Andalucía, que bonita eres

Este puente de Mayo, he podido conocer nuevas ciudades de Andalucía. He de reconocer que nunca había mostrado el menor interés de visitar Sevilla y me estaba perdiendo una de las ciudades más bonitas de España, por no decir, la más bonita.

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Sevilla en primavera, huele a azahar, rezuma alegría y es agradable pasear por sus calles. Tiene monumentos dignos de admiración en cada esquina. Aquí os dejo algunas fotos: 

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Luego nos acercamos a la “Tacita de plata”, Cádiz. Una ciudad costera con mucho encanto.

 

 

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Por último, pero no por ello menos bonito. Visitamos a mi amiga Nini y su estupenda familia en Ronda (Málaga) y disfrutamos de unos espectaculares paisajes desde los miradores de esta ciudad tan encantadora como cultural, ya que tiene calles dedicadas a Orson Welles o Ernest Hemingway, famosas figuras de la literatura y el arte que sucumbieron al embrujo de esta ciudad con una luz y un entorno precioso.

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Ruta 66, Los Mejores Momentos

Como veo que pasa el tiempo y no me da tiempo a actualizar nada de mi viaje del último verano y se va a juntar con el verano este, quería subir algunas fotos e ir resumiendo algunos “Greatest Hits” de la aventura estadounidense.

Para empezar, le hice una foto a este letrero, porque eso de votaciones para Sheriff me parecía de lo más “Made in USA” total, es como si estuviera en una película. ¿Ganaría Ronald?

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El Oso Lotso de Toy Story 3 viajó con nosotros y se hizo una foto en el Cadillac Ranch en Amarillo (Texas).

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Un pueblecito que casi pasamos por alto, muy pintoresco, Santa Fe en Nuevo México.

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El gran libro de Linton con el que se estudió todo el itinerario y cosas que ver. Por si a otro aventurero le pueda interesar, este es:

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Las increibles y fantásticas vistas desde el hélicoptero del Gran Cañón. Uno de los mejores momentos del viaje sin lugar a dudas. Una obra de arte natural en todo su esplendor.

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Esta cafetería estaba en Flagstaff (Arizona) y tenía un personal muy amable y se comía muy bien, americanamente hablando. Tenía una pared entera dedicada a famosas celebridades de Hollywood.

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“The Chapel of the Holy Cross” en Sedona, es una iglesia que está construida en las montañas rojas de Arizona. Tiene un enclave espectacular, casi extraterrestre. Hace poco leí en un artículo de un periódico español “Sitios raros donde nunca irás”, pues se equivocaban, nosotros estuvimos allí y estas son mis fotos:

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“Monument Valley” en Utah, ¿cómo no ibamos a hacer un desvío para deleitarnos con este panorama tan extraordinario?

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También visitamos el “Meteor Crater”, hacía muchísimo calor y el precio de la entrada quizás era un poco caro. Por supuesto, no se os ocurra parar a comer allí. Muy caro. Cualquier típica cafetería siempre será mejor opción y más barata.

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Aquí llega el peor momento que yo pasé en USA, en “Death Valley”, casi me muero del calor, ¡50 grados! Lo curioso de “Death Valley” fue hacer una parada para hacernos una foto en el letrero y encontrarnos allí con un montón de españoles, cada uno parando con sus coches cada 10 minutos y parándonos a hablar con cada uno de como iba su ruta. Os mando un saludo desde mi blog como prometí, más vale tarde que nunca. En especial a la simpática pareja de Valencia que estaban haciendo la ruta de los parques naturales.

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Llegó otro momento especial de la aventura, se llama: “Las Vegas” en Nevada, nombre paradojico porque en el estado de Nevada fue donde más calor desértico pasamos, no he pasado de verdad, tanto calor en mi vida. Con esta ciudad de luces de neones, gente y atracciones por todos lados, tuve una relación “amor-odio” así que no sé muy bien como puedo describirla, pero mentiría si no digo que me lo pasé genial.

