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El núcleo del alma humana es la pasión por la aventura...

De como pronunciar “cup”, tener acento y las señas de identidad…

De como pronunciar “cup”, tener acento y las señas de identidad…

Estaba hoy en clase de “How to teach pronunciation” (Cómo enseñar pronunciación), vuelvo a ser estudiante y no voy a negar que me encanta. Estábamos viendo como se pronunciaba “Cup” (taza en inglés) cuando de repente, ha surgido un tema que me ha llamado la atención y del que quiero comentar unas líneas.

“How do you pronounce cup?” yo como no soy nativa he dicho “cap” que es como siempre lo he aprendido y como no tengo acento de ninguna región angloparlante, lo he pronunciado tal y como viene en el diccionario. Mis compañeros americanos lo han pronunciado con un “a” más abierta y mis compañeras de Manchester y de Irlanda, han dicho “cup”. Así que teníamos como tres versiones diferentes de la misma palabra con distintos acentos.

Mi compañera americana a esto ha dicho, “Yo quiero hablar con acento británico, porque suena mucho mejor”, a lo que nuestro profesor (Escocés) le ha dicho que debía hablar de donde fuera su origen, con su acento y la manera original de su lenguaje.

Yo no he dudado en contestarle que yo mantengo mi acento andaluz cuando hablo castellano, porque es una seña de identidad que tengo y que no quiero perder. Tengo un ligero acento andaluz, se me identifica rápidamente que tengo que ser de zona sureña y no me importa, es en mi habla donde también llevo mi tierra y mis raíces y por más que a veces, tenga que pronunciar todas las “eses” de los finales, yo no sueno natural y al final, hablar un idioma es también sonar con propiedad y naturalidad, de una forma genuina, o lo que es lo mismo, auténtico. Así que a mí, se me escapa “ea” y digo: “mesah” en vez de mesas y me entiende todo el mundo, aunque se me note un poco que mi habla es andaluza. No me importa, es parte de mí y de quién soy. Por lo que, le he dicho a mi compañera que si su inglés tiene acento americano no hay ningún tipo de problema en decir, “compurer que compuitah”. Son diferentes orígenes, diferentes zonas y conllevan a lo mismo. Hablar inglés o cualquier idioma con acento propio no es malo, es una seña de identidad.

Si es cierto que a la hora de enseñar un idioma, una pronunciación standard sería lo más adecuado, pero no es la realidad. Porque si un inglés viene a Madrid, se encontrara con cosas como “Eggque…”o si va a Galicia encontrara otro sonido distinto al hablar español y si se pasa por Granada, pues escuchara palabras que no aparecerán en los diccionarios. Lo genuino de los idiomas junto con las distintas características de una región concreta es lo que hacen que el lenguaje posea esa riqueza lingüística y cultural, y eso es el mayor de los tesoros que la comunicación humana tiene.

El acento por la rae entre sus muchas acepciones y la definición que elijo es: “Conjunto de las particularidades fonéticas, rítmicas y melódicas que caracterizan el habla de un país, región, ciudad, etc” aunque para mí, tener acento sea, el bagaje de tus recuerdos de tu tierra, las palabras con las creciste y que uno enseña, el origen y una seña de identidad propias que no se pueden cambiar de raíz por mucho que pasen los años…

Juego de Metros

Juego de Metros

Ayer me levanté de la cama y la energía perezosa siguió en mi almohada. Resulta que ayer corría entre la multitud madrileña con un velo de sudor en la frente y reflexionaba como siempre. El tiempo…

El tiempo en Madrid parece ir a contrarreloj, que si pierdes el metro, ya se te ha ido y sin ti allá en el vagón dentro. El bus que sale cada diez minutos y si lo pierdes, tu pierdes diez minutos hasta que llega el próximo. Tic.

Resulta que llegas con las prisas empujando igual que la gente para que abras la puerta, para que piques el ticket, a veces parece que la masa te arrastra como una corriente de animales salvajes en plena estampida sin sentido alguno, pero todos con un destino. Y el día que decides no tenerlo, al final la masa te lleva consigo, arrastrándote hasta donde las prisas quieran dejarte. Próxima estación: Tac.

