. Chico con talento, con una familia encantadora que lo respalda y un sueño por cumplir. Siempre vendrá “el demonio” en forma de empresa supercapitalista para tentarlo, aunque Speed se negará con un discurso más que sentimental para demostrar porque es un piloto. Aunque muchos lo cataloguen de una cursilada pura. A mí me pareció toda una declaración de intenciones. Luchar por los sueños y que nadie te corrompa, aunque esto conlleve graves consecuencias. Gente que se deja comprar, por pieles, por dinero o por lo que sea y que siempre estarán dispuestos a ponerte la zancadilla y a jugar sucio. Aunque en Speed Racer se demuestra que los sueños, haciendo bien las cosas, pilotando bien, pueden cumplirse.

Go Speed! Go!

El cuento de Amelie

Se abre el telón y aparece una secuencia de imágenes que no se pueden tachar nada más que de incoherentemente originales. Desde la fecundación de un óvulo, la creación de una vida, el parto, la niñez, los traumas y alegrías de la infancia, todo tan rápido y tan ágilmente contado. Por una vez París no es la protagonista suprema en una película. París aparece como un escenario. Un teatro que acoge la más bella de las historias. La historia de una vida. La vida de una chica y las vidas a su vez del resto que la rodean. Amelie Poulain cambiará tu destino. ¡Y tanto! Porque si te sientas a ver la película y te dejas embargar por el sonido del acordeón mágico que rellena las escenas de una calidez empalagosa y a su vez bohemia, podrás notar cómo la historia y las pequeñas historias cotidianas y mínimas, resurgen de donde nunca sabemos sacarlas. Como la cajita que Amelie encuentra en su casa y pone todo su empeño en devolverla a su dueño. ¿Una especie de cadenas de favores? Pues la respuesta sería que no.

Lo bonito de todo este edulcorado pastel de Jean-Pierre Jeunet, es que es un canto a la virtud del altruismo. Valor que hoy en día quizás se encuentre en peligro de extinción. Puede ser que Amelie encontrara su objetivo en la vida gracias a ver que su pez de colores es tirado por una alcantarilla, la surrealista muerte de su madre y el cariño inapropiado de su padre por una figura de un gnomo de jardín. ¿Coincidencias de la vida? Amelie descubre al espectador que quien lleva una vida aburrida es porque quiere, ya que todos tenemos a un amigo hipocondríaco, un frutero cascarrabias y un amor imposible y soñado. Buscad, buscad que fijo que encontráis a alguien así a vuestro lado. Pero, ¿por qué no mover ficha en el tablero del destino? ¿Por qué no ayudar a los demás?

Como la inolvidable escena de cuando la joven ayuda a un ciego a cruzar la calle y le va describiendo con pelos y señales cada una de las cosas y sensaciones que hay a su paso y que él no puede ver. O la mejor, cuando la cajita es encontrada por el dueño perdido en su mundo de oscuridad y, al abrirla, consigue abrir la cajita de los recuerdos: el patio del colegio, el patio de juegos, canicas que caen, lágrimas que resbalan por la mejilla de la melancolía… Esa escena no tiene precio.

Cuando terminas de ver Amelie puedes tener dos tipos de reacciones. Una, pensar “esto no se lo cree nadie, menudo pastelazo extraño y sin argumento”. Sin embargo, la otra opción es una especie de subidón, que te hace sonreír como si la persona que ha hecho que los demás rocen un poco la felicidad hubieses sido tú. La película está llena de buenos propósitos. Un juego de imágenes que se van mezclando poco a poco hasta llegar a un mismo cauce: Todo el mundo quiere ser feliz, aunque sea un poco. Todo el mundo puede soñar. Hasta el crujido de un postre puede ponernos la piel de gallina aunque solo sea por una fracción de segundo. ¿Por qué no? Al final será cierto eso de que las mejores cosas se encuentran donde menos te lo esperas y en las pequeñas cosas.

La fotografía de un París amarillento y caluroso, con imágenes espectaculares que sujetan las escenas principales de la película, son bastante carismáticas. En especial, la del Sagrado Corazón atento a los movimientos del Monsieur Quincampoix, siguiendo las flechas hacia lo que poco después sería su destino. Sin lugar a dudas, Audrey Tatotou es y será para muchos la eterna cara de la extraña y dulce Amelie. Una cara llena de enigmas, de rasgos casi élficos, de ingenio y frescura desbordante. A veces, ella misma es confundida con la fotografía en la película por ir ataviada con la mezcla y simultaneidad de los dos colores predominantes, el rojo y el verde. Curioso, ¿no? Es como si la película no necesitara colores. Apenas tiene ningún significado mientras que la música está ahí de por medio, tan parisina, tan cansina, que al final hace que te contagies de ese entusiasmo.