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Los Ángeles para mí la mayor decepción del viaje, pensé que sería una ciudad glamurosa y llena de tiendas de souvenirs especializados en cine y me encontré un “Walkfame” y un antiguo “Kodak Theatre” bastante sucio y nada del otro mundo. Sufrí un momento “Moulin Rouge”, me pasó lo mismo en París, después de ver la película pensé que aquello sería superbonito y resultó ser un molino enano allí puesto en una calle. Pues lo mismo también me pareció el cartel de “Hollywood” no podía parar de decir, “Qué pequeño, qué pequeño”. Así que si alguien quiere ir a Los Ángeles, aprovechad mejor las playas, solo pudimos visitar “Venice Beach” porque teníamos muy poquito tiempo y un día lo invertíamos( y muy bien invertido si te gusta el cine) en el Parque de la Universal Studios, una entra de 80 dólares, podías montarte en las atracciones más futuristas y geniales y también asistir a varios escenarios de películas. Awesome!

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En conclusión, me disculpo por no haber relatado en detalle toda este viaje, pero ha sido uno de los más largos de mi vida y con tantas cosas que contar que me ha sido imposible también por falta de tiempo. Solo quería plasmar con fotografías, los grandes momentos y recuerdos que guardo y guardaré de este país enorme que vemos en las películas y de la amabilidad de sus gentes en todos los estados que pisé. Sus contrastes tan radicales, sus hamburguesas, Dr. Pepper, sus Best Western, sus Holidays Inn, sus coca-colas interminables, nuestro coche, los gigantes en las carreteras, el Gran Cañón, Las Vegas, la preciosa ciudad de Chicago, el río Mississippi, el calor extremo, las risas, las discusiones, para resumir: LA GRAN AVENTURA DE LA RUTA 66.

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Inteligencia Emocional vs Descontrol Emocional

¿Qué es inteligencia?, ¿existe solamente un tipo de inteligencia?, ¿es más listo quién expone de forma ágil y hábil una función exponencial de física quántica o aquella persona capaz de gestionar una obra de arte o incluso manejar y alcanzar una felicidad con amigos y familia?

Hoy he tenido la suerte de asistir a un curso de “Inteligencia Emocional” en el trabajo, con un experto en el tema, Rafael Bisquerra, su ponencia y las preguntas que se han planteado me han parecido de lo más interesante.

Para una profesión como la docencia, poseer una empatía de cara a la relación con los alumnos, es algo primordial y pudiera decirse vital, no solamente porque las emociones en relación a un grupo diverso de estudiantes están a flor de piel casi todo lo que dura una clase, si no porque también, el profesor siente la responsabilidad de alentar a los alumnos a desarrollar sus competencias emocionales. Ya sea, por medio de actividades grupales o individuales, demostrando habilidades sociales interaccionando entre ellos o exponiendo un trabajo. Aprender un idioma es algo complicado y en nuestra cultura española, tenemos un lastre que se llama “vergüenza ajena” o demasiado sentido del ridículo. Y puesto que el alumno, se siente avergonzado de sonidos distintos y el tono que se utiliza para imitar la articulación de otro idioma, el tema del “inglés” en nuestro país, es una asignatura totalmente pendiente. Hablo de esta materia, porque es la que me concierne, pero también, puestos a divagar, reflexiono acerca de la falta de motivación y la falta de comprensión lectora.

 

Hemos tenido la oportunidad de hacerle preguntas a este experto que nos ha dejado grandes reflexiones y frases, pero me he quedado con una en el tintero:

Vivimos en una época donde acceder a cualquier tipo de información es sobradamente fácil. Pero se me viene a la cabeza la idea que leí en el libro “El mundo de Sofía” –Estás tan habituada al mundo, que te ha dejado de asombrar.

Y creo que este tema de cara a los estudiantes, se puede reflejar totalmente. Es muy difícil innovar y motivar a los alumnos, porque tienen acceso a todo. Internet es una herramienta útil pero a veces, mal gestionada. Hay mucho que leer y mucho que aprender, pero el punto dónde encontrar el interés es lo más complicado. Trasmitir entusiasmo por tu asignatura es algo que el público percibe, pero hay distintas audiencias y aquí es donde están las emociones, la empatía de cada uno y del docente. Y mi pregunta en el tintero era: “¿Vivimos en una época de descontrol emocional?”