Pasa el día y la puntualidad es un obstáculo o una exigencia, un requisito. Las prisas se frotan las manos pues eliminan sonrisas, hay velos de sudor instalado en todas las frentes de los pasajeros y tú y yo, ni nos vemos. Tic.

El sol sigue alumbrando, es un hecho que ya ni recuerdo. Llueve fuera, yo ya no lo siento. Estoy en el submundo de túneles cada vez más caros, con gente que no habla y músicos de lugares lejanos que no interesan a nadie. Todos queremos llegar a casa. Tac, tac.

Al llegar a casa te das cuenta que dormirás en la cama donde tu energía se ha quedado olvidada, y recordarás aunque no quieras, que mañana serás un día más viejo, pero tendrás que correr de nuevo…Tic, tac, tic, tac.

Galicia, tierra de lugares maravillosos

Galicia, tierra de lugares maravillosos

Tengo terrible fascinación por todas las partes del norte de España. Estas últimas vacaciones de Semana Santa crucé el país entero como suelo hacer de sur a norte, desde Úbeda a A Coruña. Había visitado Galicia hace cuatro largos años y sabía que tenía que volver. Pues lo hice. He descubierto nuevos paisajes y he visitado sitios increíbles. Os dejo unas cuantas imágenes que hablan por sí solas. Ánimo a todo el mundo a visitar este pulmón natural de España.

La primera fotografía corresponde a la Torre de Hércules en A Coruña, recomiendo a todo el mundo que suba hasta ella y se asome a ver la Rosa de los Vientos que hay antes de la costa, es un lugar de ensueño.

Torre de Hércules

Este paisaje se encuentra en Corme, justo al lado del Faro do Roncudo.

Costa da Morte, donde las aguas bravas rompen contra las rocas, un lugar de lo más místico.

En esta fotografía aparece “La bota del peregrino”. Es en Finisterre donde termina (teóricamente) el camino hacia Santiago de los peregrinos. Finisterre o fin do mundo, es un lugar mágico, donde la quietud del agua, las nubes y los tímidos rayos de sol que intentan pasar a través de las nubes hacen de este sitio un lugar totalmente fascinante. Lugar de leyendas, donde se cree que se hacían ritos paganos y donde rendían culto a las rocas y piedras del lugar. Un sitio fascinante.

¿Qué es el éxito?

¿Qué es el éxito?

Hoy me he levantado transcendental y como siempre suelo divagar en mis idas y venidas del trabajo, se me ha pasado esta pregunta ¿cuál es el éxito en la vida?

¿Tener un trabajo?, ¿ganar mucho dinero?, ¿tener un buen trabajo y que te guste en el que ganes mucho dinero?, ¿tener una pareja que te quiera?, ¿tener una pareja que te quiera, mucho dinero y un buen trabajo?

Parece que esta sociedad también nos arrolla con el pensamiento de que la felicidad y el éxito pleno es cuando reúnes esos requisitos,  un buen trabajo, un buen sueldo y una persona a tu lado.

Resulta que lo que se considera el éxito del siglo XXI, se reduce a un canon muy estricto. Tener una buena casa, un buen coche, un buen trabajo que te permita viajar, tener una familia y ya está. Se acabó.  Me recuerda al modelo de las películas americanas, es como una realidad somera y superficial de lo que es la vida. Y no crítico a nadie que quiera tener esas cosas en la vida para ser feliz y para decir que ha logrado el éxito pleno. Pero para mí, hay un cierto velo oscuro que me hace pensar que no somos libres socialmente y que desde pequeños nos conducen a tener ese tipo de vida que nos dará la felicidad y el “éxito” personal, profesional y amoroso.