La película más aclamada de Jean-Pierre Jeunet, una apuesta arriesgada, idolatrada por muchos y desprestigiada por otros tantos. Es bastante curioso como este director francés fue capaz de llevar a la pantalla a un monstruo como Alien y después dejar paso a una tierna muchacha humilde en el mejor de los cuentos contemporáneos. El maravilloso destino de Amelie Poulain es como un cuadro: es digna de ver; prometo y aseguro que algo te hechizará o algo odiarás. La única cosa que no podrá crear es indiferencia en el espectador. Una película que no necesita ningún tipo de efectos especiales, ningún artificio espectacular para ser una pequeña joyita dentro del mundo del séptimo arte. Películas así surgen muy de vez en cuando. Digna de ver y disfrutar. Sólo hay que dejarse llevar.

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Crepúsculo Trailer!

Bien, para los seguidores de los libros de Stephenie Meyer, ya ha salido el trailer de la película Twilight (Crepúsculo).

Tengo que decir, que aunque yo no estaba muy convencida del actor elegido como Edward, Rober Pattinson, las escenas que salen en el trailer sí que son más o menos fieles al libro. Aquí lo podéis ver.

http://www.scifiworld.es/video.php?mostrar=si&id=1263&categoria=1

Iron Man

Tengo que decir que la película me ha gustado. Me ha entretenido durante casi las dos horas que dura. Pero tengo que decir también, que el principio y algunos tramos de la misma se me hicieron lentos y el final, para no variar, siendo una película de superhéroes, demasiado rápido. Hay prisa, al igual que pasó en Spiderman 3 por ejemplo, con el lío de 3 villanos juntos. Eso, no se hace. Y más, si sabemos que se va hacer una secuela, cosa que está clarísima. Y sobre todo, como se cierra la película.

Iron Man empieza en Afganistán, con un asquerosamente rico Tony Stark (Robert Down, Jr) que va a dar una conferencia. Allí será secuestrado por un grupo islamista que quieren que construya un misil más potente para cometer una atrocidad más. Tony Stark aprovechará el cautiverio allí en una cueva, no para construir el misil, si no, un pedazo de traje de hierro que más que llamarse Iron Man, sería mejor Hojalatalman. Pero bueno…hasta que sale de la cueva y lo construye y tal, la cosa está interesante.

La vida de Tony Stark dará un giro enorme al comprobar que sus armas más que hacer bien, están causando todo lo contrario. Al conseguir volver a USA, evolucionará el traje, hasta convertirlo en un portento tecnológico, con un diseño modernísimo e impactante, creo que las mejores escenas de la película, son cuando está creando el traje o se lo coloca, parece un Fórmula1. También la escena con los aviones son de lo mejorcito, o será que a mí me fascinan los aviones y por eso me gustó la escena.

La película se libra porque Robert Down Jr, con ese humor ácido e irónico le queda muy bien el personaje y luego las escenas de acción son intrépidas, además de que los efectos especiales son dignos de ver. Pero como toda peli de superhéroes y ya lo he comentado antes, tiene mucha prisa por terminar, y mostrar como se crea el personaje, la vida de Tony Stark y todos los chanchullos detrás de “Stark Industries” pues es complicado y más si quieren meterle una lucha, con el personaje de Jeff Bridges, que de repente se convierte en un villano total, enfundado en otro traje de esos, que parece más bien un Transformer si lo comparamos con el sofisticado traje de Stark.

El reparto digamos que Gwyneth Paltrow y Terrence Howard están muy sosos e insulsos, en especial, la primera, que todos sabemos que es una gran actriz, pero aquí, será que el personaje no da para más. Leslie Bibb, la periodista que intenta poner en su sitio a Tony Stark, hace su primera incursión en una película a la grande. Esta muchachita salía en series para jóvenes y parece que le han dado una oportunidad para dar un salto a la pantalla grande. Eso sí, su papel tampoco es una gran maravilla.

Para resumir, si buscáis una película visualmente espectacular y que entretenga, Iron Man, es una buena opción. Creo que por muy mala que fuera, no podría ser objetiva, porque todas las películas de superhéroes suelen entretenerme, obviamente, Catwoman no.

Los superhéroes son un gran tirón para el cine, a la gente le gusta ver cosas irracionales, espectaculares, aunque yo no considero a Iron Man como un superhéroe o mutante, es más bien un supertraje que hace maravillas. Tony Stark es más un superingeniero técnico, inteligentísimo que es capaz de construir un traje capaz de volar, echar fuego, dispara y con un ordenador que programa y desprograma actividades y todo esto, hablando también por el mano libres. Lo dicho, ¡un genio!, no un superhéroe.

 

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