¿Por qué?, tenemos blogs, tenemos “twiters”, tenemos “facebooks” donde todo el mundo sube y comparte que le ha pasado, pensamientos públicos en alto, fotografías de gente que aún no ha nacido. Ironías, mensajes indirectos, sentimientos, rupturas. Es como un “Gran Hermano” gigante y real, y en mi opinión, a veces, desmesurado. ¿Dónde nos lleva esto?, ¿convertir al tímido en un Don Juan virtual?, ¿compartir tu privacidad, sentimientos e intimidad y llevarlo a la máxima potencia?

Interminables dudas y reflexiones se me han venido a la cabeza sobre este tema, que a día de hoy, no puede estar más de moda. Conocemos el concepto de “Inteligencia Emocional” desde hace relativamente poco y se empieza a valorar lo que uno gestiona y siente, ahora empieza a valorarse y sin embargo, estamos desbordados de emociones online y aparece cierto temor el pensar, cuáles son reales y donde está límite de la veracidad y aunque siendo ciertas, nos puede llevar a un abismo de acostumbrarnos a cualquier cosa y perder competencias como la empatía, compasión o aversión.

Somos carne llena de emociones, contagiamos emociones a los demás y nos dejamos embriagar de otras emociones que nos llegan a través de otras personas, ambientes, palabras y sentimientos estéticos. Hasta tal forma, que la “Inteligencia emocional” podría convertirse en un verdadero arma de manipulación o bomba explosiva, si no llegara a controlarse de forma bondadosa. Como por ejemplo, la envidia puede ser admiración si nos ponemos en el lado positivo.

Así que, podría seguir reflexionando sobre todo lo que se ha comentado y también, sobre mis pensamientos a la par que escuchaba. Solo me queda decir que es realmente un tema fascinante, fuera y dentro del aula. Incluso lo llevaría a películas como “El indomable Will Hunting” o la genial serie “Dexter” donde la lucha de las distintas capacidades emocionales versus conductas políticamente correctas y el autocontrol de las emociones personales y de las del resto, son las auténticas protagonistas de nuestra vida y de nuestro día a día.

La nostalgia se arregla con un salmorejo

La vida va avanzando y con ella, el nivel de melancolía y nostalgia. No sé si puedo reafirmar esta afirmación que hago, porque quizás sea una sensación mía, que me está persiguiendo últimamente. Muchas personas creen que la nostalgia aparece porque “cualquier tiempo pasado fue mejor” o porque la etapa que se está viviendo en un presente no es tan buena. Pero no, no creo que sea eso.

 

Yo no sé cuanto llevo sintiendo nostalgia, pero el pasado 28 de Febrero, día de Andalucía, sentí mucha. Estaba trabajando y hablaba con una compañera de Málaga que también vive en Madrid.

 

-“Feliz día de Andalucía”

 

-“Para ti también”

 

-“Apetecen unos molletes con aceite, tomate y jamón”

 

-“Puf, muchísimo”

 

Y así estuvimos casi toda la mañana, añorando haber podido estar en nuestra tierra, desayunando productos autóctonos, tanto fue aquello, que al salir del trabajo. Nos fuimos a un bar y nos pedimos un salmorejo que nos supo a gloria.

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¿Se echa de menos la tierra? La respuesta es sí.

 

No fue solamente el hecho del día de Andalucía en sí y que no estábamos con nuestras familias y amigos. También recordé y me transporté a esos días conmemorativos de mi colegio. Y entonces me vi allí, rodeada de compañeros de los que ahora no sé nada, de algunos que sé por “Facebook” y de otros que no sé si estarán aquí o en Pekín, ni a que se dedicarán o si estarán bien. Pero me acordé de ellos, porque fueron parte de mí infancia y me acordé de mí, de mis gafas rosas de pasta y mis cristales con bifocales. Incluso de mis maestros, aquellos a los que yo admiraba y me invitaron a buscar una vocación tan bonita como lo es la enseñanza. Y en todo ese batiburrillo de recuerdos y emociones, volvió la nostalgia. ¡Por supuesto, que necesitaba comer ese salmorejo!