Imagen

Entonces es cuando reflexiono y creo que si todos los seres humanos nos dedicamos toda una vida a luchar por este patrón de vida “perfecta” y materialista. Al final lo único que se consigue es ser un auténtico zombie que no sabe elegir o qué elegir. Por ejemplo, la sociedad crítica a aquellas mujeres que no quieren ser madres y las tachan de egoístas o tachan de hedonistas a aquellas personas que se gastan todo su dinero en viajar y llevar una vida placentera, y luego también, a las personas que viven para los demás y sacrifican su vida por otras cuestiones ya sean religiosas o humanitarias, se les conocen como seres raros pero con coraje, porque alguna vez habremos oído eso de “A mí también me gustaría ayudar, qué valiente quienes lo hacen, pero están locos a renunciar a toda su vida, a una cama firme y a un váter limpio.”

Así que realmente creo firmemente en eso que he leído hace poco, necesitaríamos un “reset” un reinicio, un ver hacia donde vemos y que podemos hacer por el planeta, por nuestra civilización, por nuestras culturas, por la vida. A veces, me da la sensación que vamos por el mismo camino, todos juntos, cegados por la ambición de ser como todos de conseguir los mismos objetivos. No hay variedad, no hay alternativa, incluso ni para mí, aunque intente describir otras vías.

Quizás haya otro rumbo y aún no lo hemos descubierto, o lo mismo resulta que mañana me levanto con la idea de que mi mayor éxito en la vida será tener un playa privada o mi éxito serán los éxitos de mis hijos o llegar a la luna. 

Tal vez se esconda tras una simple sonrisa…

De idiolectos, de hablar como una madre, de hablar como mi madre…

De idiolectos, de hablar como una madre, de hablar como mi madre…

 

 

 

Uno piensa cuando es más adolescente o joven,  nunca repetirá las cosas que hacen sus padres. Luego pasa el tiempo y la evidencia te estampa una mentira en las narices.

Yo pensé que nunca hablaría igual que mi madre, que puede que hubiera heredado su nariz, su boca y sus gestos, pero no pensé que también su lenguaje tan peculiar…Pues resulta que este fenómeno se ha empezado a dar en mí, a partir de independizarme, cuando me ha dado por recuperar vocabulario suyo, eso que se conoce como idiolecto (por la RAE Conjunto de  rasgos propios de la forma de expresarse de un individuo). Y encima lo uso con maestría y una fluidez que ya quisiera hablar otro idioma así igual que hablo el de mi madre.

Véase esa temida conversación en la que se usan pronombres a tutiplén y ya no solo de mi madre, si no común a todas:

-Tráeme la esa, que está en el ese, del este del salón.

-¿Cómo?, ¿el qué?

-Jolines, pues el ese que está al lado de eso otro, que está ahí puesto.

-¿Pero qué es el ese del eso? ¡Qué no te entiendo!

Aquí venía la frase de mi madre:

-Quita que ya voy yo, ¡esta chiquilla que no ve ná!

Y a mí aquello me daba una rabia increíble, porque me sentía idiota, aún sigo sin saber que era el “ese”. Porque podía haber sido cualquier cosa, pero cuando mi madre lo cogía yo ya no quería verlo. Estaba muy ocupada pensando que yo siempre indicaría que querría en el momento.

Bien, ¡mentira!, el otro día lo hice y el comentario siguiente fue: “Joer, hablas como una madre”. Es tan mentira como lo de que me iría a la cama sin colocar los cojines del sofá. ¡Ahora lo hago!

Mi madre siempre me recordaba que pusiera los cojines bien, porque si no por la mañana parecía aquello un muladar. Otra palabra que también ha usado varias veces para describir la habitación de mi hermana.

Otra palabra que uso ahora para describir colores, bueno más bien…, un color que ya no es color, que ha dejado de serlo. Como el presente de lo que fue un marrón, un beige, un amarillo, vamos el conocido como: “Color Chichimona”. Ahora yo también uso ese adjetivo para describir prendas que han perdido su encanto. Espero que las tiendas y las modas no vendan nunca prendas con ese color, imaginad el escaparate. “Nueva colección, en color chichimona”.

