Hacia rutas salvajes

Tras escuchar el último aliento de Christopher McCandless (Emile Hirsch) o para mí, Alexander Supertramp como él se bautizó, me voy quitando poco a poco los auriculares y descanso la vista y el corazón.
“Hacia rutas salvajes” dirigida por Sean Penn, es una firme apuesta por una historia real, por una biografía, sorprendentemente sorprendente y no por encontrarnos una historia de una complejidad extrema, si no por la sencilla y maravillosa historia.
Christopher McCandless no quiere involucrarse en el mundo laboral, no quiere un Porsche, no quiere una novia rubia oxigenada, simplemente, quiere vivir dentro de la naturaleza, avivar su espíritu en la temible y amigable vida como cualquier nómada hubiera hecho pero con un destino al que llegar, con un rumbo, rumbo a Alaska. En su valiente viaje, se encontrará con personas y personajes memorables. Pero no quiero fijarme concretamente en lo que son los personajes secundarios, que bien merecen un análisis a parte las grandes interpretaciones como Hal Holbrook o Catherine Keener. Quiero dedicarme a expresar la fascinación de lo que para mí se ha convertido ese Alexander Supertramp que existió, que viajó, que conoció a esos personajes, que se deshizo de las raíces superficiales y materialistas de la sociedad actual. He leído muchos comentarios que lo consideran un loco, sobre todo, por la forma en la que murió. Pero yo sinceramente, no puedo dejar de pensar, que fue una persona demasiado inteligente para convivir con los trajes sin alma que divagan por las grandes urbes.
Christopher McCandless se dejó influenciar por la corriente Romántica, por las palabras de Lord Byron, por Tolstoi, por Jack London, ¿Cómo no puedo dejar de admirar ese alocado coraje? Quizás él hiciera en su viaje, lo que otros muchos únicamente se atreven a pensar. Alex fue un puro soñador, un espíritu sin marcas de ninguna clase, quizás sea ese poco amor por su familia, por su tierra natal, por su vida, lo que lo hace extraterrestre a otras personas que vean la película y piensen, es un insensible. Pero…quiero pensar, que él amaba a la naturaleza sin condiciones y que quizás, fuera para él, ese entorno libre, lo que realmente quisiera para ser feliz. Quizás fue algo “tonto” al darse cuenta demasiado tarde, que la felicidad se disfruta cuando se puede compartir. Cualquiera puede tacharlo de tonto, pero él aprendió la lección por si mismo, otros muchos se rodean de supuestos amigos, pensando que son felices, pero en el fondo no saben, ni conocen, ( incluso ni conocerán) lo que es en verdad la LIBERTAD, la FELICIDAD, o lo que es la VIDA. Por estas razones, quizá esta película no le llegue a todo el mundo y que las dos horas que dura, se conviertan en una insufrible pesadilla y que muchos piensen, ¿y el loco este? Pero yo tengo que decir, que sigo en el Estado de Flipación y eso que hace un mes que la pude ver, quiero decir, sentir, disfrutar, oler, navegar en los rápidos, perderme, exhalar el último respiro de vida, aprender.
Darthz Dijo:
on Abril 9, 2008 at 4:12 pm
Hermoso alegato a una hermosa película, a una romántica y enriquecedora experiencia. Porque eso es lo que logra Supertramp, con su espíritu nómada y antiburgués, llenarnos, a los que aún soñamos fuera del tiesto donde se nos mete, con todo aquello que en realidad es magia y arte y vida. ¿Un loco? Como ya te dije… se tiende a tachar de loco al genio, al que innova, al que es inteligente, al que tiene una idea distinta de la tuya… también.
raskolnikoff Dijo:
on Junio 24, 2008 at 5:29 pm
Reconforta ver que hay gente con una escala de valores elevada, yo también me alegro de haber leído tu post, créeme.
Un saludo,