 

Como quería compartir ese sentimiento, comuniqué en “Facebook”, que estaba nostálgica y nombré mi cole, SAFA, y de repente, aquellos compañeros me dieron todos sus “me gusta” porque estaban como yo, nostálgicos. Unos en Barcelona, otros en United Kingdom y otros no se han movido, pero nostálgicos perdidos todos. Creo que ellos, tienen las mismas buenas sensaciones de recreos eternos de treinta minutos, en los que daba tiempo a comer un bocadillo, jugar a la goma, al pilla-pilla o insultar a Manolín-Manolán, porque claro, los niños hemos sido crueles todos, aunque yo llevaba gafotas y no podía ejercer la maldad en otro niño y hasta eso lo agradezco. Las obras de teatro de Navidad, los murales en las paredes de las aulas, el pitido del silbato de maestro de educación física. Las figuras que había en los pasillos gigantes de “Los Fruitis”, gracias por esto dirección del colegio. Éramos superfelices con Mochilo, Pincho, Gazpacho en los pasillos en tamaño real. El rollo soberano del profesor de Filosofía en bachillerato, que era cura y no se desprendía del tono de la homilía y nos sumía a todos en un terrible sueño en el Mito de las Cavernas allí con Platón. Del “Expo Hobby” que era un día genial de mi colegio, donde estábamos libres de clase y lo único que hacíamos eran actividades culturales-deportivas y ninguno estábamos gordos, salvo uno, el gordo de la clase, pero solo había uno, “el gordo”. Nosotros esperábamos con fe y alegría que aquel día llegara pronto, porque significaba fiestón. La fila en línea recta de por las mañanas, donde casi nos matábamos porque se nos colaba la gente, por favor, que ímpetu por entrar el primero a clase, el timbre que nos comunicaba que ya había terminado nuestra jornada y a la salida, nuestras madres  esperándonos en la puerta y la pregunta: “Mamá, ¿qué hay de comer? Y el deseo ferviente de que no fueran lentejas, y ahora, lo que daría por un plato de lentejas de mi madre. La tienda de al lado de mi casa que vendía ochios, tortas de chocolate y tortas de azúcar, y hacía su agosto durante el curso escolar, porque la gente iba como loca a comprar víveres para el recreo eterno de treinta minutos, ojala le siga yendo igual de bien al dueño, que seguro que estará nostálgico también.

 

Y bueno, de repente tras haberme trasladado a esos momentos, volví a mirar mi vida, y miré a la gente que tenía alrededor, tan distintos y me pregunté lo curioso de esta existencia, que te hace cruzarte con diferentes personas que pueden aportarte otras vivencias y otros momentos para otro ataque de nostalgia, que será quizás en una semana, en un mes o en años, pero sé que volverá. Y si vuelve, será porque fuimos felices y para aquellos andaluces o no, o simplemente de buen paladar, un salmorejo lo cura todo y si digo salmorejo, se puede aplicar a cualquier comida casera típica de tu tierra para calmar la melancolía.

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Razones por las que me gusta Joseph Gordon-Levitt

-Porque con menos de 35 años, casi ha tocado todos los géneros cinematográficos posibles, quizás le falte un musical…

-Porque tiene un gran carisma bajo esa cara de niño bueno.

-Porque sin ser guapo, tiene un atractivo brutal quizás sea gracia a esos hoyuelos.

-Porque es un actor de los de verdad, vocacional.

-Porque no se olvida de proyectos de cine independiente.

-Porque también canta y toca la guitarra.

-Porque Christopher Nolan le incluye en sus proyectos.

-Porque lleva actuando desde que tenía 8 añitos.

-Porque hizo de “Hesher” sin importarle para nada “Hollywood”.

-Porque se rompe las costillas de forma literal para rodar una película.

-Porque es versátil, dinámico, original y siempre es solvente en sus proyectos.

-Porque uno de sus actores favoritos es Gary Oldman.

-Porque sé que seguirá haciendo más cine y yo seguiré siendo incondicionalmente fiel a toda su carrera.

Hay veces que uno no puede ser parcial y mucho menos con algunos actores o actrices, que parecen que están ahí para hacer magia interpretando. Miradas de complicidad, sonrisas aleatorias, caídas de ojos seductoras, llantos y gritos en altos que expresan dolor. Con Joseph Gordon-Levitt, me cuesta ser objetiva. Y ahí he dejado mis razones.