Hablando de prendas, a veces ocurre que uno se encariña de ciertas prendas, yo me encariñé de una chaqueta azul marino que ya no sabía si era chaqueta o un conjunto de bolas, porque la verdad que ahora reconozco que estaba para el arrastre aquella chaqueta. También me encariñé de unas zapatillas de estar por casa, que las suelas estaban quemadas de haber puesto los pies en el brasero y eso ni era suela, ni era nada. Las tiré porque mi prima pequeña cuando era un bebé, las señaló y dijo: Aggh, aghhh, caca. Y las tiré por vergüenza. Mi madre insistía en que tirara esas prendas porque según ella iba hecha una zarrapastrosa. Palabra que yo también ahora utilizo comúnmente. Zarrapastrosa digamos que puede equivaler a desgarbado, mendigo, desastre.

Una frase lapidaria, amenazante incluso y con tintes dramáticos, es aquella que suelta mi madre, muy ofendida después de alguna discusión en la que no sabemos apreciar las cosas que hace por nosotros y dice:

-Me voy a coger un camino y me voy a perder…

Siempre me siento un poco como Marco (En un puertooo italianooo) cuando dice eso, pero sin mono. Me imagino a mi madre con sus cosas por un camino, ella sola con todo a cuestas. Mamá, no te vayas. Si es que los hijos somos así de injustos con los padres, pero no te vayas por ese camino que siempre dices…

Hay más palabras del idiolecto de mi madre que uso, pero que ahora no logro recordar. Pero hay una frase que descubrí que no solo la decía mi madre y que yo, aún no he usado nunca, será porque no tengo hijos, bueno y porque no cocino demasiado y no tengo a nadie que me diga:

-¿Qué hay para comer hoy?

Mi madre siempre respondía:

-¡Canguingos y patas de peces!

¿Qué son los canguingos? Por dios, es un misterio que todavía no he logrado resolver. ¿Se extinguieron hace mucho tiempo?, ¿se le podrá echar tomate frito o mayonesa?, las patas de peces yo como que no las quiero como complemento.

El uso de lenguaje y el idiolecto de cada uno son cosas totalmente fascinantes dignas de estudio. Mi abuela el otro día dijo que su vecina trabaja como vedette en una universidad, supongo que quería decir que es bedel, pero la mujer seguro que montara unos espectáculos allí…Qué ni Norma Duval.

¿A qué vuestras madres, familiares o amigos tienen sus propias palabras y frases?, pero fijo que vuestras madres más.

Mamá esto va para ti. :)  

El día sin quejas

El día sin quejas

Soy una quejica. Pertenezco irremediablemente a este grupo de personas. Me gustaría decir que más que quejica soy inconformista debido a mi idealismo y que voy a contra corriente, porque no entiendo esta sociedad, cosa que es cierta, pero para el resto de los mortales que me rodean, mis pequeños discursitos diarios denunciando cosas e injusticias, es que directamente soy una quejica. Pues sí y lo reconozco. No hay nada perfecto en este mundo y mucho menos en este siglo donde la evolución parece ir justamente de forma paradójica y antinatural, la evolución está involucionando. Pero esta pequeña reflexión viene a que hoy, quería poner cosas que me gustan y con las que estoy de acuerdo. Así al menos hoy, no estaré quejándome de nada, sino más bien, valorando las cosas que me hacen feliz o me hacen sonreír.

 

-Me gusta estar con mi familia y amigos.

-Me gusta reírme hasta que me duela la barriga o llorar de la risa. Me gusta reírme de cosas absurdas y cosas idiotas.

-Me gusta divagar de camino a casa en el metro/bus, pues puestos a perder el tiempo al menos imagino.

-Me gusta dormir hasta tarde, me gusta dormir siesta y me encanta estar en la cama mientras llueve fuera. Me gusta estar en pijama.

-Me gusta el invierno, el invierno real, de frío, nieve, lluvia y cielo encapotado.

-Me gusta comer, me gusta la comida que hace mi madre, la sidra vasca y el chocolate y los helados de chocolate.

-Me gusta la naturaleza, las montañas, las playas y el mar para contemplarlo, porque me inspiran. Me gusta la aventura.

-Me gusta viajar, viajar con mochila y compañía. También viajar en tren. Me gustan los viajes por España, a Úbeda y a Donosti los que más.

-Me gusta la gente que sonríe y suele estar de buen humor.

-Me gusta leer, escribir y el cine. La literatura de terror, el cine francés y escribir lo que se me ocurra.

-Me gusta hacer deporte y la sensación de después de hacer ejercicio.

-Me gusta aprender y conocer, en especial, si son idiomas.

-Me gusta la música Rock y la música celta.

-Me gusta la gente diferente, la gente luchadora, la gente que no se queda en lo superficial. La autenticidad.

-Me gustan los viernes por la noche.

-Me gustan los recuerdos de mi infancia.

-Me gustan las botas de color azul.

-Me gusta soñar despierta.

-Me gusta vivir.

-Me gusta verte reír y que aguantes mis quejas.

 

¿Y qué os gusta a vosotros? Hoy para mí, prohibido quejarme.

 

Levántate y lucha

Levántate y lucha

Hace mucho tiempo que quería haber escrito esto. Supongo que con la que está cayendo no era momento y también un poco por la idea equivocada y mal asociada de que si a uno le gusta su país, lo confunden con fascista, franquista, de derechas, etc, etc. Pensamiento que mucha gente tiene y que sinceramente y humildemente, creo muy equivocado.

Lo he dicho varias veces aquí en mi blog, tengo la suerte de haber podido conocer casi toda la geografía española. Nací en el norte, y me crié dando vueltas por España. En mis venas tengo sangre andaluza, castellana, vasca y riojana. Y para mí, es un orgullo haber podido acercarme a las distintas culturas de mi país, tanto lingüísticas, culturales, folklóricas, gastronómicas, etc…

Me he vestido de sevillana mil veces, intento aprender euskera, me apasiona Asturias y Galicia, adoro a Gaudi, “Y a la mancha manchega, manchega que hay mucho vino” tengo recuerdos de niñez… Y si no nombro otras comunidades, no es porque no sepa que tienen grandes tesoros y gentes excepcionales, es que lo que quiero resumir es que nuestro país, no debería ser motivo de vergüenza. Soy española, ¿de dónde me voy a considerar? Soy de aquí y conozco nuestros fallos, somos el país de la pandereta, de la picaresca. Y a día de hoy, los españoles agachamos la cabeza y solo nos sentimos de aquí, cuando alguien o algún equipo ganan algo en deportes. Y creo que es porque a mucha gente le pesan los prejuicios y porque conocemos que quienes nos gobiernan y nos han gobernando, nos han mentido, nos han gestionado mal y se han enriquecido de generaciones de españoles que no podían decir lo que Manolo Escobar siempre ha dicho en sus canciones. Porque parecía (y parece) que ser español es un complejo muy grande. Como si fuéramos menos, como si fuéramos un rincón del mundo. Cuando lo que tenemos son casi todo ventajas, ventajas mal gestionadas y mal explotadas. Tenemos carácter amable, somos abiertos, tenemos paisajes naturales increíbles, tenemos ciudades hermosas, historia, múltiples tradiciones y culturas, idiomas y un clima envidiable. Tenemos riquezas que no quieren que sean valoradas y nos manipulan para que no seamos listos.

Y tenemos políticos ingratos, codiciosos, interesados que les conviene hacernos pensar que no somos nada, que no tenemos nada y que lo poco que tenemos, lo perderemos, porque como mejor se gobierna es con el miedo como espada. Lo que no saben es que somos gente apacible y sumisa, pero que si nos tocan las narices, respondemos, luchamos y buscamos el cambio. Puede que los valientes sean pocos, pero nos echamos a las calles y denunciamos. Porque España sería un país de prestigio sin los políticos corruptos y grandes esferas manipuladores y capitalistas. No somos un país de paletos, somos fuertes pero aún estamos algo dormidos. Y creo y deseo, que aunque muchos otros países nos saquen ventaja, como Islandia (esa gran desconocida, y país de ciudadanos inteligentes, donde la justicia ha sido aplicada totalmente), se contagiarán las ganas de despertar y decir basta ya a injusticias, recortes y opresiones. El pueblo no es tonto. Es que estamos perdidos, pero sabemos lo que queremos.