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Quiero un bodhran…¿un qué?

Que me gusta la música folk o celta no es ningún secreto, desde que era pequeña siempre me fascinaron esos instrumentos alternativos. Mi pasión por un sonido gaitero o por una whistle  no sé de donde vienen realmente, pero siempre me gustó muchísimo el ritmo ancestral, casi mágico, que destilaban grupos como Luar Na Lubre o The Chieftains, también me conquistó Hevia en su momento con su “Busindrel Reel”, dónde íbamos a parar ¡una gaita eléctrica! Aquello fue un bombazo para la música celta y para sus seguidores, he de confesar que aún sigo emocionándome con ese tema musical, claro… 

Es tal mi gusto por la música celta, que aún recuerdo en una de mis visitas a la preciosa Asturias, que estábamos dando un paseo y escuché tímidamente en el horizonte de la barrera que separa la atmósfera ambiental y el ruido, un sonido de música celta, tal fue mi corazonada que seguí aquel sonido de tambores y de gaitas, que al final, conseguí ver a un grupo de muchachos asturianos tocando unas piezas de música celta.

La anécdota quizás no fuera que mi cerebro y oído rastrearon de donde provenía aquel sonido, sino más bien que mis acompañantes iban a otro sitio y les cambié el rumbo, solo para ver donde venía aquello y yo tenía la edad tonta de eso, catorce…y dijeron : “Y esta guaja, ¿qué le pasa?” y allí estaba yo, dejándome embriagar por ese ritmazo norteño.

Lo que quería contar es que desde que vi a Caroline Corr (si, una de las hermanas de “The Corrs”) tocando un tambor de lado, me puse a investigar para ver como se llamaba aquel timbal, porque yo el máximo contacto que he tenido con el mundo de la percusión, ha sido tocar el tambor en una cofradía de mi pueblo y joe, tengo que confesar que me enganchó, aporreando aquella superficie con los “palillos” podías quitarte el estrés y crear un ritmo a la par (todo sea dicho no muy difícil) y con aquella introducción al mundillo, pues me documenté y descubrí que aquel tambor de Caroline Corr se llamaba Bodhran.

Desde aquel momento empecé a publicar por casa que quería uno, “quiero un bodhran, quiero un bodhran”, y todos me comentaban : ¿un qué?? El bodhran parecía un ente exótico y no caía en Reyes, ni en mis cumples. Cuando salía la conversación con amigos, ¿qué os gustaría tener? o ¿qué os haría ilusión? y yo repetía: un bodhran y la respuesta en innumerables ocasiones fue, ¿un qué? Lejos de sentirme original, me sentía frustrada. “Pues haberlo comprado por internet” estaréis pensando, pues sí, sabia respuesta, pero no sé por qué, siempre lo dejaba de lado (como el cacharro en sí) y nunca tomé esa decisión.

No fue hasta estos Reyes de 2012, que por fin, me cayó el bodhran. Un bodhran precioso con un símbolo celta dibujado en la piel. ¿Lo peor?, pues que cuando fui a coger el “beater” ( la baqueta ) me di cuenta de que mi sueño cumplido de verme tocar el instrumento con maestría, se ha ido al traste, porque soy un verdadero desastre, no sé mover la muñeca con gracia y habilidad. ¿Será por qué no soy irlandesa?, ¿será por qué no corre por mis venas la sangre de Cuchulain y no sé hablar gaelico? Fue una tristeza enorme toparme con la realidad, así que creo que voy a utilizar mi bodhran a modo de artículo decorativo en casa hasta que algún día delante de un tutorial de “youtube” consiga la motivación suficiente para alcanzar un nivel básico de como tocar este instrumento. Pero toda historieta, viene a contar que, “ser persistentes en la vida, si queréis un bodhran y lo peleáis, lo tendréis y como quién dice bodhran dice cualquier cosa”.