Levántate y lucha.

El cine, gustos y The Artist

El cine, gustos y The Artist

Resulta que el cine para mí no es más que una película que luego desechas a cualquier recóndito rincón de esta nuestra mente misteriosa. Tampoco el cine para mí o una película es simplemente una secuencia de imágenes y un sonido musical o diálogos al aire.

Resulta que el cine para mí es parte de la vida y sobre todo de la mía, y no porque yo me dedique al mundo del cine. No soy guionista, ni directora, ni actriz. Soy espectadora, soy cinefaga que no cinéfila. Soy una niña delante de una pantalla dispuesta a ver lo que quiera cualquier director de cine que vea, su obra, su joya, su proyecto recién parido directo a una sala. Y resulta que ayer vi “The Artist”.

“The Artist”, película dirigida por Michel Hazanavicius, de apellido imposible y de trayectoria desconocida para mí en mi ignorancia. Quise verla porque es una cinta de origen francés y a mí siempre me llama la atención esta nacionalidad cuando se refiere a producciones de cine. No sé, tiene un encanto a menudo bohemio, diferente. O es que a mí me retumba todavía la magia de “Amelie” y ya asocio todo cine francés a esa otra película. El caso es que ayer una película de cine (casi) mudo, en blanco y negro y con estilo de los años 20, me tuvo con una sonrisa cómplice, me emocionó y me conmovió y me hizo volver a reflexionar por qué me gusta el cine ( adoro). Y es por todo lo que ayer la película de Hazanavicius me transmitió.

Una de las cosas que me gusta del séptimo arte es que me haga viajar, que me haga trasladarme a las escenas donde están los actores, me gusta que el mero hecho de ver las imágenes se convierta en una experiencia. Me decía hoy un amigo que la había visto en el cine y que le había gustado que fuera cine mudo y en blanco y negro, porque de repente se trasladó a los años veinte de entonces, se trasladó incluso en un cine de pleno siglo XXI a los glamourosos años veinte de Hollywood. Y eso amigos, eso me ha fascinado cuando me lo comentaba. Es verdad, “The Artist” es una experiencia visual, contextual y es un disfrute para los nostálgicos y los que no pudimos disfrutar de ese encanto de antaño, donde las actrices tenía nombres como Peppy Ann Miller, un estilismo muy charleston, gorritos de muñecas de porcelana y los actores no usaban pantalones vaqueros; iban de chaqué y tenían bigotillo, el pelo engominado y eran auténticos galanes de sonrisa picarona y seductora.

En cuanto al reparto, tengo que quitarme el sombrero, pues me parecen exquisitas y muy auténticas las actuaciones de la pareja protagonista, con una química asombrosa. Jean Dujardin como el galán George Valentin y la dulce Bérénice Bejo como Peppy Miller. Sin menospreciar a un John Goodman siempre correcto en pantalla. Y también mención especial, para el perrito entrañable que acompaña a Dujardin durante la película.

En cuanto la historia, es cierto que no es original, pero es crítica, es transcendente. George Valentin un afamado y apuesto actor de cine mudo, una megaestrella ve como su carrera va en declive cuando el cine sonoro irrumpe con fuerza y cuando la encantadora señorita Peppy Miller y su lunar, lo relevan a un más que triste segundo plano en la meca del cine. Es entonces, cuando se convierte en una película dentro de otra película, una historia dentro de la historia cinéfila, y dos carreras que trabajan en dos ámbitos distintos. Los jóvenes frente la experiencia, la evolución frente al saber aceptarlo. El orgullo frente a uno mismo. Y sobre todo, el cine y la pasión por el cine dentro de una película. Porque en mi opinión es como otras grandes de este aspecto, me recuerda a su manera a “Cinema Paradiso” o a “Cantando bajo la lluvia” (¿Por qué será?)

“The Artist” merece la pena en todos los sentidos, interpretaciones, encanto, fotografía, banda sonora, perrito incluido. Es magia en estado puro. Si tuviera que quedarme con un solo adjetivo sería simplemente, maravillosa. Porque “The Artist” no es un premio ganado en una ceremonia, es una sonrisa, una emoción, una mueca, un gesto, un perro, un galán, una señorita, una pasión, arte y artista, y mucho más.

Las tortillas de patatas y sus hijas, las tortillas francesas

Las tortillas de patatas y sus hijas, las tortillas francesas

Hay una cosa sencilla en la vida que pensé que jamás lograría: hacer una tortilla de patatas.

Sí, aunque penséis que es la mayor chorrada del mundo, yo siempre pensé que jamás sería capaz. Pero tengo que informaros que ya he hecho hasta diez tortillas de patatas, unas peores, otras mejores, otras más sosas, otras que la patata no cabía en sí y etc. Ayer llegó mi tortilla nº10 y fue simplemente perfecta. ¿Será el 10 el número clave para todo? Esperemos que no, porque si fuera a la décima en la que uno aprueba el carnet de conducir sería grave…, pero no voy a irme por ahí. Estaba muy buena, en su justa medida de sal, no demasiado cuajada, redondita, nada de tortilla asimétrica como me ha salido otras veces, más bien tortillas abolladas de patatas o abominaciones culinarias, eso no cabía la menor duda porque tenía patatas a rebosar al no calcular bien la medida proporcional de patatas y huevos. A ver, que hacer tortillas de patatas es un arte en mi opinión. Y por eso mismo, y por lo que me ha costado hacer la tortilla casi perfecta, siempre pensé que jamás lograría hacer una tortilla de patatas. No es que fuera inseguridad, pero lo veía como algo muy laborioso, ¿no?, muy de madre, y algo que hacían los adultos cuando ibas de camping o cuando ibas de visita.

-A ver, a ver ¿qué cenamos?, ¿qué cenamos?, ¡ah, sí!, una tortilla de patatas.

Y en un plis plas, había tres tortillas de patatas para todos, no una, ni dos, sino tres tortillas esponjosas. Y eso para mí siempre fue un misterio, porque no sé si aún habían sacado las tortillas que venden en los supermercados que ya están hechas, las metes en el microondas o en la sartén y tienen aspecto de tortilla de patatas, pero no son lo mismo…no.

Yo me tiro al menos cuarenta minutos elaborando la tortilla, que si pelas las patatas, que si las cortas, que si las pones a fuego lento, luego bates los huevos y luego viene lo peor, la primera vuelta a la tortilla donde ves tu vida pasar en esos cruciales segundos, donde te estás jugando que la tortilla tenga forma de tortilla. A mí ya se me ha quedado pegada media semitortilla en la sartén, pringando todo el fogón de la vitrocerámica y con una peste a restaurante de comida rápida que alucinas y luego a la mañana siguiente sigue ese olor, para recordarme que la primera vuelta a la tortilla fue todo un drama.

Luego hay otra clave para la tortilla de patatas: la cebolla. Aquí el mundo se divide en dos, los del equipo tortilla de patatas con cebolla y los que no.

-Voy a hacer tortilla de patatas.- dice alguien.

Y otro alguien responde:

-¡Ains, pero no le eches cebolla, que no me gusta!

¿Cómo que no te gusta con cebolla?, si la cebolla es la mejor amiga de las tortillas de patatas, le da ese gustito dulce y con sabor, con sabor…pues con sabor a cebolla, que la deja totalmente aderezada y menos sosa. No echarle cebolla a la tortilla de patatas, para mí es como salir a la calle sin mi bolso. Que me falta todo…Pero bueno, para gustos los colores y en cuestión de tortillas de patatas, creo que aún más.