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Hoy es mi cumpleaños

Este año pensé que no iba a escribir el día de mi cumpleaños. No sé, quizás porque este año no lo merecía o porque ya no tenía nada que contar o qué decir. Yo, que siempre me he jactado de que “Siempre tengo algo que decir” y que nunca me falta conversación. Y cada vez que digo algo así de cursi y repelente aunque siga siendo la más joven allá donde voy, algo que no durará eternamente, me doy cuenta de que sólo soy una reminiscencia del patito feo que fui. El patito feo de gafas gigantescas y parche en el ojo. A día de hoy, me considero como una fiel imagen de ese Manolito Gafotas ingenuo de los libros que Elvira Lindo tuvo a bien en regalarnos a todos esos niños que siempre sin ser conscientes, fuimos un poco adultos cuando no correspondía.

 

No soy la madurez en persona, quizás un poco la sensatez y la responsabilidad. Y aunque con algunas cervezas de más, me he sentido algo más desinhibida en esta carrera que es mi vida, de querer siempre llegar más lejos y un poco más alto, al final resurjo. ¿Demasiada ambición?, ¿demasiado inconformismo?, ¿demasiado idealismo inútil?

 

Idealismo inútil que se va apagando cada día un poquito más sobre todo cuando escucho las noticias desalentadoras de un futuro hostil e imprevisible. Y yo pensé que este año no me regalaría la carta homenaje egocéntrica que siempre me autoescribo. Sí, para mí. Esa persona oculta que viaja conmigo y está conmigo. Esa voz interior a la que a veces desprecio y otras, halago. Esa voz que sonaba antes infantil y a veces, lo sigue siendo cuando habla de algo que le entusiasma, incluso cuando ve una peli Disney o lloriquea cuando ve injusticias y se siente un poco Mafalda, sin llegarle a la suela de los zapatos. Porque mucho lloriquear y quejarse, pero luego en puesta en acción es un poco a lo Nicolas Cage.

 

Sí, puede que esa sea yo a mis 26 recién estrenados. Una Nicolas Cage, una “wannabe”, más comúnmente un quiero y no puedo, que no sabe a donde ha de girar para saber como encontrar eso que llamaban los guerreros celtas antiguos, DESTINO. Porque estos 26 años en mayor o menor medida siempre me he preguntado, ¿estamos aquí por algo? Más lejos aún, para algo. Algo que no sé que es, como una Ítaca incandescente que se asoma a veces y otras desaparece, camuflándose en anhelos y sueños, perdiéndose en eso que llaman rutina que vuelve siempre vorazmente para que dejemos de soñar que algún día, aquellas extrañas sensaciones de conseguir remover y cambiar esta sociedad y este mundo cruel y desbordado, pudieron ser ciertas.

 

A los 26, sigo siendo apasionada con lo que me gusta, ¿algo mejor? Sigo sufriendo intensamente con lo que me disgusta. Sigo mirando al horizonte en un autobús encerrada, ¿cuántos años van ya? Creo que ocho… horas de traslado de un lado para otro. A los 26 sigo recordando a esa niña pequeña que fui, sigo emocionándome y no quiero que eso desaparezca e incluso a veces, sigo luchando. Persistencia, constancia, hacer las cosas bien, aunque parezcas un desastre. Sigo teniendo fe en las personas, en los vínculos que se crean con el tiempo, como si tiempo fuera un ente más. Y sigo reflexionando.

 

En 26 años he perdido gente en el camino, gente que fue cercana, con la que abrí el corazón y descubrí pensamientos, con la que compartí risas y llantos, secretos. Y los perdí, tal vez por mí culpa, tal vez por ellos, tal vez porque la vida es así. Y luego el tiempo volvió a poner a otra gente en este camino de curvas y encrucijadas. En esta carretera llevo una mochila y a alguien de la mano, pero sobre todo en la mochila que imagino de cuero, esa mochila que no me compro porque no encuentro “la mochila”, la perfecta, donde volcar todas mis vivencias, mis libros, mis historias, mis deseos, mis defectos. Porque no la encuentro aún. Aunque por el camino sigan sonando canciones que me inspiran, vea sonrisas que me animan y tenga el cariño y amor recíproco de quienes más me importan. ¿Afortunada? La respuesta es sí y ojala siempre sea así.

 

Mi Ítaca tiene forma de Alaska, la mochila que dibujo mentalmente no ha aparecido, pero el sentido de mi vida sé perfectamente que nombres tiene…

 

¡Felicidades yo!