No quisiera olvidarme de los casos de las hijas de las tortillas de patatas y las anécdotas que tengo con ellas. Me refiero a las comúnmente llamadas “tortillas francesas”. Bien, pues siempre que íbamos a casa de alguien cuando eramos pequeñas, mi hermana y yo, lo típico que pasa con los críos, que los mayores están en la mesa con sus langostinos, su fiambre, su vinito y cervezas, y tú ves todo eso y no quieres. Y nuestra madre siempre le decía al anfitrión o anfitriona de la cena/comida/visita, que nos hiciera una “tortilla francesa” a lo que mi hermana una vez, ella contrariada, dijo:

-A mí francesa no, con que sea de Madrid, me vale…

Pero lo grave de mi hermana no era preguntar por la nacionalidad de las tortillas, lo grave de mi hermana era cuando gritaba a pleno pulmón, mientras mi madre batía un huevo para la tortilla en la cocina, esta frase que destrozaría la infancia de muchas tortillas:

-¡Mamáaaaaaaa!

-¿Quéeeeeee?

-¡A mí la tortilla sin huevoooo, ¿¿¿¿eh???!

Y como mi hermana siempre fue una tiquismiquis con la comida, mi madre asentía y cuando íbamos de visita, mi hermana siempre empeñada en apuntar que su tortilla debía ser sin huevo y mi madre no le decía nada a la gente, simplemente porque mi hermana cenara, incluso la apoyaba en su cruzada de STOP HUEVO en las tortillas, única y exclusivamente para que su hija cenara. Amor de madre…

Y bueno, supongo que en todas las casas hay historias que circulan alrededor de las tortillas de patatas o francesas, o españolas o lo que sean. Yo solo sé que cuando estoy de vacaciones en el extranjero, la imagen de una tortilla de patatas aparece constante en mi pensamiento, aparece hasta el olor en mi nariz y llamo a casa y digo:

-¡Qué ganas tengo ya de llegar a casa para comerme una tortilla de patatas!

Mil soles espléndidos de Khaled Hosseini

Mil soles espléndidos de Khaled Hosseini

“Mil soles espléndidos” es el bonito título de una preciosa novela, escrita por Khaled Hosseini. Nos traslada bajo una narración ágil y en momentos, lírica con algunos puntos que harán que el lector tenga una sonrisa a pesar de la dureza y crudeza de la historia que es contada.

Dividido en cuatro partes, la historia se centra en la vida de dos mujeres afganas, Mariam y Laila. Cada una tiene una vida diferente, pero será el destino cruel e injusto que sufren tantas mujeres de los países islámicos, el que las una en el camino de la lucha por la esperanza y una situación mejor para ellas.

Las dos primeras partes en las que se narran las vidas de cada una, son magníficas. Dos historias conmovedoras y duras, que te hacen sonreír, emocionarte, rozarte el corazón hasta la ternura y ver como las dos mujeres van creciendo, soñando y sus sufrimientos con ellas. La tercera parte en la que sus vidas se ven cruzadas, pasa a ser una historia de superación, amistad, lealtad y lucha. Dos mujeres muy distintas, con personalidades totalmente opuestas. La sumisión de Mariam frente al ímpetu juvenil de Laila, el valor de una madre y la lealtad por la amistad y la fuerza del cariño. Y sobre todo, el coraje de dos mujeres sumidas en un régimen absurdo, donde tan solo pueden ver el mundo a través de un burka sin sentido.

Esta novela es una imagen dura y realista de lo que tienen que vivir las mujeres afganas en una sociedad cruel e inhumana. Donde el mero hecho de caminar se convierte en un sufrimiento, porque la libertad es sepultada por ser mujer. Porque ellas son las que siempre pagan las injusticias de maridos que no las aman y hombres que son criados en el poder de despreciarlas. A pesar de que todos los hombres de ese país, han sido también víctimas de invasiones, conflictos y guerras que como siempre son puro absurdo.

“Mil soles espléndidos” es una historia conmovedora. Recomendable a todos aquellos que quieran acercarse a la situación real que ha vivido y vive Afganistán durante los últimos veinte años. Y como el ser humano puede llegar a aguantar lo inaguantable.

Eran incontables las lunas que brillaban sobre sus azoteas,
o los mil soles espléndidos que se ocultaban tras sus muros.